¡HE DESCUBIERTO Z! (3 parte)

NUEVOS MUNDOS

Pero tampoco estaba interesado en la escuela y cursó sólo hasta la secundaria. Los recuerdos de aquella época los menciona en los capítulos once y doce de Many Parts:

“Teníamos casi quince años de edad, y debíamos hacer los exámenes para la secundaria. Nos habían enseñado fisiología solamente de una manera general, pero habíamos disecado mucho y habíamos articulado torpemente muchos esqueletos pequeños. Pero como leímos mucho con el deseo subyacente de ser famosos, y como buscábamos la provocación más leve por la gloria, nosotros hicimos nuestra colección mucho más grande que la de cualquier otro muchacho que conociéramos. Detrás de todo lo que hicimos no estaba el desamparo y la indolencia sino el deseo y la animación de ser pintorescos o interesantes. Una vez tomamos a Bob Pavey como uno de los muchos socios que llegamos a tener. En la clase de la fisiología, la Srta. Williams nos mostró varios frascos de alcohol con especimenes en ellos. Haciéndolos pasar para que todos los viéramos. El corazón de un sapo, el hígado de un pájaro azul, el canal alimenticio de un lagarto; todos etiquetados cuidadosamente. Estábamos furiosos; eran los nuestros, y Bob los había traído a la escuela. Entonces todo el crédito era suyo. La Srta. Williams dijo, ‘¿donde está el corazón?’ Lo habíamos puesto en nuestro bolsillo. ‘¿Dónde está ese pulmón?’ Estaba en nuestro bolsillo. ‘Veo que todavía hay un hígado que falta’. En nuestro bolsillo…

“’Usted tiene una manera rara de actuar diferente a la de los demás’, dijo la Srta. Williams, agudamente. Deseamos denunciar a nuestro socio. ‘Son los míos’, dijimos, hoscamente. En la clase obtuvimos el perdón de un muchacho, pero, aunque eso fue hace quince años, no hemos hablado a Bob Pavey desde entonces. Él tomó el crédito que era nuestro crédito”.

Fort también recuerda los experimentos realizados por su maestro de física, el profesor Ovebunk. Tal vez esto fue el origen de su desprecio por la ciencia. Pero la descripción que hace nos muestra su necedad (el experimento de la caída de los cuerpos en el vacío) y su falta de habilidad para realizar experimentos científicos (el experimento con los pañuelos). Tal vez ocurrió que su cuerpo estaba ahí, pero su mente no, porque de otra manera no se explica la forma en que entendió la teoría del color:

“Pensamos que el profesor Overbunk contestaba insatisfactoriamente, pero él parecía satisfecho otra vez. No obstante, aceptamos que casi todas las verdades y pensamientos de allí parecían tener algo mal alrededor de cada experimento. El profesor Overbunk demostrando que en el vacío una bala y una pluma caen con la misma velocidad. La bala cae primero. Nos enseña que el negro es la ausencia de color y el blanco son todos los colores. Mezcla de colores produce un gris parduzco. Poniendo un paño negro y un paño blanco al sol sobre la ventana todavía con nieve. Como el negro absorbe calor, el paño negro se hundiría en la nieve. Paño blanco hace una clara impresión; paño negro no muestra ni rastros de haber estado allí. Es muy difícil enseñar verdades cuando no se tiene la verdad”…

“Comenzamos nuestro estudio de álgebra, con la idea de que las letras eran utilizadas en lugar de los números, preguntándose cuántas veces ‘a’ puede ser ‘b’. Aprendiendo definiciones, aprendiendo que ‘x’ es la cantidad desconocida y que los pequeños números en la parte superior son exponentes, no teniendo ningún problema de lo que se esperaba de nosotros, la Srta. Alberts nos envía al pizarrón, y entonces se nos olvida todo, por leer Puck y Judge[1]”.

Esta misma incultura científica lo hizo reunirse con otros que como él no tenían ni la más remota idea de lo que es la ciencia y la cultura. Entre ellos estaba el mismo Thayer, quien en una entrevista aparecida en el número del 9 de junio de 1956, del Saturday Review of Literature declaró:

“¿Literatura? Al infierno con la literatura”.

Se puede valorar el calibre intelectual de estos tipos cuando leemos a Thayer que escribe en el número 1 de la Fortean Society Magazine: “Esto no es la edad de la iluminación, ¡ustedes idiotas perdidos!”.

Para Thayer el lenguaje de las altas matemáticas era un guirigay incomprensible. Lo mismo que pensaba el mentecato de Fort. Pero a pesar de su ignorancia, o por la misma, se atrevían a promover “teorías” estúpidas, como la del propio Thayer quien afirmaba que todos los planetas, incluyendo la Tierra, están creciendo, evolucionando y transformándose lentamente de cubos a esferas; o la de otros miembros de la Sociedad Fortena como George Gillette, quien decía que el universo tenía la forma de una espiral; o Alfred Drayson, que postuló una rotación secundaria de la Tierra. El mismo Thayer que afirmaba que las tonsilectomías[2] causaban poliomielitis, que la vacuna de Salk era una ‘mixtura repugnante’ y que la vacunación y la fluoración causan enfermedades. Ideas, muchas de ellas, aún vigentes en diversos medios pseudocientíficos.

Los patrones se repiten en la actualidad. Gente sin cultura y con escasa educación formal que creen descubrir el hilo negro cuando se enfrentan a fenómenos que no pueden explicar, debido precisamente a sus escasos conocimientos, y tomando esos fenómenos como bandera, se atreven a atacar a los científicos o, incluso, a la ciencia.

Fort llegó a hacerse periodista no por sus propios méritos, pues ni siquiera cursó la preparatoria, sino gracias al apoyo de su padre que, a pesar de haberlo corrido de la casa, le ayudó a entrar a trabajar en un diario. Fort nos lo comenta en el capítulo quince de su Many Parts:

“El final de nuestro segundo año en secundaria no estaba lejos. El ‘otro niño’ se las arregló para dejarlo todo, parecería como si estudiara muy poco, pero se debía a nuestra desgraciada vida condicionada. Se unió a otra sociedad literaria, aunque diferente de nosotros, él se habría podido unir a cualquiera en su primera elección.

“No había, y nos parecía a nosotros que nunca podría haber, ninguna mejora en nuestro trabajo escolar. Nick[3] estaba interesado en nuestros escritos para la sociedad literaria, y frecuentemente pedía ver lo que habíamos escrito, mostrándonos en dónde debíamos trabajar más en un punto para expresarlo en pocas palabras. Momentos antes de que la escuela cerrara, él fue por nosotros. Diciendo, ‘¿le gusta el negocio del periódico?’ Nosotros contestamos, ‘Oh, claro’, lo cuál significaba que nada podría ser más atractivo para nosotros. Sería inútil esperar los exámenes, como sabía Nick, porque habíamos dicho siempre la verdad sobre nuestros gustos e intereses cuando nos había preguntado.

“Nick dijo, ‘Bien, vaya al Democrat[4]; Standish ahora es redactor allí, y él lo contratará. Al principio no habrá mucho para usted, pero le dará una idea, y algún día podremos conseguirle un lugar en Nueva York. Sólo mantenga sus gomas y no se resbalará’.

“Standish era su mejor amigo. Habían crecido juntos, y fueron a la secundaria juntos, teniendo cierto renombre al interpretar ‘Brutus and Cassius’ en pequeños teatros, según contaba Standish[5]”.

No sabemos nada de este periodo en la vida de Fort, sólo que dejó la secundaria para trabajar en el periódico, tal vez como mandadero. Charles Fort sólo menciona que en 1891 vendió unas notas para un periódico de Nueva York (¿había dejado de trabajar para el Argus?), y que en 1892 trabajó para el World de Brooklin y un año después era redactor de The Independent.

Según John A. Keel, cuando Charles cumplió 19 años, su abuelo materno, John Hoy, lo alentó para recorrer el mundo en busca de aventuras proporcionándole 25 dólares cada mes. Pero lo más probable es que la partida haya ocurrido poco después de los 19 años, pues a esa edad trabajaba en el periódico, y que el abuelo que fungió de mecenas fuera Peter van Vranken, el dueño de la tienda de ultramarinos. El hecho es que Charles Fort recorrió medio mundo y al llegar a Sudáfrica contrajo la malaria que lo perseguiría el resto de sus días.

En 1896 muere el abuelo Peter y Charles regresa a Nueva York, lo que podría confirmar el mecenazgo de van Vranken, ya que al morir cerraría la llave del dinero para los viajes de Fort. De ser así, su periplo habría durado unos tres años.

Fue por estas fechas que su padre lo corre de la casa y se va a vivir con su abuelo Al regresar a Nueva York vuelve a frecuentar a Anna Filling, con quien se casa el 26 de octubre de 1897. Dicen que la escogió por su completa falta de curiosidad intelectual. Esta etapa de su vida fue más bien dura pues difícilmente lograba reunir el dinero de la renta. Los pocos trabajos que conseguía (velador, lavaplatos, portero) los perdía por su afición a pasarse las horas en la Biblioteca Pública, devorando revistas científicas. También se dedica a escribir cuentos cortos de humor y otros trabajos. Es precisamente en 1899 cundo comienza la redacción de Many Parts.

¡MIRAD!

Al cumplir 30 años había escrito diez novelas, pero sólo una de ellas The outcast manufacturers (algo así como “los fabricantes inútiles” o “los fabricantes de parias”) sería publicada en 1909, resultando un fracaso de ventas, aunque la crítica la acogió con benevolencia. Un crítico del New York Times dijo que la historia era rara pero los diálogos eran “inusualmente listos” [6]. La edición original fue publicada por B.W. Dodge and Company, y, más adelante, la novela fue serializada en la edición americana de la revista Pearson’s Magazine. Pero Pearson publicó solamente cinco capítulos antes de que dejara de aparecer. En lugar de reimprimir la novela original, Fort revisó los primeros ocho capítulos de su novela y los redujo a cinco. La novela original se reimprimió en 1988 por Printed Heritage Preservation Society con un prologo de Leonard Leshuk.

Su sentido del humor le permitió escribir cuentos cortos muy comerciales que serían publicados en la Smith’s Magazine. Theodore Dreiser[7], editor de la revista, recuerda:

“Fort vino a mí con los mejores cuentos cortos humorísticos escritos en América que he leído. Yo compré algunos de ellos, y otros editores hicieron lo mismo. Entre nosotros –Richard Duffy del Tom Watson’s, Charles Agnew McLean del Popular Magazine y otros-, disfrutábamos hablando de él y de su futuro: una nueva y rara estrella de la literatura”.

Sus cuentos también fueron publicados en revistas como Broadway, Black Cat, Argosy, y en el Evening Post y el Herald. Los temas eran autobiográficos: la vida en el hogar; aventuras en los ríos; el campismo; cuentos de pensionistas y de vagabundos; relatos pícaros de la vida de los periodistas. Raymond N. Fort, su hermano, se refiere a estos cuentos en una carta dirigida a Thayer a la muerte de Annie Fort en 1937.

“No he conseguido ninguna de las notas, manuscritos, o datos de mi hermano, ya que a su muerte, hace varios años, su viuda, fallecida recientemente, donó éstos documentos a la Sociedad Forteana y a Theodore Dreiser.

“Pienso que no puedo serle de mucha ayuda pues no mantuvimos contacto muy cercano el uno con el otro. Sin embargo puedo ayudarlo un poco recordando su vida temprana.

“Mi hermano nació el 6 de agosto de 1874[8] y era el más viejo de los tres hermanos. Su padre y abuelo estaban en el negocio de mayoristas en una tienda de comestibles, una vieja firma llamada P.V. Fort & Son.

“Su vida temprana fue borrascosa, y pasó a través de la gramática y de la secundaria como los otros muchachos de su edad. En los últimos años en la secundaria demostró capacidades para la escritura y entre sus amigos era considerado como muy ingenioso. En la secundaria escribió numerosas historias y las envió a varias revistas en donde fueron aceptadas y publicadas. Todas estas historias estaban basadas en sucesos reales, una cierta broma de muchacho en la escuela o una expedición al campo. Él tomaba algún pequeño incidente lo embellecía y hacía una historia de él, y entonces todos teníamos el placer de leer sobre nosotros mismos en una revista. Él utilizó siempre nuestros nombres verdaderos[9].

“Después de dejar la escuela obtuvo una posición como reportero en el Eagle de Brooklyn y estuvo en este periódico por un tiempo, hasta que él y otro empleado del mismo periódico comenzaron un periódico propio en alguna parte en la Staten Island[10] pero después de un rato ellos recibieron el fuego de algunos de los grandes tiradores locales y eso terminó esa empresa.

“Entonces mi hermano comenzó a vagar, y por algunos años viajó por todo el globo pagando sus gastos en los barcos, que costeaba cuando era capaz de trabajar a su manera. De esta forma vio una gran parte del globo, la mayoría de los países de América y también de Europa y de África. Él estuvo en África del sur por un rato y lo recuerdo decir de un incidente que sucedió allí. Él dijo o hizo algo a un francés que no le caía bien y éste lo desafió inmediatamente a un duelo. Como mi hermano nunca había manejado una espada y no era muy experto con las armas de fuego, no sabía qué hacer pero acepto el desafío de todos modos.

“Como él era la parte desafiada él tenía la opción de escoger las armas y después de pensarlo mucho decidió usar los puños e informó a los padrinos del francés. Por supuesto se opusieron muy vigorosamente, pero mi hermano no se movió de su posición ni dejó que se retirara el desafío. Se hizo la pelea, y el francés fue vapuleado bien y bonito pues mi hermano sabía utilizar sus puños y poseía valor ilimitado[11]. Después de esto vagó por un rato más y luego se regresó a N.Y., en donde se casó con una muchacha que él conoció en sus días mozos en Albany. Entonces se colocó en un trabajo y comenzó a escribir. Pero le iría mal y tuvo que trabajar en cualquier cosa para poder conseguir para vivir y escribir. Aguantó todas las dificultades que son coincidentes a conseguir un equilibrio.

“Usted sabe probablemente el resto. Pasó años en el extranjero y estudió en todas las grandes bibliotecas de Europa y de Inglaterra y después regresó a N.Y. otra vez donde escribió varios libros y los hizo publicar.

“Deseo poder ayudarle más pero como dije antes sólo puedo ayudarle sobre su vida temprana. Si hay cualquier otra cosa que usted quisiera saber, estaré alegre de ayudarlo”.

Alrededor de 1910 vivía en un modesto apartamento en el Bronx. Su personalidad era maniaca depresiva y en varias ocasiones intentó suicidarse; “Desde mayo no he recibido el pago de uno sólo de mis cuentos –escribió en su diario-. Me quedan dos dólares. Watson’s me ha timado 155. Dreiser me ha devuelto dos cuentos que prometió comprarme; uno hasta había sido anunciado para su próximo número. Todo esto es muy penoso. Me siento incapaz de escribir, no sé hacer otra cosa, por mi mente desfilan imágenes de mí mismo degollándome o saltando de cabeza por una ventana”.

Su único aliciente era su colección de notas sobre acontecimientos inverosímiles: extraños objetos vistos en el cielo, lluvia de “sangre”, desapariciones misteriosas. Todas esas notas las clasificaba en cajas de zapatos[12]. En total 25,000 fichas sobre hechos insólitos escritas con lápiz sobre minúsculos cartones, en un lenguaje abreviado de su invención Cualquiera de sus fichas se asemejaba más o menos a ésta: “1871/abril 22, etc. Gelat. Larvas, Bath, Ingl.”. Había bautizado a sus cajas como “El sanatorio de las coincidencias exageradas”.

“Acabé por tener cuarenta mil notas, repartidas en mil trescientos temas tales como: ‘armonía’, ‘equilibrio’, ‘catalizadores’, ‘saturación’, ‘oferta’ y ‘metabolismo’. Eran mil trescientos demonios aullando con mil trescientas voces a mi intento de hallar una finalidad. Escribí un libro que expresaba muy poco de lo que estaba tratando de conseguir. Lo recorté, de quinientas o seiscientas páginas, a noventa. Entonces lo tiré: no era lo que quería”.

Un día se hartó de eso. Tuvo la impresión de que cuanto hacía no era sino la caricatura de aquello que deseaba hacer. Acababa de comprender que los hechos aislados no son sino muecas; sólo cuentan las relaciones entre los hechos. Entonces, ya no hace sólo colección y se lanza a reconstituir el rompecabezas de los mundos escondidos detrás de este mundo. Escribe un libro al que titula X. Continúa con Y, y luego dice haber descubierto Z. En X postula la idea de que la vida en la Tierra ha sido y es controlada por seres de Marte. “Somos propiedad”, escribe. En Y presenta sus pruebas de que hay una siniestra civilización en el polo Sur. Le escribe a Dreiser y le dice: “Tienes al menos una cosa que agradecer, ya que bien hubiera podido comenzar por ‘A’”.

Las cartas que Fort le envía a Dreiser[13] son muy esclarecedoras de los sentimientos y ansiedad de Charles Fort antes de que se publicara “El libro de los condenados”.

El 13 de enero de 1916 Fort le escribe a Dreiser: “Pienso que es la cosa más extraordinaria de la que he oído hablar, la manera en que usted está tomando ‘X.’. Le deseo éxito con él. Pienso que será publicado o finalmente aceptado en marzo 13”.

Dos meses después, el 26 de marzo, le envía una nota: “He acabado ‘Y’ ¿Le gustaría verlo?” Y el 1 de junio le reclama porque no ha tenido noticias sobre la opinión de Dreiser:

“¿Pero por qué?

“Le envié ‘Y’ hace dos meses. ¿Esta usted ocupado? ¿Incluso lo ha visto?

“Pero no mantenga silencio conmigo, porque usted está violando su única razón de ser, guardando silencio.

“¿Es usted un lirio? ¿Tiene usted una mayor gloria que la de Salomón? ¿Es suyo el misterio del pecho de un pájaro azul?

“¿Qué justificación tienen sus palabras?

“Envíeme algunas palabras.

“Palabras. Sonido. Fotos.

“Esas cosas. Envíelas a Charles Fort

“Por favor, o le golpearé violentamente”.

En el Clip:

Dos fotografías de Tiffany Thayer. La primera en la época en que conoció a Fort y la otra hacia 1956.

Varios ejemplos de la literatura barata de Thayer: Three Musketeers, Old Goat, 33 Sardonics y Call her Savage.

Fotos de Theodore Dreiser y de libros en donde se compila su trabajo.

Dibujo de Alexander King en el que muestra a Sherwood Anderson y Dreiser observando los conflictos de la sociedad.

Fragmento de una carta autógrafa de Fort a Thayer.

Fort y Dreiser, en la casa de este último, el 4 de octubre de 1931.

Raining Cats…

Comic basado en el libro de Damon Knight.

Frontis del artículo de Planeta sobre Charles Fort.

Lluvia de ranas, ilustración de Christian Broutin.

Dibujo de Hannah Gluck: “Raining cats and dogs”.

Continuara…

[1] Famosas revistas cómicas de aquella época.

[2] Extirpación de las amígdalas.

[3] Se refiere a su padre Charles N.

[4] En realidad se trata del Argus de Albany.

[5] Ése es el fin de la p. 211. Confirma el uso de “Nick” como apodo para Charles N., y vemos que el primer trabajo de Fort en un periódico – el Democrat de Albany- fue obtenido por el apoyo de su padre, y no por las energías compulsivas del escritor por un triunfo específico. Nota de Tayher.

[6] New York Times, 8 de mayo de 1909.

[7] Dreiser es el autor de la novela Sister Carrie, publicada por primera vez en 1900.

[8] Este es un error ya que el mismo Charles menciona la fecha del 9 de agosto.

[9] Esto resulta curioso porque en su autobiografía hizo todo lo contrario y utilizó nombres ficticios.

[10] Se trata de The Independent.

[11] Esto parece más bien uno de los cuentos de ficción de Fort.

[12] 32 cajas de zapatos en total, como apunta el propio Fort.

[13] Se pueden consultar en la Universidad de Pennsylvania en los archivos de la biblioteca, papeles y manuscritos de Theodore Dreiser.

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