EL REGIMIENTO "ABDUCIDO" POR UNA NUBE (Primera parte)

EL REGIMIENTO DE NORFOLK

“El almirantazgo preparará para febrero una expedición naval con el objeto de bombardear y tomar la península de Gallípoli, con Constantinopla como meta final”.

Con estas palabras de Winston Churchill, que en ese 1915 era el Primer Lord del Almirantazgo, se iniciaba la desastrosa Campaña de los Dardanelos.

Churchill tenía poca consideración por la eficacia militar de los turcos, pues sus baterías ocupaban posiciones muy visibles y expuestas, y estaban equipadas con armas muy anticuadas. Las defensas intermedias y las interiores consistían en cañones emplazados a lo largo de las costas de Gallípoli y de Asia Menor, reforzadas por baterías móviles que sólo podían causar daños a barcos ligeramente blindados. Los estrechos habían sido minados desde el principio de la guerra.

LOS PREPARATIVOS DE GUERRA

La campaña se encomendó al almirante inglés Carden, quien planeó que la flota silenciara los cañones para permitir que los dragaminas limpiaran los estrechos. Sin embargo, Carden no gozaba de buena salud por lo que fue reemplazado por el contralmirante Robeck.

Se solicitó el apoyo del ejército y se envió al teniente general Birdwood, quien a la sazón mandaba las tropas australiano-neozelandesas o ANZACs (Australian and New Zeland Army Corps) para informar de la situación de los Dardanelos. Se nombró al general Sir Ian Hamilton como Comandante en Jefe de lo que se llamó Fuerza Expedicionaria del Mediterráneo y que constaba, en aquel momento, de unos 70,000 hombres (franceses, británicos y de los Dominios: Australia y Nueva Zelanda).

Hamilton partió el 13 de marzo después de haberse informado superficialmente sobre la zona de operaciones y sobre los turcos. Llegó justo a tiempo para asistir al desastre del 18 de marzo: de un total de 9 acorazados, Robeck perdió 6 (3 fueron hundidos y otros 3 puestos fuera de combate).

Lo que sucedió después fue el resultado directo del modo irreflexivo como los británicos se lanzaron a una difícil operación anfibia. No se había hecho cálculo alguno para saber si se disponía de los recursos que la empresa requería. Hankey escribió: “Hasta el momento no se ha intentado calcular qué fuerzas se requieren. Nos hemos limitado a decir cuántas tropas hay disponibles y que éstas deben ser suficientes”.

Además, el mando estaba dividido: Maxwell mandaba en Egipto, Hamilton tenía el Ejército y Robeck los barcos. La organización era inexistente y las órdenes eran confusas.

El plan de Hamilton para desembarcar en Gallípoli era fantástico y audaz. La 29ª División desembarcaría en cinco pequeñas playas del extremo meridional de la península; los anzacs, más al norte, en la costa occidental, inmediatamente más allá del saliente promontorio de Gapa Tepe, y luego avanzarían tierra adentro hacia la cumbre del Mal Tepe, atalaya de los estrechos. Se fingirían desembarcos en Bulair, en el istmo de la península, para despistar al enemigo, y los franceses harían lo mismo en Besika, frente a la isla de Ténedas. Los franceses también desembarcarían por poco tiempo en Kum Kale, para proteger el desembarco de la 29ª División.

A la defensa de los Dardanelos se encontraba el general alemán Liman von Sanders. Su tarea consistía en defender unos 240 Km de costa con una fuerza total de 84,000 hombres, pero con sólo una fuerza efectiva de 62,000 combatientes. Su ejército carecía de aviación y andaba muy escaso de artillería y equipos.

EL DESASTRE

Tres de los desembarcos británicos en Hellos no encontraron prácticamente oposición. El cuarto tropezó con alguna resistencia, mientras que el quinto, en Sedd-el-Bahr, acabó en catástrofe: fueron acribillados mientras chapoteaban en el agua o seguían sentados en los botes de desembarco.

Los Anzacs desembarcaron en lo que se llamó Anzac Cove (Ensenada de los anzac), un kilómetro y medio al norte de la posición prevista, con cierto desorden, y se encontraron con cantiles y precipicios cubiertos de maleza. Las unidades se entremezclaron y, a media mañana, los turcos habían empezado a contraatacar al mando del coronel Mustafá Kemal Bey, también conocido como Atatürk. Al atardecer los Anzacs habían sido rechazados sufriendo considerables bajas. Birdwood aconsejó la evacuación, mientras que Hamilton ordenó resistir.

El fracaso de la operación (más de 36,000 bajas, 27,000 de ellas por muerte, de un total de 70,000) produjo como consecuencia la destitución de Churchill. Pasarían muchos años antes de que su reputación se viera libre de la sombra de Gallípoli.

El nuevo gobierno decidió apoyar a Hamilton y le mandó nuevas tropas. La batalla continuó hasta julio. Un cabo inglés escribió: “El campo de batalla tomó el aspecto de una fosa común y olía como una cloaca. Hay infinidad de moscas y muchos de nuestros hombres tienen disentería”.

Se preparó un plan para tomar las alturas de Sari Bair. Los Anzacs, con refuerzos británicos e indios, atacarían desde su posición hacia el Norte y subirían por las abruptas y enmarañadas laderas hasta Sri Bair; la ofensiva se desencadenaría por la noche.

Al amanecer del 6 de agosto un nuevo cuerpo del ejército desembarcó en la Bahía Suvla, que según el mando inglés estaba poco defendida, pero no hubo coordinación alguna entre el general Stopford y Birdwood, ni antes ni en el curso de la acción. Hamilton permaneció en su cuartel general en el Queen Elizabeth durante los días cruciales. La marcha fue caótica, pero en la madrugada del 7 los neocelandeses estaban a punto de conquistar tan importante cima. El desembarco en Suvla, aunque encontró la resistencia de algunas pequeñas unidades, fue un éxito. Pero los turcos contraatacaron. En Suvla, el IX Cuerpo no pudo desprenderse de la playa y en Sari Bair al amanecer del 10 de agosto se lanzó un ataque desesperado que barrió a los aliados de las posiciones que habían conquistado.

Después del fracaso del 10 de agosto, con unas tropas cansadas, Hamilton lanzó un último ataque en Suvla, que fue, numéricamente, la mayor batalla de la campaña. Los frentes de Gallípoli se establecieron en una guerra de trincheras. “Desde allí acechaban los francotiradores, con la cara pintada de verde y tan bien escondidos que resultaba casi imposible descubrirlos”.

En octubre Hamilton fue depuesto. Su sucesor, Sir Charles Monro, recomendó la evacuación, la cual se realizó los días 19 y 20 de diciembre.

Se dice que la campaña de los Dardanelos fue la peor planeada de la Primera Guerra Mundial.

EL 5° REGIMIENTO DE NORFOLK

La historia del regimiento británico “desaparecido” o “abducido” por naves extraterrestres en forma de nubes durante la batalla de los Dardanelos es mencionada por varios autores: Brad Steiger; Oscar Otto Binder; John A. Keel; Jacques Valle; Paul Hewit, etcétera.

Keel dice que: “El 4° (y no el 5°) Regimiento de Norfolk marchó hacia una peculiar nube café posada sobre el terreno. La nube rosada por su parte superior, junto con un grupo de nubes similares ¡viajaba contra el viento! ¡El regimiento desapareció –800 hombres perdidos o raptados- de la faz de la Tierra!”.

Otros autores dicen que sólo fueron 250 hombres. Todos están de acuerdo en que el hecho fue presenciado por 22 testigos de la sección número 3 de la 1ª Compañía Neocelandesa.

Charles Berlitz dice que ninguno de los 22 hombres hicieron declaraciones y que la historia proviene de un ex-soldado zapador, F. Reichart, que fue confirmada por otros dos.

El relato fue tomado de un artículo que apareció originalmente en la revista ufológica neocelandesa Spaceview:

“Gallípoli, 28 de agosto de 1915”.

“Lo que sigue es el relato de un extraño incidente sucedido… por la mañana durante los últimos y más enconados días de combate, y que tuvo lugar en la Colina 60 de la Bahía de Suvla, en poder de los ANZAC”.

“Se había levantado el día muy claro, como correspondía a un hermoso día del Mediterráneo, sin nubes a la vista, exceptuando únicamente seis o siete en forma de panes que aparecían en lo alto, sobre la Colina 60. Se advirtió que, a pesar de que soplaba un viento de seis o siete kilómetros por hora, aquellas nubes no se movían ni cambiaban de forma. Desde nuestra posición, situada a una altura de unos 150 metros y sobrepasando más o menos en 90 la elevación de la Colina 60, podíamos distinguir otra nube idéntica, pero muy baja, que parecía arrastrarse por el suelo. Podría medir 250 metros de longitud por unos 60 de anchura y altura”.

“Cerca de la zona donde se combatía, la nube apareció extrañamente densa, casi sólida a la vista, reflejando cegadoramente la luz del Sol. Se hallaba situada a unas 14 o 18 cadenas del campo de batalla en poder de los británicos. Todo cuanto antecede fue observado por 22 hombres de la sección número 3 de la 1ª Compañía de campaña neozelandesa, en la que yo me encontraba, desde nuestras trincheras del Espolón del Rododendro, aproximadamente a 2,500 metros al Suroeste de la nube posada en el suelo. Desde nuestro ventajoso observatorio dominábamos la Colina 60 en unos 90 metros. Como se comprobó después, la extraña nube se hallaba tendida a lo largo de un torrente seco o camino profundo (Kaiajik Dere), y veíamos perfectamente los lados y los extremos de la nube, que, como digo, descansaba en el suelo. Su color era gris claro, como el de las otras nubes”.

“Unos centenares de hombres del 5° Regimiento de Norfolk escalaban el lecho seco del torrente, que les llevaba hacia la Colina 60, entonces cubierta en parte por la extraña nube. Fueron penetrando en ella sin vacilar…, pero ninguno de ellos volvió a salir por el otro lado ni pudo jamás llegar a tomar posiciones para disputar la dichosa Colina 60”.

“Cuando hubo penetrado el último de los hombres, la nube se levantó como una niebla cualquiera, pero conservando su forma. Alcanzó la altura de las demás. Al contemplarlas de nuevo parecían “guisantes en su vaina”, pues eran todas iguales. Durante todo este tiempo, el grupo de nubes permaneció inmóvil en el mismo lugar del cielo, pero en cuanto la nube aislada del suelo se elevó hasta su nivel, se alejaron todas hacia el norte, es decir, hacia Tracia (Bulgaria). En cuestión de unos tres cuartos de hora, habían desaparecido de nuestra vista”.

“El regimiento en cuestión se considera “desaparecido” o “exterminado” y cuando Turquía se rindió, en 1918, la primera cosa que Inglaterra exigió a Turquía fue la devolución de este Regimiento. Turquí contestó que no lo había capturado ni había establecido contacto con él, pues ni siquiera sabía que existiese. En la guerra de 1914-1918, un Regimiento británico podía comprender desde 800 a 4,000 hombres. Los que presenciaron este incidente aseguran que Turquía no capturó a este regimiento, ni estableció contacto con él”.

“Nosotros, los abajo firmantes, aunque mucho tiempo después de lo sucedido, o sea, en el 50° aniversario del desembarco de los ANZACs, declaramos que el incidente antes descrito es cierto de la primera a la última palabra”.

“Firmado por los testigos:

4/165 zapador F. Reichart

Matata, bahía de Plenty.

13/416 zapador, R. Newnes

157 King St., Cambridge.

J. L. Newman

73 Freyberg St.,

Otumoctai, Tauranga

Entraron en una nube y desaparecieron.

Sir Ian Hamilton a su llegada a Gallípoli. Al fondo la Bahía de Suvla.

Desembarco en Playa W.

Desembarco del 15 de abril.

Tres fotos del desembarco en Anzac Cove.

Desembarco de los británicos en Suvla Bay.

El HMS Agamemnon en Playa W el 25 de abril.

El HMS Implacable en Playa X. Este barco y el HMS Agamemnon serían hundidos antes de terminar la batalla de Gallípoli.

Playa V en el río Clyde.

Playa Y al sur de Cape Helles.

Esta era la situación real en Gallipoli: una guerra de trincheras de la que muy pocos pudieron escapar.

Los soldados vivían dentro de las trincheras.

Los pocos metros que lograban avanzar en una jornada, eran perdidos a la siguiente.

Las trincheras se extendían por todo el territorio.

En ambos bandos había tiradores agazapados que resultaban altamente mortales.

Diversos aspectos de la guerra de trincheras.

Foto de un soldado turco camuflageado capturado por los Anzacs.

Continuará…


Gammage B., The broken years. Australian soldiers in the Great World War, Penguin Books, London, 1978.

Beans C. E. W., Official history of Australian in the war of 1914-18. Vol II (The story of Anzacs).

Steiger Brad, Stranger from the skies, Award Books, New York, 1966.

Binder Otto Oscar, Flying saucers are watching us, Tower Books, New York, 1968.

Keel A. John, Our haunted planet, Fawcett, New York, 1970.

Valle Jacques, Pasaporte a Magonia, Plaza & Janes, S.A., Barcelona, 1976.

Hewitt Paul, OVNI: Amenaza de guerra espacial, López Crespo Editor, Buenos Aires, 1977.

Berlitz Charles, Without a trace, Doubleday, New York, 1977.

Spaceview, No. 45, Henderson (or North Island) Branch, New Zeland, sept-oct, 1965.

Berlitz apunta que eran 6 u 8 (nota de LRN).

Berlitz dice que era de 4 o 5 millas por hora, es decir, 6.5 a 8 kilómetros por hora (nota de LRN).

Hewitt dice que eran 100 metros y Berlitz que 500 pies, o 152.5 metros (nota de LRN)

Los datos de Berlitz son los mismos que los de Valle, pero Hewitt dice que era de 200 metros de longitud (nota de LRN).

El uso de distintas unidades de medición, especialmente las del métrico decimal, resulta sospechoso para quienes están acostumbrados a utilizar unidades de medida inglesas.

Keel, Hewitt y Berlitz dicen que era rojiza (nota de LRN).

La marcha de varios centenares de soldados en la condición que se describe es prácticamente imposible ya que, recordemos que en ese momento y lugar se libraba una batalla desde las trincheras. Cualquiera que asomara la cabeza la podía perder; mucho menos podrían marchar por la colina dando un blanco perfecto.

Curioso que los zapadores digan que su declaración la hacen en el 50 aniversario del suceso, cuando se quiso presentar la carta como redactada poco después del mismo, vean que la fecha de redacciones del 28 de agosto de 1915.

2 pensamientos en “EL REGIMIENTO "ABDUCIDO" POR UNA NUBE (Primera parte)”

  1. Hola Luis:

    La historia está muy interesante.

    Oye sabes que tu b.log aparece con problemas de visualización en mi PC, la programación incorrecta (al parecer) de las “footnotes” está afeando y interrumpiendo la lectura de los articulos. Quiza es un problema de mi programa navegador, pero te aviso por si es un problema de origen.

    Un saludo

  2. Hola Maor:

    Con Firefox y Mozilla no tengo problemas. Es con el explorer en donde veo a lo que te refieres.
    Mi consejo es que te cambies de navegador, porque de aquí a que yo aprenda a programar correctamente estos chunches, ya habrán bajado los marcianitos verdes.

    Saludos

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