Nazca (3)

UNA TEORÍA UN TANTO CURIOSA

Otra teoría debida a William (Bill) F. Spohrer, explorador norteamericano residente en Perú, parece no menos inverosímil que la de los antiguos astronautas, pero reviste particular atractivo. Spohrer supone que los antiguos nazcas pudieron elevarse en el aire por medio de globos de aire caliente. Para probar su teoría Spohrer ha presentado las siguientes pruebas indirectas:

– Los tejidos de algunos ponchos precolombinos que son más ligeros que el material sintético utilizado en los globos modernos.

– La costumbre entre muchos grupos indígenas de soltar pequeños globos llenos de aire caliente durante las fiestas religiosas.

– La existencia de piedras ennegrecidas encontradas en grandes formaciones circulares al extremo de muchas de las líneas. Al parecer eran enormes hogueras que bien pudieron utilizarse para calentar el aire del interior de enormes globos atmosféricos[1].

Bill Spohrer, miembro de la International Explorers Society (IES) de Miami, y piloto de las aerolíneas TAN, de Honduras, persuadió al grupo de IES para que investigaran el misterio de las “pistas” de Nazca.

Michael Debakey, hijo de un famoso cardiocirujano, y director del IES, aprobó el proyecto de investigación e las líneas. Los miembros del IES que intervinieron en esta aventura fueron:

Julian Nott, aeronauta británico de 31 años, campeón mundial de altura en globos cautivos (45,000 pies), mismo que le valió la medalla Royal Aero Club. Este premio también lo obtuvieron en su momento los hermanos Wright y Niel Armstrong, entre otros.

Jim Woodman, aeronauta estadounidense de 41 años. Fue copiloto ejecutivo de una línea aérea comercial, y fundador de la compañía Air Florida.

EL CONDOR I

El IES, después de haber logrado el apoyo del Ministerio de Turismo Peruano y el de la línea aérea nacional Aeroperú, emprendió la construcción de un costoso globo de gran tamaño. De unos 30 metros de alto, por 25 de ancho, con una forma poco común de trapecio o tetraedro (pirámide invertida), y volumen aproximado de 5,751,700 litros.

Se mandó confeccionar el globo a las Industrias Raven, de los Estados Unidos, supervisando la operación el Instituto Textil Peruano.

Luego de construido el globo (operación que duró tres años), le fue colocada una canastilla de mimbre o carrizo seco. La canastilla tenía forma de una media luna con los bordes levantados al estilo de las antiguas balsas de totora con las que los pescadores del Titicaca, el lago más alto del mundo, que se encuentra a uno 4,000 metros de altura y a unos 500 kilómetros a vuelo de pájaro de las pampas. Esas balsas de totora surcaban hace siglos (y aún ahora), el lago Titicaca, en la frontera entre Perú y Bolivia.

La góndola era una especie de barquilla de unos 2,5 metros de longitud fabricada con totora, una planta de tallo hueco parecida al bambú o al mimbre rojo, que nace en las márgenes del lago Titicaca y en la costa norte del Perú. Fue hecha por los mismos artesanos que construyó la balsa Ra para Thor Heyerdahal, Paulino Esteban, José Juan y Demetrio Limachi. En la canastilla cabían dos personas.

La cubierta tejida fue pintada por el artista Tommy Thomson, con una doble espiral, un Sol y un cóndor planeando, imitando los dibujos sobre la pampa. Las cuerdas que unían la canastilla con el globo eran de fibras vegetales.

La nave fue tejida con algodón peruano. La tela resultante tenía una estructura parecida a la de los finos textiles que habían sido encontrados en las tumbas del litoral, que datan de hace unos 3,000 años. Se procuró que la porosidad, solidez y resistencia de la tela fuera igual a la del tejido nazca.

La nave así construida recibió el nombre de Cóndor 1. Su velocidad de elevación era de unos cinco metros y medio por segundo.

LOS MANTOS NAZQUENSES

Los nazcas utilizaban mantos tan maravillosamente tejidos que parecían hechos por un hada. Estos atavíos, de valor incalculable, son extremadamente escasos. Apenas se puede contar una docena de ellos registrados oficialmente en los museos.

Son una especie de cobijas rectangulares hechas de hilo de algodón bordado en punto largo, de lana o de alpaca, y a veces de vicuña, en una gran variedad de colores finos y delicados. Los especialistas han llegado a detectar 190 tonos y reflejos. Sus bordadores inventaron un punto que imita y utiliza la técnica del crochet. Los bordados, a veces, llevan hilos de oro, de plata, lentejuelas, algunos motivos elaborados con cabellos humanos, pelo de murciélago o de vizcacha (una especie de gran chinchilla de los Andes, de pelo gris extremadamente ligero y fino como pluma). Las diversas técnicas de brocado, gasa o red que son de una finura inconcebible, hacen de estos mantos una artesanía de belleza superior a los gobelinos y los textiles bordados de Beauvais.

Uno de los mantos más hermosos es el de Paracas. Bordado todo alrededor con una franja que tiene 300 figuras de hombres, animales y plantas.

Esta exquisitez hace de los mantos nazquenses un artículo locamente buscado por los coleccionistas. Sin incluir el valor de antigüedad, el valor objetivo de uno de estos mantos fue calculado en dos millones de dólares (en 1970).

La tela de tales ropajes de nobles patricios puede tener hasta 400 hilos por pulgada cuadrada. Según algunas opiniones autorizadas en la materia, se necesitaban por lo menos dos años para tejer y bordar tales obras de arte[2].

El tejido utilizado en los mantos nazcas es tan fino que ninguna de las medias que utilizan las mujeres modernas lo iguala. El ingeniero Ken Te Krony, de las Industrias Raven, la empresa más importante del mundo especializada en la fabricación de globos y paracaídas, al analizar uno de los mantos dijo:

“Después de 1,500 años, la tela está en fabulosas condiciones. El tejido es superior a los producidos en la actualidad. En las fábricas contemporáneas se usan de 85 a 150 tramas (hilos) por pulgada. Las fibras incas tienen más de 250”.

La antropóloga Ruth Karen, autora de El reino del Sol, ha encontrado tejidos incas hechos de lana de vicuña tan delgados como la seda, y de unos 2,500 tramas por pulgada.

Las pruebas a las que fue sometido el manto demostraron que es aún más compacto que el empleado en los paracaídas.

LA TÉCNICA

Los habitantes de Nazca fundaron una cultura sumamente avanzada que floreció entre los años 300 a. C. Al 700 d. C.

Los dibujos de Nazca fueron hechos siguiendo un modelo previamente diseñado sobre “pequeñas parcelas de 1.8 por 1.8 metros”, según indica María Reiche. Una vez trazada esta “maqueta”, los nazcas la fraccionaban y reproducían a continuación cada una de las fracciones a la escala deseada. Semejante técnica les permitía elaborar dibujos gigantescos sin necesitar una visión del conjunto.

“Es de suponer que si los autores no podían volar –escribió María-, y solo en la imaginación podían percibir el aspecto de sus obras, deben haberlas planteado y dibujado de antemano en una menor escala…”

Para trazar las líneas rectas tendían cuerdas entre dos estacas. Algunas, todavía clavadas, han sido datadas por el método del carbono 14 y se remontan aproximadamente al año 550 d. C.[3]

Las líneas curvas las hacían clavando una estaca como pivote, unida a una cuerda a modo de compás.

Poseían, además, un instrumento llamado Huaypa, consistente en una cuerda con una piedra a guisa de plomada. El Tupu, una pequeña placa de madera o metal que tiene un orificio central, que servía como catalejo. Se ha encontrado una especie de teodolito compuesto por un tubo de madera o de barro cocido del que pende un hilo con piedra para dar cuerpo a la vertical.

Utilizaban también una pértiga, poste de madera plantado perpendicularmente al suelo. Con ella se podían marcar la sombra proyectada en el momento de la salida o puesta del Sol o de la Luna. Tomando en cuenta lo largo de esta sombra en relación a la altura del astro en el cielo, los sacerdotes podían determinar los meses, las estaciones y los años.

Los instrumentos de medición de los antiguos peruanos nos reservan varias sorpresas. La más extraordinaria –de resultar cierta la suposición-, la debemos a un descubrimiento fortuito del arquitecto Fernando Belaúnde Terry, expresidente de Perú. Al visitar uno de los museos de Lima, le intrigó la insólita y extraña forma de una pieza de cerámica. Con una altura de 11 centímetros (una de las unidades básicas de la pampa), la cerámica terminaba en un corte circular de 7 centímetros de diámetro. Apenas hueca, pero lo suficiente para contener el líquido de un “nivel de agua”. El tubo vertical que la sostiene está provisto de perforaciones en forma de cruz, colocadas a ambos lados, pero a distintos niveles. Si se sostiene el instrumento en la mano, sobre un poste fijo en el suelo, y se mira a través de las cruces que tienen marcas centrales en el punto de encuentro, se logra obtener una línea de mira a distancia para poder realizar trazos en ángulos rectos. En resumen, se trata de un goniómetro.

Esta pieza de cerámica provenía de la costa y no llevaba ninguna otra referencia. Luego se fueron descubriendo más piezas de este mismo estilo, esta vez en el área de Nazca. Los objetos de Nazca, en lugar de cruces, muestran círculos. En ellos hay pequeños pedazos de roca que suenan como cascabeles. Se pueden ver varios ejemplares de estos aparatos en el Museo de la Universidad de San Marcos, en Lima[4].

EL VUELO DEL CONDOR 1

Rechazando las “hipótesis no académicas y las especulaciones anticientíficas”, varios miembros del IES, de Coral Gables, en Florida, decidieron probar que los antiguos nazcas tenían la técnica adecuada para construir las famosas líneas.

“Nazca es uno de los enigmas arqueológicos más impresionantes de Sudamérica y una de las obras de arte más hermosas del mundo–señaló Jim Woodman-. Los nazcas pudieron haber volado aquí, pues contaban con todo el material necesario”[5].

“Los peruanos antiguos –declaró Debakey-, poseían los elementos adecuados para construir artefactos más ligeros que el aire. Tenían el intelecto, la organización social, los textiles y el conocimiento de los principios de vuelo que facilitarían aún más sus propósitos”[6].

El viernes 28 de noviembre de 1975, alrededor de las tres de la mañana, unos veinte invitados de la IES se reunieron alrededor de una de las legendarias líneas. Prendieron una hoguera en uno de los hoyos cercanos a las líneas y comenzaron a llenar el globo con aire caliente.

A las cinco de la mañana, el globo estaba listo, pero el viento cada vez más violento amenazaba con lanzar el intento por la borda. Pilotos, técnicos, periodistas y curiosos que habían acudido al lugar se agarraron con todas sus fuerzas a la tela, naturalmente María Reiche en primer lugar, intentando detenerlo.

Al despuntar el alba y en medio del júbilo general, el globo empezó su ascenso. Montados en la canastilla, con las piernas colgando, iban Julian Nott y Jim Woodman.

Unos minutos más tarde, liberado de amarres, los espectadores pudieron contemplar al Cóndor 1, que se elevó como lo habían previsto los organizadores. Al alcanzar la altura de 250 metros, el Cóndor 1 se estabilizó antes de empezar a planear horizontalmente. Después, repentinamente, una ráfaga de aire sacudió el globo. Los dos aeronautas alcanzaron a tirar rápidamente el lastre, aminorando la caída. El Cóndor 1 tocó tierra mientras los tripulantes saltaban al suelo. Libre de su excesiva carga, el aerostato volvió a elevarse en las alturas, alcanzando más de 500 metros. Estuvo en el aire 18 minutos, recorriendo unos tres kilómetros antes de posarse sobre el suelo de la pampa.

El principal enemigo había sido el peso. Dos adultos altos, pesando cada uno 80 kilos, representan gran diferencia de los indios de estatura baja.

“Fue un vuelo fantástico –exclamó Jim Woodman-. Estoy completamente convencido de que los nazcas efectuaban vuelos similares hace 2,000 años”[7].

Julian dijo: “La vista extensa de los dibujos de la pampa desfiló como un tapiz mágico”[8].

La primera que llegó a felicitarlos “fue la reina sin corona del desierto de Nasca, María Reiche”, según escribió Miloslav Stingl[9].

William “Doc” Crane, miembro del equipo del Cóndor 1, declaró a la prensa:

“Si los nazcas hubieran hecho sus globos con tejidos oscuros y no claros, la acción del Sol los habría transportado sobre el Pacífico, una vez que se hubiesen elevado a una altura de 600 metros. Es posible que los nazcas se hubiesen elevado en el mismo punto. Todo concuerda tan bien. Según las leyendas, cuando los dioses concluían su trabajo, volaba hacia el Sol”[10].

Pero para Miloslav Stingl no hay duda, los antiguos nazcas no volaron sobre las pampas:

Todos los peritos en la historia y la cultura de la América coinciden en afirmar que los indios de épocas precolombinas no conocieron el misterio de los vuelos aéreos. No obstante, las figuras de la pampa de Nasca provocan enseguida una predisposición a creer lo contrario. Por esto no es sorprendente que, después de que la galería del sur del Perú provocara de repente el interés general de la opinión pública mundial, viniera a la pampa de Nasca un hombre llamado Jim Woodman, quien empezó a seguir las huellas de los indios, pero no sobre la tierra, sino en el aire, tratando de demostrar que los primigenios habitantes de esa región no sólo habían sido capaces de realizar inmensos dibujos, sino también de elevarse hasta las nubes para contemplar su país desde una perspectiva panorámica. El proyecto de Woodman, denominado sencillamente Nasca, en recuerdo del valle cuyo desierto circunvecino está cubierto con las conocidas figuras, no logró persuadir a los expertos en culturas americanas antiguas sobre las hipotéticas capacidades aeronáuticas de los indios. El proyecto “Nasca” es, sin embargo, tan interesante que a pesar de todas las reservas que provoca, justificadas por lo demás, merece que le dediquemos una parte de nuestro libro.


“En su proyecto Woodman se propuso dos objetivos: primero, determinar qué aparato de vuelo había sido usado por aquellos indios, y rastrear, asimismo, todos los indicios que pudieran llegar a fundamentar la realidad de un tal aparato aeronáutico. Y segundo, reconstruirlo.


“Con respecto al aparato con el que pudieron haber volado los indios en el antiguo Perú –contando naturalmente con que efectivamente hayan podido volar— el equipo de Woodman desarrolló una inesperada respuesta: ¡un globo dirigible inflado con aire caliente! De este modo, a las sucesivas experiencias de Kosok y su pequeño avión, de María Reiche y su helicóptero, y a los hipotéticos “platillos voladores extraterrestres”, se sumaba ahora la de un aparato aeronáutico más: el globo”.

La experiencia del vuelo en globo fue repetida, años después, para la cadena de televisión japonesa TV-Asahi.

Continuará…


[1] Woodman Jim, Nazca: The Flight of Condor 1, Pocket Books, New York, 1977.[2] Levillier J., A Contribution to the Stydy of Preincaic Textiles in Ancient Peru, 1928.

O’Neale M. Lilia, Tejidos del periodo Paracas, Revista del Museo Nacional de Lima, Tomo I, No. 2, Lima, 1932.

[3] Waisbard Simone, El enigmático mensaje de los nazcas, en Los últimos enigmas, Selecciones del Reader`s Digest (editores), México, 1977.

[4] Weisbard Simone, Las pistas de Nazca, Editorial Diana, México, 1981.

[5] Woodman Jim, New Mysteries in Ancient Peru, Braniff Place, Vol. 4, No. 5, 1975, Págs. 31-33 y 42.

[6] Fernández Lanch Manases, Los dibujos de Nazca: enigma resuelto, Lima, 1976.

[7] Woodman Jim, Nazcas Journey to the Sun, Simon and Schuster, New York, 1977.

[8] Salzberg F. Ruth, Solving the Mystery of the Nazca Lines, Saga, Vol. 52, No. 2, mayo de 1976, Págs. 32-33, 56-60 y 62.

[9] Stingl Miloslav, Templos, fortalezas, observatorios y otros enigmas del Perú, Mosca Azul Editores, Lima, 1984.

[10] Anónimo, Nazca ballonist?, Time, 15 de diciembre de 1975, Pág. 50.

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