Fraudes ovni en América Latina del siglo XIX

De meteoritos y Marcianos: Fraudes ovni en la América Latina del siglo Diecinueve

Por Christopher Conway

Como Fox Mulder de los X-Files, “deseo creer”. Pero no es una cosa fácil. Tome, por ejemplo la peculiar historia del siglo diecinueve, de un fraude ovni en Latinoamerica que involucra un meteorito, un marciano y extraños artefactos evocadores de una mitología más contemporánea de los ovnis.

Los entusiastas de los ovnis han sabido durante mucho tiempo sobre la oleada de las naves aéreas de 1896 y 1897 (y aquí), cuando los periódicos del oeste y medio oeste fueron llenados de historias dramáticas de los habitantes de la ciudad y del país observando ovnis de lento movimiento y sus excéntricos pilotos (que parecían ser humanos y de maneras extrañamente mundanas, no extraterrestres). Algunos periodistas entonces creían que estos visitantes eran de Marte. De hecho, H.G. Wells publicó su novela seminal sobre una invasión marciana, La guerra de los mundos, casi al mismo tiempo, en 1897. Más recientemente, otros han argumentado que estos dirigibles eran las primeras máquinas voladoras pilotadas por inventores humanos de pensamiento adelantado (ver también aquí) que nunca tomaron el crédito de la oleada ovni. No soy ningún experto en el asunto (¿podemos hablar de expertos en esta materia?) pero mi opinión es que los fenómenos de la nave aérea eran una clase de carta en cadena periodística que atrapó la imaginación de los redactores y se dispersó como fuego salvaje con poca o nada de base en la realidad. Al menos, esta es una suposición razonable si consideramos un fraude muy interesante de ovnis en el siglo diecinueve en América Latina.

¿Por dónde comenzar? Por años, como erudito de literatura, he estado leyendo periódicos mexicanos del siglo diecinueve. Amo trabajar con tales periódicos porque están llenos de materias al azar: anuncios de cremas de afeitar o pomadas, cartas furiosas, espantosos asesinatos y otros crímenes. Cavar en estos viejos periódicos es realmente como cavar a través de un almacén antiguo. Puedes buscar X, pero aparecerá A, B, C, D, E… etc. Ya que estoy interesado en astronomía, los artículos sobre meteoritos, cometas y otros fenómenos aéreos han captado mi atención. Por ejemplo, está la historia de 1880 sobre un meteorito del tamaño de la Luna que iluminó todo con su estela en enero de 1880 y la historia de 1896 acerca de dos niños que murieron en una casa que fue golpeada por un meteorito. En julio de 1871, el periódico El Siglo XIX republicó un artículo corto firmado por E. L. Abogado del periódico El Ferrocarril, indicando que el 21 de julio un fenómeno “muy curioso” fue observado en el cielo de la noche: un meteorito azulado en la forma de un cometa pequeño fue visto haciendo arcos al sureste mientras dejaba una luz y un rastro luminiscente.

A veces también aparecen en estas páginas peculiares fenómenos aéreos, pero en mi experiencia, refiriéndose sobre todo a otros países. El gran terremoto de 1842 en Haití, según El Siglo XIX, fue precedido por un extraordinario meteorito que se movía hacia el Este sobre Puerto-Au-Prínce. Me pregunto si esto está confirmado por registros históricos. En un extracto de Le Courier des E-Unis (¿un periódico en lengua francesa publicado en los E.U.?), sabemos que la Luna se hizo roja sobre Fort Leavenworth, Missouri en junio de 1843, una cruz negra apareció en su cara y se vieron arco iris circundándola. En un artículo de 1873 acerca de sucesos extraños en Haití, el autor discute sobre las maravillas de la ciencia y nos cuenta sobre la bola de electricidad inteligente, felina, que voló alrededor de un sastre francés, yendo de esta manera antes de subir a través de una chimenea y estallar, y el extraño meteorito que cayó en Wisconsin para permanecer suspendido sobre la tierra y después volar hacia arriba otra vez.

Suficientes digresiones. El artículo del ovni que atrapó mi atención fue titulado Enorme Aerolito (Enormous Meteor) y publicado en noviembre de 1878 en El Siglo XIX. Es una pieza corta, no más de diez líneas, indicando que, había sido encontrado en América Central, un meteorito hueco conteniendo un ánfora y un pequeño cuerpo humano cubierto. Escribí las palabras claves en Google y, por coincidencia tropecé con una fascinante entrada de blog titulada “Ovni caído en Carcarañá”, del blog Otras Alternativas, que pertenece a un programa de radio fuera de la ciudad de Rosario, Argentina. Al parecer, y tristemente (aunque no se porqué me sorprendo), el artículo fue tomado sin ceremonia, sin atribución, de un anterior articulo de Fabio Picasso publicado en 2004 en el Web site de Revista Investigación. (¿Por qué la gente hace eso? Es muy triste.) De todos modos, Picasso hace un buen trabajo de documentar su investigación de archivo. Veamos algunos puntos sobresalientes de lo que él dice.

En 1877, apareció un artículo en un periódico de Rosario llamado La Capital titulado ¡Eureka, Eureka! En él, un hombre que se llama “A. Serarg” informa haber venido de la ciudad de Carcarañá por motivos de salud y el “colosal” descubrimiento de un meteorito negro en un campo. Medía más de cien pies de longitud y casi cien de diámetro (las medidas exactas estaban dadas en varas, 45 de longitud y 30 de diámetro, y estoy calculando cerca de 3 pies por vara que es más o menos correcto según he podido investigar). El señor Serarg consigue a un geólogo, el señor David, a un hombre llamado señor Paxton, y a un campesino local llamado Jesús Villegas para volver con ellos al meteorito. Los hombres logran romper el exterior del meteorito negro y descubrir un compartimiento dentro del meteorito. En esta cámara, remetido en una esquina, encuentran un ánfora hecha de metal plateado, perforada con muchos diminutos agujeros y conteniendo extrañas inscripciones. Descubren otro compartimiento en el cual encuentran un cuerpo pequeño, extraño, cubierto, de una persona calva con una cara plana, una boca pequeña con catorce dientes y un pequeño trompo o protuberancia para la nariz. Cerca localizan una pieza de plata que contiene una foto de un rinoceronte, de una palmera, de nuestro sol y de nuestros planetas del Sistema Solar. Lo curioso es que a Marte se le da prominencia en esta foto elemental, infantil, estableciendo que el meteorito o el artefacto era de origen marciano, el cuerpo de un habitante de ese planeta y el mensaje divino que dios no sólo había poblado la tierra sino también otros planetas. Wow. ¡Una caída de Roswell en la Argentina de 1878! ¿Podría ser verdadero?

Pero Picasso es un detective asombrosamente bueno. No resumiré todas sus labores aquí pero déjenme contar la parte más importante. Picasso descubrió que esta historia se originó en Francia en 1874 y viajó a la Argentina tres años más tarde, apareciendo en el periódico de Rosario ya mencionado La Capital. En su encarnación francesa, la historia del marciano, es idéntica a la que apareció en La Capital, con excepción de que el incidente ocurre en ¡los Estados Unidos! Un año más tarde, en el verano de 1878, la historia viaja de la Argentina a México, en donde aparece en el periódico titulado El Defensor de la Constitución, del Estado de Zacatecas. Esta versión, que no he visto, al parecer localiza el incidente en Carcarañá, así que parece que los redactores oyeron hablar de él de alguna manera de La Capital. Varios meses más tarde, otra versión aparece en México, el cuento que encontré en la edición de otoño de El Siglo XIX, pero esta vez colocan el cuento en alguna parte de América Central. Es casi como si alguien hubiera recordado leer el artículo de Zacatecas y hubiera decidido que Carcarañá estaba en América Central y no en Argentina. O tal vez otra vez, la historia del marciano también apareció quizá en un periódico de América Central. Sea como fuere, la versión de centroamericana de la historia volvió a la Argentina en 1879, donde aparece en el periódico El Constitucional de Mendoza. Gracias al trabajo detectivesco de Picasso, y nueva evidencia de El Siglo XIX, está claro que el marciano latinoamericano era sólo un cuento.

Hay algunos informadores nativos de Carcarañá que recuerdan haber oído sobre una “lluvia de fuego” o un meteorito que cayo cerca del pueblo de sus antepasados. Pero nadie parece recordar mucho más, y definitivamente nada sobre una momia pequeña de Marte. Parecería que la historia más lógica sería que alguien inventó la historia del marciano y la plantó en el periódico La Capital, y de alguna manera, a propósito o no, encontró nuevas encarnaciones en México.

Sería precipitado generalizar demasiado sobre las lecciones que podemos aprender de este caso, pero no es difícil pensar sobre las formas en que los periódicos reciclaron noticias no fiables e inventaron otras en el siglo diecinueve. Las naves aéreas de 1896-1897 no eran quizá nada más que un cuento. Desearía que fueran algo verdadero, para ser honesto, porque “deseo creer”. Pero, hecho o ficción, constituyen uno de los capítulos más interesantes de la historia de los ovnis, junto con el marciano latinoamericano de Carcarañá.

http://drconway.wordpress.com/2007/05/16/of-meteors-and-martians-ufo-hoaxing-in-nineteenth-century-latin-america/

Agradezco al doctor Conway su autorización para traducir y publicar este trabajo.

Independiente de Fabio Picasso, y muchos años antes que él, el psicólogo Héctor Escobar ya me platicaba de este engaño allá en los noventa, cuando hacíamos la revista Perspectivas Ufológicas. En ese caso no le presté atención porque estaba metido en otros rollos ufológicos, pero ahora me gustaría publicar su versión. ¿Estás por ahí Héctor?

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