Trancas, Tucumán: El Informe Final

Por Roberto Enrique Banchs

ANALOGÍA CON LAS LÁMPARAS DE ARCO

Llamase “arco voltaico” al fenómeno luminoso que tiene lugar cuando una corriente intensa salva la distancia que separa dos electrodos colocados en el seno de un gas; el aire, por ejemplo. Su nombre procede de Davy, quien dio cuenta del fenómeno utilizando electrodos de carbón de madera.

Los arcos más estudiados son, precisamente, los que se forman entre electrodos de carbón (cátodo y ánodo). Las corrientes de aire suelen ocasionar un depósito pulverulento. La mayor parte de los arcos deben su luminosidad a la incandescencia de las partículas volatilizadas en el cátodo, o bien a la de sustancias adicionadas al ánodo para dar coloración al arco (roja, violeta, etc.). A veces se añade al carbón anódico sustancias diversas, tales como calcio, el cual, al volatilizarse incandescente, irradia luz de espectro continuo. También potasio, que en contacto con el aire arde con luz violeta y gran desprendimiento de calor. La brillantez intrínseca del manantial de luz es función de su temperatura; por lo tanto, para obtener un manantial de luz con brillantez máxima, ha de emplearse una sustancia que pueda mantenerse a la temperatura más elevada posible.

Como el carbón fue el que poseía el punto de volatilización más elevada conocida, se creyó que el arco de carbones era capaz de la mayor brillantez lograda artificialmente (esto ocurre a una temperatura de 3,000 grados C). Sin embargo, por observaciones más recientes se supo era posible conseguir una brillantez mucho más elevada.

En la fabricación de los carbones suelen utilizarse productos de la destilación del petróleo. Eliminadas las impurezas, se le da forma definitiva a los carbones (cilíndrica) y, sometiéndolos a alta temperatura, se convierten en parte en grafito. Pero fue Bremen quien propuso añadir a los carbones distintas sustancias para aumentar su poder luminoso (‘de llama’) y otras cualidades (‘de efecto’).

El polvillo que se va formando durante su combustión, irá a desprenderse en forma de óxido y dióxido, finalmente carbonatados. Un cenicero colocado en la parte inferior del globo, taladrado por pequeñas aberturas, determinan una conveniente evacuación tanto de residuos pulverulentos, como de gases. En este último caso, en particular, cuando los carbones son mineralizados, dejando escapar al exterior humo (al contrario del carbón puro).

Desplazadas por las de incandescencia de gran tamaño, las lámparas de arco fueron utilizadas durante años en las poderosas “linternas de proyección”, para cinematografía (aún pueden conseguirse los carbones en algún comercio) y, muy especialmente, en los proyectores.

Uno de ellos, el Sperry de 152.4 cm, proyector antiaéreo modelo 1941, fue inscrito en el Registro de la Reglamentación del Ejército dieciocho meses antes del caso Trancas. Por entonces, el Comandante en Jefe del Ejército, Raúl Poggi, ordena que su manual de descripción, funcionamiento y conservación (F.T.-A.G. 1) “deberá ser adquirido obligatoriamente” por batallones, regimientos, y con particular reiteración por el personal de artillería del Ejército. De su lectura conocemos los principios que rigen el diseño del proyector:

Se caracteriza por su gran intensidad luminosa y se compone de un arco voltaico también de fuerte intensidad, mantenido automáticamente en el punto focal de un espejo reflector protegidos por un tambor. Dicho tambor está montado de manera que permite la rotación completa en dirección y movimientos en elevación, mediante un sistema de mando a mano o eléctrico a distancia. La lámpara sostiene un par de carbones o electrodos, cuyo mecanismo de regulación permite el avance del carbono negativo hacia el positivo y trata de iniciar un nuevo arco voltaico.

El tambor está dotado de un sistema de ventilación a fin de que las partículas y vapores desprendidos del arco puedan ser barridas continuamente (polvo de carbón y otros residuos producidos durante su funcionamiento). La duración de la combustión de las varillas o carbones empleados para una graduación de carga de 150 amperios es de noventa minutos aproximadamente. Para esta lámpara suelen utilizarse carbones de gran intensidad fabricados especialmente.

La ejecución de las maniobras de localización y proyección del haz de luz es fundamental, por su rapidez, alcance y precisión. Baste con señalar que debe alcanzar a iluminar fácilmente un avión, digamos, a 16 kilómetros (aunque la visibilidad del objeto depende, no ya de su iluminación misma, sino del contraste entre la iluminación del objeto y el resplandor en la zona circundante).

Las características del proyector tienden, a través del espejo, a concentrar el haz luminoso y a proporcionar casi la máxima iluminación posible, a la vez de ser fácilmente transportable.

El puesto de mando se compone de un aparato de regulación, que proporciona la sincronización del movimiento del proyector con los datos de un localizador de sonido, y el mando a distancia del proyector, que lo hacen mover en dirección y girar en elevación. Todo el sistema de este modelo –que no es el único- requiere de un grupo electrógeno, compuesto básicamente de un motor de gasolina y un generador, convenientemente emplazado detrás de un terraplén o montículo de tierra, arbolado o matorrales, a fin de disminuir el ruido que pueda llegar al localizador de sonido del ‘puesto de mando’, para lo cual conviene instalarse a prudencial distancia, a unos 150 metros. Vale decir que la disposición en campaña del material tendría la siguiente secuencia: grupo electrógeno-montículo o vallado-proyectores-puesto de mando a distancia. Curiosa disposición si la relacionamos con la ubicación de los fenómenos de Trancas… Aunque, por supuesto, allí no se observó ningún motor a gasolina (sólo se escuchó, a decir de Argentina, “ese ruido como una máquina suave, como un motor”), y la distancia del objeto ‘F’ (“el que mandaba ahí”) a los reflectores más próximos (objetos ‘C’ y ‘D’), no era inferior a 170 metros.

El relato de la familia Moreno sobre la incursión de una escuadrilla de OVNIs, destaca la descripción del tipo de luz que emitían los reflectores “de las extrañas máquinas”. “Eran chorros de luces blancas, altamente direccionales y que mostraban muy poca dispersión”; “haces perfectamente cilíndricos, compactos y coherentes”, dirían, homologándolos por sus características al láser (light amplification by stimulated emision of radiation).

Sin embargo, los anticuados proyectores de arco voltaico –lejos de una supertecnología- muestran sus cualidades. En una exposición industrial realizada en La Plata, BA., cuatro años después (vs. artículo periodístico), se pusieron en funcionamiento varios de los citados reflectores. El atractivo ganó su espacio en la prensa, con una nota gráfica en la que advierte que su potente haz “pareciera haberse materializado”. El comentario final de El día, en su página 4, es llamativo: “La prueba realizada anoche (martes 14 de noviembre de 1967) con los reflectores causó general sorpresa en la ciudad, ya que muy pocos alcanzaban a explicarse el origen de esos poderosos haces de luz que tan pronto alumbraban ‘a giorno’ los más altos edificios como horadaban la profundidad del cielo. Los teléfonos de nuestro diario fueron anoche vehículo de la curiosidad pública, que una vez encontró motivo para dar rienda suelta a su imaginación proclive a vincular cualquier hecho simple con viajes espaciales o invasiones de trasmundo”.

EL AUMENTO TÉRMICO

Diversas versiones indicaron que el índice mercurial era de 16 C antes de la observación y que luego se elevó a 40 C. Hemos visto de modo fehaciente que no fue así: la temperatura exterior osciló en los 26.5 C. Se trató de una estimación de las testigos, en cuyo caso la diferencia mercurial nos proporciona un parámetro de percepción (térmico, en este caso) que condujo la apreciación del fenómeno.

No obstante, creemos factible que se haya producido un aumento de la temperatura. Un proyector (a diferencia de una lámpara común que irradia su energía lumínica y térmica en todas las direcciones) posee un espejo cóncavo que permite concentrar sus rayos, evitando una excesiva dispersión. Por eso se debe considerar al calor tanto en su intensidad como por la duración. De ahí que esa elevación es obvia, aun cuando su progresión dentro de la finca pudiere haber sido muy pequeña.

En cambio, resulta aceptable que un importante aumento de la temperatura en el interior de la vivienda pudiere haberse producido como consecuencia de múltiples causas:

a) Por la exposición prolongada de uno o varios proyectores, actuando sobre la casa.

b) Por la falta de aireación debida al encierro, a lo que debe sumarse la sensación climática “cálida” imperante en la región. El diario La Gaceta, del 23 de octubre, indica que las testigos, “alarmadas por todo lo que veían comenzaron a cerrar puertas y ventanas”. Argentina Moreno nos ratificó incluso que en el momento en que las iluminaron, “es cuando resolví que cerraran todo, los postigos, ¡todo!”

c) Por la agitación física. Los testigos corrían de una habitación a otra, se llevaban por delante, etc. Es un hecho conocido que el movimiento muscular produce calor, y que éste eleva la temperatura general (del cuerpo y del ambiente), acompañada de consumo de oxígeno. Por otra parte, la secreción sudoral se halla supeditada al funcionamiento de los centros sudoríparos, los que pueden entrar en acción aún elevándose la temperatura algunas décimas de grado. Asimismo, el sueño y el trabajo muscular energético excitan la calorificación y la sudación.

d) Por la crisis nerviosa. Al igual que el sistema muscular, el nervioso es también fuente de calor. Fue Burdach quien demostró que los estados emocionales tales como el temor, el terror, etc., elevan el calor del cuerpo. Precisamente, Yolanda Moreno ha conjeturado que el aumento térmico pudo deberse al estado de nervios en que se hallaban.

LOS RESIDUOS DE COMBUSTIÓN POR DESPRENDIMIENTO

En la mañana siguiente del suceso, personal de policía a las órdenes del subdirector de seguridad, comisario inspector Marcos Fidencio Hidalgo, se hizo presente en la finca con el propósito de tomar intervención a raíz de la denuncia. Se solicitó entonces, a la Universidad de Tucumán, un técnico para realizar el análisis de una sustancia pulverulenta encontrada en varios lugares de la finca. En medio de un gran pánico de los moradores, se procedió a buscar un sector conveniente para obtener una muestra representativa, lo más pura posible. Se desechó el sitio donde estuvo asentado el objeto más próximo (‘F’), un sembradío de lechugas y arvejas, porque presentaba muchas impurezas, se mezclaba con la tierra. La muestra fue tomada cuidadosamente en los rieles, durmientes y piedras de las vías, situados debajo del lugar donde se mantuvieron los OVNIs, utilizando un cepillito para evitar que el material se mezclara con la tierra. Se trataba de un espolvoreo, fino, de unos dos milímetros de espesor, de modo que la tarea –realizada por la mañana del 22- consistió en cepillar muy débilmente para que no roce sobre la vía, evitando cualquier contaminación. Fue extraído 2.343 gramos en un recipiente apropiado y se lacró.

Sólo en los lugares mencionados y a modo de un suave espolvoreo en algunos árboles, fue hallada esa sustancia pulverulenta, impalpable y blanca, que semejaba talco. Jamás se descubrieron “multitud de bolitas blancas, amontonadas unas sobre otras formando un perfecto cono de un metro de altura”. Esto es una barbaridad, lamentablemente muy difundida[1].

Por otra parte, según consta en el Informe Técnico de la Armada Argentina (anexo), “como rastros donde había estado el OVNI (‘F’), quedó la plantación de lechuga como aplastada”, prueba de que el objeto estuvo apoyado en el suelo y no suspendido en el aire a cierta altura, como se adujo.

La sustancia recogida fue inmediatamente examinada por el técnico químico Walter Gonzalo Tell, Jefe del Laboratorio Químico-Industrial del Instituto de Ingeniería Química de la referida Universidad. En el informe dirigido el miércoles 23 al director del Instituto, ingeniero Oscar Männich, señala que “la muestra pulverulenta blanca extraída por pincelado de los rieles del ferrocarril y de zonas que, al parecer no podrían estar impurificadas con sustancias ajenas a la composición química de la muestra”, registra lo siguiente:

Cantidad total extraída: 2.343 grs. (dos gramos, 343 miligramos)

Análisis químico (óxidos):

Óxido básico: Óxido de Calcio (CaO)………. 54.02%

Óxido básico: Dióxido de Potasio (K2O)…… 2.39%

Óxido ácido: Dióxido de Carbono (CO2)…… 43.59%

Fórmula química (sales):

Carbonato de Calcio (CaCO3)………………. 96.48%

Carbonato de Potasio (K2CO3)……………… 3.51%

De acuerdo a los datos obtenidos, las sustancias son: carbonato de calcio y en mucha menor proporción, carbonato de potasio. Podríase decir que se trata de carbonato de calcio impuro.

La aparición de tales carbonatos suele deberse a la incineración de vegetales o sustancias de origen orgánico, mineralizadas. Puede afirmarse que la combustión realmente existió. Su presencia sólo dispuesta en la superficie, a modo de espolvoreo, evidencia que es el resultado de una acción externa al terreno, si bien estas sales son abundantes en la naturaleza. Su disposición superficial hace suponer un proceso de combustión por desprendimiento del elemento que las originó. Ahora, ¿qué fenómenos químicos han dado lugar a la formación de estas sales carbonatadas? Ello se logra a partir de la determinación de óxidos básicos (de calcio y potasio) y del óxido ácido (de carbono), expresados en el análisis del técnico W. G. Tell. Al quemarse el carbono –en cualquiera de sus variedades alotrópicas[2]-, se forma en combinación con el oxígeno del aire dióxido de carbono, el que al estar combinado con el óxido de calcio y dióxido de potasio, se obtiene finalmente carbonato de calcio y carbonato de potasio, resultantes de un proceso de combustión, como lo muestra el análisis:

CaCO3 (carbonato de calcio)

C CaO (+θ) /CO2 + K2O/

K2CO3 (carbonato de potasio)

Si en vez de producirse una combustión, con la consiguiente resultante, hubiera sido por un objeto de elevada temperatura, en el orden de los 850 o 950 C, no se habrían hallado carbonatos, sino óxidos básicos originales, liberando el dióxido de carbono a la atmósfera:

CO2

/CaCO3 + K2CO3/ + θ /CaO . K2O/

En síntesis, esto demuestra que los residuos obtenidos en la finca de Antonio Moreno son producto de una combustión por desprendimiento. Probablemente, arrojados al suelo a través del orificio del elemento que los originó y, en menor escala, como partículas en suspensión mediante los gases (humo) desprendidos de los cuerpos en combustión.

La respuesta acerca de la procedencia de estos compuestos, irá a provenir de una visión de conjunto, atendiendo el desarrollo de los fenómenos ocurridos aquella memorable jornada en la Villa de Trancas.

ANÁLISIS FINAL

Sin poner en duda la buena fe de las testigos, quienes generosamente accedieron a ser entrevistadas, sin apremio del tiempo y contando con una excelente disposición, es necesario señalar algunas inconsistencias y contradicciones, resultado de la crisis de la que fueron víctimas, el modo en que cada una experimentó el fenómeno y lo fue elaborando en estos años. Lo singular es que se trató de una experiencia múltiple y fuertemente emocional.

Es así como la protagonista principal y habitual vocero del caso, Jolié, muestra en los relatos un intento –no deliberado- de fascinación, conforme a sus rasgos de personalidad. Abunda en detalles altamente fantásticos, exponiendo el episodio con aparente coherencia y pulcritud. Yolanda lo hace en forma desordenada y simple, aunque por veces con matices imaginativos. En cambio, el testimonio de Argentina se destaca por su prudencia y realismo (pese a ser bastante impresionable), con mecanismos de racionalización para oponerse a su faz imaginativa; es quien más se adecua a las versiones originales, aunque en todas se advierte una clara impregnación afectiva.

Ahora bien, intentando dilucidar los aspectos más salientes y controvertidos del caso, pudimos hallar que apenas unos días antes se había iniciado el lento desplazamiento de tropas hacia el norte, cuyo paso obligado de numerosos contingentes armados al lugar de operaciones ha sido, ni más ni menos, Trancas. ¡A doscientos metros de la finca! Como dato curioso, esta operación jamás fue consignada por investigador alguno.

Durante esa histórica jornada para la ufología se produjo un inusitado movimiento de tropas durante todo el día, antes y después de los sucesos narrados. Hasta la madrugada, incluso. ¿Acaso esto es una coincidencia? Aún más, los mismos maridos de Jolié y Argentina (escépticos ante lo ocurrido) pasaron frente a la finca en un tren especial, con tropas, horas más tarde.

Mencionemos aquí otro aspecto de interés. Recordemos las características del artefacto más próximo a la vivienda: apariencia metálica, sonido de motor, una suerte de domo o cúpula arriba, con gajos y remaches grandes en su superficie. Es sin duda la descripción de un vehículo blindado… Convengamos entonces que se trata de un ‘plato volador blindado’, o si prefiere, de un remachado vehículo de procedencia terrestre.

El mismo guarda gran semejanza, en sus proporciones y algunos detalles observados, con un tanque –Sherman- u otro vehículo blindado del tipo oruga o de doble tracción, capaz de atravesar un escarpado terreno. Seguramente, como aquellos que durante esos días estuvieron transitando muy próximos a la finca de los Moreno.

Este artefacto despedía, además, un espeso gas blancuzco o neblina desde su parte inferior, que les impedía apreciar si estaba suspendido en el aire o apoyado en tierra. Después de permanecer 40 minutos en el lugar, según Jolié, “se alejaron respetando los accidentes del terreno, su geografía, en forma rasante”, compartiendo la impresión de Yolanda (Argentina no alcanzó a verlos partir). Las testigos sólo presumen que debieron elevarse, debido a lo accidentado del terreno. Lo cierto es que –de haber levantado vuelo- probablemente se hubieran llevado por delante el tendido de cables que se extienden paralelos a las vías del ferrocarril, sujetos a los postes.

Otro dato que permite esclarecer la posición de ese objeto respecto al suelo, lo hallamos en el informe de la Armada (‘Anexo, ítem 2’): “Como rastros donde había estado el OVNI, quedó la plantación de lechuga como aplastada. La marca sobre la plantación no ofrecía aspecto de quemadura”.

En cuanto a las luces sobre las vías –ubicadas en un terraplén elevado-, las testigos juzgan, en este caso, que podrían haber estado apoyadas sobre las mismas.

Sería atinado pensar que ante la incipiente guerrilla rural (recordar los episodios de Taco ralo, al sur de Tucumán), se hayan tomado ciertas provisiones sin aviso, frente a la eventual posibilidad de un atentado (recordar también la hipótesis del sabotaje sugerida por las hermanas Moreno), ya que era casi permanente el paso de trenes con tropas rumbo al norte. Una inspección de seguridad del tendido ferroviario y de las inmediaciones, no está fuera de lógica.

Las vías del ferrocarril están situadas, como se indicó, a unos 200 m de la vivienda y algo menos de la tranquera. Desde allí se observaron focos de luz, reflectores. Nunca objetos sólidos o formas luminosas discoidales. Los croquis o dibujos de Jolié no condicen con sus propias palabras, ni con la de sus hermanas, logrando inducir la creencia –inadvertida por algunos investigadores- que tenían forma de “plato”. Pero todas las declaraciones de las testigos coinciden en este punto: Sólo se veían focos de luz y siluetas antropomorfas moviéndose de un lado a otro, sin definición posible. No podían distinguir más. Esas luces eran precisamente lo que describen: reflectores.

Todo parece indicar que se trata de reflectores de arco voltaico (del tipo Sperry), usados en esa época por el ejército.

Así, pues, el funcionamiento de los proyectores produce la acumulación de polvo de carbón y otros residuos, que son desprendidos al exterior en forma de carbonatos. Los mismos que fueron hallados en Trancas.

Y las siluetas antropomorfas, por consiguiente, corresponden a un grupo de soldados que –a varios cientos de metros de los Moreno- los maniobraban en la oscura noche.

De acuerdo a lo expuesto, la respuesta a esta incógnita mantenida durante un cuarto de siglo, se inclina decididamente a explicar los fenómenos de Trancas en términos de movimientos de tropas en la zona.


[1] Según Jolié: “Eran unas pelotitas que al tocarlas se deshacían; se notaba que eran desechos de la máquina. Había como un cono de pelotitas, como cuando cae el cereal en algún lugar, que va cayendo y en el medio va quedando una cúpula, orillando hacia las periferias…” De ahí el equívoco que convirtió un cono de apenas milímetros de altura (epicentro del derrame) en un túmulo de un metro.

[2] Alotrópico: propiedad de algunos elementos de presentarse bajo formas diferentes, o simples (ej., grafito).

Comentarios del tal Noguez:

Compare este trabajo con la versión que publica el credulón de Scott Corrales aquí:

http://inexplicata.blogspot.com/2007/05/saucers-in-my-backyard-argentinas.html

Un pensamiento en “Trancas, Tucumán: El Informe Final”

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