La batalla de Los Ángeles

LA BATALLA DE LOS ANGELES

Poco después de la media noche del lunes 23 de febrero de 1942 un submarino japonés emergió cerca de la orilla a unos 20 kilómetros al Norte de Santa Bárbara, California. En aquel sitio se encontraba localizado el campo y la refinería petrolera de Ellwood. Desde la cubierta del submarino se dispararon 25 obuses de cinco pulgadas. El ataque duró veinticinco minutos, aunque no produjo daños de consideración.

El Fourth Interceptor Command ordenó un apagón de Ventura hasta Goleta pero no envió ningún avión para repeler el ataque y hundir el submarino. Los Ángeles Times informó a sus lectores:

“Desde Santa Bárbara, área del ataque submarino del lunes por la noche, el abogado de distrito Percy Heckendorf dijo que solicitaría al teniente general John L. DeWitt, oficial en jefe del comando occidental de la defensa, que hiciera del Condado de Santa Bárbara un área restringida para los enemigos y también para los japoneses nacidos en Estados Unidos. “Hay pruebas convincentes”, afirmó Heckendorf, “de que hubo señales desde la orilla guiando al enemigo”. Heckendorf dijo que la gente responsabilizará al general DeWitt si no actúa. Los oficiales del ejército, mientras tanto, estudiaban más de 200 libras de fragmentos de misiles disparados por el submarino, que causó daños de solamente $500 en el campo petrolero de Ellwood cerca de Santa Bárbara”.

Se extendió el rumor entre los vecinos que el capitán, o uno de los oficiales en el submarino japonés, había trabajado en el campo petrolero de Ellwood algunos años antes de iniciar la guerra. La historia decía que el hombre estaba resentido por sus antiguos compañeros de trabajo que lo molestaban por sus rasgos orientales. Antes del inicio de la guerra había regresado a Japón y ahora regresaba para guiar y dirigir el submarino al área para atacarla.

No se sabe si este fue un hecho real o algo inventado por los servicios de inteligencia para crear temor entre la población americana de la costa Oeste. En ese sentido nos lleva a pensar la apatía del Cuarto Comando de Interceptores, al no enviar ningún avión para defender las instalaciones de la refinería. Si esto fuera así, el rumor sobre el antiguo trabajador japonés de la refinería de Ellwood sería parte de esta campaña xenofóbica, que se iría incrementando en el transcurso de la guerra.

Todo esto ocurría a tan sólo unas semanas del ataque japonés a Pearl Harbor, del 7 de diciembre de 1941. Era de entender el grado de psicosis al que estaba sometida la población civil.

Dos días después, el miércoles 25 de febrero, las sirenas antiaéreas comenzaron a sonar en el condado de Los Ángeles poco después de las 2 de la mañana. Millones de californianos se despertaron con el sonido de las sirenas. Muchos otros que estaban despiertos en los bares y clubes nocturnos, como el Trocadero, en Hollywood, se metieron debajo de las mesas.

A las 2:25 se ordenó un apagón en toda el área a fin de ocultar la zona a los aviones enemigos. Se prohibió el uso de teléfonos. También se mandó que las estaciones de radio salieran del aire, a las 3:08. Hubo algunos incidentes aislados en los que no se acató la orden de apagar las luces: algunos anuncios luminosos en el interior de las tiendas; semáforos que continuaban funcionando en algunos cruceros.

También hubo detenidos por no acatar la ordenanza. Curiosamente todos fueron ciudadanos americanos de ascendencia alemana, italiana o japonesa. John Y. Harada, por ejemplo, un vendedor de verduras de 25 años, fue acusado de violar la ordenanza. Al ser detenido por el sheriff capitán Ernest Sichler, se le acusó de negarse a apagar las luces de su camión en el que transportaba coliflores a un mercado local. Algo parecido le ocurrió a Giovouni Ghigo, de 57 años, que fue detenido mientras conducían su camión repleto de flores con rumbo al mercado. Finalmente Walter E. Van Der Linden, lechero de Norwalk, fue acusado de no apagar sus graneros de ordeña.

Mientras tanto los diversos grupos militares y voluntarios civiles se reportaban a sus puestos para repeler la incursión japonesa. En Inglewood estaba el 65 regimiento de artilleros (antiaéreo); y en Santa Mónica el 205 regimiento antiaéreo. Pero pasaron los minutos y nadie veía algo fuera de lo común en los cielos. Algunos civiles regresaron a la cama.

A las 3:36, sin embargo, se dio una nueva alarma. Esta vez fue seguida por el retumbar de las baterías antiaéreas de la Army’s 37th Coast Artillery Brigade. El cielo destellaba con la explosión de obuses de 12.8 libras. La mayor parte de los californianos estaban aterrados, pero el secretario de guerra Henry Stimson elogió la rápida respuesta del 37th.

¿AVIONES O GLOBOS?

El ufólogo Ralph Blum, que en ese entonces tenía nueve años, escribió que pensó que “los japoneses estaban bombardeando Beverly Hills”.

“Había sirenas, reflectores, incluso armas antiaéreas rugiendo a lo lejos en los cielos sobre Los Ángeles. Mi padre había sido un observador de globos (en la AEF) en la Primera Guerra Mundial, y él sabía cómo se escuchaban las grandes armas cuando las oyó. Le ordenó a mi madre llevar a mis hermanas, que eran bebés, al cuarto subterráneo de proyección -nuestra casa tenía toda la parafernalia de Hollywood-mientras él y yo salimos al balcón”.

“¡Qué escena! Eran después de las tres de la mañana. Los reflectores buscaban en el cielo occidental. Los traza-líneas volaban por el cielo. El traqueteo era terrible”.

El fuego continuó intermitentemente hasta las 4:14. Se dispararon 1,430 obuses de artillería. La metralla dañó a varias personas. Una manada de vacas lecheras fue golpeada pero solamente murieron algunas vacas.

Varias propiedades resultaron dañadas por los obuses antiaéreos. En un distrito residencial de Los Ángeles, la casa de la señorita Blanch Sedgewick resultó con severos daños en la puerta del garaje y varias ventanas rotas. Lo más impactante fue que parte de la metralla cayó en la cama en donde momentos antes había estado dormida con su sobrina, Josie Duffy.

Una escuadrilla de bomberos de Santa Mónica fue enviada para quitar un obús antiaéreo sin explotar en una calzada. Otras bombas sin explotar destruyeron las calles, hogares y edificios públicos. Milagrosamente en términos de las toneladas de misiles lanzados, sólo se reportaron dos personas heridas por los fragmentos de los obuses que cayeron, dos personas murieron en accidentes, dos debido a los obuses antiaéreos y dos más murieron de ataques del corazón directamente atribuibles al operativo. Entre ellos estaba el guardia estatal Henry B. Ayers, de 63 años, que conducía un carro de municiones. Los médicos dijeron que un ataque del corazón era al parecer el responsable. De la misma forma se explicó la muerte de un guardia de ataques aéreos en servicio. El sargento de la policía, E. Larsen de 59 años, de Long Beach, murió en un accidente de tráfico mientras estaba en ruta a un puesto de defensa antiaéreo. Finalmente se reportó la muerte de una mujer en una colisión automovilística en Arcadia. En total murieron 6 personas.

A pesar de la enorme cantidad de obuses AA, de 12 libras, disparados por las baterías antiaéreas, no se derribó ningún avión enemigo, y curiosamente estos supuestos aviones no dejaron caer ninguna bomba Más extraño: no se escuchaba el motor de ningún avión.

Se informó de la presencia de estos objetos en casi toda la zona. Estaban por todas partes. Se les vio por primera vez cuando estaban sobre los estudios MGM de Culver City y Santa Mónica, al Sur de Los Ángeles. También se les vio en Redondo Beach, Long Beach, Huntington Beach, Santa Ana, Inglewood y Santa Mónica. Algunos pensaron que era una escuadrilla completa de aviones, pero otros informaron de una especie de dirigible no rígido, pues se movía muy lentamente y no hacía ruido. Según estos reportes, uno de los objetos se movió de Santa Mónica a Long Beach, unos 32 kilómetros, en un lapso de 30 minutos.

Los especialistas en aparatos más ligeros que el aire (dirigibles), de Akron, Ohio, dudaron que pudiera ser un dirigible no rígido japonés porque los japoneses no tenía ninguna fuente conocida de helio, y el hidrógeno era demasiado peligroso de utilizar bajo condiciones de combate. Pero estos especialistas nunca se enteraron de la existencia de los Fugos (ver el artículo de Kentaro Mori sobre los Fugos aquí) que de hecho utilizaban hidrógeno y cuya función era sembrar el terror al momento de lanzar sus bombas incendiarias o inflamarse ellos mismos.

El único que habló de una formación de aviones enemigos fue el redactor Peter Jenkins de Los Ángeles Herald Examiner: “Podía ver claramente la formación de V de cerca de 25 aviones plateados por encima que se movían lentamente a través del cielo hacia Long Beach”.

Pero no todos estaban seguros de la presencia de aviones o de que, por lo menos, las observaciones fueran objetivas. El jefe de la policía de Long Beach J. H. McClelland dijo, “Miré lo que fue descrito como la segunda oleada de aviones desde la parte superior del Long Beach City Hall de siete pisos. No vi ningún avión pero los hombres jóvenes que estaban conmigo dijeron que si lo veían. Un observador experimentado de la marina de guerra con prismáticos de gran alcance Carl Zeiss dijo que él contó nueve aviones en el cono del reflector. Dijo que eran de color plata. El grupo pasó adelante de una batería de reflectores a otra, y bajo fuego antiaéreos, voló en dirección de Redondo Beach y de Inglewood del lado de la tierra de Fort MacArthur, y continuó hacia Santa Ana y Huntington Beach. El fuego antiaéreo era tan pesado que no podíamos oír los motores de los aviones”.

El reportero Hill Henry de Los Ángeles Times escribió, “yo estaba suficientemente lejos para ver un objeto sin poder identificarlo… yo estaría dispuesto a apostar el dinero que tengo que hubo varios golpes directos sobre el objeto”.

“Los reflectores exploraron los cielos y las armas antiaéreas que protegían las vitales fábricas de aviones y de construcción naval entraron en acción. Las siguientes horas dispararían más de 1,400 obuses a un objeto móvil no identificado, lento en el cielo sobre Los Ángeles que parecía un dirigible no rígido, o un globo”.

CAMPOS DE CONCENTRACIÓN AMERICANOS

Algunos incluso informaron duelos entre los supuestos aviones japoneses y los americanos, cosa que nunca ocurrió simple y sencillamente porque no fue enviado ningún interceptor. Tal vez fue una confusión al ver las balas trazadoras disparadas desde estaciones de tierra militares y algunas personas confundieron el patrón de fuego hecho por estos proyectiles con combate aéreo. Otros observadores reportaron objetos luminosos que fueron descritos como bengalas rojas y blancas en grupos tres rojas y tres blancas, encendidas alternativamente, o de cadenas de luces rojas que parecían algo como un papalote iluminado.

Los periódicos sugirieron que algunas de estas luces fueron causadas por japoneses americanos señalando el camino con bengalas para los aviones japoneses que se acercaban para dirigirlos a los blancos seleccionados. Todo esto era parte de una campaña histérica de la prensa para detener a todos los descendientes de japoneses y ponerlos en campos de concentración.

De hecho agarraron a tres japoneses, dos hombres y una mujer, en la ciudad de playa de Venice acusados de señalar con linternas cerca del embarcadero. Los enviaron a la jefatura del FBI, en donde el jefe local Richard B. Hood, dijo, “a petición de las autoridades del ejército nosotros no tenemos nada que decir”.

Una investigación del Long Beach Press-Telegram estableció que: 1) no había caído ninguna bomba enemiga y 2) todas las investigaciones indicaban que nadie guiaba al enemigo desde tierra. Sin embargo los acusados no fueron liberados.

Franklin D. Roosevelt emitió la orden ejecutiva 9066, por la cual más de 80,000 japoneses americanos fueron enviados a campos de concentración en el centro del país.

A las 7:21 de la mañana, el teniente general John L. DeWitt dio la orden de alto al fuego, las sirenas anunciaron el fin de la “batalla Los Ángeles”. Las estaciones de radio volvieron al aire a las 8:23 de la mañana. Los residentes salieron a las calles y Long Beach adquirió el aspecto de una enorme búsqueda de huevo de pascua. Los niños e incluso los adultos en pijamas y pantuflas revolvían en las calles y lotes baldíos, buscando los pedazos de los fragmentos de metralla.

La policía negó los rumores de varios informes de aviones que habían sido derribados, dijo que todos eran falsas alarmas. La oficina de Pasadena del sector sur de California del Army Western Defense Command anunció que no se había identificado ningún avión enemigo; no se había derribado ningún avión; no había caído ninguna bomba; y ningún interceptor americano había salido de tierra para perseguir al intruso.

El mismo secretario de la Marina Frank Knox anunció que no se había avistado ningún avión. El fuego antiaéreo había sido accionado, dijo, por una falsa alarma y el nerviosismo de la guerra. También sugirió que algunas industrias de guerra a lo largo de la costa tendrían que ser movidas al interior a puntos invulnerables a los ataques de los submarinos enemigos y de los aviones lanzados desde portaviones.

Los Ángeles Times exigió una explicación completa de Washington. The Long Beach Telegram se quejó de que los oficiales del gobierno que en todo el tiempo habían deseado mover las industrias manipulaban el asunto para propósitos de propaganda. Y el Long Beach Independent observó que: “Hay una misteriosa reticencia sobre todo esto y parece que una cierta forma de censura está intentando parar la discusión del asunto. Aunque era noticia candente ningún comentarista de radio nacional le dio más que una simple mención”.

Una semana más tarde el general Mark Clark reconoció que los puestos de vigía del ejército creían haber detectado lo que pensaron eran cinco aviones ligeros que se acercaron a la costa en la noche del ataque aéreo. No se había enviado ningún interceptor para controlarlos, dijo, porque no había habido un ataque masivo.

George Marshall escribió un memorando al presidente Roosevelt sobre el incidente, que se desclasificó en 1974. Marshall concluyó que un avión convencional estaba implicado, probablemente las “fuentes comerciales, operadas por los agentes enemigos con objeto de dispersar la alarma, divulgando la localización de posiciones antiaéreas, y retardando la producción con el apagón.”

EL OVNI DE LOS ÁNGELES

Años después algunos ufólogos rescataron el incidente y supusieron que no se había tratado de aviones japoneses sino de platos voladores. Como prueba mostraban la fotografía publicada en los periódicos de la época en la que aparecían nueve haces de luz de los reflectores convergiendo en un punto.

Durante mucho tiempo los ufólogos publicaron esta fotografía indicando que los puntos luminosos eran los ovnis, pero en realidad se trata de los destellos producidos por el fuego antiaéreo. En el pie de foto original se puede leer:

“BUSCANDO EL OBJETO – Los haces de los reflectores construyeron una maraña de rayos de luz sobre Los Ángeles ayer por la mañana durante la alarma. Esta foto fue tomada durante el apagón; muestra nueve haces que convergen en un objeto en cielo en área de Culver City. Los destellos de luz que se muestran en el ápice de los ángulos de los haces fueron hechos por los obuses antiaéreos”.


Con pruebas tan endebles es con lo que se conforman los ufólogos. Bruce Maccabee cree identificar un ovni (por extraño que suene esta frase) en el lugar en donde convergen los reflectores, pero sus análisis son tan malos como casi todos sus trabajos anteriores (ver, por ejemplo, los análisis de Gulf Breeze, el ovni de la Fuerza Aérea Mexicana, por citar tan sólo dos casos).

Parece que todo el incidente de “La Batalla de Los Ángeles” se debió a una histeria colectiva debida a la crisis de guerra. No hubo tal ataque de aviones japoneses y mucho menos ninguna presencia de platos voladores de otros mundos, pero uno podría pensar que pudiera tratarse del primer ataque de globos Fugo. Existen todavía muchos documentos no liberados sobre este hecho histórico, quizá en el futuro tengamos las respuestas.

REFERENCIAS

Altomonte Frank, 60th Anniversary Of The Battle Of Los Angeles, 18 de febrero de 2002.

Anónimo, Anti-Aircraft Guns Blast at L.A. Mystery Invader, Glendale News Press, febrero 25, 1942.

Blum Ralph, Beyond Herat: Man’s contact with UFOs, Bantam Books, New York, 1974, Pags 68.

Cerda Adrian, El falso ataque a Los Ángeles en la Segunda Guerra Mundial, Contenido, No. 526, México, abril de 2007, Pags. 85-87.

Collins T. Paul, World War II UFO Scare, Fate, July, 1987.

Dolan M. Richard, UFOs and the National Security State, Keyhole Publishing, 2000.

Maccabee Bruce, The Battle of Los Angeles. Photo Analysis, artículo en Internet, http://brumac.8k.com/BATTLEOFLA/BOLA1.html

Miles Marvin, Chilly Throng Watches Shells Bursting In Sky, Los Angeles Times, Los Angeles, 26 febrero 1942.

Terrenz Sword, The Battle of Los Angeles, 1942, Unsolved UFO Sightings, Spring 1996, Pags 57-62.

Trainor Joseph, UFO ROUNDUP, Volumen 3, número 8, 22 de febrero de 1998.

Los Ángeles Times, Los Ángeles Herald-Examiner, Los Ángeles Herald Express y Long Beach Press-Telegram del 25 de febrero de 1942.

De Fugos a Ufos

DE FUGOS A UFOS

Kentaro Mori, en colaboración con Fernando J.M. Walter del CETESbr

Extraños objetos voladores invaden los Estados Unidos y todo es encubierto por el gobierno. No estamos hablando de Discos Voladores sino de Fugos –globos-bomba japoneses de la Segunda Guerra Mundial. Estos globos-bomba, hechos en gran parte de papel, increíblemente consiguieron alcanzar su objetivo principal: lanzados desde Japón, atravesaron sin escalas el Océano Pacífico y bombardearon los Estados Unidos, llegando no sólo (y principalmente) a regiones del Medio Oeste Americano, sino hasta los Estados de Michigan y Texas y aún a países vecinos (México y Canadá).

Los Fugos destruyeron el mito americano de inexpugnabilidad, sino también, probablemente, ayudaron a alimentar los mitos conspiranóicos tan presentes en la ufología. Tras el trágico ataque del 11 de septiembre, comentadores y analistas se cansaron de repetir que este era el único ataque sobre tierras americanas en la historia reciente, apenas comparable con Pearl Harbor. Se habían olvidado de los ataques con Fugos sobre buena parte de los estados americanos en el periodo de noviembre de 1944 a abril de 1945[1]. Llamar a esto conspiración sería demasiado dramático. Pero los Fugos sí fueron parte de una operación real de encubrimiento y desinformación, lo que explica un amplio desconocimiento de estos hechos hasta el día de hoy.

Pero vamos a comenzar contando cómo eran esos globos-bomba. El globo en sí estaba hecho de papel de seda engomado colocado con pasta de batata. No es broma. Parte de toda una cultura japonesa con relación al papel, muchos de ellos fueron construidos por alumnos de las escuelas japonesas. Cuando se llenaban por completo de hidrógeno, los globos tenían cerca de 10 metros de diámetro y un color blanco azulado. Amarrados con cuerdas de lino a los globos, estaban el absorbedor de choques, el lastre y el armamento. Entre los sistemas que garantizaban la llegada y la autodestrucción, estaban las cargas de bombas incendiarias de 12 o 5 kilos. Tal vez no es nada muy impresionante, pero es preciso recordar que los Fugos eran efectivamente bombas intercontinentales. Además de esto, las bombas tenían un objetivo diferente a la simple destrucción inmediata: la idea era iniciar múltiples incendios forestales que consumirían parte del esfuerzo de guerra americano, sin olvidarse del efecto moral de provocar miedo y pánico en el continente.

La forma en que los Fugos funcionaban y llegaban a su objetivo es uno de sus más curiosos aspectos. Consiguieron ir desde Japón hasta los Estados Unidos en sólo tres días, gracias a un fenómeno meteorológico poco conocido en la época: las corrientes en chorro, jet streams o corrientes de aire a grandes velocidades presentes en la alta atmósfera. De día, el Sol calentaba el hidrógeno y hacía que el globo se elevara, hasta que una válvula liberaba la presión excesiva. De noche, con el enfriamiento del hidrógeno y la caída de altitud, un sensor barométrico liberaba parte del lastre. Después de tres ciclos de subir, navegar en las veloces jet streams y descender, los Fugos estarían sobre los Estados Unidos y entonces en lugar del lastre, estarían liberando su carga explosiva para después activar sus mecanismos de autodestrucción. Un crimen perfecto. Cuando se detectaron los primeros Fugos en los Estados Unidos, se pensó que habían sido lanzados por submarinos japoneses próximos a la costa Oeste. Sólo después de algún tiempo, con un gran número de Fugos y un análisis perspicaz de la arena usada como lastre –arena que se constató pertenecía a áreas específicas de la costa japonesa, las cuales posteriormente fueron bombardeadas por la USAF- se llegó a la conclusión que los globos estaban llegando directamente del Japón.

Exactamente después de que una gran cantidad de incidentes con Fugos fueron registrados por el gobierno, el pueblo americano permaneció sin saber del ataque directo a que estaba siendo sometido su país. Y aquí entra el encubrimiento oficial en el periodo de guerra, cuando el 4 de enero de 1945 la Oficina de Censura hace su trabajo y oculta el tópico de los globos-bomba. La intención benigna era evitar que los japoneses supiesen del éxito inusitado de su proyecto Fugo, quedando casi tan ignorante como el pueblo americano. En historias verdaderas, que más parecen salidas directamente de las anécdotas paranoicas, el FBI y los militares realmente recogieron partes y restos de Fugos y pedían a los eventuales testigos, de las ciertamente bizarras apariciones de Fugos, “olvidaran lo que habían visto”. Los grandes medios cooperaban con el encubrimiento, evitando publicar cualquier nota sobre los casos. Hipotéticamente: en caso de que no existiese una guerra en pleno desarrollo, los mitos de visitas extraterrestres e incontables Roswells podrían haber comenzado ya en 1945. Es una hipótesis bastante viable, así que buena parte del clima que llevó a la manía americana por los discos voladores a partir de 1947 fue estimulada por la mal contada historia de encubrimiento de los Fugos.

Toda la ingeniosidad implicada en el proyecto Fugo pudo no tener resultados equivalentes. El encubrimiento americano aparentemente funcionó: sin tener certeza de que los Fugos habían alcanzado su objetivo y con recursos cada vez más escasos (sumándose a eso los bombardeos, aunque un poco a ciegas, hechos por la USAF a las “fábricas” de Fugos), los japoneses cancelaron el proyecto en abril de 1945. Como si no bastase su fracaso en provocar el pánico, como los Fugos habían alcanzado los Estados Unidos durante el invierno la intención de causar incendios forestales no logró un éxito completo. Lanzar los Fugos en ese tiempo no fue una necedad, sino algo que se puede explicar debido a que el periodo de invierno es justamente la época del año en la cual las jet streams eran más apropiadas para llevar los globos.

A pesar de los más de 300 incidentes con Fugos registrados a lo largo del continente americano, no sólo en los Estados Unidos sino (como ya dijimos) en México y Canadá, se estima que fueron lanzados más de 9,000 Fugos. La gran mayoría de ellos debe haber caído en el Pacífico antes de alcanzar su objetivo. De los más de 300 incidentes, sólo uno, conforme a los registros, ocasionó muertes, y muertes particularmente trágicas: en un día de campo organizado por de iglesia en la ciudad de Bly, en Oregon, cinco niños y una mujer embarazada murieron al producirse una explosión por una bomba de Fugo no detonada. Ese incidente con muertes, el 5 de mayo de 1945, finalmente rompió parte de la censura (un mes después de que fuera cancelado el proyecto Fugo) y de ahí en adelante la desinformación pasaría a operar, lo mismo minimizando que ridiculizando la eficiencia del proyecto. Después de la guerra el The New York Times diría: “El primer premio por armas de guerra inútiles va para Japón, por sus globos-bomba de “origen único” pretendiendo esparcir fuego y terror”. Lejos de ser inútiles, los Fugos permanecerían como el único ataque al continente americano, y aún más, con bajas durante toda la guerra –y puede decirse, que hasta el 11 de septiembre del 2001. Documentos más relevantes sobre los globos-bomba sólo serían liberados en 1980, siendo que mucha de la información cosechada para el proyecto Fugo sería usada por los Estados Unidos en proyectos de globos experimentales en plena Guerra Fría. ¿Inútiles, no? Ironía de ironías, uno de estos proyectos llamado Mogul habría sido uno de los responsables de las historias de la caída de un disco volador en Roswell en 1947.

Los Fugos todavía tienen algunas ironías desconcertantes. Uno de ellos se enredó en las líneas de transmisión eléctrica que servían a una fábrica de enriquecimiento de uranio en Hanford, Washington. El uranio que sería usado en Nagasaki meses después, bajo la forma arrasadora de una bomba atómica. Como si no fuera suficiente, la forma en como los cables del globo se enroscaron en las líneas de transmisión, causaron un corto circuito que vendría a ser repetido en los años 90 por las avanzadísimas bombas americanas en Irak y en Kosovo, compuestas de tiras de carbono destinadas a enredarse en los cables de alta tensión. Otra: Los planes de ataques bacteriológicos lanzados por globos que fueron encontrados hace poco en Pakistán. Este era justamente el mayor temor del uso de los globos-bomba durante la Segunda Guerra, algo que nunca ocurrió. Debemos notar que, como el inusitado ataque de aviones suicidas del 11 de septiembre (que recuerda los ataques Kamikazes), un ataque terrorista utilizando “Fugos” es el peligro real más ampliamente desconocido

Lejos de ser meras curiosidades históricas. Como hemos visto los Fugos tienen innumerables implicaciones en el escenario actual. Ellos también enseñan que la historia se relaciona con las teorías ufológicas de conspiración, sacando los detalles más fantásticos, al mismo tiempo que la ufología, sin constreñir, se relaciona con la Historia, que tiene sí sus conspiraciones y encubrimientos gubernamentales. Que son algo bien terrestre, humano y concreto.

ANEXO:

Algunos Comentarios Sobre el Texto «De Fugos a UFOs» – Complementos esenciales al relevante tema, por Fernando Walter.


[1] También está el ataque de Pancho Villa a Columbus, Nuevo México.

Ovnis para tu boda

RUMORES DE OVNIS SON GENERADOS POR LUCES

Las luces misteriosas que se vieron en el cielo de la noche causaron mucho revuelo en Tunbridge Wells esta semana.

Entre 20 a 40 esferas naranjas deslumbraron a los residentes a través de la ciudad mientras atestiguaban el extraño fenómeno.

Los globos que brillaban intensamente aparecieron aproximadamente a las10 pm del sábado elevándose lentamente en las nubes antes de desaparecer.

Tony Barber, de Farnham Lane, en Langton Green vio el espectáculo después de que su vecino lo alertara. Él dijo: “Se elevaron en el cielo por cerca de 20 minutos y entonces desaparecieron. Fuimos afuera y miramos e intentamos conjeturar qué eran. Realmente no podíamos suponer otra cosa que eran enormes globos de aire caliente”.

Los que estaban cenando en Hand and Sceptre en London Road también observaron la inusual visión mientras interrumpían sus comidas al mirar fijamente el cielo.

El encargado auxiliar en el pub William Saffery dijo: “Dos o tres comensales salieron para echar un vistazo. Era extraño, eran como racimos de luces que se elevaban en el cielo. Nunca he visto nada como eso”.

Michael King de Crowborough estaba en el restaurante y vio las luces, que estaban tan lejos como Eastbourne, no habrían podido ser globos porque el área estaba en la trayectoria de vuelo a Gatwick y por lo tanto en espacio aéreo restringido.

El hombre de 51 años dijo: “Empezaron a la altura de los árboles pero se elevaron y desaparecieron en las nubes aproximadamente a unos 30,000 ft. Llamé al control de tráfico aéreo y me dijeron que no habían oído nada y lo reportaron a la policía.

“Como alguien que a volado aviones ligeros yo no podría explicar qué eran. Los globos de aire caliente no seguirían la misma trayectoria ni subirían a esa altura. Si había un ovni para avistar, éste tendría que ser”.

Pam Robinson de Langton Green también se desconcertó por las luces brillantes después de que su socio las viera mientras conducía desde Penshurst.

Ella dijo: “Teníamos una sensación divertida y cuando intenté tomar una foto la cámara fotográfica marcaba error”.

Pero podría haber una explicación más racional para las luces que los globos o los extraterrestres visitando la tierra. El portavoz del National Air Traffic Services Richard Wright dijo: “No se notificó nada al control de tráfico aéreo. Puede ser que haya sido un show de luces, había una cantidad justa de humedad acumulada en la atmósfera lo que significa que el agua llevaría los rayos de luz”.

También se llevaba a cabo a una recepción de boda en Salomons en Broomhill Road el fin de semana y se celebró la fiesta con los fuegos artificiales y linternas flotantes, dijo el portavoz.

http://www.thisiscourier.co.uk/displayNode.jsp?nodeId=143188&command=displayContent&sourceNode=143014&contentPK=17462591&folderPk=82880&pNodeId=142745

Pensé que las víctimas eran extraterrestres

Asesino “pensé que las víctimas eran extraterrestres”

Por Sally Peck

Un hombre acusado de estar involucrado en un tiroteo mortal intentaba evitar que los extraterrestres del espacio secuestraran a su hija de cinco años, dijo ayer su abogado al principio de su juicio por asesinato.

Allison Lamont Norman, de 27 años, estaba en medio de un episodio sicótico y creía que protegía a su hija, Brendan O’Neill, le dejo a los miembros del jurado su abogado defensor.

Los fiscales están buscando la pena de muerte para Norman, que está acusado de matar a Jamell Weston, de 24 años, en Laurel, Delaware.

Norman también fue acusado de la muerte de DaVondale M. Peters, de 28 años, en Salisbury, Maryland, y de herir a otros en abril de 2005, disparando durante una juerga en Delaware y Maryland, pero esos cargos fueron desestimados para que el caso de Delaware pudiera seguir adelante.

Un fiscal de Maryland citó diferencias de la forma en que los dos estados manejan la petición de locura como la razón para desestimar los cargos en Maryland.

Tanto el señor O’Neill y la fiscal Peggy Marshall dijeron a los miembros del jurado que ninguno disputa que Norman jaló del gatillo.

“Este caso no es quién lo hizo… se trata en este caso de cuál era la condición mental del señor Norman, cuál era su estado mental, cuando hizo estas cosas”, dijo el señor O’Neill.

El abogado dijo a los miembros del jurado que oirían el testimonio aparentemente convincente de que Norman se pegó en la cabeza en un tocador, bebió su propia orina y comió sus propias heces después de ser arrestado, acciones que eran, según el señor O’Neill, parte de un intento equivocado para “probar su valor” para hacer que su familia regresara.

Los ataques comenzaron en Laurel, Delaware, donde el señor Weston y otro hombre dispararon balas de salva a un complejo de apartamentos, y dispararon a un tercer hombre en un centro comercial cercano.

Los investigadores dicen que Norman, vistiendo un chaleco a prueba de balas y llevando una pistola, robó posteriormente un coche y condujo cerca de 13 millas a Salisbury, en donde le disparó al señor Peters, a otras dos personas y dos perros.

Una de las víctimas de Salisbury quedó paralizada y mató al señor Peters.

http://www.telegraph.co.uk/news/main.jhtml?xml=/news/2007/05/30/walien130.xml