Victoria (ER): Caso en el Hogar Gral. San Martín (Final)

Victoria (ER): Caso en el Hogar Gral. San Martín

Roberto Banchs

ANÁLISIS DE LAS ENTREVISTAS

El encuentro con el joven Roberto Pérez no fue fácil. El contexto lo presentaba de personalidad difícil, vive en el Hogar General San martín desde pequeño. Siendo el principal protagonista de esta experiencia (“el que más vio”, según los dichos de otros testigos) afirma que se siente manipulado por la prensa, investigadores y curiosos que, en busca de información, se acercan al lugar y a él en especial.

La noche en que se avistó el fenómeno relatado, Roberto se hallaba junto con los celadores. Ellos lo describen como un muchacho parco, con dificultades para hacer amistades, que gran parte del tiempo en el establecimiento. Tampoco parece afecto al estudio. Él mismo se describe como un solitario; su única diversión consiste en ir a pescar a la laguna, o al río, en compañía de su perra. Interrumpiendo el diálogo, Roberto se aproximó a Fidel René y en forma hostil expresó a viva voz: “Yo no hablo más”. De esta manera lo conocimos, dándonos a entender que -en apariencia- era alguien “de pocas palabras”, querellante y agresivo, cuya intención era intimidarnos.

Luego de que René intercediera, accedió a la entrevista: al principio se mostró serio y hosco, siendo necesario poner en juego cierto grado de habilidad a fin de disolver la tensión que, por momentos, se tornaba en monólogo, con pesados silencios.

Roberto Pérez desconocía el día del cumpleaños (recabamos este dato por la intermediación del director de la institución), no tiene familia: abandonado por su madre -de quien nada supo ni sabe, como así tampoco de su padre- sólo se vinculaba con un abuelo, a quien no ve desde hace cinco años.

Obviamente, su vida se reduce al ámbito del Hogar, y a los acontecimientos que allí se producen. También en ese lugar permanece los fines de semana, sin compartir salidas con sus compañeros. Entre mateadas en soledad, algún rato mirando la televisión o quedándose en su dormitorio junto a su perra, transcurre el tiempo para este joven, en medio de la catadura de un pueblo, cuyas largas horas sólo parecen ser sacudidas por los entusiastas comentarios de los lugareños sobre el tema de actualidad: los ovnis.

En el terreno de las hipótesis, se nos plantea una pregunta: ¿Qué significación puede adquirir en este muchacho ser partícipe del episodio narrado? Si bien la experiencia fue compartida con tres personas más, no hay duda que fue el joven quien logró un avistamiento más completo e integral: como era de esperar, esto favoreció que él fuese el más asediado por el valor de su testimonio.

Roberto Pérez, en el camino de acceso al Hogar.

Fabulación o realidad -no es lo más importante en este análisis- su persona se reviste de un estatuto relevante: Merced a su relato, alguien casi anónimo, uno más, pasa a ser ROBERTO PÉREZ, alcanzando el reconocimiento de los otros, pudiendo ser “protagonista”. Buscado en lugar de abandonado, existe para los demás, obtiene cierto prestigio y valorización. Aquel de pocas palabras, a partir del suceso del 13 de agosto de 1991, encuentra un espacio.

Los testigos partícipes de esta experiencia fueron cuatro; tres de ellos aseveran haber visto dos pares de piernas (o patas)”, y únicamente Roberto Pérez asegura que se trataba de seres completos.

Cualquiera de estas afirmaciones es posible de un desarrollo interpretativo, tendiente a encontrar una explicación en el contexto de la historia particular de cada sujeto; aunque es necesario aclarar que el tiempo y las condiciones que primaron para la realización de entrevistas y encuestas fueron limitadas por diversas circunstancias.

Volviendo a quien nos ocupa en este momento, Roberto Pérez, en una situación similar en cuanto a iluminación, distancia, etc., dice que observó dos personas completasrealizando movimientos ondulantes. ¿Se trata acaso de una fabulación?

No nos es posible arriesgar una respuesta contundente, ya que no se la puede corroborar con la opinión del joven Pérez. Sin embargo, podemos ensayar una interpretación, especulativa, basamentada en elementos extraídos de su propio discurso. Sería dable pensar que esas dos figuras vistas (proyectadas) en el exterior, creadas por la fantasía a partir de un estímulo externo y concreto, vienen a llenar aquello que en él permanece vacío. Ocupan el lugar de esas dos imágenes inciertas desde siempre, dos figuras, que no son cualesquiera en la historia de un sujeto: Esos dos seres completos que vio representarían aquello que en su vida es faltante, su padre y su madre.

De ello nace una situación en la cual una posible realidad física da el motivo para que se manifiesten contenidos psíquicos latentes.

Roberto Banchs atiende el relato del joven Roberto Pérez en la tranquera. Al fondo, fachada del edificio, desde cuyas ventanas y escalinatas siguieron la presencia de los fenómenos.

De los testigos entrevistados, Miguel Dionisio es la persona que brinda un material más claro, detallado, con un orden preciso y mayor aportación de datos; colabora de manera especial durante la entrevista. En su personalidad se detectan rasgos de histrionismo y extroversión. Es posible que esto se apoye -además- en su necesidad de hallar una explicación a lo que es para él un interrogante: la existencia de estos “seres”, pregunta a partir de la cual se insertan otras que circundan un vacío que hay en el saber. De todos modos, él intenta dar lo que tiene, información que intercambia por una respuesta.

Como el resto de los testigos, se pone en juego el deseo de reconocimiento. Algo se modifica en cada uno de ellos a partir del 13 de agosto, viven un episodio que no es sin consecuencias.

En el caso que nos ocupa, a M. Dionisio lo llaman los amigos, el Intendente de Victoria; no creemos que sea ingenuo el comentario que se transcribe: “Hace una semana lo encontré en un asado (se refiere al Intendente) me pidió que nos sentáramos juntos y le narrara lo sucedido personalmente, estaba el director del Hogar”.

Es evidente que un distintivo prestigio siente que adquirió, con el que pareciera buscar en el otro su aceptación, no pasar desapercibido.

Hay una frase que se nos torna enigmática, ya que si se profundiza en ella, alejándonos de lo dicho literalmente, puede tomar diferentes estatutos: “Tengo que verlo para creerlo”. Por un lado, como lo indica el mismo sujeto desintencionadamente, el fenómeno que presenció no fue inesperado: Él quería ver, en la entrevista manifiesta: “fue una experiencia que jamás creí vivir, fue algo inesperado, a pesar que siempre afirmaba ‘tengo que verlo para creerlo’”, citando a Santo Tomás. Por otra parte, se le presenta una demanda explícita de su hija, quiere que la lleve a ver los ovnis; pero no puede satisfacerla, dificultad que se sostiene en ciertos visos de incredulidad puesto que él “no vio”, y desde allí le responde “tengo que verlo para creerlo”. ¿Se sostiene el rótulo de casualidad ante el hecho de que haya sido durante la noche inmediatamente posterior a esta conversación con la niña, que Miguel Dionisio haya podido “ver”?. Creemos que no, por el contrario, diríamos que es a partir de este suceso que él podría conformarla. Además, surge en Miguel Dionisio un nuevo elemento con el que logrará enaltecer su persona frente a los ojos de su hija: Pensamos que para este sujeto es éste el estímulo interno principal, que explicaría y justificaría la causa de haber sido testigo del fenómeno que relata. Lo verificamos también, en otro comentario extraído de la entrevista: “Hace quince días con mi hija, mi señora y una vecina vimos unas luces, entonces yo les dije: ‘Ahí están los ovnis’. Algo de la idealización frente a quienes le rodean -especialmente- en lo relativo a sus familiares, toma una importancia relevante.

En cuanto a Fidel René, es empleado del Hogar de jóvenes General San Martín, y fue el primero que se enfrentó con el ovni y dio la voz de alerta a los testigos restantes, permitiendo su participación.

Impresiona como un sujeto apacible, sereno y algo enigmático, puesto que cierto halo de misticismo parece envolver su presencia, intentando transmitir a los otros cierta paz que, sin embargo, se contrapone con su penetrante mirada.

Es pastor evangelista, y gran parte de su tiempo lo dedica a esta práctica.

La “palabra de Dios” anuncia el fin del mundo, el preludio serán catástrofes, caos y padeceres. En la Biblia se prometen “señales” de aquello que advendrá en algún tiempo, todavía desconocido.

Allí donde hay falta en el saber, es necesario el armado de una teoría, y para ello nada mejor que la creación de una fantasía. Es evidente que este hombre vive esperando el cumplimiento de aquello que -bajo la formula de una promesa- se manifiesta. Detectar pistas, indicios concretos de lo que la “palabra” Suprema, con rango de Ley, anuncia.

Creemos que el avistamiento del 13 de agosto se constituye para F. René en un episodio que refuerza su fe. La explicación que él encuentra y necesita, no es otra que la confirmación y realización de que eso que él cree y transmite tiene estatuto de Verdad.

ALGUNAS REFLEXIONES EN TORNO AL CASO

La percepción por parte de los celadores de “un par de piernas”, y la de dos cuerpos enteros de los ocupantes del ovni testimoniada por el interno Pérez, es motivo de otras reflexiones. De acuerdo a las mediciones que realizamos en el lugar, la distancia estimada entre el borde del pavimento de la ruta 11 (donde se detuvo el ovni) y la escalinata de acceso al edificio del Hogar (alrededor del cual se situaron los cuatro testigos), es de 265 metros.

Resulta muy improbable que aún un observador avezado pueda distinguir a esa distancia y con la precisión descripta la figura de un sujeto de “talla normal”. Al respecto, el relato de Roberto Pérez resulta muy sugerente: él señala que del objeto en forma de olla descienden frente a la entrada del Hogar dos siluetas negras, sin tocar el asfalto, caminaban por encima de éste, levitando. Cuando le preguntamos cómo le fue posible apreciar esos detalles no vistos por los demás, responde que “fue así” y que continuó observando todavía más al aproximarse 100 m (esto es, a unos 265 m), notando que la cabeza de las entidades “era rara, medio levantada”, asegurando que lo único que no llegó a percatarse fueron las manos. Todo esto, según el joven, se extendió por un minuto.

Los testimonios que ofrecen los celadores, en cambio, pueden parecer más moderados, pero no dejan de ser ciertamente fantásticos. Ellos no hablan de ningún objeto metálico, sino de una luz; tampoco de personas “completas”, sino de pares de piernas. Miguel Dionisio incluso desmiente al joven Pérez, negando que haya visto los cuerpos enteros. Se trataba, según Dionisio, “como dos pares de piernas que dan pasos, pero en estado de gravedad”. Una descripción similar a la de Fidel René, aunque para él la luz se posó sobre el asfalto -en vez de suponer que se mantuvo suspendida sobre la banquina-, y las piernas “se veían en pantalones comunes, no estaban desnudos”.

Ambos coinciden en que fue por el movimiento, de caminar, por el cual infirieron que se trataba de piernas, como de hombre. Es interesante advertir el modo en que se ha escalado con la percepción: primero observan un movimiento semejante al caminar, por lo que se persuaden que se trata de piernas (“yo vi piernas, pero no creo que sean solamente piernas que se deslizan”, dice Miguel Dionisio); luego, a partir de un detalle se remiten al todo, lógicamente se trata ahora de las piernas de los ocupantes de la luz, o sea, del ovni. Ocupantes cuya silueta completa y en detalle es descrita por el interno Roberto Pérez.

Tal modalidad de globalizar en forma confabulatoria (DW), esto es, de construir la realidad a partir de un dato, es un signo de Rorschach (RO) indicador de angustia, ansiedad e inhibición, que suele darse en sujetos de poca inteligencia. Podría no ser casual que tales características se observan en el joven R. Pérez.

Reconstruyendo los hechos in situ, al ovni se lo ve siempre próximo al horizonte, aún cuando los testigos calculan que se elevó en algún momento a miles de metros. Aparece al sudeste como una pequeña luz, de cierta magnitud, y se desplaza en dirección oeste.

La visión del fenómeno se obstaculiza en forma intermitente por la arboleda, matorrales y alguna edificación. En apariencias, esa primera luz se descompone en dos, una amarilla y otra roja, que zigzaguean alternadamente variando su altitud hasta convertirse en un círculo de luz blanca que se detiene, precisamente, ¡en la entrada del establecimiento!, en el cruce de la ruta 11 con el camino de acceso, sobre el pavimento o en la banquina (área de aparcamiento). Allí “descienden” los dos ocupantes, o pares de piernas, parecen caminar en el aire y en momentos en que se acerca un camión por las andanadas del camino, la luz simplemente se apaga y desaparece de la vista. Había transcurrido un minuto de observación de las entidades, y cuatro desde que irrumpió aquella primera y lejana luz que sería la misma –o no- que se aposentó frente al hogar.

Nada parecía perturbar la oscura y serena noche, que mostraba una incipiente Luna en su tercera fase (fracción iluminada: 22.33%).

Llama la atención el comportamiento del ovni: sigue la sinuosidad y ondas del camino, y “aterriza” justo frente al Hogar, en el cruce de los caminos y sobre la superficie de asfalto, o bien, en la faja de aparcamiento para vehículos…

Los celadores dicen al respecto: “No era luz de faro de un auto que hubiere proyectado, y ésta era local (…), no se proyectaba”, sostiene M. Dionisio. “No era la luz de un vehículo -afirma F. René-, (sino) como un proyector fuerte que brilla…”. Tales impresiones no parecen muy consistentes al momento de considerar la posibilidad que pudiera tratarse de los faros de algún vehículo, o una reflexión de la luz.

No obstante, estimamos que -al presente- no se disponen de los suficientes parámetros de información para pronunciarse firmemente sobre la naturaleza de lo avistado. En cambio, a vista de lo expuesto, los testimonios presentan serias dudas en cuanto a la legitimidad de los hechos descritos.

A MODO DE CONCLUSIÓN

El caso ocurrido en el Hogar General San Martín nos permite examinarlo desde distintas perspectivas. Es obvio que la ufología no es una ciencia, pero es pertinente señalar que se nutre de numerosas disciplinas técnicas y científicas. Su delimitación no es fácil y su reconocimiento lo es menos aún. Tiene por objeto de estudio las manifestaciones aéreas anómalas, conocidas habitualmente como ovnis, y se orienta a su dilucidación acaso definitiva. Planteado de este modo, apunta a un saber de lo no-sabido, o si se prefiere, a la eterna tarea de identificar los no-identificados.

No obstante, el camino puede ser otro que el de la mirada al fenómeno y a las condiciones físicas en que se desenvuelve, cuando las mismas tornan improbable reconocer algo a semejante distancia y de la manera en que se describe.

Allí encuentra su campo de aplicación la singular perspectiva planteada en este artículo, la cual -lejos de incurrir en una suerte de reduccionismo psicologista-, debemos pensarla en la esencia misma del problema, dado que la base de la investigación es el hombre.

Al respecto, señalemos que la historia del sujeto actúa como un condicionamiento de la actividad perceptiva, con una dependencia de significación de origen cultural.

Así visto, el episodio que hemos expuesto no podría ser examinado debidamente si no atendiéramos a la persistente ola de información registrada en Victoria, como el modo en que esta actúa.

La situación descrita ha operado -sin lugar a dudas- como poderoso factor condicionante en la percepción de fenómenos inusuales, trayendo como consecuencia un incremento de los informes reportados, y una subsecuente retroalimentación.

En otro nivel de análisis, como rasgo todavía más particular impuesto a este trabajo, se hallan las motivaciones individuales de cada observador -independientemente de la naturaleza del fenómeno- que, como hemos visto, se vinculan en forma inexorable a una expresión de valores y de trascendencia.

REFERENCIAS

La Capital, Mar del Plata, 19 de agosto de 1991.

Los Andes, Mendoza, 19 de agosto de 1991.

El Cronista Comercial, Buenos Aires, 19 de agosto de 1991.

La Razón, Buenos Aires, 19 de agosto de 1991.

El Heraldo, Concordia, 20 de agosto de 1991.

El Debate-Pregón, Gualeguay, 20 de agosto de 1991.

Clarín, Buenos Aires, 17 de septiembre de 1991.

El Popular, Olavaria, 18 de septiembre de 1991.

Flash, Buenos Aires, 20 de septiembre de 1991.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.