La estatua de Memnon

LA ESTATUA DE MEMNON

Luis Ruiz Noguez

Emparentado con el fenómeno de las arenas cantarinas podemos mencionar el curioso efecto sonoro producido por la, así llamada, estatua de Memnón (Μέμνων). Dicha estatua emitía sonidos semejantes a los producidos por las cuerdas de una lira, cuando caían sobre ella los rayos del Sol naciente.

Fue el faraón Amenofis III (1391 – 1353 a. C.), de la dinastía 18, quien mandó construir dos gigantescas estatuas de piedra de 23 metros de altura. Ambos colosos representaban la figura del faraón y resguardaban la entrada a su templo mortuorio en Tebas.

Los antiguos egipcios llamaban a la estatua del sur “Rey de reyes”. Posteriormente se les dio el nombre de “Shammy” y “Tammy”, que podría ser una corrupción de las palabras árabes para “izquierda” y “derecha”. Hoy las conocen como “el-Colossat” o “es-Salamat”.

Las estatuas se fabricaron con cuarcita proveniente de canteras de Giza y Gebel es-Silsileh. La estatua del norte representa a Amenofis III, con su madre, Mutememwia; la del sur es el mismo Amenofis con su esposa, Tiy y una de sus hijas.

Una gran inundación destruyó por completo el templo. Luego, sus piedras se usaron como cantera para otros templos. Los expoliadores fueron principalmente Merenptah y su hijo Ramses II.

MITOLOGÍA GRIEGA

Pero ¿qué tiene que ver un mítico héroe de la literatura griega (Memnón) con estas construcciones egipcias? No es necesario acudir a la carambola de tres bandas Grecia – Atlántida – Egipto, para explicar este asunto. La respuesta proviene de la mitología griega reinterpretada por los romanos.

Todo tiene un origen en los mundanos deseos sexuales de los dioses griegos. Afrodita maldijo a Eos (Aurora) y la condenó a tener un deseo constante por los mortales jóvenes. La ninfomanía de Aurora fue descubierta por Zeus, quien le arrebató a su amante en turno: Ganímedes. Aurora se tuvo que consolar con Tithonus, a quien secuestró y llevó a Etiopía[1]. A cambio de Ganímedes, Aurora pidió para Tithonus la inmortalidad, pero se olvidó de solicitar la eterna juventud[2] por lo que, al pasar el tiempo, Tithonus se fue haciendo cada vez más viejo canoso y encogido. Su voz se hizo chillona, y cuando Eos se cansó de cuidarlo lo encerró en su dormitorio, donde se convirtió en una cigarra. Lo peor de todo fue cuando Tithonus perdió la fuerza en su pene: Aurora dejó de interesarse en él.

Cuando Tithonus era todavía potente, engendró a Emathión. Este reinó en Arabia, probablemente la que en aquel entonces se llamaba Etiopía. Algunas versiones indican que Hércules, a su regreso del Jardín de las Hespérides, mató a Emathión porque trató de impedir que se llevara las manzanas de oro. Otras dicen que el enfrentamiento tuvo lugar cuando Hércules se disponía a embarcar en la copa del Sol para dirigirse hacia el Este, a la región del Caucazo.

Una tradición atribuye a Emathión la paternidad de Romo, uno de los fundadores de Roma. Pero la mayor parte de los autores no están de acuerdo con esto último.

Hércules, después de matar a Emathión, confió su reino a Memnón, hermano de aquel y también hijo de Aurora y Tithonus.

Memnón construyó su palacio en Ecbatana con piedras blancas y relucientes, recubiertas con oro. Invadió Egipto y luego el Oriente (Persia), llegando hasta la ciudad de Susa, no lejos del río Tigris, en donde construyó las murallas.

Cuando los griegos invadieron Troya, Memnón se embarcó con su ejército, y se dirigió a la ciudad sitiada para ayudar en contra de los invasores aqueos. Ahí no tuvo buena fortuna: encontró la muerte en manos de Aquiles.

Se dice que a su muerte todos sus soldados desaparecieron, convirtiéndose en pájaros. Al ser quemado en su pira funeraria, el propio cuerpo de Memnón se convirtió en cientos de pájaros, los cuales se mataron unos a otros. Estos pájaros, llamados Memnónidas, año con año regresan a la tumba de Memnón, que se encuentra sobre una colina a la salida del rió Aesepus, que nace de las montañas de Ida. Pero tros dicen que Memnón fue enterrado en Paltas, en la costa de Siria, frente a la isla de Chipre.

Su muerte fue y sigue siendo llorada por Aurora, por eso todas las mañanas aparece el rocío. Escribe Alberto Siliotti:

“Los antiguos griegos buscaron una explicación en la leyenda escrita por Homero, sobre Memnón, el hijo de Eos y Titon, quien fue muerto por Aquiles y reapareció en Tebas como estatua, y cada mañana se lamenta al observar como se eleva por los cielos su madre”

Un último favor pidió Aurora a Zeus: la inmortalidad para su hijo. Memnón no fue destruido y llega del Oriente, de donde nace el sol. Tanto en Susa como en Tebas existen templos en su honor. En palabras de George W. Cox:

“Eos, la madre de Memnón, aclara el cielo todas las mañanas para que su hijo se eleve y acompañe al sol en su diario curso por el cielo”.

AMENOFIS SE TRANSFORMA Y NACE MEMNÓN

Aunque son dos las estatuas, originalmente se comenzó a hablar de “la” estatua de Memnón o “del” Coloso de Memnón. Técnicamente sólo la estatua de la derecha, la que da al norte, es la que originalmente se conocía como Coloso de Memnón.

Se ha sugerido que la estatua servía para propósitos astronómicos o que formaba parte de un rito perteneciente al culto del Sol. Pero la realidad es que “las” estatuas de Amenofis no tenían otra función que la de resguardar la entrada a su tumba. El sonido que emitía la estatua del norte no se conocía en tiempos de Amenofis. Su origen es más reciente.

Posteriormente, ganó terreno la creencia de que la estatua fue mutilada por Cambises (600 – 559 a.C.), en el siglo VI antes de nuestra era.

En el terremoto del 27 d. C., se dañó la estatua del norte. Se formó una cuarteadura que comenzó a emitir una nota musical al amanecer. La fisura recorría la estatua y durante la mañana, al aumentar la temperatura y la humedad, cuando la piedra era calentada por los rayos del Sol se podía oír, según unos, un escalofriante gemido, y según otros, un sonido parecido al de una campana.

Acudía mucha gente a presenciar el extraño fenómeno. Los viajeros romanos buscaron una explicación en la mitología y comenzaron a decir que era la estatua de Memnón, hijo de Aurora, la diosa del amanecer. Muchos venían desde lejos a escuchar los sonidos, incluyendo el Emperador Publio Elio Adriano (76 – 138 d. C.), en el 130 d. C. Los visitantes tenían que pasar varios días al pie del coloso para poder escuchar las notas. En algunos días no se oía nada.

El “arte” de los graffiteros no es un invento moderno. En la base, los pies y las piernas de los colosos, aquellos viajeros de los primeros siglos, dejaron su huella en numerosas inscripciones en griego. Los graffitos nos informan de la visita de personajes muy importantes, incluyendo emperadores romanos y gobernantes de Egipto. Algunos conservan la fecha. La inscripción más antigua data del reinado de Nerón César Druso Germánico (37 – 68 d. C.) a mediados del siglo I, y la última de Septimus Severus (193 – 210 d. C.), quien hizo reparar la estatua. La mayoría de los visitantes, no daban para más y escribieron en prosa, pero otros se arriesgaron con los versos. Entre estos últimos estaban Asklepiodotos (100 – 50 a. C.) y Julia Balbilla Philopappus ( -130 d.C.) poetisa de la Corte.

Cuando el emperador romano Septimus Severus, hizo reparar la estatua de Memnón, en el 199 d. C., la silenció para siempre.

LAS CRÓNICAS DE LOS ANTIGUOS

Estrabón Amaseia (63 – 21 a. C.) fue el primero en mencionar el sonido. Afirmó que él mismo lo escuchó, dijo que emitía un solo sonido y que éste se convertía en un sacudimiento terrestre, aunque no hay huella de que tal cosa ocurriera.

Según Décimo Junio Juvenal[3] (60 – 128 d. C.), Memnón producía muchos sonidos diferentes. En su Sátira número 15 escribió:

“Todo el mundo , Volusius Bithynicus, sabe que los monstruos eran objeto de reverencia y locura supersticiosa en Egipto. En unos distritos se adoraba a los cocodrilos, en otros reverenciaban al ibis serpenteante. También el mono de larga cola era un ser sagrado; su imagen dorada reluce en donde los mágicos acordes del mutilado Memnón hacen música, y en donde yacen las ruinas de la antigua Tebas con todos sus cientos de puertas. En cierta región todo un pueblo rendía culto a los gatos, en otra a los peces del río, y en otra más a los perros sabuesos; aunque Diana la cazadora no tenía un solo templo. Pero para el vulgar puerro o los dientes crujientes de cebolla, eso era una abominación. Los devotos, en efecto, deben ser gente que piensa que tales deidades crecen como coles de Bruselas en sus hortalizas”.

En el siglo I, Gaio Plinio Cecilio Secondo, el joven (61 – 113 d. C.) se refiere a ella y Publius Cornelius Tacitus (55 – 120 d. C.), su contemporáneo, habla de:

“Memnón, un coloso de piedra que produce, al ser tocado por los rayos solares, un sonido vocal”.

Cuando Pausanias (115 – 180 d. C.) vio la estatua en el siglo II, la cabeza y la mitad del cuerpo había caído por tierra, y la parte inferior seguía en un posición sedente. Pausanias la describe como la estatua del Sol, añadiendo que los tebanos le daban el nombre de Famenofes. Otros le llamaban Sesostris.

“Todas las mañanas, al alba –escribe Pausanias-, emitía sonidos que uno podría comparar como los de un acorde de arpa o de lira”.

“La estatua de Memnón –escribió Lucius Flavius Philostratus (160 – 249)- está esculpida en piedra negra y representa a un joven imberbe cuyo rostro se encuentra dirigido hacia el Sol naciente, con los pies juntos de acuerdo con el estilo arcaico de escultura correspondiente al período de Dédalo, y con las manos aplanadas sobre los brazos de la silla, porque se encuentra sentado como si estuviera a punto de levantarse (4 o 5 palabras griegas intraducibles) la intención de sus ojos y boca son como las de alguien que está hablando; decían que no era tan maravilloso, porque parecían no hacer nada, pero cuando era tocado por el primer rayo del Sol, emitía un sonido tan pronto como dicho rayo alcanzaba sus labios, y parecía elevar jubilosamente sus ojos fulgurantes hacia la luz, como un hombre que se asolea”.

Con el tiempo, la imaginación de los crédulos convirtió el ruido que emitía la estatua en sonidos musicales, e incluso en versos oraculares, tal como se encuentra registrado en una inscripción griega hecha sobre una piedra de la estatua.

Los sonidos que producía fueron atribuidos a una combinación de palancas que se dilataban bajo el calor de los rayos solares, liberando así una serie de lengüetas que vibraban. Muchos pensaron que se trataba de un aparato inventado por los sacerdotes egipcios. Athanasius Kircher (1601 – 1680) fue más allá y sugirió que dentro de la estatua podía haber estado realmente oculto un clavicordio.

Posiblemente nunca se confirme el mecanismo productor de sonidos, pero es muy probable que tenga un origen natural. La fisura que se formó en el terremoto del 27, se llenaba con aire. Los rayos solares, al calentar la estatua, dilataban estos gases y los hacían fluir por una pequeña rendija que llegaba hasta la boca produciendo así el sonido antes descrito. Esta hipótesis se ve confirmada por un fenómeno similar que fue observado por Alejandro de Humboldt (1769 – 1859) en su viaje a través de América. El explorador alemán encontró rocas que emitían sonidos musicales al salir el Sol, debido al aire que escapaba a través de sus muchas hendeduras.

BIBLIOGRAFÍA

Cox W. George, An Introduction to the Science of Comparative Mythology and Folklore, Singing Tree Press, Detroit, 1968.

Graves Robert, Los mitos griegos I y II, Alianza Editorial, Madrid, 1983.

Holland R., The Voice of Memnon, Edinburgh Review, July 1886.

Juvenal Décimo Junio, Sátiras, (XV, 5), Alianza Editorial, Madrid, 1996.

Letronne, J. A. La statue vocale de Memnon considérée dans ses rapports avec l’Égypte et la Grèce (= MMAF). Paris, 1833, Neuauflage, 1981.

Ovidio, Metamorfosis, Alianza Editorial, Madrid, 1995, XIII, 576 y siguientes.

Pausanias, Descripción de Grecia, Editorial Gredos, Madrid. Colección Biblioteca Clásica.(Nº 196), (I, 42, 3).

Siliotti Alberto, Guide to the Valley of the Kings, Barnes and Noble, New York, 1997, pag. 122.

Tácitus Publius Cornelius, Anales, Estudio preliminar de Francisco Montes de Oca. Editorial Porrúa, Col. S. C. 291, México, 1983, (Anales, Libro 2, 61).

Virgilio, Eneida, Editorial Limusa, México, 1997, IV, 584 y siguientes.

Existe una versión en PDF en la página de Micromegas.


[1] No a la Etiopía de África. La leyenda se refiere a un lugar en el Oriente.

[2] Selene se cuidó mucho de cometer este error y consiguió la juventud perpetua para Edimon.

[3] Autor de la famosa “Mens sana in corpore sano”

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