Archivo Septiembre, 2007

Sep
23

Roberto Banchs

EL TESTIMONIO DE SORAIDA “SOL” ESCUDERO DE FERNANDEZ

Cuatro semanas después de esa entrevista, el sevillano José Ruesga Montiel -editor conjunto de los Cuadernos de Ufología-, logra encuestar a otro de los testigos, Soraida Escudero de Fernández, pareja de baile flamenco de quien luego sería su marido, Francisco Fernández. Natural de Jerez de la Frontera, él también pu­do observar el portento, pero falleció años atrás. “Sol y Terremoto” eran sus nombres artísticos.

En la época del suceso Soraida tenía 26 años. Dice recordar que iban en el auto 9 personas, haciendo una turné (del fr., tournée) por toda la zona de Mendoza y que después prosiguieron por otras partes del país y de América. Era de madrugada cuando divisaron a lo lejos un punto luminoso de tono rojo, que en un principio identificaron con un avión. Sin embargo, aquel punto luminoso daba maniobraba en círculos, acercándose y alejándose a intervalos, descendiendo paulatinamente. Detuvieron el automóvil y al­guien cementó que aquello era un plato volador. Mientras tanto, el objeto se acercó a unos 300 metros, quizá menos, y de su forma circular y tono rojo, se desprendieron lu­ces troncocónicas proyectadas contra el suelo, de color amarillento, dando la impre­sión de querer aterrizar.

Hubo miedo entre los presentes, incluso recuerda que una de las mujeres sufrió un ataque de histeria.

Agustín Romano Gaeta junto a su automóvil Buick que conducía en momentos de observar el fenómeno.

Hace especial mención al intento del conductor por arrancar el vehículo y aproximarse al objeto, sin resultado, ya que el automóvil no respondía a las demandas de marcha. Recién cuando el objeto se alejó en cuestión de segundos (dato en el que pone mucho énfasis), el auto arrancó sin dificultad. Ellos pensaron en los nervios del conductor, antes que en un fallo del propio vehículo.

Al preguntársele sobre la presencia de seres u ocupantes, y por el presunto aterrizaje del objeto, Soraida dijo en ambos casos que nada de esto se observó, aunque a la distancia avistada y por la emisión de esas extrañas luces, parecía como querer aterrizar.

Tiene ciertas dificultades para recordar los detalles del evento, así como la fe­cha precisa en que ocurrió, pero da como dato probable que María Antinea, que les acompañaba, estaba en estado de gravidez[1].

Durante la entrevista mencionó además que en Valencia residía otro de los testigos, y que el guitarrista, también español, había ya fallecido. Datos en los que J. Rues­ga, según dijo, no ahondó por la naturaleza del suceso.

A modo de comentario, el caso así presentado ve reducida su extrañeza inicial, conforme al espectacular relato de la pianista M. L. García Holgado. Aún así, ha quedado por especificar quién es la persona que “sufrió un ataque de histeria”, y la identidad del testigo que reside en Valencia y la del finado guitarrista[2] (con los cuales se incrementaría el número de testigos), entre otros.

EL TESTIMONIO DEL EMPRESARIO AGUSTIN ROMANO GAETA

El 14 de junio de 1987 tuvimos oportunidad de mantener una distendida charla con Agustín Romano Gaeta, en su domicilio de la ciudad de Rosario.

Como sacando sus recuerdos de un prolongado letargo, auxiliado por su memoriosa esposa en los tramos iniciales de nuestra entrevista, el relato de Romano Gaeta fue cobrando la frescura de una viva experiencia. “Para no metemos en líos le dije al conjunto que no divulgáramos, porque sino los periodistas nos iban a volver locos, dirían que somos unos charlatanes. Era difícil hacer creer a la gente. Entonces no lo recordé más, con nadie. Fue en 1954, íbamos de San Rafael a Mendoza, después de hacer un espectáculo y cenar algo allá. Serían las 2, 3 o 3,30 horas”. “Era de noche, de madrugada; eso siempre me acordé”, interrumpe su mujer. “La fecha precisa no la tengo presente, pero en San Rafael se trabajaba un día solo, de semana (n: el 28 es martes); igual iba la gente. Y volvíamos a Mendoza, donde hacíamos más días. Gustaba mucho, porque San Rafa­el, Mendoza, era zona de españoles. María (Antinea) andaba embarazada, ya era una mujer ­grande, de unos 40 o 43 años. De la inauguración de la radio no me acuerdo, pero si fuimos debió haber sido por la mañana.

El grupo de artistas españoles en plena actuación

“Iba conduciendo el Buick, un coche grande (NdR: no un automóvil Packard). De ocho o nueve personas íbamos en el auto; tres -o cuatro- atrás, dos en los capotines (transportines) y tres adelante, porque era muy amplio. Enrique (Kotliarenco) hablaba para no quedarme dormido, contábamos cuentos, de lo que se trabajaba, de cosas mundanas. De pronto, a mitad de camino apro­ximadamente, más cerca de San Rafael, vi en el suelo esas luces. Vi el suelo iluminado.

“Nadie se había dado cuenta, pero como venia manejando, miré y dije: ‘¡mirá esa luz que hay allá!’. Y todos observamos. Yo lo vi desde el principio, se hallaba en el suelo, el primero que lo vio fui yo. Ahí detuve el auto y todos bajamos.

“Estaba a 200 metros y, al momento de salir del Buick, se elevó a unos 50 o 100 m y vino hacia nosotros, en línea recta, hasta acercarse a otros 50, 100 m. Ahí me asusté.

“Tenía forma romboidal, de 2 a 4 m de lado, aparentemente. La luz provenía de la orilla, y al centro como hueco. Era de dis­tintos colores, por ahí se veía verde, azul, colorado. Hacía alguna variación, pues parece que se apagaba y prendía.

“No había ruido, y tampoco humo, nada. Vino hacia nosotros, y entonces tomó para arriba, en diagonal hacia las sierras a enorme velocidad, hasta perderse en un minuto o dos.

“Miramos, pero claro, como era de noche uno no se animaba a ver si estaban quemados los pastos, o cosa así. No me acuerdo haber visto la Luna. Tampoco animales sueltos. Además, no podíamos habernos acercado por que estaba alambrado, no se puede cruzar. Allá es un desierto, completamente descampado, era un terreno con tierra, piedras, na­da de verde… (ni viñas). Por eso nadie se ha enterado, y a esa hora ¿quién va a ha­ber? No, nadie. Ese es un camino desierto. Estábamos solos nosotros. Y ese es el temor que me agarró, y a todos. Nos asustamos, pero sin entrar en pánico. Me acuerdo bien.

­“Quien se impresionó mucho fue la pianista. Habla de cosas que vio, porque se im­presionó. Es una ilusión óptica lo que ha tenido. ¿Figuras, de seres?: no, eso no. Yo no lo vi. Era un aparato, solamente. Al bajar todos y empezar a subir el objeto, enseguida nos quisimos meter en el auto para salir disparando, je. Luego, cuando tomó para las sierras, lo hizo a una velocidad mayor aún. Ocurrió hace 30 años, pero todavía me acuerdo de todo eso. Fue una cosa verídica, lo vimos bien.

“Terremoto venía al lado mío, y él lo vio también, todo. En cambio, los que venían atrás, no sé si habrán visto tanto… Yo mismo les decía: ‘¿no ven esa luz?, ahora se va para arriba’, e iba describiéndoles el movimiento que hacía: ‘¿no ve?, ¡se viene hacia nosotros!’, y todo el mundo se asustaba, je-je, se venía hacia nosotros. Puede ser que del susto ella -la pianista- dijo haber visto una persona. Al menos, la vi muy impresionada. Esa mujer, los otros no; desde luego que se asustaron, pero terminaron de hablarlo y no lo recordaron más. Notamos que ella estaba patética… Se quedó muda, no habló. Fue la más impresionada”, concluye diciendo el conocido empresario A. Romano Gaeta.

ALGUNAS PRECISIONES

Pasando ahora a precisar algunos datos, de acuerdo a la descripción de A. Romano Gaeta, quien conducía el vehículo, la observación se habría producido a mitad de cami­no entre San Rafael y Mendoza, más cerca de la primera; esto es, en la ruta nacional 143, antes de San Carlos, próximo al Cerro Guaiqueria, al norte y derecha de la carre­tera.

Con respecto a la presunta inauguración de una radio, en San Rafael-Mendoza (versiones de García Holgado y de Antinea), señalemos que María Antinea, figura estelar del grupo, era artista exclusiva de Radio Splendid, y su red de emisoras en todo el país. En diciembre de 1954, eran dos las estaciones de esa red (“C”) que había en la provin­cia (4), LVG de Mendoza y LV4 de San Rafael. Sin embargo, esta última fue inaugurada en abril de 1938[3].

La compulsa de la colección del diario Los Andes, de Mendoza, tampoco consigna in­formación sobre la gira artística en diciembre de 1954 o la celebración de algún acto inaugural. No obstante, el día anterior (lunes 27) al episodio, Tunuyán -situada a 85 km. al sur de Mendoza- festejó el 74 año de su fundación (5). Al respecto recordemos la opinión de Romano Gaeta: “de la inauguración de la radio no me acuerdo, pero si fuimos debió haber sido por la mañana…”, ¿anterior? Si no fuere por la referencia concreta del estado de gravidez de Antinea, pudiéremos dudar acerca de la fecha precisa del ca­so[4], pero este dato parece muy sólido.

Otro dato a tener en cuenta es que ese martes 28 de diciembre, se registró un movimiento sísmico de cierta intensidad (G). El fenómeno se produjo a las 23,25 y se informó que “en Guadales, lugar ubicado a 50 Km. al este de San Rafael, el fenómeno se registró con bastante intensidad, pero sin producir daños”. La duración fue de 30 segundos ­y produjo escenas de pánico.

En cuanto a la actividad ovni, ese año fue bastante prolífera. Incluso Mendoza reúne algunos informes producidos a mediados de noviembre (7). También la revista Sintonía (8), de diciembre de 1954, refiere que otro conjunto musical, Los Hermanos Abalos, aseguraron haber visto un plato volador en los cielos mendocinos.

El contexto en la prensa: El clima sevillano junto a la propaganda de un filme sobre platos voladores.

En cuanto a los estímulos culturales, más allá de la difusión de los sucesos que venían ocurriendo en el mundo, en Mendoza, en enero de 1954 se publicita la película El Disco Volador, con Tom Neal, en el cine Fantasio (9), y en setiembre ¡Terror en el espacio!, se estrena en el cine Buenos Aires (10) La Guerra de los Mundos, que narra la fantástica invasión de los marcianos a la Tierra.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Al fin, ha sido posible confrontar la narración de María Luisa García Holgado de Amaya con la de otros integrantes de la troupée, actualmente radicados en distintas partes del mundo (América y Europa), tales como la ofrecida por la vedette María Anti­nea, la bailarina Soraida Escudero de Fernández, y la del empresario artístico Agustín Romano Gaeta.

No hay duda que un incidente tuvo lugar, aun cuando los testimonios han resultado disímiles en algunos aspectos (cantidad de testigos -entre 7 y 9-, hora, distancia y características del objeto). Sin embargo, todos aluden a un mismo episodio, siendo afectados ciertos detalles y parámetros, pero conservando la estructura original. Al menos, el lugar y las circunstancias en que se desarrolla la experiencia.

Entre estos testimonios, se destaca el de la pianista M. L. García Holgado, al escenificar una historia de gran expresividad visual. Ella introduce en su relato una infrecuente dinámica de colores y formas de manera minuciosa, referida al objeto anómalo, con la singular añadidura de dos figuras humanas, en peculiar posición, no observadas por los demás testigos.

Una situación como la descripta, en donde alguien ha sentido amenazada su vida, puede producir una crisis de ansiedad capaz de alterar la conciencia, la percepción o la memoria. En efecto, la aventura delinea una experiencia fantaseada, de ensoñación, ensimismamiento y estupor (estado crepuscular). Nos remite a un cuadro en el que el sujeto se halla en apariencias lúcido y vigil, en escucha, pero se va de la realidad, eclosionando de manera súbita y transitoria una trama fabulosa (desorden de la imaginación), en la que hay una gran componente afectiva. En otras palabras, un estado de ánimo (miedo) o una ten­sión afectiva (catatimia), con una predisposición, podría haber sido capaz de producir una importante distorsión o alteración de la conciencia.

Realmente, no hay motivos para pensar en un fraude deliberado. De ahí que nos inclinamos a pensar que María Luisa ha tendido a imaginar los hechos, teniendo en cuenta -además- la habitual recrudescencia que se produce en las fases parahípnicas (cerca del sueño) y la sugestión o propensión de la testigo a ser influenciada, de acuerdo a los relatos.

Asimismo, nos resulta sugerente la expresión que utiliza la testigo -siguiendo el informe de Uriondo- al llamar a su madre ese mismo día y comunicarle del caso transmitiéndole la impresión recibida, “comparable con la que le produjo el nacimiento de su primer hijo”. Lo curioso es que dicho informe señala que es “madre de una niña”. Aún más significativo es el hecho que -según nos comentó su propia madre- la señora M. L. García Holgado de Amaya no dio a luz hijo alguno, sino que tuvo por adopción.

Por otra parte, no deja de llamarnos la atención que -al margen de lo referido- le acompañaba la figura estelar de María Antinea, quien se hallaba con tres meses de embarazo. ¿Habrá en todo esto cierta resonancia afectiva, una suerte de infición psíquica?

Desde luego, no podría ser nuestro propósito formular algún tipo de diagnóstico, dictamen definitivo, o cosa parecida. Simplemente hemos reunido una información testimonial, la hemos confrontado entre sí, concluido que esta versión no se ajusta a la presunta realidad e inferir que su contenido fantasioso seria involuntariamente emergente.

Al margen del relato fenomenal y único de la pianista, algunos datos astronómicos pueden quizás ayudar a esclarecer la naturaleza del luminoso objeto. Es correcto que a esa hora (03:30) la Luna no se hallaba visible, pues estaba a una altitud de -41° 02’, azimut 175° 07’, y en la fase 0.08 (casi Luna nueva). Pero lo notable ha sido la presencia de Venus, que alcanzó en esos días (el 21) el máximo brillo de los años 1954-1955 y que, como su distancia angular al Sol sobrepasó los 40° -refiere El Orden, según datos del Observatorio Astronómico de la ciudad Eva Perón-, ha sido fácilmente visible incluso en pleno día y desde hora más temprana que la habitual (11). La ascensión del astro matutino se produjo a las 03:14 horas y, a las 03:30 su altitud era de apenas 3° 19’, y el azimut 105°, con una ascensión recta (RA) de 15h 27m 05s.

Diario El Orden, de Coronel Pringles, 18 de diciembre de 1954. Como todos los diarios, propalaron la noticia de la conspicua presencia de Venus en esos días.

Estos datos son especialmente relevantes, por cuanto la conspicua presencia de Venus coincide con la presunta aparición del ovni de San Rafael-Mendoza, en lo que respecta a la hora (03:30 aprox.) y a la posición que ocupaba el fenómeno, al este y a la altura del horizonte. Descrito bajo ciertas condiciones ópticas y atmosféricas, el supuesto ovni no sería otra cosa más que el planeta Venus haciendo su temprana aparición en la bóveda celeste.

Por lo demás, siempre quedarán planteados interrogantes que resultan imposibles de responder. Aún así, creemos que el haber podido acceder a otros tres testimonios (recordemos la irrebatible posibilidad de dar con otros testigos, planteada por el ufólogo Uriondo), ofreciendo una versión muy diferente a la sostenida por M. L. García Holgado, reducen drásticamente la credibilidad del suceso, conforme a los dichos sobre la nave y los presuntos tripulantes. Al menos, tornan insoslayables tantas contradicciones. En cambio, todos coinciden en que han visto un sorprendente objeto luminoso, susceptible de ser contrastado con los datos astronómicos (otro olvido u omisión advertido en el reportaje hecho por Uriondo), de lo cual resulta una singular coincidencia respecto a la precisa ubicación del astro matutino.

Finalmente, queremos afrontar una dificultad adicional: la existencia de sujetos que no sólo confunden a los objetos aéreos que ven, sino que les asignan caracteres imaginarios, produciendo embellecimientos, autofabulaciones y ciertos tipos de errores de observación, en las que los testigos saltan de la premisa de la mera contemplación de un estímulo extraño a la certeza de que se trata de un vehículo extraterrestre.­

Nota de agradecimiento: A José Ruesga Montiel y al Dr. Willy Smith por las encuestas realizadas.

REFERENCIAS

  1. CEFAI Revista, Buenos Aires, 2:1, setiembre 1973, ps. 3/6 (art. de O. Uriondo).
  2. Banchs case reference, by Richard W. Heiden:

La Razón, Buenos Aires, 19 abril 1973.

Revista Atom, Buenos Aires, 1:4, junio 1974, ps. 7/10. Translated in

MUFON UFO Journal, Seguin, Texas, nro. 139, Sep. 1979, ps. 10/11.

Stendek, Barcelona, Esp., nro. 39, junio 1980, ps. 14/16. translated in

Hypothèses Extraterrestres, Rebais, Seine Saint-Denis, France,

nr,o.17, jan.198l, ps. 13/15.

Colom, Xavier. Los extraterrestres, Brugera, Barcelona, Esp., 1975,

ps. 54157.

Bastide, Jean. La mémoire des OVNI, Mercure de France, Paris,

19.78, ps., 112/114.

Mundo OVNI, Río Cuarto (Cba), nro..2, ps. 4/5, citing CEFAI.

Así, Buenos Aires, 19 julio 1974.

  1. El Mundo, Buenos Aires, 11 marzo 1954; La Nación, Buenos Aires, 25, marzo 1954; Corriere degli Italiani, Bs. Aires, 26 marzo 1954; La Razón, Buenos Aires, 27 marzo 1954.
  2. Sintonía, Buenos Aires, nro. 573, diciembre 1954, p. 33.
  3. Los Andes, Mendoza, 27 diciembre 1953.
  4. Ibid., 28 diciembre 1954, p. 2.
  5. La Razón, Buenos Aires, 15 noviembre 1954.
  6. Sintonía, Buenos Aires, nro. 573, diciembre 1954.
  7. Los Andes, Mendoza, 5 enero 1954.
  8. Ibid, 4 (ps. 3-6), 5, 14 y 15 setiembre 1954.
  9. El Orden, Coronel Pringles, 18 diciembre 1954.

[1] El dato del embarazo de María Antinea es citado también por la madre de M.L. García Holgado, Soraida Escudero de F., A. Romano Gaeta y su esposa, y por el hijo de la can­cionista, Fé1ix Rodríguez. Dio a luz una hija el 19 de mayo de 1955.

[2] Entre los guitarristas que la acompañaron durante 1954, se encuentran: Paco Linares, Manuel de C6rdoba, y Alberto Torres (3).

[3] Datos proporcionados por la Secretaría de Medios de Comunicación, Presidencia de la Nación.

[4] Según nos refirió O. Uriondo, como dato no asentado en su artículo, la testigo re­cuerda la fecha del incidente por que es el Día de los Santos Inocentes. Celebración religiosa en recordación de la matanza de niños, o degollación de los Inocentes, nacidos en Judea por orden del rey Herodes ­el grande.


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    Sep
    23

    SIGLO XX

    De acuerdo con el investigador belga Bernard Heuvelmans, los relatos sobre niños criados por lobas son auténticos. Uno de tales relatos es el de un pastor italiano que descubrió a un niño que caminaba a “gatas”. Cuentan que el niño se hallaba jugando entre lobos. Al percibir la presencia del hombre, los animales huyeron pero el niño no fue tan rápido para escapar.

    El pastor capturó al pequeño salvaje y lo llevó a Milán, donde lo internaron en el Instituto de Psiquiatría Infantil. Los doctores se mostraron muy interesados por el que habrían de llamar “niño-lobo”. Deseaban saber qué efectos podría haber sufrido su mente a causa de su estancia con esos animales. También les interesaba experimentar con su ritmo de aprendizaje. El niño, cuya edad aproximada se estimaba en unos cinco años, no podía pronunciar ni una palabra y rugía como una fiera. No se pudo acostumbrar a la comida y murió pronto, sin conseguir adaptarse a la vida entre los hombres.

    De acuerdo con Vladimir Mezentsev, en un libro publicado en la antigua URSS en 1940, se dan a conocer catorce casos en los cuales los lobos intervinieron como “educadores” de niños.

    “Quizá no sea muy difícil explicar este hecho”, dice Mezentsev. “Es que muchas de estas fieras inteligentes habitan cerca de los lugares de residencia humana. No es de extrañar, por ello, que un lobo tope con un niño dejado sin custodia en un bosque o campo. Al capturar a la presa, el lobo –al igual que algunos otros carnívoros- prefiere llevarla a un lugar seguro (en todo caso, el más seguro es su propia madriguera) donde se encuentra la loba y los lobatos. Y allí, el indefenso niño que está llorando, es capaz de despertar en la loba el instinto materno.

    “Al principio la loba amamanta a sus criaturas exclusivamente con leche. Luego comienza a añadirles alimento en forma de carne medio digerida y eructada. Con esta comida también los niños pueden mantener su vida. Es cierto que inmediatamente surge una pregunta: los lobatos crecidos abandonan a sus padres al cumplir ocho o nueve meses, dado que a esa edad ya pueden mantenerse independientemente. ¿Y el niño? Todavía es completamente desvalido. Y sus “padres” adoptivos sintiendo instintivamente su incapacidad siguen alimentando a su desmañada criatura. Además, sucede una cosa todavía más simple: asimilando bien los primeros meses el grito de los cachorros hambrientos, el niño impulsa a sus “padres” a que le traigan comida”.

    Una mujer de Sydney fue multada en noviembre de 1903 por dejar que su hija creciera entre los pollos. La niña no hacía otra cosa mas que imitar las aves en todo, incluso cacareaba en la noche.

    Para Heuvelmans era indudable la existencia de los niños lobo, pero dudaba de la existencia de niños mono. En efecto, hay pocas historias de bebes criados por monas, como el imaginario Tarzan. Lo cierto es que la mayoría de los casos que han sido dados a la luz pública acerca de niños criados por monos ocurrieron después de la aparición de la tira cómica de Tarzan (1931).

    Uno de los pocos casos anterior a Tarzan es el de Lucas, el niño babuino de África del Sur. La historia fue famosa a principios del siglo veinte.

    De recién nacido una mona lo robó a su madre, una cafre, y lo crió entre los monos. En 1903 lo descubrieron unos soldados cerca de la ciudad de El Cabo, y Lucas, que fue adoptado por un granjero, acabó aprendiendo un poco de inglés para luego convertirse en criado.

    De su infancia sólo conservó algunas costumbres simiescas: se rascaba, bamboleaba sin cesar su cabeza, y sus brazos eran demasiado largos en relación con su cuerpo. John P. Foley hizo la primera mención en una revista científica en 1940.

    En julio de 1914 atraparon una niña salvaje de 14 años en la selva cerca de Naini Lal, Uttar Pradesh. La llamaron Goongi (“muda”), ella corría con gran agilidad utilizando las manos y los pies y estaba cubierta por todas partes con un pelo largo y grueso. Rechazaba los alimentos cocidos y la cama, durmiendo debajo de una paca de paja. El cazador Jim Corbett supuso que la habían criado los osos, señalando su habilidad para trepar, sus hábitos y dietas, y rasguños profundos en la parte superior de su cuerpo que podrían haber sido causados por los animales.

    En 1916 un cazador inglés encontró un niño de unos seis años de edad viviendo con una hembra de tigre y sus crías en las colinas al norte de Kachari en la India. El niño fue robado a sus padres por una tigresa cerca de Assam en 1912. Se dijo que el padre del niño, trabajando en el campo, se alejó por varios minutos de su hijo de dos años que estaba durmiendo en la hierba. Al oírlo llorar se volvió y vio cómo el tigre, con el niño en la boca, desaparecía en la jungla. Había sido criado por la tigresa y cuatro años más tarde fue recuperado e identificado. Se le llamó “el niño tigre de Kachari”. La fierecilla fue encontrada en el cubil de los tigres con otros cachorros jóvenes. Mordía y arañaba al igual que sus “hermanastros”. Fue devuelto a su familia de granjeros campesinos. También en este caso, el retraso del niño era evidente. Se decía que aunque casi estaba ciego, podía identificar diversos individuos y objetos por su sentido del olfato extremadamente bien desarrollado. Sin embargo, E C Stuart Baker, que en ese tiempo tenía un puesto administrativo cerca de las colinas de Kachari, y por lo mismo estaba en una posición excelente para obtener un buen relato de los hechos, describe en el Journal of the Bombay Natural History Society, de julio de 1920, algo que parece no concordar con la ceguera del niño:

    “En ese tiempo el niño corría a gatas casi tan rápidamente como podría correr un hombre adulto, mientras que era más listo y más rápido para esquivar, entrar o salir de los arbustos y otros obstáculos. Sus rodillas… tenían callosidades duras y sus dedos de los pies se mantenían verticales casi perpendicularmente a su empeine. Las palmas de sus manos y las yemas de los dedos del pie y los pulgares también estaban cubiertas con piel gruesa y muy resistente. Cuando se le atrapó, mordió y luchó con todos… y cualquier ave desgraciada de la aldea que llegara a su alcance era atrapada, descuartizada y comida con rapidez extraordinaria”.

    Solamente al cabo de tres años el niño aprendió a comer de una vasija y comenzó a andar a pie.

    Continuará…


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