Archivo Septiembre, 2007

Sep
23

Tremendo: La enfermedad deja su marca dentro de un castaño

Éste es el tremendo fenómeno descubierto cuando un árbol de castaño de 200 años fue derribado.

Los cirujanos del árbol se maravillaron cuando encontraron la imagen de un minúsculo árbol impreso en una rama caída.

Los expertos dicen que la forma extraña ocurrió porque el corazón de la madera estaba acribillado por la putrefacción, razón por la cual fue derribado.

La marca de un árbol enfermo tomó por sorpresa a los cirujanos del árbol.

Justo como un palillo de roca, la imagen del árbol marrón se puede encontrar impresa a través de la rama y del tronco del castaño.

Pauline Buchanan-Brown, directora general del Tree Council, dijo: “Esto es extremadamente raro y divertido. Qué coincidencia.

Sospecho que la enfermedad fue causada por un insecto de alguna clase y el corazón del árbol ha comenzado a pudrirse.

“Si esto fue encontrado en un rama entonces el decaimiento del tronco está muy avanzado si es que no está ahuecó ya.

“Imagino que dondequiera que cortes en las ramas encontrarás esta forma de árbol, justo como un palillo de roca”.

El árbol, en terrenos propiedad del consejo en Holdenhurst, cerca de Bournemouth, Dorset, fue derribado debido al riesgo de salud y seguridad que planteaba.

http://www.dailymail.co.uk/pages/live/articles/news/news.html?in_article_id=481059&in_page_id=1770


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    Sep
    23

    SAN RAFAEL, MZA: UNA TOURNÉE CON HUMANOIDES

    Roberto Banchs

    El caso que se expone a continuación se remonta a mediados de la década del cincuenta, casi en coincidencia con la gran oleada de 1954, y ha permanecido inédito durante unos veinte años, hasta que una circunstancia fortuita permitió que el ufólogo Oscar A. Uriondo[1] accediera a su conocimiento y tomara contacto con María Luisa García Holgado de Amaya, testigo del aterrizaje de un ovni, asociado con entidades.

    Fue así que en dos oportunidades, con un intervalo de casi un año entre ambas, ha sido reporteada por el citado y dispusiera su publicación en la CEFAI Revista (l), debido al atrayente relato y la probidad de la testigo. Muy pronto el artículo sería reproducido en libros, revistas y boletines especializados (2).

    La testigo es casada y madre de una niña. Según Uriondo, nació en España y se halla radicada desde hace tiempo en la Argentina, habiendo egresado como profesora de histo­ria de la Universidad de Buenos Aires; y es además concertista de piano. Sus intereses han sido siempre ajenos a los platos voladores, y “su carácter no es nada proclive al misticismo y sí realista y sano sentido del humor. Impresiona como una persona sin­cera, responsable, equilibrada y culta”.

    EL RELATO

    “En la madrugada del 28 de diciembre de 1954, María Luisa García Holgado de Amaya, viajaba con un grupo de artistas españoles por la ruta n° 143, que une San Rafael con Mendoza. Todos ellos habían participado de la inauguración de una estación de radio en la primera de las ciudades mencionadas y se dirigían a la capital de la provincia para una nueva actuación (n. de r.: “en televisión” indica esta fuente, omitido en otras). Eran siete personas en total, ubicadas en un automóvil Packard, de gran capacidad”[2].

    Estado actual de la ruta San Rafael – Mendoza. Escenario del avistamiento del 28 de diciembre de 1954.

    “Habían cenado muy tarde (más de las dos de la madrugada) y hablaban de temas di­versos, en nada concernientes a los ovnis o a lo sobrenatural. Serían aproximadamente las 3,30 cuando, de pronto, uno de los viajeros llamó la atención sobre un resplandor que se veía al costado del camino, a mano derecha. Pensaron inicialmente que se trata­ba de un fogón, pero enseguida comprendieron que no era ese el caso.

    “Posado en un campo próximo, a unos 150 ó 200 metros de distancia de la ruta, se hallaba un objeto luminoso que irradiaba una luz azul intensa, pero no deslumbrante, que semejaba por su color la llama del alcohol muy puro o la de una soldadura autógena. Tenía la forma de dos platos hondos superpuestos, unidos por el borde. De su franja e­cuatorial surgía la luminosidad azulada y también una especie de neblina. Impresionaba como algo sólido, aunque no se advertían en él detalles de estructura (ni puertas ni ventanas). Era de grandes dimensiones, ‘como un ómnibus’. La luz que emanaba del mismo en ningún momento encegueció a los testigos, de modo que pudieron observarlo sin difi­cultades.

    “Los testigos, muy intrigados -continúa el ufólogo, siguiendo el relato de la declarante-, detuvieron el automóvil, descendieron de él y se acercaron al extraño objeto, caminando por los sembradíos de vid. Cuando se hallaron a una distancia de media cuadra (50 metros), aproximadamente, notaron que junto al objeto había dos figuras humanas. Una de ellas estaba de pie; la otra de cuclillas. Su vestimenta con­sistía en un buzo enterizo, oscuro, que se prolongaba cubriendo la cabeza con una especie de capuchón o casco, similar al que usan los operarios en las fundiciones; incluso les pareció que la cara estaba protegida por un material transparente, como mica. No pudieron en cambio distinguir detalles del rostro.

    “El individuo que estaba en cuclillas[3] se incorporó y ambos seres ingresaron en el ovni por una suerte de puerta corrediza que, como un rectángulo oscuro, se abrió contra el fondo luminoso. Para transponerla levantaron mucho los pies, como si debieran supe­rar un umbral o como si la puerta estuviera a cierta altura. La talla de los dos tripulantes era la de un hombre de estatura media y su apariencia esbelta. No se les alcanzaba a divisar los pies y se movían con rigidez.

    “Al cerrarse la puerta, el objeto empezó a echar humo, gas o vapor por la zona ecuatorial, a la vez que en completo silencio se elevaba verticalmente -como un ascensor- para detenerse a unos dos metros del suelo. Entonces se encendieron dos luces rojas -una arriba, otra abajo- a cierta distancia del cuerpo del ovni. Dichas luces se encendían y apagaban alternativamente y los testigos supusieron que debían estar en la extremidad de sendas antenas; aunque éstas no eran visibles.

    “Alarmados, los testigos volvieron apresuradamente al automóvil, en tanto que el ovni comenzaba a realizar una serie de maniobras en zigzag, con detenciones bruscas, quedando detenido en el aire a veces, y moviéndose en ángulos agudos (de 30° en un caso, según calcularon). Subieron todos en el coche y emprendieron la marcha a gran veloci­dad. El ovni se puso a seguirlos, colocándose a uno y otro costado del vehículo, o bien directamente por encima de él. Los movimientos eran tan rápidos que los cambios de po­sición parecían instantáneos.

    “Con las primeras horas del amanecer y la tenue neblina que se levanta en ese momento, dejaron de verlo. Por un rato creyeron que el planeta Venus, que brillaba intensamente, era el objeto que continuaba siguiéndolos.

    “Cuando llegaron a la ciudad de Mendoza, el empresario del grupo de artistas españoles, Sr. Gaeta, sugirió que para descartar la remota posibilidad de una alucinación, descansaran todos un rato y se reunieran luego para dar, de manera independiente, la propia versión de la experiencia vivida. Así lo hicieron, y todas las descripciones fueron esencialmente idénticas, salvo en el lenguaje utilizado. Dado el carácter profesional de los testigos, se decidió no dar a conocer a la prensa el episodio, a fin de evitar que se pensara en un truco publicitario. Sin embargo, la Sra. de Amaya llamó por teléfono a su madre, ese mismo día, para comunicarle el caso. Tal ha sido la impresión recibida, comparable -según expresó la testigo- “con la que le produjo el naci­miento de su primer hijo”.

    EVALUACION DE LA PRIMERA ENCUESTA

    Tras la narración del caso, Oscar Uriondo ensaya una prudente evaluación, que aquí consignamos:

    “Este avistamiento posee un alto coeficiente de extrañeza. Por la proximidad de los observadores al objeto inusual descrito, la riqueza de detalles percibidos y las favorables condiciones de visibilidad existentes (noche muy clara, cielo despejado y topografía llana y abierta); así como por la prolongada duración del avistaje (entre media hora y una hora), resultan mínimas las probabilidades de que los testigos hayan malinterpretado un fenómeno natural conocido o algún objeto fabricado por el hombre.

    “En lo que respecta al índice de confiabilidad, es nuestra opinión que el relato de la Sra. de Amaya merece fe, no sólo en cuanto a veracidad (no hay realmente motivos fundados para sospechar un fraude, porque ello no concuerda con la personalidad de la testigo (sic) ni con el hecho significativo de que la misma, durante muchos años, mantuviera su observación dentro del más íntimo círculo familiar) sino también en lo refe­rente a exactitud, al menos en los datos esenciales, ratificados al investigador después de casi un año de la primera entrevista. En cambio, quedan como aspectos, negati­vos, por un lado, el largo tiempo transcurrido desde que ocurriera el incidente hasta el registro del relato (1972), lo cual puede haber distorsionado los pormenores del caso, por un natural debilitamiento de los recuerdos; y por otro, la imposibilidad de confrontar la narración de la Sra. de Amaya con la de los otros testigos, pues ninguno se encuentra actualmente en el país”.

    SE INICIA NUESTRA INVESTIGACION

    En junio de 1985 dimos comienzo a una difícil tarea de encuesta que iría a exten­derse por más de dos años. María Luisa había fallecido hacía unos diez años (tres des­pués de la primera entrevista), de manera que debimos disponer del ceñido informe de Uriondo y del detallado testimonio de la madre, a quien la testigo fue a llamar apenas ocurrió el episodio. A partir de allí, desafiamos la “imposibilidad” de confrontar su narración con la de los demás testigos, presuntamente ausentes en el país.

    El empresario A. Romano Gaeta, primero en ver el fenómeno, entrevistado.

    Una odisea siguió por determinar quiénes eran los integrantes del grupo artístico, y lograr localizarlos (máxime cuando se hallaban diseminados por el mundo, y alejados de la actividad que los nucleaba)[4]. Sin embargo, la firmeza dio sus frutos.

    El grupo estaba compuesto por el empresario artístico Agustín Romano Gaeta, el productor Enrique Kotliarenco, esposo de la cancionista y vedette María Antinea, también presente, y la pareja de baile flamenco Sol y Terremoto, Soraida Escudero de Fernández y Francisco Fernández.

    La cancionista y vedette María Antinea, en el camarín (foto más reciente).

    Al momento de nuestra búsqueda, María Antinea -o María Kotliarenco- vivía en Texas (Estados Unidos), Soraida Escudero de Fernández en Sevilla (España), y Agustín Romano Gaeta en Rosario (Argentina). Los demás habían fallecido.

    Con inimaginables dificultades obtuvimos sus direcciones y requerimos de la cooperación de los ufólogos William Smith y José Ruesga Montiel para realizar las encuestas en Estados Unidos y en España. Sin duda, un ejemplo de investigación mancomunada sin precedentes.

    LA MADRE DE LA TESTIGO MARIA LUISA

    “Yo soy grafóloga, pero no grafóloga de ahora, sino de antes”, nos dice Mauricia Holgado y Barrio, extendiendo su mano anciana para alcanzarnos una tarjeta, a modo de presentación. “El plato volador según lo vio mi hija era así, como dos platos (unidos por sus bordes) sin que se junten. Entre ellos, una serie de ventanas perpendiculares de esas que se abren y cierran, persianas, celosías. Era como los trompos de los chi­cos, con la púa de la cual tirarse; pues eso tenía, una en la base y otra arriba. Ellos venían por la carretera, en Mendoza, después de dar un concierto, cuando apareció eso a unos 500 m, en el campo. El marido de Antinea y mi hija vieron el aparato y dijeron: ‘¡No, si es un plato volador!…’. De la parte superior echaba un humito, como en Morse. Emitía una 1ucesita, verde otras veces roja. La parte de abajo estaba como anclada, pero tenía un ligero balanceo pues, claro, era más pequeña para mantener estable semejante volumen. También escuchaba un suave zumbido.

    “Pararon el coche -no por que los detuviera el plato volador, no- y vieron a un individuo vestido de buzo, con una escafandra de esas que tienen un cuello rígido. Eran dos figuras, de aspecto humano, más bien bajos… Los pianistas saben música y manejan el tiempo y la distancia, y mi hija era una gran pianista y ella calculó que estarían a 500 m; en el campo se aprecia mejor. Y había uno con una rodilla en tierra, y otro de pie. El que estaba de pie ponía las manos, y el otro tomaba tierra y la depositaba en las manos de aquel. Eso fue, objetivamente. De pronto, esa especie de persiana se a­brió y estos individuos desaparecieron.

    “Entonces el marido de Antinea y mi hija quedaron en salir del coche y encaminarse hacia allí, pero el gitano y su mujer -la pareja de bailarines-, comenzaron a dar gri­tos y echarse en el fondo del coche, ¡y que no! Y María Antinea lo mismo. Quedaron inmóviles… Todos los camiones que venían por la ruta, según me contó mi hija, también se detuvieron para verlo. No fueron ellos solos.

    María Antinea.

    “Mi hija pudo percatarse que el movimiento de las dos figuras eran como en cámara lenta. Dieron como tres pasos y desaparecieron. No llegaron a ver cómo ingresaron, no. Vieron las varillas de aquello que giraron, y desaparecieron. ¡Y desapareció el globo también! Pero de repente lo vieron encima del camino. Notaban sólo la parte de abajo, que continuaba echando humo. Y así estuvieron como media hora de camino, apareciendo y desapareciendo.

    “Se nota que la velocidad que llevan no está hecha para el ojo humano. Hay cosas que no todos podemos ver ni percibir… Hay ojos que ven más, y la gente dice que ven visiones, pero no, ellos lo ven”, reflexiona la señora. “Lo que pasa es que la inmensa mayoría de los ojos humanos no captan muchas cosas.

    “Bueno, cuando llegaron a destino se dijeron unos a otros: ‘sin decirnos nada, va­mos a dibujar cada cual como pueda lo que hemos visto’. Y coincidieron todos. Yo le explico y le cuento como si lo hubiera visto, porque así me lo describió mi hija (reproduciendo la imagen del ovni y las figuras en un papel).

    “Después ella me llamó alborozada. A la pobre no le creyó nadie. Le creyó su madre. Es que las madres nos creemos todo, gracias a Dios. ¿Por qué no le voy a creer si puedo hacerlo? Además, se refugió en mí, por que yo le hacía preguntas, y más preguntas, me interesaba. Que no la daba por… visionaria. Por eso sé más cosas…

    “Ella pensaba que no eran terráqueos. Pero, claro, era el pensamiento de una profana. Ella había nacido en Buenos Aires, el 25 de marzo de 1917, o 18, y falleció a. los 58 años de cáncer. Luego del encuentro su vida fue normal, siguió con su piano. Sólo que después adoptó una nena (n: alrededor de 1964) y mi yerno se volvió a casar”.

    La señora Mauricia, madre de María Luisa García Holgado, nos sorprende por su lucidez y asombrosa memoria. Pero especialmente por la viveza de los detalles y el encarnamiento que hace del relato de su hija, motivos por los cuales estimamos conveniente incluir su narración. Mujer culta, con un buen sentido del humor, hay en sus palabras cierta mística, un halo de misterio cultivado por los años.

    EL TESTIMONIO DE MARIA ANTINEA (M. KOTLIARENCO)

    En noviembre de 1985 ubicamos a Ana M. Arregui, productora de TV y nuera de la popular cancionista española de los años cincuenta. A través de ella, logramos dialogar con Félix Rodríguez, hijo de Antinea, radicado en los Estados Unidos. Durante la entrevista personal recordó en líneas generales el episodio del ovni, por el relato que le hiciera su madre hace muchos años, y enfáticamente negó que le refiriere haber visto seres o entidades, excluyendo tal posibilidad.

    No obstante, en junio de 1986 solicitamos al Dr. Willy Smith, ingeniero uruguayo del CUFOS que reside en Florida, pudiera entrevistar a María Kotliarenco, de Texas, para lo cual le proporcionamos su dirección y teléfono, a fin de confrontar las versiones del ovni y sus ocupantes. Smith extendió el pedido a sus colaboradores y asociados (July 15, 1986), pero sin obtener una respuesta favorable. Debido a la demora y al estado de salud en que se encontraba la señora, insistimos en que procediera -al menos- a realizar una compulsa telefónica. Recién el 2 de mayo de 1987, W. Smith logró conversar con la testigo:

    “El incidente ocurrió cuando un grupo de varias personas (7 u 8) iban hacia Mendo­za, o Córdoba, a la inauguración de una estación de radio. Una de esas personas era el empresario Gaeta, posiblemente viviendo ahora en Rosario. Lo primero que vieron fue como un fuego, y pensaron que algo se estaría quemando.

    “El objeto era redondo, como un trompo, de unos 20 metros, con una luz azulada arriba y rojo (¿luces?) en la parte inferior. Fue percibido a una distancia considerable, más de 100 m con seguridad, posado en el suelo. No hubo oportunidad de preguntar­le si se habían bajado del coche -continúa W. Smith-, pero me parece que no, en vista de la distancia. Me recalcó por lo menos dos veces que lo habían visto de lejos.

    “Contrario a los relatos conocidos, el incidente ocurrió a la caída de la tarde, aunque todavía no estaba totalmente oscuro[5].

    “Los artistas estaban sobrecogidos, pues el objeto se elevó verticalmente a una velocidad vertiginosa. Durante el resto del camino decidieron no mencionar el inciden­te, por el temor de que los sospecharan de querer hacerse propaganda como artistas. Pero cuando llegaron a la radio, oyeron a otros dos señores comentar que habían visto algo, lo que en sus mentes les verificó la realidad de la experiencia”.

    Nuestro colaborador concluye que no hay dudas de que un incidente tuvo lugar, y que hubo otros testigos además del grupo artístico. Asimismo, señala que no mencionó haber visto entidades, ni atinó a preguntarle, previendo la posibilidad -aunque dudosa- de una entrevista personal. Y por otra parte, cierta renuencia inicial a comentar el episodio y la hipoacusia que aquejaba a la testigo.

    A mediados de 1991 María Kotliarenco, o María Antinea -tal su nombre artístico-, fallece en Texas.

    Continuará…


    [1] Osear Uriondo es profesor de enseñanza secundaria en Geografía, y co-fundador del CEFAI (Centro de Estudios de Fenómenos Aéreos Inusuales). Autor de varios libros y artículos ufológicos.

    [2] La revista del CEFAI indica que en sus archivos se guarda la nómina completa de e­sas personas. Sin embargo, en STENDEK: 39 dice que con la Sra. de Amaya viajaban la cancionista María Antinea, su esposo Sr. Kollarenco (n: error por Kotliarenco), el empresario Gaeta (n: el apellido es Romano Gaeta), y otros tres artistas no consignados.

    [3] Según nos comentó Uriondo, la testigo tenía la impresión de que ese individuo en cuclillas parecía estar orinando.

    [4] Una verdadera cadena de relaciones establecimos con la Asociación Productores Teatrales Argentina (APTA), Sociedad General de Autores de la Argentina (ARGENTORES), Unión Argentina de Artistas de Variedades, amigos y productores, Ana M. Arregui, José López Díaz, y Rosita de Cocca. A ellos vale nuestro agradecimiento.

    Asimismo, la orientación que nos diera Arialdo Giménez (Museo del Cine) y Carlos In­zillo (Centro Cultural Gral. San Martín).

    [5] De haber sucedido por la tarde, se modifican las efemérides. En particular, del pla­neta Venus, que ese año brillaba intensamente.


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    Sep
    23

    SIGLO XIX

    Continuando con el censo, en el siglo diecinueve Horn menciona, en 1831, a la “niña trucha” de Salzburgo. Ahí mismo, a mediados de 1830 se encontró un “niño puerco”.

    En la India encontraron niños lobo entre 1841 y 1895, siete de los cuales fueron descritos por el general William Henry Sleeman, la némesis de los Thugs. El primero fue capturado en Hasunpur (cerca de Sultanpur en lo que ahora es Uttar Pradesh), y mostró la mayor parte de las características típicas del niño del lobo. Su alimento favorito era carne cruda, y no podía hablar. “Había muestras evidentes, en sus rodillas y codos, de que caminaba a gatas”, escribió Sleeman; “y cuando se le pedía correr a gatas, él lo hacía así, y era tan rápido que nadie podía alcanzarlo”.

    Sleeman, después de Linneo, fue quien mencionó más casos de niños ferales en su obra de 1858. De los siete casos que investigó dos fueron encontrados en Sultanpur en 1843 y 1848, respectivamente; otro en Husanpur en 1843; otro en Chupra, 1849; otros dos en Lucknow y Bankipur y el último fue el niño encontrado por el capitán Egerton.

    Barry Holstun Lopez en su libro Of Wolves and Men, describe una leyenda de finales del siglo diecinueve. Se suponía que una muchacha lobo vagaba en los bancos del Río del Diablo cerca de Del Río en lo que ahora es un yermo escasamente poblado al suroeste de Texas. La madre de la muchacha había muerto en el parto, y su padre, John Dent, murió en la tormenta mientras cabalgaba para pedir ayuda. “Nunca encontraron al niño, y la presunción era que los lobos que habitaban las cercanías de la cabaña aislada de los Dent se la habían comido”.

    Lopez dijo que un muchacho que vivía en San Felipe Springs en 1845 reportó ver a varios lobos y “una criatura, con el pelo largo cubriendo su cara, que parecía una muchacha desnuda” que atacaba una manada de cabras. Otros hicieron informes similares el año siguiente. Los indios Apache dijeron varias veces haber encontrado las huellas de un niño entre las de lobos.

    La cazería comenzó y al tercer día arrinconaron a la muchacha en una barranca. Junto a ella estaba un lobo al que se le disparó cuando atacó la partida. La muchacha fue atada y llevada al rancho más cercano, en donde fue desatada y cerrada en un cuarto. Esa tarde, una gran cantidad de lobos, atraídos al parecer por los aullidos, lastimeros e incesantes de la niña, vinieron alrededor del rancho. Los habitantes se aterraron, y en la confusión la muchacha se escapó.

    Según Lopez, no vieron a la muchacha otra vez por siete años. En 1852, un equipo que examinaba y exploraba una ruta nueva a El Paso la vio en una barra de arena en Río Grande, lejos de su confluencia con el Río del Diablo. “Ella estaba con dos cachorros. Después de eso, nunca la vieron otra vez”.

    Edward Burnett Tylor menciona, en 1863, a un “niño puerco” y un “niño lobo”, ambos encontrados en Overdyke, Holanda.

    En 1867 unos cazadores encontraron un niño de unos 7 años viviendo con lobos en las junglas de Bulandshahr, India. Fue llevado al orfanato de Sékandra cerca de Agra y se le dio el nombre de Dina Sanichar. El muchacho se negaba a vestir ropas y afilaba sus dientes royendo huesos. Vivió durante 28 años en el orfanato, pero nunca aprendió a hablar. En 1895 murió de tuberculosis agravada por la práctica adquirida de fumar tabaco.

    Vallentine Ball M. A. (1880) presenta cuatro casos. Del pueblo de Sékandra hay dos casos: el primero de 1872 es el de Dina Sanichar, un niño lobo de 7 años; el segundo es el de un niño de 10 años (1874). El niño de 6 años de Shajahampur (1875) y un segundo niño encontrado en Lucknow (1876) completan la cuarteta.

    El niño lobo de Kronstadt fue estudiado por August Rauber en 1885. Tenía unos 23 años.

    Sergei Mironovich Kirov, nacido el 27 de marzo de 1886, miembro del Soviet politburó y amigo del propio Stalin, afirmaba haber sido criado por una puerca. En realidad había quedado huérfano de padre y madre y fue su abuela quien se hizo cargo de él.

    Capturaron a otro niño oveja cerca de Trikkala en Grecia en 1891. Él había estado viviendo con su familia lanuda por cuatro años.

    La revista de la Sociedad Antropológica de Bombay menciona una niña de 8 años encontrada en 1892 en las cercanías de Jalpaiguri. Sir James Frazer menciona que la niña fue alimentada por una osa. Los Coolies de los plantíos de té la encontraron en un bosque en Jalpaiguri, sentada al lado de la guarida de un enorme oso. De unos dos o tres años, la niña se desplazaba a gatas y estaba un poco rasguñada, pero se le enseñó gradualmente a caminar y a vestir, aunque nunca aprendió a hablar.

    “A veces gruñía como un oso y comía y bebía como oso; en fin, todos sus hábitos eran como los de un oso”.

    En 1929 el mismo Frazer dio a conocer el caso de un niño, de 14 años, encontrado en Batzipur en 1893.

    Un tercer niño salvaje de Sultanpur fue encontrado en 1895. Tenía 4 años y quedó a cargo de Ross. Supuestamente creció hasta hacerse policía.

    Continuará…


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    Sep
    23

    25 de agosto, Essex. 700 luces volando sobre Essex en formación “V”. Se tomaron fotografías y videos.

    3 de septiembre, Cheltenham. Luces naranja volando sobre el área en parejas.

    5 de septiembre, Banvury, Oxfordshire. Siete personas vieron más de 15 esferas naranja volando en formación.

    7 de septiembre, Epsom. Se vieron esferas naranja hacia el condado de Surrey. Justo en esa zona se llevaba a cabo una fiesta de “Foot and Mouth Disease”.

    15 de septiembre, Wonersh, Guildford, Surrey. Aproximadamente a las 22:30 varias esferas naranja viajando en parejas. Viajaban del Este-Sureste hacia el Oeste-Suroeste. Primero fue una serie de 8, seguida de otra similar y finalmente una solitaria.


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    Sep
    23

    Broma de círculo de maíz no agrada a la familia

    Por Jens Dana

    Desert Morning News

    Pleasant Grove - un obsceno círculo de las cosechas en un laberinto del maíz del condado de Utah es probablemente una broma perpetrada por vándalos, más que el trabajo de visitantes extraterrestres, dijeron los dueños.

    En todo caso, los dueños de la granja Hee Haw, Kyle y Chalise Smith ciertamente no están contentos con la broma.

    “Alguien pensó que sería divertida”, dijo Kyle Smith. “Solo que no estamos riendo.

    Dos círculos estratégicamente colocados, que medían 36 pies de diámetro, y un rectángulo de 100 pies de largo aparecieron cerca de la entrada del laberinto en la porción sudoeste del campo de maíz de nueve acres el fin de semana del día del trabajo. Desde la tierra parecen al azar, pero desde arriba la colocación de las formas parecen más estratégicas, sin mencionar anatómicamente correctas.

    “Si te dijera qué es, no podrías imprimirlo en el periódico”, dijo Kyle Smith.

    Él dijo que un empleado del laberinto de maíz notó los patrones inusuales en el campo de maíz el 6 de septiembre. Parece que un grupo de vándalos los hicieron furtivamente en el campo bajo la oscuridad de la noche y usaron tablas de 2 por 4 pulgadas para aplastar los tallos del maíz y hacer los círculos.

    “Sólo te irrita”, dijo. “No es diferente a que alguien vierta un galón de gasolina en tu patio trasero y encienda un fósforo”.

    http://deseretnews.com/article/1,5143,695211898,00.html


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    Sep
    22

    VÍCTOR D’AVEYRON

    Hacia 1795 se comenzó a escuchar de la existencia de un niño que vivía en el bosque del Languedoc francés, cercano a La Caune, en el Sur de Francia. Se decía que a causa de su retraso mental su padre, un leñador, había intentado matarle cortándole la garganta como a un cerdo (el chico presentaba una cicatriz dentada a lo largo de su cuello) y creyéndole muerto lo abandonó en el bosque.

    Estos cuentos eran probablemente falsos. Pero el chico parecía haber sobrevivido solo en el bosque por muchos años, como un animal: estaba desnudo y sucio; su andar era encorvado; su cuerpo estaba lleno de cicatrices; no hablaba pero sí emitía gruñidos, aullidos y otros sonidos guturales. Se alimentaba de raíces, bellotas y de los animales pequeños que podía cazar y vegetales que robaba furtivamente de los campos de los granjeros.

    En 1798, varios campesinos lo atraparon. Fue llevado a la plaza de la aldea para exhibirlo, mientras lo golpeaban y pateaban. El muchacho logró escapar pero un año más tarde fue cogido una segunda vez por tres cazadores fuera de los bosques. La tarea no fue fácil pues el chico era feroz: mordía y arañaba. Los cazadores lo dejaron con una viuda en La Caune que lo alimentó y arropó por una semana. A pesar de su cuidado, Victor rondaba agitado alrededor de la casa y en la primera oportunidad, se escurrió de nuevo a sus bosques. Pasó parte del invierno en el bosque, pero fue atrapado nuevamente al año siguiente.

    Antes del amanecer del 9 de enero de 1800, fue visto cerca de la aldea de Santo-Sernin, una pequeña aldea de campesinos al Sur de Francia. Durante la noche se había acercado a la parte más baja de la aldea, en donde el río de Rance deja un valle estrecho y pasa debajo de un puente de piedra. El muchacho había entrado al jardín del señor Vidal, un curtidor de cuero, y comenzaba a cavar para desenterrar papas. Allí lo atrapó el curtidor.

    El muchacho estaba desnudo aparte de los andrajos de una vieja camisa enredada alrededor de su cuello. No hablaba y solo hacía gritos extraños, sin sentido. Aunque muy pequeño, parecía ser un muchacho de cerca de once o doce años, con una cara redonda bajo una oscura mata de pelo. Sus ojos eran como los de una bestia asustada y se mantenían esquivando la mirada fija curiosa de Vidal.

    En un informe oficial de la comisión local escrita tres semanas después de la captura, tenemos el primer relato de un testigo presencial:

    “La vecindad entera supo sobre él rápidamente y todos se acercaron para ver al niño. La gente se refería a él como salvaje. Me apresuré abajo para hacer mi propio juicio de hasta dónde creer las historias. Lo encontré sentado ante un fuego caliente, del que parecía disfrutar, pero mostrando signos de intranquilidad de vez en cuando, probablemente debido a la gran muchedumbre de gente alrededor de él. Durante algún tiempo lo miré sin decir nada. Cuando le hablé no tardé mucho en descubrir que era mudo. Poco después de eso, cuando noté que no respondía a las varias preguntas que le hice, tanto gritando como con una voz suave, decidí que debía ser sordo.

    “Cuando lo tomé cariñosamente por la mano para conducirlo a mi casa, él se opuso vigorosamente. Pero una serie de caricias y particularmente dos abrazos que le di, con una sonrisa amistosa, cambió su mente, y después de eso pareció confiar en mí.

    “Cuando llegamos mi casa, decidí que debería tener hambre. Para descubrir lo que le gustaba, hice que mi criado lo ofreciera un gran plato con carne cruda y cocinada, pan de centeno y de trigo, manzanas, peras, uvas, nueces, castañas, bellotas, papas, pastinacas y una naranja. Él tomó las papas con confianza y las puso en el fuego para cocinarlas. Uno a uno tomó los otros artículos, los olió y los rechazó. Con su mano derecha sacó las papas de los carbones vivos y las comió calientes. No había manera de persuadirlo de que dejara que se enfriaran un poco. Él hizo un sonido agudo, inarticulado, de queja que indicaba que el alimento caliente le quemaba. Cuando estuvo sediento, echó un vistazo alrededor del cuarto. Notando la jarra, puso mi mano en la suya sin ningún otro signo y me condujo a la jarra, que golpeó ligeramente con su mano izquierda como medio de pedir una bebida. Se trajo un poco de vino, pero lo despreció y mostró impaciencia en mi retraso en darle agua para beber.

    “Defecaba dondequiera y cuando quería, poniéndose en cuclillas para orinar, y defecaba mientras estaba parado”.

    Varios días más tarde, llevaron al “salvaje” al hospicio en la ciudad de Santo-Affrique. Allí lo guardaron por un mes. Durante este tiempo, se hicieron informes de su comportamiento:

    “Acostumbrado a todas las dificultades del invierno al aire libre y a grandes alturas, el muchacho no tolera ninguna clase de ropa. Se quitó sus ropas tan pronto como lo vistieron, o las rasgaba si no podía quitárselas. Cuando llegó al hogar, mostró una gran aversión a dormir en una cama. Sin embargo, gradualmente lo fue haciendo, y después mostraba placer siempre que sus sábanas eran cambiadas”.

    Fue enviado al Hospital de Rodez en donde pasó varios meses. Se descubrió que presentaba movimientos espasmódicos y a menudo convulsos. Tenía muy desarrollado el sentido del olfato y podía ver perfectamente en la oscuridad, pero era insensible al frío y al calor. No logró reconocer su imagen en el espejo. En varias ocasiones intentó escapar.

    El secretario de la Société des Observateurs de I’Homme, Louis-François Jauffret, solicitó a las autoridades del Hospital de Rodez el envío del niño a París para su estudio:

    “Sería muy importante para el progreso de los conocimientos humanos que un observador pleno de celo y de buena fe pudiera, apoderándose del muchacho y retrasando su proceso de civilización, controlar el conjunto de sus ideas adquiridas, estudiar el modo según el que las expresa y ver si la condición humana, abandonada a sí misma, es contraria por completo al desarrollo de la inteligencia”.

    BONNATERRE

    Las autoridades en Aveyron no tenían ninguna prisa de enviar al niño a París porque si resultaba ser un fraude, un simple fugitivo, sus cabezas podían rodar literalmente. Los funcionarios de Aveyron persuadieron a la Sociedad de Observadores del Hombre permitir que el muchacho fuera examinado primero por un sacerdote y profesor de historia natural local, Abbe Pierre-Joseph Bonnaterre.

    Bonaterre lo describió:

    “Exterior, este muchacho no es diferente de otros muchachos. Mide cuatro pies y una pulgada de alto; parece tener cerca de doce o trece años. Tiene la piel blanca delicada, una cara redonda, pestañas largas, una nariz larga, levemente acentuada, una boca de tamaño medio, una barbilla redondeada, características generalmente conformes, y una sonrisa encantadora. Cuando levanta su cabeza, uno puede ver en el extremo superior de la arteria traqueal, justo a través de la glotis, una herida de alrededor de una pulgada y media de largo. Parece que la cicatriz fue hecha por un instrumento afilado”.

    “Cuando está sentando, y aun cuando está comiendo, hace un sonido gutural, tenues murmullos; y oscila su cuerpo de derecha a izquierda o al revés, con su cabeza y barbilla hacia arriba, su boca cerrada, y sus ojos mirando fijamente a la nada. En esta posición tiene a veces espasmos, movimientos convulsivos que pueden indicar que está afectado su sistema nervioso.

    “No hay nada mal con los cinco sentidos del muchacho, pero su orden de importancia parece estar modificado. Él confía primero en el olor, luego en el gusto; su sentido del tacto viene al último. Su vista es aguda; su oído parece estar cerrado a muchos de los sonidos a los que la gente pone atención. Nada le interesa aparte del alimento y el sueño.

    Aunque no podía hablar y no reaccionó a pesar deque Bonnaterre gritó a su espalda. Su oído era bastante agudo para oír cuando se cascaba una nuez desde el otro extremo del cuarto, lo que llamaba su atención y despertaba su hambre. No parecía haber nada malo con sus cuerdas vocales porque podía hacer una gama completa de ruidos, tales como ronquidos, risas, y murmullos.

    “Su necesidad constante de alimento multiplica sus conexiones con los objetos alrededor de él y desarrolla cierto grado de inteligencia en él. Durante su estancia en el orfanato, su única ocupación consistía en pelar habas, y realizaba ese trabajo tan eficientemente como una persona experimentada. Puesto que sabía que las habas eran una parte regular de su ración, tan pronto como viera que un manojo se estuviera secando él iba a conseguir una taza. Instaló su espacio de trabajo en medio del cuarto, presentando los diversos artículos tan convenientemente como le era posible. Cuando vaciaba las vainas, las colocaba al lado de él en una pila simétrica. Cuando acababa, tomaba la taza, ponía agua en ella, la colocaba en el fuego, que había hecho agregando las vainas secas. Si se apagaba el fuego, tomaba la pala y la daba al trabajador, haciendo señas de que debía ir a buscar algunos carbones vivos en la vecindad. Tan pronto como la taza comenzaba a hervir, mostraba su deseo de comer. Y no había más alternativa de verter las habas medio cocinadas en su plato. Él las comía con impaciencia.

    “Cuando es hora de irse a la cama, nada puede pararlo. Toma una vela, señala la llave de su cuarto, y se enfurece si no lo obedecen”.

    Después de varios meses de observación y experimentación cuidadosas, Bonaterre concluía:

    “Todos estos pequeños detalles y muchos otros que podríamos agregar prueban que este niño no está totalmente sin inteligencia, reflexión, y poderoso razonamiento. Sin embargo, estamos obligados a decir que, en todos los casos no relacionados con sus necesidades naturales o a satisfacer su apetito, uno puede percibir en él solamente comportamiento animal. No hay ninguna pista de si tiene sensaciones. Él incluso no puede compararlas la una con la otra. Uno pensaría que no hay conexión entre su alma o mente y su cuerpo, y que no puede reflejarse en nada. Consecuentemente no tiene ningún discernimiento, ninguna mente verdadera, ninguna memoria. Esta condición de imbecilidad se muestra en sus ojos, que nunca mantiene en ningún objeto, y en los sonidos de su voz la cuál es inarticulada, y discorde. Uno puede verlo incluso en su paso - siempre un trote o un galope - y en sus acciones, que no tienen ningún propósito o explicación”.

    De vez en cuando se ponía a gatas, como lo habían visto anteriormente hacer en los bosques.

    Pasaba las horas encorvado en el piso, meciéndose lentamente hacia adelante y hacia atrás y mirando fijamente el espacio. En esta posición, murmuraba constantemente y de vez en cuando, sufría de pequeños espasmos y convulsiones que crispaban su cuerpo y cara.

    Bonnaterre concluye: “Si no fuera por su cara humana, ¿qué lo distinguiría de los monos?”.

    PINEL VS ITARD

    Pasado el tiempo fue el mismo hermano de Napoleón, Lucien Bonaparte, Ministro del Interior, quien ordenó llevar al muchacho a París para ser examinado por los miembros de la Sociedad de Observadores del Hombre.

    ¿Sería - como Thomas Hobbes había discutido en Leviathan – un animal repugnante, bruto que necesitaba ser domesticado por la sociedad y enseñarle los hábitos del pensamiento razonado? O sería - como Rousseau y otros pensadores románticos esperaban - un niño del jardín de Eden; una tipo generoso, de corazón abierto hasta ahora intocado por la fruta del conocimiento.

    En París, entregaron el muchacho al Abad Roch Ambroise Sicard, famoso educador y director del Instituto Imperial de Sordomudos. Sicard, sin embargo, creyó al parecer que nunca podría entrenar a la criatura aparentemente salvaje y no hizo ningún esfuerzo. En lugar de eso, dejó que el muchacho corriera salvaje en el instituto.

    El naturalista, Jean-Jacques Virey escribió después de ver al muchacho: “Él no busca ningún daño, no sabe lo que eso significa. Sólo se sienta allí en inocencia… por lo tanto no es posible afirmar que nuestro muchacho de Aveyron es bueno o malo; él sólo está ahí… y no tiene ninguna relación con nosotros”.

    Luego el niño fue estudiado por el médico y filósofo Philippe Pinel, máxima autoridad de los desórdenes mentales en Francia, quien pugnaba por reformar los manicomios de París y desarrollar nuevos métodos para el tratamiento de la locura. Después de un examen muy largo, Pinel dijo a los eruditos que debían olvidarse de sus esperanzas de descubrir cualquier cosa de Victor porque era un idiota retardado. Para Pinel se trataba de un niño deficiente mental incurable, y por esta razón había sido abandonado. Su carencia de discurso, su atención vaga, su memoria débil y su escasa inteligencia, todo apuntaba a la misma conclusión. Pinel dijo que era una pérdida de tiempo intentar rehabilitar a Victor mentalmente y dijo que todo el episodio del muchacho salvaje de Aveyron era mejor olvidarlo. Sugirió que debía ser internado en el hospicio de Bicêtre, junto a los aquejados de idiotismo.

    Más o menos simultáneamente con la declaración de Pinel de que el muchacho era un idiota incurable en noviembre de ese año, un joven médico de 26 años llamado Jean Marc Gaspard Itard entró a trabajar al Instituto Imperial de Sordomudos con el único propósito de trabajar con el muchacho. Para Itard, el diagnostico de retardado era ridículo porque el chico no habría podido sobrevivir en los bosques tanto tiempo si fuera en verdad un imbécil. Según Itard se trataba de un ser normal que estuvo alejado de la sociedad, y debido a las condiciones poco adecuadas en las que vivió, su desarrollo se había alterado, pero aún podía ser reincorporado a la colectividad.

    ¿Quién era este Itard que se atrevía a poner en tela de juicio la opinión de uno de los principales médicos franceses del siglo XVIII?

    Jean Marc había nacido el 24 de abril de 1774 en Oraison, en el valle de la Durance. Estudió medicina y se graduó como cirujano de la Marina en 1776. Estudió los orígenes fisiológicos de la sordomudez, por lo cual es considerado el fundador de la otorrinolaringología. Al darse cuenta que la mayoría de los niños sordomudos eran condenados al rechazo social, se interesó en la educación y enseñanza de los niños aquejados de estos problemas con miras a su inserción social. Al igual que Claude Adrien Helvétius, Itard pensaba que la educación lo podía todo.

    Se establecían así lo que María Elena Dinouchi ha dado en llamar “Los términos de la polémica: Pinel versus Itard”. Que podríamos expresar de diversas formas: Lo natural versus lo social; herencia contra ambiente; genética vs aprendizaje, naturaleza-cultura (nature-nurture).

    Juan Jacobo Rousseau defendía que la educación es condición necesaria para devenir humano, otros sostenían que las funciones mentales del hombre se desarrollan espontáneamente y que la educación es contingente.

    En el siglo XX Claude Lèvi-Strauss, en Las estructuras elementales del parentesco (Naturaleza y Cultura) va más allá de esa dicotomía al preguntarse: “¿Dónde termina la naturaleza? ¿Dónde comienza la cultura?”, y encuentra que la prohibición del incesto es el puente que lleva de la naturaleza a la cultura. Para Lèvi-Strauss los niños salvajes no son testimonios vivientes de un estado natural del hombre:

    “Los «niños salvajes», sean producto del azar o de la experimentación, pueden ser monstruosidades culturales, pero nunca testigos fieles de un estado anterior”.

    Pero en el siglo de Itard lo importante no era establecer puentes sino responder a las preguntas: ¿Se trata de un ser de facultades disminuidas, un idiota acaso? ¿O tal vez un sordomudo?

    Pinel aseguraba que nacemos con un nivel determinado de inteligencia, constante a lo largo de la vida. Las modificaciones producidas por el medio ambiente y el aprendizaje no tienen influencia en la posible mejora de la capacidad intelectual.

    Sin embargo Itard alegaba que la inteligencia no es algo definitivo, sino que puede ser modificada, lo mismo que la conducta, mediante una adecuada estimulación. Al nacer no están desarrolladas totalmente nuestras capacidades intelectuales necesitando una maduración producida por factores socioculturales. Además afirmaba que no era posible determinar el grado de inteligencia y la naturaleza de las ideas de un adolescente que, privado desde su infancia de toda educación, había vivido completamente separado de los individuos de su especie. Consideraba también que la sociedad, al atraerlo a su seno, había contraído con el niño obligaciones ineludibles; deuda que debía ser saldada, la educación del salvaje se imponía como un deber social y moral. Este último fue el argumento que decidió el destino del chico. Fue enviado al Instituto de sordomudos de París.

    LOS OBJETIVOS

    Itard había estudiado filosofía y sentía como Hobbes, John Locke y Condillac que la razón era el producto de la lengua y de la civilización. Viendo la carencia de discurso del chico como la raíz de sus problemas, Itard tomó la tarea de consolidar la lengua y razón en el muchacho salvaje, dedicando cinco largos años a darle instrucción diaria. Itard comenzó usando un sistema de recompensas y castigos. Para conseguir que dijera agua, por ejemplo, le mostraba un vaso con agua cuando tenía sed y no lo dejaba beber hasta que dijera la palabra “agua”. Al principio, Itard recompensaba cualquier sonido que hiciera el niño. Pero con el tiempo, insistiría en una elocución cada vez más exacta.

    Itard pasó los siguientes 5 años, con la ayuda de Madame Guerin, entrenando al muchacho de acuerdo con los principios que Itard había derivado de las escrituras de Locke y Condillac. Estos principios fueron pensados para dar al muchacho la capacidad de responder a la gente, entrenar sus sentidos, ampliar sus necesidades físicas y sociales, enseñarlo a hablar, y enseñarlo a pensar y a razonar lógicamente.

    Itard se hace cargo del niño y le da el nombre de Víctor (finalmente sería conocido como Víctor d’Aveyron), lo cuida y trata de educarlo con especial delicadeza para que logre alcanzar los objetivos que él mismo ha establecido. Itard creía profundamente que Víctor se iba a convertir en un ser humano como otro cualquiera. El médico elaboró una serie de ejercicios a través de los cuales Víctor debía desarrollar sus sentidos, su intelecto, sus facultades afectivas y el aprendizaje de lo moral. El primer objetivo de Itard para Víctor era:

    “Vincularlo a la vida social, haciéndosela más dulce que la que había conocido, y, sobre todo, más similar a la vida que había abandonado”.

    Como la hipótesis de Itard era que Víctor tenía poca sensibilidad debida al estado de salvajismo en el que había vivido, sólo desarrolló los sentidos que le eran esenciales para su supervivencia. Por lo tanto su segundo objetivo era:

    “Despertar la sensibilidad nerviosa mediante los estimulantes más enérgicos y provocar, de vez en cuando, los afectos más vivaces del espíritu”.

    Esos “estimulantes energéticos” incluían introducir polvo de tabaco en la nariz a fin de provocar el estornudo; bañarlo con agua hirviendo y dejarlo mojado al lado de su ropa para sensibilizarlo al frío y al calor, y enseñarlo a vestirse. Pero lo único que consiguió fue enfermarlo, algo que fue interpretado como un avance significativo en su “civilización:

    “…las enfermedades, también ellas, testimonios irrecusables y desagradables de la sensibilidad predominante en el hombre civilizado”.

    Incluso en una ocasión se le tomó por los pies y se le expuso fuera de la ventana de los pisos superiores del Instituto. Para aquella época este tipo de tratamientos eran considerados como algo común. Si se conseguía hacerlo llorar eso era buen síntoma, pero:

    “…a pesar de las innumerables contrariedades, a pesar del pésimo tratamiento al que se lo sometió en los primeros meses el nuevo género de vida, nunca lo vi derramar lágrimas”.

    Por otra parte, Víctor era capaz de tomar con los dedos un carbón encendido y volverlo a colocar sobre el fuego o comer una papa aún hirviendo.

    Se obtuvieron mejores avances en los asuntos morales. A Víctor le gustaban cierto tipo de alimentos y solía robarlos. Itard ideo un experimento del tipo “ojo por ojo”. Cuando Víctor robaba el alimento era castigado quitándole algo suyo. Víctor dejó de robar. Itard se preguntó si Víctor había entendido el concepto moral o sólo tenía miedo a ser castigado. En una segunda parte, Itard lo sometió a cierto ejercicio de fácil resolución. Víctor lo resolvió adecuadamente, pero en lugar de recibir un premio sufrió un castigo. El chico se indignó y mordió la mano de su tutor:

    “Era la prueba incontestable de que el sentimiento de lo justo y de lo injusto, cimiento perdurable de todo orden social, no era ya extraño al corazón de mi educando; provocando en él su desarrollo acababa de elevarse a la altura del hombre moral, por el más privativo de sus caracteres y el más honroso de sus atributos”.

    Itard también detectó cierta inteligencia en la manera en que Victor robaba y ocultaba el alimento.

    Su último objetivo, y más importante, era:

    “Inducirlo al uso de la palabra, determinando el ejercicio de la imitación a través de la imperiosa ley de la necesidad”.

    Los métodos utilizados eran similares a los ya descritos. Se dejaba sin agua al niño y luego se le acercaba un vaso lleno gritando “eau”, pero se circulaba a otra persona. Ésta hacía lo mismo y pasaba el vaso a un tercero pronunciando la misma palabra:

    “…el infeliz se atormentaba, agitaba los brazos alrededor del vaso de manera casi convulsa, emitía una especie de chiflido, pero no articulaba ningún sonido. Hubiera sido inhumano insistir. Por lo tanto, cambié de objeto pero mantuve el mismo método”.

    Esta vez era un vaso de leche. Víctor tampoco pronuncia la palabra que le acercará al objeto deseado. Itard desiste y le da el vaso. Entonces Víctor, como jugando, dice “lait”. Es una de las pocas palabras que logró pronunciar en su largo periodo de aprendizaje. Las otras fueron “Oh Dios” y “Ili” de Julia, el nombre de la hija de la señora Guerin.

    Todo el proceso de “educación” de Víctor, que abarca de 1800 a 1806, fue registrado en dos Memorias que redactó Itard. La primera cubre la etapa inicial hasta 1801. En la última, publicada en 1806, Itard se daba por vencido y aceptó no haber podido enseñarle a hablar y a comportarse de manera civilizada. Consideró que su trabajo había sido un fracaso. Incluso es posible que finalmente llegara a aceptar la opinión de Pinel de que el niño era un idiota. Itard continuó su labor pedagógica con personas afectadas por deficiencias físicas y mentales. Dejó al niño a cargo de Madame Guerin, y el gobierno le asistió con una pensión hasta el final de sus días, en 1828. El último informe sobre Víctor d’Aveyron, de 1815, no reseñaba mejora alguna.

    No todo fue fracaso para Jean Marc Gaspard Itard, su trabajo con Víctor sentó las bases revolucionarias de la educación especial. Sus investigaciones fueron continuadas por Seguin, quien, a su vez, influiría en Montessori.

    Las Memorias de Itard fueron utilizadas por François Truffaut para hacer su película L’enfant sauvage (El niño salvaje). “No es un hombre, no es un animal”, decía uno de los carteles de promoción de la película. La fotografía fue de Néstor Almendros, y en los papeles principales estaba el propio Truffat, como Gaspard Itard, y Jean Pierre Leaud. La película es de 1960, dura 85 minutos y fue filmada en blanco y negro.

    El mismo Chris Carter (Expedientes secretos X), dijo de ella: “Es fascinante que él (Víctor) podía meter su mano en agua hirviendo y no se quemaba, ya que el muchacho no entendía el concepto. ¿Es que acaso el dolor es un concepto?”.

    Para el lector moderno dice Ellen Magenis: “No cabe duda de que el niño salvaje de Aveyron mostraba la mayoría de los rasgos característicos del autismo, cualquiera que fuera su causa originaria”.

    Continuará…


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