Piedras cantantes

Piedras cantantes

Por J. M. Sinclair

Todavía de pie después de casi 3,400 años, dos estatuas del antiguo faraón egipcio Amenofis III sobre un templo que ya no existe. Se llaman los Colosos de Memnon y actualmente permanecen como las atracciones turísticas arqueológicas más importantes de Egipto. En su tiempo, sin embargo, eran más notables por el sonido que hacían al amanecer, más bien que como monumentos a un faraón muerto. El historiador griego Estrabon escribió en el primer siglo a.C. de un gran terremoto que sacudió Egipto y dañó las estatuas. Particularmente menciona que el coloso del norte se partió por la mitad. Poco después, cada día al amanecer, las misteriosas estatuas comenzaron a “cantar” emitiendo un audible, y al parecer sonoro, ronquido.

Las estatuas cantantes tomaron el mundo del imperio romano como una tormenta. Se decía que las estatuas eran oráculos que podían predecir el futuro, y un flujo de romanos se reunió en Egipto para oír el famoso canto. Incluso varios de los emperadores de Roma visitaron para ver la maravilla, pero en el 199 d.C. las estatuas dejaron de cantar tan inexplicablemente como habían comenzaron dos siglos antes. El emperador en ese entonces, Septimius Severus, temiendo que los dioses estuvieran enojados, pidió que las estatuas fueran vueltas a montar y restauradas. Sin embargo, nunca volvieron a cantar.

Las teorías se extienden de rocío que se evapora a un cierto tipo de oscilación o de vibración de la piedra arenisca misma que causaba el canto, pero ninguna parece explicar porqué el sonido paró tan precipitadamente. En este día, aun cuando las estatuas todavía existen, ellas son totalmente silenciosas.

Es inverosímil que Amenofis deseara estatuas cantantes, en la mayor parte de la primera mitad de su existencia, no cantaron. Pero parece que sus contrapartes Mayas pudieron haber deseado justo eso. La gran pirámide del El Castillo en Chichen Itza cerca de la turística ciudad de Cancún en México se conoce desde hace mucho, pero recientemente se ha demostrado y se ha estudiado, que tiene la extraña característica de poder producir el sonido de un pájaro que gorjea cuando alguien aplaude mientras está parado en la base de la pirámide. Si uno camina sobre los escalones de la pirámide, el eco de sus pasos suena como lluvia que cae.

Los escépticos indican que los mayas probablemente no habría podido predecir exactamente qué sonidos haría la pirámide, aún si la diseñaron intencionalmente para hacer eso. Sin embargo, parece un poco sospechoso que produzca un sonido similar al pájaro Quetzal de México que era considerado sagrado por los mayas, y produjera el sonido de la lluvia, el dios que también era comprensiblemente importante. El científico belga Nico Declercq y su equipo de la Universidad de Gante han establecido que la fuente del sonido, tal como una palmada o un paso, determina que sonido se escuchará en respuesta. En efecto el sonido de respuesta varía principalmente por el sonido hecho por el oyente.

Esto deja abierta la posibilidad de que se hicieron varios sonidos para producir un arsenal de efectos de la pirámide. Uno puede imaginar a los sacerdotes mayas asombrar a la población reunida mientras producían los imposibles ruidos, que sólo se habrían podido interpretar como sobrenaturales por los que no conocían el secreto. Solamente la experimentación y el estudio cuidadoso revelarán todos los sonidos potenciales que los mayas pudieron haber producido con la pirámide, y puede ser que incluso sea interesante descubrir lo que puede producir al repetir sonidos más modernos, tales como un sierras de cadena o una grabación de música.

Es sorprendente pensar que fenómenos al parecer naturales podían asombrar el mundo romano tan fuertemente como lo hicieron los Colosos de Memnon. Aún más asombroso pensar en los antiguos arquitectos mayas construyeron intencionalmente una pirámide para tener un eco de una forma alterada, si es que lo hicieron. Eso sería difícil incluso para los estándares de hoy. Afortunadamente, a diferencia de muchas de las maravillas del mundo antiguo, los Colosos y El Castillo todavía se pueden visitar, y escuchar hasta este día.

http://theparanormalreport.com/singing-stones-2.html

Me suena a que el fenómeno de El Castillo se debe a una pareidolia auditiva, y es claro que los residentes van a buscar un sonido por ellos conocido: el agua o el quetzal. Pero sería hermoso pensar que nuestros antepasados tuvieron los conocimientos y tecnología para realizar esa proeza tecnológica. ¿Quién sabe?

Si desea saber más sobre el fenómeno de los Colosos de Memnon y las arenas cantarinas, no deje de visitar el enlace de arriba y Arenas cantarinas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *