Colón (BA): ¿Aterrizó un plato volador?

COLÓN (BA): ¿ATERRIZÓ UN PLATO VOLADOR?

Roberto Banchs

La pregunta, inquietante y espectacular, encabezaba la noticia aparecida el 29 de julio de 1967 en La Voz de Colón, sin que tuviera -por alguna razón- la conti­nuidad informativa que pudiera esperarse por semejante acontecimiento. Sin embargo, esta circunstancia -lejos de soslayarla indefinidamente-, animó buscar una respuesta que recién hoy estamos en condiciones de ofrecer.

Pero vayamos a lo que señala la crónica periodística: “…Bueno, decimos ate­rrizaje porque en materia de platos voladores no conocemos el término exacto. Pero dígase como se diga, lo valedero y sensacional es que, al atardecer del miércoles, un plato volador habría aterrizado en nuestro medio, como quien dice allí cerquito de la ruta, en inmediaciones. La noticia, dicha primero en voz baja y luego un poquito más alta ha ido corriendo, y si bien hasta el momento no es posible identificar al prime­ro que la enunció, el caso es de que lo dicho da como cierto ese aterrizaje: una masa brillante y violácea enceguecedora, que se posó unos instantes, descendió de su inte­rior una figura más bien pequeña que de inmediato retornó a esa masa brillante y le­vantó vuelo. ¿Cómo, hacia donde? Misterio.

“Pero asegúrase de que ante esa presencia todo quedó inmovilizado, vehículos, personas, imposibilitando llamar la atención de nadie. Luego, tras la sorpresa trastornante, afrontar el pensamiento de si fue realidad, o fue un sueño…

“El lugar muestra una quemazón de pastos en forma bastante sugestiva. Recogimos manojos de ese quemado para ser sometido a análisis. Veremos que pasa. A lo mejor to­do ha sido una linda tomadura de pelo… ¿o no?”. Con este interrogante concluye la noticia de prensa.

UNA APROXIMACIÓN UFOLÓGlCA

En febrero de 1990 nos dirigimos a La Voz de Colón a fin de ampliar la información sobre el presunto aterrizaje con ocupantes, a lo que su actual di­rector Rodolfo Piraccini accedió gentilmente remitiéndonos copia del artículo y requiriendo otros datos que pudiere habernos llegado por otras vías[1]. Datos que, desde luego, no disponíamos.

El director de La Voz de Colón y gran colaborador Rodolfo Piraccini, frente a las oficinas del diario generador del informe de ovnis con ocupantes de julio de 1967.

Fue así que, compartiendo la misma inquietud, decidimos iniciar la investiga­ción en la localidad de Colón, provincia de Buenos Aires. Una vez allí, supimos que los probables autores de la nota, Alicia M. y Héctor Cardosi, por entonces directores del periódico habían fallecido. Consultamos entonces a quien ocupó luego esa dirección durante varios años, Jaime J. Orpella, manifestando no estar al tanto sobre aquel sensacional encuentro. La misma respuesta obtuvimos de quien le sucedió en esas fun­ciones, Oscar L. Viola. Ningún comentario llegó tampoco a Rodolfo Piraccini, en los ocho años que llevaba en el diario, decano de la prensa local. Resultaba inverosímil que un hecho de tales características, de ser real, pasara al olvido por quienes están habituados -a fuerza de la profesión- a conocer los acontecimientos locales y, por añadidura, de aquellos viejos y memoriosos vecinos que suelen tener meticuloso registro de toda cuanta rareza ocurre en la zona.

El linotipista Oscar H. Sánches, que por entonces trabajaba en el periódico, fue consultado también sobre el extraño episodio, pero nada sabía al respecto. En cambio, su mujer –Emilia Rochi– resultó la única que recordaba más o menos aquel casi legen­dario encuentro, aunque desestimó su posible autenticidad y conjeturó que la noticia habría provenido de algún rumor o comentario de la población rural, del que La Voz de Colón se habría hecho eco.

Pese a lo expuesto, emprendió algunas averiguaciones, consultando a personas que por esa época estuvieron trabajando en el diario, pero nadie pudo aportar el más mínimo dato que permitiera ahondar la investigación.

UN “OVNI”, DE CARNE Y HUESO

No obstante la desfavorable perspectiva que arrojaron las encuestas, procedimos a compulsar la colección de La Voz de Colón. Ninguna noticia de similar extrañeza fue publicada por esa época. Pero con cierta inmediatez a la publicación del presunto aterrizaje de un “plato volador” en Colón, el diario reproduce un aviso de 9 x 17 cm. que dice: “¡¡HOY miércoles 16 inaugura!! – OVNI (Plato Volador), carnicería, P. J. Marchione”, acompañado de una columna de 10,5 cm. de alto en otra página, comentando las bondades del “nuevo despacho de carnes”[2]. Estas publicidades aparecidas 18 días después de la noticia del supuesto aterrizaje, son reforzadas el viernes 25 de agosto con una noticia de carácter in­formativo, con un titulo por demás sugerente: “OVNI: éxito comercial”.

En ella se expresa: “Según testimonio oyente y vidente de varios vecinos, en la madrugada del miércoles -23- se registró por nuestro cielo otro paso de un ‘objeto volador no identificado’. Y decimos oyente y vidente porque, según refieren, fueron despertados por un ensordecedor ruido, y al asomarse al exterior a inquirir su origen alcanzaron a divisar una gran estela luminosa que se perdía en el espacio. Por lo visto parece que estamos justo en la ruta de los OVNIS…

“… Tan justo que hasta tenemos un comercio con ese nombre, impuesto no para sig­nificar que sus precios andan por las nubes sino -dice su dueño-, para estar a tono con los acontecimientos del día. Y parece ser que ha estado muy acertado, pues desde el 16 ppdo., día de su inauguración, la carnicería ‘OVNI’ del Sr. Pedro Marchione está marcando record de venta…”.

A nuestro requerimiento, Rodolfo Piraccini continuó la investigación de este hecho constituido prácticamente en un acerbo folclórico de ribetes tec­nológicos. “En primer lugar -nos dice Piraccini[3]-, visité al carnicero Pedro J. Ma.rchione, quien apenas recordaba haber sido el propietario de ‘OVNI’, pero avanzando en la conversación se encargó de desvincularlo totalmente de ese episodio y justificó la adopción del nombre en que los ovnis eran un tema relativamente de moda. Otras personas presentes en la carnicería, durante esa charla, intentaron hacer memoria, y an­te la insistencia, entre todos, creyeron recordar el hecho, dándome algunos datos so­bre el lugar del hipotético descenso”.

SIGUIENIDO LAS PISTAS

Habiendo ubicado el campo en el que supuestamente habría ocurrido el descenso del ovni, aunque sin tener la certeza de que fuera ése, Piraccini habló con una mujer ma­yor que vive sola en la casa. Creyó recordar algo, muy vagamente, sugiriéndole hablar con su hijo, Eduardo Floridi, que reside en el pueblo y es dueño del campo. Este se hallaba trabajando en el sur, por lo que debió aguardar su regreso. Recién entonces pudo entrevistarlo, asegurándole no recordar en absoluto que en su campo hubiera pasado algo así. No obstante, se comprometió a conversar con los vecinos de chacra que tenía en aquel momento.

Cerca de la ruta, en sus inmediaciones, una masa brillante se posó y de ella descendió una figura. Ante esa presencia, todo quedó inmovilizado, vehículos, personas…

Transcurrido un tiempo volvió a verlo, y quien se había confesado incrédulo en esta temática, resultó un apasionado investigador, ya que consultó a cuanta persona pudo, con resultado negativo.

“Pese a las distintas puntas que intenté -concluye Piraccini-, fue absolutamente imposible conseguir un solo dato que pudiera juzgar de interés. Realmente, da la impresión que el hecho nunca ocurrió, contrariamente a la experiencia que podemos tener en otras cuestiones, donde tras las primeras frustraciones, orientando bien la pesquisa se van consiguiendo respuestas. En este caso, no pude encontrar a nadie que tu­viera algo para decir”.

CONSIDERACIONES FINALES

El sondeo descrito no permitió obtener algún dato positivo, confirmatorio de aquella versión. En cambio, parece indicar -precisamente-, que no habría “nada” tras la noticia periodística. Agotados los recursos a nuestro alcance, la investigación imprime el final. Al menos, hasta que surjan nuevos y sólidos elementos que respalden la presunta realidad de la noticia.

Para quienes estudian desapasionadamente el problema, la posibilidad de hallarse ante un episodio extraño o novedoso, constituye una contingencia. Su búsqueda se orienta hacia la verdad, cualquiera fuere. Aún cuando se trate de un rumor. Porque despojado del encanto mágico de la ficción, se ha de hallar una respuesta -quizá menos seductora- pero genuina.

Pasando ahora a considerar ciertas facetas relacionadas al caso aquí expuesto, hemos de señalar lo siguiente:

1. Es notable la receptividad y colaboración de quienes se preocuparon por saber más de su propia historia, como pueblo y cultura, a partir de un hecho que trasciende lo cotidiano.

2. La meritoria actitud del periodismo local, al retomar la investigación de un antiguo evento de un asunto siempre actual, en contra de la tendencia generalizada de no seguir sus alternativas hasta la evaluación definitiva.

3. Refiriéndonos estrictamente al caso, no hay dudas que la inauguración de la Carni­cería “OVNI” aparece signada por una proverbial casuística ovni, de cuyos testigos nada sabemos. Del mismo modo, puede asegurarse que el “ovni” estuvo en el comentario de todos durante varias semanas.

4. Suele ocurrir que la inmediata difusión de hechos novísimos, por el afán de la primicia y de la imperativa celeridad de información, traiga el consiguiente riesgo de un manejo poco estricto de los sucesos recientes. Así, pues, la velocidad de informa­ción parece estar reñida con la exactitud; a lo que debe añadirse el propósito de ofrecer un relato vívido y atrayente (como debiera ser toda noticia), pero vacía de información.

De acuerdo a los datos obtenidos, puede suponerse que la su­cinta noticia del aterrizaje de un ovni publicada en La Voz de Colón, el 29 de julio de 1967, bien pudo haberse originado en algún rumor o comentario -a la vista imprecisa y superficial-, alusiva a la inminente inauguración del citado local comercial. O tal vez, como señaló en esa ocasión el diario: “A lo mejor todo ha sido una linda to­madura de pelo… ¿o no?”.

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REFERENCIAS

[1] Comunicación epistolar del 8 de marzo, 1990.

[2] La Voz de Colón, Colón, l6 de agosto, 1967.

[3] Comunicación epistolar del 16 de marzo, 1992. Y también, del 9 de junio, 1992.

4 pensamientos en “Colón (BA): ¿Aterrizó un plato volador?”

  1. si, se confirma o vi el plato volador de colon del cual descendieron 4 travestis y unos minones infernales con 3 tetas.

    uno de ellos llevaba una remera del paraguao cabañas (ex boca), con el cual mantuve una relacion sentimental por 5 años.

    todavia estoy a la espera de un nuevo aterrizaje de estos platos con la presencia de alicia arriola.

    saludos a todos, charly castaneda.

  2. que bueno! soy de colón y nunca habia escuchado de esa historia.. voy a preguntar a mis viejos y abuelos a ver si saben algo..

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