Los Identificados II

LOS IDENTIFICADOS

Casuística ovni con ocupantes en Argentina

Roberto Banchs

“Si vosotros abandonáis esos hechos, tened cuidado.

Los charlatanes se apoderarán de ellos…”.

Víctor Hugo

Un marco de seriedad

Quienes desde hace muchos años se hallan dedicados al tema, recordarán que 1968 pertenece a la belle époque de los ovnis, donde transcurrieron las grandes epopeyas de la ufología argentina, a decir de la cantidad de simples observaciones y de encuentros con ocupantes -aunque prosaicos- que se tiene registro. Y también, por un acentuado interés de todos los sectores, especialmente los más cultos, hacia el problema.

El halo de sospecha y curiosidad que lo precedió oleadas anteriores, dio paso a una actitud decididamente receptiva, en donde pocos dudaban de una casi tocante realidad, estimulada por la carrera espacial. El deseo y la fantasía general llegaba -como siempre- aún más lejos que los acontecimientos: la salida del hombre al espacio exterior, la pregunta por su soledad en el cosmos, la idolatración tecnológica, el umbral del viaje lunar. Sus manos alcanzaban el cielo, dispuestas al encuentro.

Los místicos y espiritualistas eran los menos, todavía refugiados en la mesa de las hermanas Fox en comunicación con los espíritus de los difuntos, salvo algunas y notables excepciones realizadas en diversos ámbitos: Agrupación Labor, Sociedad Constancia, Escuela Científica Basilio, y especialmente, en la Asociación Universal Metapsíquica y en el Instituto Argentino de Parapsicología, que a mediados de los años cincuenta comenzaron sus andanzas. En esas reuniones participaba también Ed Keffel (el fotógrafo brasileño que captó las discutidas imágenes de un plato volador sobre la Barra de Tiyuca, Río de Janeiro). En el interior del país, fue sin duda: A. O. Pérez Aleman quien preconizaba la bienvenida a los extraterrestres con su Asociación de Hermandad Cósmica, de Córdoba, y desde unas habituales columnas periodísticas con el pseudónimo “Agor”. Sorteando algún nombre e infinidad de anécdotas, éstos fueron los comienzos de la mal vista ufología. Un grupúsculo que transcurridos los años se convirtió -quizás- en una mayoría.

Antonio O. Pérez Alemán (Agor) entrevistando a Remo Dall’Armellina.

Pero en aquel año de 1968, consistía en maravillarse ante esas luces, imágenes de otra civilización tecnológica, que por ignorada razón (tal vez porque dimos muestra de lo importante que somos, capaces de desequilibrar el sistema solar) nos visitan. La acelerada sucesión de noticias periodísticas no daba tiempo a la reflexión. Finalmente, había pues que creer lo expresado en la letra de molde. Los científicos se guardaban por lo general al silencio, o hacían atrevidas declaraciones con poca prensa. El más animado periodista escéptico fue Federico Kirbus, con sus notas en La Prensa, pero tras haber sido abucheado en una conferencia pública unos años después, prefirió dedicarse al turismo por latitudes terrenales. Más cauto estuvo el sanjuanino Ricardo Faltis, un inquieto estudioso en muchas cuestiones y fundador del primer grupo escéptico, sentenciaba que los ovnis ET no existen, por la distancia descomunal (¡a deponer el egocentrismo!): “Es que es un gran negocio de esta época -decía-. Y en todos los países se explota el buen negocio. Claro que hay gente que está predispuesta a ver ciertas cosas”.

Federico Kirbus.

Fabio Zerpa.

1968 fue además el momento en que comenzó su actividad pública el popular propalador de la “ovnilogía” y maduro actor de telenovelas Fabio Zerpa, reciclando los escenarios por los estrados en las mismas salas que ganó el aplauso de las féminas. En efecto, comenzó haciendo representaciones teatrales de celebrados casos de ovnis, en el céntrico Teatro Comedia. Desde entonces, él ha llevado por los pueblos del interior, y aún en el exterior, sus representaciones cuasi-actorales. Gran difusor del tema ovni = extraterrestres, tomó la paternidad de nuevas generaciones de investigadores (G. Roncoroni, C. Ferguson, etc.). Por esa época, también aparece la estupenda revista 2001, Periodismo de Anticipación, impulsada por Alejandro Vignati, un grande del denominado realismo fantástico. Rápidamente se configura un grupo de once “investigadores ovni” para ofrecer conferencias (F. Zerpa, P. Romaniuk, R. Martínez, M. Cohen, J. Serans, M. Thomas, y otros), sin guardar mucha relación con los grupos existentes (AIDOVNI, CODOVNI, CIDOANI, etc.).

Alejandro Vignati.

La espectacularidad en televisión la traía Nicolás ‘Pipo’ Mancera, que no desaprovechaba cualquier relato fastuoso para lograr la mayor captación con sus “Sábados Circulares”, el primer programa ómnibus de la tevé argentina.

El interés de las Fuerzas Armadas había comenzado con anterioridad, en los primeros años de la década, pero la División OVNI de la Aeronáutica tuvo una animada labor, en particular, porque el suboficial mayor Roalde Moyano era quien dispensaba todos los esfuerzos a la vista. Él mismo construyó su propio “detector de ovnis” magnético, y era asesorado en ovnis y astronomía por el jesuita Benito S. Reyna, quien desde el púlpito y fuera de éste aseguraba que los extraterrestres procedían -entre otros- de Ganímedes y hablaban en idioma varku1ets. Los inicios en la Armada le pertenecieron, especialmente, al Cap. médico Constantino Núñez, pero en 1968 la cabeza era el capitán de fragata Omar R. Pagani, quien hasta el año anterior realizó -junto a Eduardo Azcuy, entre otros- una extraordinaria labor de investigación y difusión. El caso Trancas fue el que le habría llevado a aceptar que el fenómeno OVNI era una realidad, y no dejaba de mencionarlo en cuanta conferencia llegaba a dar, hasta que en septiembre de 1967 el Comando de Operaciones Navales debió -a través de un comunicado oficial aclarar que los conceptos del efusivo capitán “no constituyen la opinión oficial de la Armada Argentina”. Luego de este episodio, el mutismo hizo presa de quien habría manifestado, según el título espectacular de una revista, que la Armada Argentina afirma que los ovnis existen.

Benito S. Reyna.

Pero otras opiniones fueron escuchadas ese año. El ingeniero Ángel Binaghi Pagés, director del Observatorio Geofísico Hudson y especialista en el estudio de las micropulsaciones del magnetismo terrestre, afirmó: “Probablemente, si los científicos y estudiosos, si los entendidos y los técnicos capacitados hubieran encarado el estudio de estas cosas, no habrían caído en manos de oportunistas, inexpertos y carentes de la menor base física o psicológica para poder opinar; como consecuencia, el tema, que pudo haber tenido bases firmes desde el primer momento, es motivo de risa y, por lo general, lleva al descrédito a quienes quieren hablar en serio”. Después de referirse despectivamente a las asociaciones que dicen querer estudiar científicamente el problema de los ovnis y que, por lo común, se limitan a recoger con grabadores las declaraciones de supuestos testigos, Binaghi Pagés señala: “Nuestro observatorio ha tomado, digamos con pinzas los sucesos, y los examina con el rigor que dio origen a su nombradía internacional. He visto y recibido a mucha gente bien intencionada que se dedica al estudio de estos fenómenos, pero en muy pocos he encontrado los conocimientos necesarios, una base psicológica, y -por supuesto- la seriedad necesaria para opinar; en cambio, sí, la mayoría presenta una idea preconcebida muy firme, que de entrada imposibilita una observación sensata”.

No obstante, 1968 tuvo sus facetas positivas: “Por primera vez en la historia universitaria del país -dice La Razón-, el tema ovni ha comenzado a debatirse a nivel universitario”. En efecto, reunidos en la Facultad de Medicina, en Buenos Aires, bajo la dirección del Dr. Juan A. Aleandri, la Universidad abría sus puertas al tratamiento integral del fenómeno, señalando su ubicación y proyección científica, y en particular, filosófica y psico-axio-social. “Hay motivos fundados -dijo en la oportunidad el Dr. César Blumtritt– para que el fenómeno se investigue en todas sus posibilidades”.

Animados por el mismo interés, capaz de proporcionar un conocimiento genuino acerca de los fenómenos aéreos anómalos, propugnamos:

1) Que el estudio debe encuadrarse en una metodología rigurosa, examinando el problema en forma sistemática desde una perspectiva totalizadora centrada en el hombre.

2) Que las etapas de la tarea investigativa, desde la recolección de datos hasta la publicación de los resultados finales, deben ser controlables, repetibles a voluntad y vulnerables a la refutación por parte de cualquier otro estudiosos del tema.

3) Que los investigadores deben estar adecuadamente capacitados y entrenados en esta actividad.

4) Que la única y exclusiva finalidad de la investigación debe ser la resolución del problema y no la de vigorizar determinado sistema de creencias pseudo-científicas, filosóficas, políticas o religiosas.

5) Que la divulgación de los estudios debe mantenerse dentro del marco de seriedad que la jerarquía del quehacer científico le impone.

Roberto Banchs

Mayo de 1993.-

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