Fin a la "mística de los iconos"

FIN A LA “MÍSTICA DE LOS ICONOS”

En la historia hubo batallas campales por la posesión de “imágenes milagrosas”. Un libro de Hans Belting, historiador del arte, revela los trasfondos de las “imágenes no fabricadas por mano humana”, dando fin a la “mística de los iconos”.

Las imágenes o los objetos tenían un poder indefinible, así como la obligación de ser venerados por la “gente de bien”. Muchas lloraban o sangraban, sudaban aceite sagrado y tenían fama de alejar a los enemigos, en caso de que se las expusiera en lugar venerable en los muros de los Burgos medievales. Solían ser honradas con incienso, se las besaba y se las llevaba en procesión.

Pero llegó el Renacimiento y se degradaron hasta sólo apreciarse como obras de arte. Así se podría describir una época de la historia de la cultura europea. Una época complicada de pleitos sobre imágenes, pletórica de ceremonias y tendenciosas falsificaciones, llena de creencias milagrosas y de búsqueda teológica.

Esta es la narración sobre alrededor de mil años, con riqueza de detalles anecdóticos, plagada de reflexiones críticas y tan extensa como nunca se había escrito, en el libro del historiador del arte muniqués, Hans Belting, quien con su obra rebasa los límites de su campo de investigaciones: busca narrar circunstancias que rodean a imágenes que existieron antes de la “Era del Arte”.

Su tema se podría llamar mejor “Imagen y Culto”. Sólo de refilón trata el historiador una obra maestra de la época más reciente como la “Madonna Sixtina” de Rafael, sorpresivamente incluida: un viejo motivo de imágenes de culto religioso, revelado ceremoniosamente detrás de una cortina (pintada), se convierte en una popular “imagen ideal” del genial artista, digna de imitarse en infinitas falsificaciones posteriores.

Un discípulo del maestro expuso al joven genio como un observador del taller del evangelista Lucas, quien se ocupa de reproducir la imagen de una virgen con un niño en brazos en un cuadro, mientras que el original está con la mitad inferior de su cuerpo escondido en una nube que flota en el taller. Esto hizo que la tradición se volviera en contra. Porque antes, en la era antigua tardía y en el Medioevo, el evangelista Lucas no fue visto como un visionario sino más bien como guardián de la realidad histórica de la madre de Dios.

Se necesitaba de testigos clave como él por la razón de la prohibición bíblica: “No harás representación alguna de tu Señor Dios”. Y es que los primeros cristianos se guiaron por la tradición judía.

Sin embargo, luego de ser una religión de minorías, la nueva creencia de La Palabra, en el Imperio Romano del siglo IV llegó a ser obligatoria del estado y su práctica original no pudo mantenerse pura. Las imágenes eran más potentes, el pueblo convertido exigía ver algo. “¿Cómo he de venerar a Cristo?”, preguntaba una santa poseedora de una imagen de Él, “¿así no me es visible?” Se necesitaba urgentemente imágenes milagrosas.

Esta necesidad la satisficieron los iconos, imágenes que fueron originalmente sólo para el culto, que presentaban a Cristo o algún santo, como era costumbre hacerlo en lo civil con los fallecidos renombrados o con vivos, como el lejano y mítico emperador nunca visto en carne y hueso.

El historiador del arte Bilding mira estas representaciones con escepticismo, por su aparición tardía, en oposición a la “mística de los iconos” usual durante tantos siglos. Y es que el material anterior a esa fecha es riquísimo. Descubrimientos grandiosos, hasta hoy no valorados, de iconos en Roma y en el Monte Sinaí, durante la década de los cincuenta. Las investigaciones apenas están “ante un nuevo principio”.

Los iconos fueron motivo de debates y pleitos sobre todo en aquella “Guerra de las Imágenes” en Bizancio, en los siglos VIII y IX de nuestra era. Un icono que representaba a Cristo y que se colocó en la piedra del portón del palacio Imperial en Constantinopla, se destruyó en dos ocasiones sustituido cada vez por una simple cruz, para ser renovado posteriormente. Los teólogos, quienes estaban consagrados como voceros gubernamentales obligadamente pudieron darse cuenta de cómo una imagen simple podía influenciar al creyente. Su experiencia con las imágenes “sagradas”, como despectivamente las nombra Belting, todavía hoy “son motivo de oraciones con la misma finalidad sospechosa” ante la que los “autores verdaderos de los iconos se vieron enfrentados”. La teología se vio obligada a “justificar” y a “sublimar” posteriormente el uso del pueblo.

Y esto lo realizó con virtuosismo y con una listeza digna de admiración. A la muerte de Constantino V se suceden varios reyes en el trono (León IV, Miguel II, Teófilo), hasta llegar a la emperatriz Teodora quien decide definitivamente “la guerra civil por la posesión del icono”. La emperatriz Teodora hace oficial que la imagen de Cristo se comporta como su original; como su persona física terrestre, Cristo, se comportó con el Dios invisible. Inteligente conclusión: aquel que profanara alguna imagen, negaba y perseguía al representado; también el uso de muestras externas simbólicas, sólo hace aparente un déficit en la fe en el representado.

La argumentación de los puristas de que honrar a un icono es también honrar a Dios, se podía reforzar si las imágenes tenían su origen en autoridades auténticas. El supuesto retratista de la Virgen y el Niño, el evangelista Lucas, a quien se atribuyó la creación de tantos cuadros e iconos que hubiera sido difícil que escribiera el Evangelio, siempre fue personaje favorito para autentificar la autenticidad de una imagen. La leyenda creada por los eclesiásticos, cumplía su función de que el tipo de la madre y el niño se convirtiera en una imagen auténtica.

Según la leyenda, Lucas se supone que intentó pintar a Cristo. Pero esto no lo hizo “por obra del hombre”, sino “por intervención divina”. ¿Quién se hubiera atrevido a discutir y rebatir un origen de imagen tan impecable? Un lienzo, en el que supuestamente Cristo mismo había dejado la impronta de su cara, para curar de una enfermedad al rey Abgar, se llevó hasta Constantinopla en el año 944.

Más tarde, en Roma, una “Vera Icona” o “Verónica” se encargó de crear revuelo. Este pequeño lienzo, el cual se afirmó que una mujer de ese mismo nombre, “Verónica”, aplicó a Cristo en el camino hacia su muerte, surgió en Roma repentinamente. La reliquia desapareció en 1527 en el saqueo de la Ciudad Santa por los soldados del emperador. Sin embargo, “como siempre en estos casos”, como dice sarcásticamente el historiador Bilding, la imagen “se volvió a redescubrir”. En el domo de San Pedro, en el Vaticano, se conserva hasta hoy “un lienzo de lino con dos manchas como de herrumbre”.

Por lo demás, es también Roma la que conserva hasta hoy la tradición más larga y menos destruida de “imágenes y culto”, derivado de saqueadores diversos, cruzados y finalmente, por los otomanos que se fugaron de Constantinopla. En la Ciudad Santa encontraron refugio y protección los iconos de Oriente, fueran ficticios o reales, y también allí terminaron siendo almacenados algunos iconos luego de la Cruzada de 1204. Fue en Roma en donde el Papa Silvestre, hizo que el Emperador Constantino cambiara su intención de conquistar a la ciudad enemiga, gracias a haberse enfrentado a dos retratos hechos por los apóstoles (en realidad, fueron más de 800 imágenes las que se llevó). Y es en Roma donde está un icono de Cristo que se dice fue iniciado por el Evangelista Lucas, pero que fue terminado por manos de ángeles.

Esta imagen de cuerpo entero de Cristo, guardada en el “Sancta Sanctorum” papal, la capilla privada del “Laterans”, está allí desde el siglo XIII y lo que se suponía que hacía era proteger a la ciudad contra un ataque de los lombardos bárbaros. En el siglo X, esta imagen pintada en un lienzo había sido tan dañada por los desplazamientos nocturnos y por los intentos de limpieza del humo y cochambre de velas e incienso que tuvo que envolverse en seda fina de trama y su cabeza tuvo que pintarse nuevamente. Y es únicamente esta cara repintada la que aún se puede ver, luego de que el Papa Inocencio III mandó que el lienzo se envolviera en una capa protectora de plata con relieves en 1200. Una pequeña puertecilla en el recipiente de plata, permitía que se le besaran los pies a la imagen en el día de pascua.

Este icono del “Sancta Sanctorum” era llevado solemnemente en procesión a la iglesia de Santa María Maggiore, para que se reuniera allí con el icono de María “Salus Populi Romani”, igual que si este hijo divino visitara a su madre en el lugar de su muerte. También aquí las imágenes se diferenciaban entre sí- como lo hacía el icono de la cercana ciudad de Tivoli.

Porque las imágenes originales también tenían sus copias, algunas en otras iglesias de la ciudad o en la provincia, réplicas que reproducían el tipo de misticismo pero que se diferenciaban en partes del original, creyendo que la fuerza misteriosa de la original se transfería así en la copia. El hecho de que en Occidente se copiaran las imágenes en forma mucho más esquematizada que en Constantinopla, es una observación del historiador del arte Belting, con la que “las imaginaciones relacionadas que aún hoy persisten, bien pueden ponerse de cabeza”.

El icono “Salus Populi Romani” se consideraba un original hecho por el evangelista Lucas, así como otra imagen de María en un convento de monjas muy humilde, que hoy está en la iglesia de San Sixto. Esta tabla pintada con la imagen de María, al igual que muchas otras más, participaba en las procesiones que se hacían en honor de la Asunción de María. La diferencia es que no tenía fama “de que el día de la muerte de Cristo se volviera toda pálida”, además que se opusieron las monjas enérgicamente a que se les expropiara la imagen logrando en cierta ocasión regresar al convento por sí misma, luego de que se la apropiaron esbirros papales. Pero la certificación de que una imagen hacía milagros siempre fue “el certificado de autenticidad” papal.

Pero si el milagro se orientaba contra la jerarquía eclesiástica (o en ciertas ocasiones contra la estatal), se volvía manifiesto el poder secreto de las instituciones, no importa lo profundo que estuviera arraigado el culto a una imagen determinada. Y no fue sin razones de peso que finalmente, en 1566, el Papa prohibiera simultáneamente toda procesión para el día de la Asunción de la Virgen.

El camino histórico hasta entonces lo sigue el autor Belting por medio de la pintura italiana en tallas y lienzos de los siglos XIII y XIV, parte de ella una “pintura con alma” bizantina adaptada a Occidente con retraso pasando por la creación de las imágenes destinadas a los altares de iglesias y hasta la “privatización de los iconos” que sucedió en los Países Bajos. Y termina con su narración, muy adelante dentro “de la Era del Arte”, con el pintor Peter Paul Rubens, quien al “anacronismo del culto a las imágenes” le incorporó un escenario de barroco.

En la iglesia romana llamada Chiesa Nuova, este artista flamenco, en 1608 tuvo que incorporar en sus estrategias gráficas una imagen antigua de un mural de María. Como una cortina que en un famoso icono en Constantinopla solía alzarse milagrosamente y que está también pintado en la “Madonna Sextina” de Rafael, o bien como el recipiente de plata que esconde casi toda la obra pictórica del “Sancta Sanctorum”, la pintura de Rubens se colocó con angélica ayuda por encima de la obra de cortinas santas, artísticamente representadas.

Cargada por angelitos, una imagen de la Madonna, también pintada por Rubens, aparece entre nubes. Sin embargo, por medio de un truco mecánico, esta imagen puede quitarse y entonces se puede ver el mismo sujeto de la pintura directamente del antiguo mural. Sólo en rarísimas ocasiones se ha visto la posibilidad de que el culto a las imágenes se manifieste como una forma de mirar las cosas por parte del arte.

Video de la imagen de Jesucristo crucificado

Vídeo de la imagen de Jesucristo crucificado

Lunes, 08 de octubre de 2007

Este video fue grabado el 15 de septiembre de 2007, por un teléfono celular. La originalidad de la grabación está fuera de toda duda, porque personalmente conozco a la persona que la hizo.

La grabación se hizo en la ciudad de Gyumri, Armenia. Casi la mitad de la población de Gyumry fue testigo de la extraña imagen. Según el calendario gregoriano, fue el día de la fiesta de Srbkhech, cuando se recuerda a todos los muertos.

http://www.newsof.net/en/download-video/documentary-video/video-image-of-jesus-christ-crucified.html

Este “Jesucristo” debe ser del planeta de los marcianitos verdes porque yo veo dos travesaños en la cruz, lo que implicaría cuatro brazos para el crucificado. En realidad debe ser un efecto óptico, tal vez un reflejo o algo similar.

Hay otro video religioso en el que aparece un “ángel”. En este caso se trata de un lens flare o reflejo en la lente debido a la luz de la hoguera.

Cerro de las Rosas (Cba): Con la voz del interior

CERRO DE LAS ROSAS (Cba.): CON LA VOZ DEL INTERIOR

Roberto Banchs

– “Sí señor. ¿Qué desea?

– “Se trata de algo curioso… Habla un lector, de nombre Rosales Soria. Me domici­lio en el Cerro de las Rosas… No se si les puede interesar, pero como se que uste­des son de un diario serio, me he decidido a contarles lo ocurrido. Se trata de un plato volador, que ha sido visto por un nietito mío. Si quiere puede venir por aquí y conversar con el niño y dos compañeritos que también han sido testigos del curioso he­cho”.

De este modo, el matutino fundado en Córdoba en 1904, La Voz del Interior, tomó conocimiento del sensacional encuentro con un “plato volador” y extraños seres en las proximidades del Río Primero, en la zona residencial del barrio Cerro de las Ro­sas, al noroeste de la ciudad de Córdoba.

La noticia fue rápidamente publicada y reproducida en numerosos diarios de la Argentina y el extranjero (l). Luego, revistas especializadas y libros se harían eco del relato de los tres niños (2).

Volviendo a las circunstancias que rodearon a tan desusada denuncia, los perio­distas se trasladaron minutos después del llamado telefónico a la finca del abuelo, y de allí a la de su hija, en la seguridad de encontrar a los niños. Atendidos por la citada, Martha de Crespo, mostró cierto desagrado y expuso su deseo por evitar la difusión del caso: “Nadie cree en esto -señaló-. Ni yo, pero sucede que ahora se tra­ta de mi propio hijo”.

Cuando en mayo de 1986 logramos entrevistarla, agregó: “Pudo ser una broma, puede ser, pero los chicos han dicho lo mismo ante los periodistas y todo eso, puede ser verdad, yo no sé…”. Después de aquel episodio “no quiso jamás volver hablar del asunto, ni con la familia, hasta hoy día”.

Todo habría comenzado el jueves 27 de junio de 1968, cuando su hijo Oscar Toni Crespo regresa a su hogar “alrededor de las 18,30 o 19,00 horas -evoca la Sra. M. de Crespo-, sin hablar y sube a su habitación. Esa noche Toni no quiso cenar. No dice nada, hasta recién al otro día, cuando el padre de Víctor B. (otro de los niños, cuya identidad fue reservada, pero que se trataría del hijo del gerente del Banco de Córdoba) aparece en casa, muy nervioso, por lo ocurrido en el barranco el día anterior. Pensé de inmediato que les habría pasado algo malo, que su hijo les ocultó, pues allí hay muchos vagabundos”, nos informa la madre de Oscar Toni, y es recién entonces cuando se entera de la historia del plato volador y los dos seres.

El periódico indicará, por su parte, que el padre de Víctor expresó que su hijo se había mostrado muy alterado ese jueves, y que al día siguiente, al despertarlo para que fuera a la escuela, produjo un sobresalto en la cama y quedó postrado víctima de una crisis nerviosa. Al interrogarle sobre lo que le ocurría, supo en aquel momento que ¡había visto un plato volador! Fue entonces cuando decidió ir a visitar a la familia Crespo, y allí, Rosales Soria -quien se culpó de haber sido el autor de la travesura de telefonear al diario- iría a facilitar la propagación de la noticia.

A poco de llegar los cronistas de La Voz del Interior, se hizo presente en la ca­sa Oscar Crespo, de 10 años, quien sorprendido se dirigió directamente a su dormito­rio y llorando dijo que no quería conversar con ellos. También se hallaba Víctor B., “un despierto muchachito de 13 años” -según el diario-, que con el padre pidiendo el anonimato, se mostró bien dispuesto a responder las preguntas “con convincentes ademanes lo que vio”.

EL RELATO

Tímidamente y aún con los ojos llorosos se sumó Oscar Crespo, y compartió el diá­logo junto a Víctor B. y el tercer niño, Hugo César Messina, de 12 años. Víctor, comenzó diciéndoles con vivacidad a los cronistas que, como acostumbra hacerlo, en la tarde del jueves último fue a jugar a la casa de su amigo Toni: “Con nuestras bicicletas salimos a recorrer el barrio. Eran alrededor de las 17,30. Nos dirigimos hacia la bajada del karting, la calle Salta (y Belgrano) en su descenso hacia el río. Los chicos del barrio la utilizan para probar sus karting y por eso la llamamos así”. “Nosotros -prosiguió Toni- la usamos para correr en bicicleta”. “Yo también iba -interrumpe Hugo C. Messina-, pero no me animé a seguirlos por­que iban muy ligero y tuve miedo. Por eso me quedé en la parte superior de la cuesta”.

Oscar Crespo se muestra más callado, pero puede describir las circunstancias del encuentro más o menos en estas palabras: “Íbamos rápido en nuestras bici­cletas. Víctor me estaba ganando y yo trataba de alcanzarlo. Así llegamos hasta donde finaliza el pavimento y doblamos por una prolongación de tierra que termina en la costa del río. Cuando dimos vuelta, nos llamó la atención un gran resplandor”. Hugo Me­ssina, ubicado en los altos de la cuesta, afirmó haber visto también “una gran luz”, pero pensó que se trataba sólo de eso, una luz.

Víctor indica haber llegado primero y quedar paralizado por el terror. Había allí, como suspendido sobre los árboles que bordean al río, una especie de huevo. Debajo tenía algo así como una hélice con luces de color blanco y celeste que giraba. Cuando los haces los iluminaban -siguiendo el relato de los niños-, quedaban deslumbrados y debían cubrir sus rostros. Oscar Crespo explica que, en esos momentos, “sentía algo así como lo que produce la electricidad; un cosquilleo principalmente en las piernas”.

“Allí, sobre esa cosa había dos personas. También éstas parecían flotar en el aire. Estaban a unos 13 metros de nosotros”, sostiene Víctor. Subían lentamente pero sin hacer movimiento alguno. Ambos eran casi de la misma estatura, pero de talla enorme.

Una de estas personas, de apariencia masculina, tenía una especie de traje blan­co, con botas del mismo color. En su diestra llevaba un objeto, semejante a una pistola, que despedía intensos fulgores rojizos. Con la otra mano sujetaba la de una mu­chacha. El color de la piel de ambos era blanca, y la ropa casi idéntica, con la di­ferencia que la usada por la mujer era de un color anaranjado intenso, y también como la de su compañero, luminosa.

Es pertinente indicar que en la entrevista que mantuvimos con Martha, la madre de Oscar, nos refirió curiosamente que al momento de enterarse del singular epi­sodio, se hallaba de visita una amiga, teniendo puesto sendos abrigos o tapados del mismo color que “la joven mujer del espacio”. Incluso, le pregunta a su hijo de qué tono era, mostrándole ambos abrigos, a lo que responde indicándo­le el de la otra señora.

También los niños han dicho que les llamó la atención el cabello de estos seres: los tenían sueltos y eran largos y muy blancos. Sus miradas parecían perdidas en el infinito. Y así permanecieron inmóviles hasta que de improviso, lentamente y sin movimiento alguno, comenzaron a descender, perdiéndose dentro de la cosa sin que se abriera puerta alguna.

De inmediato las luces que giraban como si fueran hélices, se tornaron de un color azul intenso y rojas, y el aparato se elevó perdiéndose en la distancia. Todo terminó allí. “Nos quedamos un rato mudos -concluyen los niños-, mirándonos unos a otros y lue­go tomamos nuestras bicicletas y retornamos a nuestras casas”.

Por su parte, el extenso e ilustrado artículo de La Voz del Interior finaliza con estas palabras: “… de esta manera queda escrita una historia más sobre estos extraños objetos y visitantes, que el tiempo dirá si son reales o ficción”.

“EL TIEMPO DIRÁ…”, 18 AÑOS DESPUÉS

Octubre de 1986. Fue una no muy prolongada, pero sustancial entrevista con Os­car Toni Crespo, el menor de aquellos niños que por entonces tenía 10 años. Ahora nos hallábamos con un testigo que tenía dieciocho años más, ya adulto.

El destino de los tres amiguitos unidos por un recuerdo más de su niñez, fue el haber tomado distintos caminos, sin poder reunirlos como en aquel momento. Sin embargo, contábamos -por varios motivos- con uno de los principales protagonistas de esa extraña observación.

Manifestándole nuestro propósito por saber qué había ocurrido en esa oportu­nidad, más allá de lo que se hicieron eco los diarios de la época, Oscar Crespo nos respondió en estos términos:

“Fue una travesura. Ya es un tema pasado. Fue una broma de chicos, nada más que eso. Una broma de chicos de diez años. Fue en un momento en que (los platos voladores) estaban muy de auge. Había pasado en Villa Carlos Paz, y bueno, se nos ocurrió decir eso.

“Este es un enigma… más o menos como los crímenes de Landrú, ¿vio?, que hasta el último momento nadie supo, bueno, es así. Porque nadie supo nada, ni yo… Entonces de allí que (en estos días) yo quería recordar eso, lo que había pasado, fui a los diarios y leí la nota, y bueno, me reía por el sensacionalismo de… eran revistas Superman lo que habían escrito…”.

Esta declaración totalmente espontánea de Oscar Crespo daría por concluida la investigación del resonado caso. No obstante, quedaría por confrontar este testimonio con el que ahora pudieren ofrecer sus amigos de la niñez, Hugo Messina y Víctor B., si se deseare ubicarlos para continuar con la indagación.

No obstante, cabe otra perspectiva muy valiosa que sirve para comprender los aspectos sociales e incluso psicológicos involucrados.

PARADIGMA DE UNA ÉPOCA

La descripción que los niños realizan del fabuloso prodigio no es ajena al momento en que se presenta. En efecto, el señalamiento de Oscar Crespo en cuanto a la popularidad de las revistas mexicanas Superman, mostrando al héroe extraterrestre de Kriptón y a Superniña, ambos antropomorfizados, unidos y levitando, es una imagen muy frecuente ofrecida al público infantil de la época.

De igual manera, los platos voladores -expresión pretérita de ovnis- eran un tema “que estaba muy de auge” y despertaba enorme expectación. Incluso, el 14 de ese mismo mes se produce en Villa Carlos Paz, Provincia de Córdoba, un muy difundido episodio en el que se presenta una presunta entidad antropomorfa en una hostería, provocando el des­vanecimiento de la joven testigo.

El aspecto de la pareja también aparece acorde con la “nueva moda espacial”, don­de triunfan los enterizos, las fibras sintéticas brillantes, prominencia del color anaranjado en la mujer, cabellos largos y sueltos, etc., según puede comprobarse consultando las colecciones de revistas (3).

Respecto a la actividad espacial, en ese año de 1968 los soviéticos realizan va­rias expediciones lunares. “La ingravidez y sus posibles efectos sobre el organismo humano durante un vuelo prolongado -dirá el cosmonauta Boris Yegorov– continúa siendo el problema principal” (4). Por su parte, los estadounidenses inician la serie Apolo, con lo que se acelera la puja espacial entre las dos grandes naciones. Es en este mo­mento previo al salto lunar, fomentado por la amplia difusión y propaganda que acom­paña dicho acontecimiento, cuando se produce una de las mayores oleadas de ovnis en el mundo. La prensa argentina registra, sugestivamente, casi un 10% de informes sobre “aterrizajes con ocupantes” (5).

El hombre es espectador, pero también se siente protagonista de todo cuanto ocu­rre en el espacio. Las caminatas o maniobras espaciales iniciadas en 1965, se convirtieron en imágenes exitistas del hombre capaz de superar velocidades, la barrera casi infranqueable de la acción terrestre, las dificultades de permanencia en el cosmos. Acaso ha aprendido a dominar y expandirse en él. La Luna está próxima. Aumen­ta la esperanza de otros mundos habitados…

LOS NIÑOS DESCUBREN EL COSMOS

Un artículo publicado por aquellos años, cuya autora es Angelia Mirey (6), escri­to con motivo a la Feria Exposición “El niño y su mundo”, nos da la oportunidad de acceder en el pensamiento infantil de esa década. Por su interés, hemos de reproducir algunos párrafos que estimamos muy relacionados con el caso aquí tratado:

“Las historietas, la televisión, el cine, y ahora la Feria exposición inaugurada en el predio de la Rural, han puesto los espacios cósmicos al alcance de nuestros ni­ños. ¿Cómo reaccionan? ¿Cómo responden ante la apertura escalofriante del espacio, frente a la posibilidad de seres de otros planetas, tal vez superiores al hombre, ca­paces de invadir la Tierra?… De una sola manera: incorporando a su propio mundo, con naturalidad, las nuevas experiencias. Es que el niño no se enajena frente a lo fantástico como ocurre con los adultos: lo traspone todo, hasta lo monstruoso y cruel, al lenguaje de sus intereses, conflictos y angustias. Por eso un marciano puede tener cara de papá, una cápsula espacial referirse al vientre materno, un cohete aludir simbólicamente al sexo del varón. A los niños les interesa ante todo papá, mamá, lo que éstos les dan o les prohíben; les interesa saber qué es ser nena o nene, cómo se na­ce, qué es la vida aquí, en la Tierra. Si fantasean con marcianos y satélites es como proyección de sus intereses inmediatos.

“Los marcianos suelen ser usados por los niños como proyecciones de sus propios conflictos e inquietudes. Uno de los maestros encuestados relata su experiencia durante una clase sobre las investigaciones espaciales dada a los chicos de sexto grado (edad promedio, 12 años). Cuando llegó al tema de los marcianos, muy pronto surgió la pregunta clave: ¿Cómo se reproducirán?…

“La llegada de los marcianos parece señalar el ocaso de las brujas y los diablos en la mitología infantil; la función de depositarios de terrores y aversiones que es­ tos últimos desempeñaron tradicionalmente, está quedando a cargo de las habitantes de Marte. Psicólogos y maestros coinciden en señalar que los dibujos infantiles presen­tan con cierta frecuencia a los marcianos como monstruos horripilantes; lo notable es que cuando se preguntó a los niños: ¿A quién se parece tu marciano?, más del 50% de las respuestas alude directa o indirectamente a los padres”.

Efectivamente, aludiendo al título de nuestro artículo: “la voz del interior” de los niños cordobeses se hizo escuchar, dando lugar a un informe ovni cuya génesis salió a la luz sólo transcurrido los años. Producto de una travesura infantil, o quizá de un episodio traumático, lo cierto es que determinadas circunstancias actuaron de estímulo para la fantasía.­

REFERENCIAS

(1) La Voz del Interior, Córdoba; Crónica, La Razón, Buenos Aires, 30 de junio, 1968; Crónica, Buenos Aires, Ecos Diarios, Necochea, 1° de julio, 1968; Los Andes, Mendoza, 14 de agosto, 1968; Correio do Povo, Porto Alegre-Br., 3 de julio, 1968; et. al.

(2) Boletín EDOVNI, Rosario, n° 1, 1968, p.9; Flying Saucer Review, London, 14:5, Sep.-Oct. 1968, ps. 25/26, y FSR, Maidstone, Kent, 26:3, Sep. 1980, p. 9; 2001, Buenos Aires, n° 9, 28 de marzo, 1969, p. 49; Cuarta Dimensión, Buenos Aires, n° 51, Febrero o Marzo 1978, p. 37; Enigmas de la vida y del Universo, San Miguel, 1:3, diciembre 1978, p.7.

Tucci, Eduardo y Alberto Giordano, Los platos voladores y sus tripulantes, G1em, Buenos Aires, 1969, ps. 186/187.

Anganuzzi, Héctor P., Historia de los platos voladores en la Argentina, Plus Ultra, Buenos Aires, 1976, ps. 159/160.

Zerpa, Fabio, Los hombres de negro y los ovnis, Plaza & Janés, Esplugas de L1obregat, Barcelona-España, 1979, ps. 200/201.

(3) Colecciones de revistas Vosotras, Para Tí, Radiolandia 2000, 7 Días, Buenos Aires.

(4) Crónica, Buenos Aires, 19 de noviembre, 1968.

(5) Banchs, Roberto E., Fenómenos Aéreos Inusuales- Catálogo de observaciones de ovnis en la Argentina, CEFAI, Buenos Aires, 1973.

Banchs, Roberto E., Los ovnis y sus ocupantes, Tres Tiempos, Buenos Aires, 1980.

(6) 7 Días (rev. Supl. La Razón), n° 58, 11 de enero, 1966, ps. 2-7.

La autopsia extraterrestre: la saga continúa

UFO Data magazine

Comunicado de prensa

Para su publicación inmediata

Miércoles 24 de Octubre de 2007

En 1995, los hombres de negocios de Londres, Ray Santilli y Gary Shoefield desataron un fenómeno en el mundo. La película Alien Autopsy creó una tormenta de controversias y dividió a la comunidad ovni. ¿Fueron escenas reales o tan sólo fue un elaborado engaño?

Diez años más tarde, Santilli y Shoefield admiten que la película es una invención, aunque, según ellos, se basa en escenas auténticas que habían obtenido de un anciano camarógrafo militar norteamericano. Por desgracia la película de 1947 se había degradado hasta el punto de que, cuando se llevó a Inglaterra, era inutilizable.

Una reciente película, producida por Warner Bros y Qwerty Films, que se hizo con la plena cooperación de Santilli y Shoefield, fue lanzada posteriormente. Alien Autopsy contó la historia, aunque en un formato de comedia, con el popular dúo británico, Ant & Dec en los papeles principales, y describió las enormes cantidades de dinero que se hicieron con el video de la autopsia.

El domingo, 21 de octubre de 2007, un nuevo actor entró en el juego.

El cineasta y mago, Spyros Melaris, apareció en público por primera vez en la exitosa conferencia de Roswell 60 en Pontefract, West Yorkshire, al norte de Inglaterra. La conferencia, organizada por el renombrado investigador de Alien Autopsy, Philip Mantle, fue el mayor acontecimiento ovni en el Reino Unido desde hace años, y fue organizada por UFO Data
Magazine
. La sorpresiva aparición de Melaris regresó la polémica y suscitó más debate por el fracaso de Alien Autopsy (la película).

Melaris alegó que fue él quien creó la película de la autopsia, no Santilli y Shoefield. Ellos simplemente le encargaron crear la mayor patraña de 1990. Obligado por un acuerdo de confidencialidad, Melaris no pudo hablar de su participación, pero el lanzamiento de la película de Ant & Dec rescinde dicho contrato, debido al hecho de que Santilli y Shoefield finalmente admitieron que la película, que fue puesta a disposición del público, es falsa y, al hacerlo, colocaron el hecho firmemente en el dominio público.

No hubo escenas originales. No hubo camarógrafo de Roswell. No había ningún extraterrestre en una mesa de autopsias.

Melaris quería crear una ilusión que engañara al mundo a una escala sin precedentes. El plan consistía en liberar las imágenes, con el ser extraterrestre creado por el maestro escultor, John Humphries. Se convino en que Santilli y Shoefield no harían ninguna declaración en cuanto a lo que aparecía en la película, y los organismos de radiodifusión deberían sacar sus propias conclusiones. Después de unas semanas o cuando Santilli tuvo una buena ganancia, Melaris podría entrar limpio y revelar al mundo que era sólo una ilusión. Melaris tomaría un respiro y, a continuación, explicaría en detalle la forma en que se logró el efecto.

Santilli no permitió que eso sucediera, apoyado en el acuerdo de confidencialidad firmado por Melaris y su equipo.

En lugar del acordado 33% de todos los ingresos que Santilli hiciera, todo lo que recibió Melaris fueron gastos para cubrir los costos de producción de imágenes de la autopsia y los salarios de su equipo.

Con acciones legales contra Santilli y el requerimiento que sirvió para detener Santilli de seguir representando su derecho de autor Melaris lanzará pronto un libro y DVD sobre el asunto, Melaris quiere que el mundo sepa la verdadera historia de la película Alien Autopsy.

UFO Data Magazine seguirá esta sorprendente historia e informará cualquier novedad en las páginas de la única publicación ovni en papel couche del Reino Unido.

Una cosa es cierta, después de más de una década, la controversia de la Alien Autopsy ¡está lejos de haber terminado!

http://www.ufodata.co.uk/forum/viewtopic.php?f=2&t=3635

Claro. Lo único que Melaris quiere es contarle al mundo que la Autopsia extraterrestre es un fraude, y de paso llevarse algunos dólres.

Lo mismo que Mantle, principal ufólogo impulsor de la Autopsia extraterrestre y socio de UFO Data Magazine: quieren seguir ordeñando la vaca extraterrestre.