Torrent, Cts.: Estuvieron los marcianos (Primera parte)

TORRENT, Cts.: ESTUVIERON LOS MARCIANOS

Roberto Banchs

A principios de 1965 la prensa publicó la noticia de un extraño caso que tiene por escenario la localidad de Torrent, provincia de Corrientes. Por entonces se conocieron varias versiones que, si bien coinciden en líneas generales, no lo es­tán en cuanto a la fecha, a la presunta visualización de algún artefacto aéreo, y a otros detalles.

Torrent, Corrientes, 1965.

Entre las más difundidas, debemos remitimos a la versión de A. Ribera en Platillos Volantes en Iberoamérica y España (1), quien citando al diario El Territorio de Posadas, el hecho habría ocurrido a finales de enero; Gordon Creighton en The Humanoids (2) señala que la fantasmal experiencia se produjo en la primera semana de febrero; mientras que el diario Clarín (3), de Buenos Aires, el incidente se habría producido el 11 de febrero.

La primera información es la publicada por El Territorio, del 31 de enero de 1965, y con el título de “¿Marcianos en Torren?” (NdR: error por Torrent) narra la siguiente:

En Torren estuvieron los marcianos, así decían algunos vecinos de esa cercana localidad correntina, después de lo ocurrido a un agricultor de la zona la noticia circuló rápidamente y se formaron ruedas para comentar el caso. Algunos lo tomaron en sorna, otros más crédulos comenzaron a pensar que las aventuras de ficción, no son simples productos de la imaginación de esa gente desocupada, que no tiene nada que hacer y se dedica a escribir, según una expresión.

“Lo cierto es que una noche, en momentos en que un agricultor de la zona (cuyo nombre no hemos podido obtener) se encontraba, en compañía de familiares y vecinos, dedicado a las tareas de su chacra, ya en horas de la noche, observó que desde el ho­rizonte se aproximaban a gran velocidad cinco puntos luminosos, dando cuenta de inme­diato a las personas que se encontraban con él. Según los detalles de la noticia, era una noche oscura, sin luna, lo que impidió que pudieran observar de inmediato, que se trataban de nada más ni nada menos que de cinco señores marcianos. Los visitantes si­derales habrían descendido de un extraño aparato y al ver luces en las inmediaciones se aproximaron con el inocente propósito de observar de qué se trataba.

“De acuerdo a la misma fuente de información -prosigue la crónica periodística-, los supuestos marcianos, tendrían dos metros de estatura, de cuerpo delgado y con un solo ojo a la altura de la frente y además con un artefacto ubicado en la cabeza que proyectaba un denso haz de luz. Ante esta situación uno de los asombrados terráqueos atinó a introducirse en la casa del poblador, para salir posteriormente portando un arma con la intención de abrir fuego. Al parecer, un extraño influjo impidió que pu­diera hacerlo, aún cuando el arma se encontraba cargada y la persona sabía operar con ella.

“Al ver el peligro, los visitantes rodearon al grupo y se apoderaron de uno de los integrantes, seguramente con el propósito de capturarlo como rehén para impedir que adoptaran otras medidas de ataque. El terráqueo, presa de pavor, fue tomado de los brazos, pero ante la demostración de pasividad de los otros, optaron por soltarlo, para regresar después en el mismo sentido en que habían llegado, perdiéndose en la espesura de un monte cercano. Según la noticia, que circuló insistentemente en esa localidad y en Santo Tomé, la persona que fue tomada por los gigantes, sufrió una rara enfermedad de piel en uno de los brazos y cuyas causas no han sido establecidas con precisión.

“Aún cuando algunos lógicamente dudan de la veracidad de este hecho, muchos pobladores de la región insisten en afirmar que en Torren estuvieron los marcianos…”.­

Así concluye el artículo. Sin embargo, la citada obra de A. Ribera aporta otros datos aparecidos en el boletín de la CODOVNI (4). Una compilación de las apariciones de ovnis en la Argentina durante 1965 son allí reseñadas bajo el título de “Informaciones auténticas sobre platos voladores en la República Argentina – 1965”. Habiendo recurrido a esta fuente para precisar los datos, nos dice:

Carlos Souriau.

“El corresponsal de la CODOVNI en Corrientes, Sr. Rialto Flores, tuvo la oportunidad de conversar con el Sr. Carlos Souriou (NdR: error, por Souriau), estudiante del 4° año de la Escuela Normal e hijo del dueño del campo donde fueron vistos los ex­traños seres. Este es el relato del Sr. Souriou: esa noche su hermano mayor y algunos peones salieron a cazar tatú (NdR: tatúes, mulitas o armadillos) y al regresar a la ca­sa vieron unos bultos en la oscuridad, eran bultos bajos, de medio metro más o menos, por lo que un peón le dijo a su hermano: son enanitos patroncito, vamos a atropellarles a machete, y sacando su machete intentó atacar a los enanos. En ese momento ocurrió algo raro, el peón quedó con el brazo derecho paralizado y los enanos se a­grandaron hasta 2,50 metros más o menos de alto; entonces su hermano les hizo un dis­paro con un rifle automático calibre 22 que llevaba consigo, y aquí ocurrió otro mis­terio, no salió ningún otro tiro a pesar de que el rifle jamás había fallado. Dice que cambiaba la bala de la recámara y tampoco salía, al verse indefensos huyeron ha­cia la casa y se encerraron. Otro misterio: de afuera entraba una luz a través de las paredes de madera, iluminaba todo; su hermano menor casi quedó loco de miedo, le daba ataques de nervios y lo tapaban con cajas, etc., para que no vea la luz. Después de un rato y creyendo que se habían ido los bichos, como decían los peones, su hermano (NdR: mayor) salió para poner en marcha la camioneta que tenían frente a la casa, no vio a nadie y al llegar al coche le rodearon los hombres sin que se explique de dónde salieron. Su hermano corrió hacia la casa seguido por esos seres y los peones al oír el tropel que venía y pensando que eran los bichos cerraron la puerta dejándolo a­fuera, éste gritó y los peones abrieron la puerta en momentos en que le alcanzaron los hombres y uno de ellos le pasó la mano por la barriga y la cintura cuando él sal­tó adentro y volvieron a encerrarse. Después de un largo rato salieron de nuevo, los peones se acostaron boca abajo en la camioneta y se fueron a otro campo que poseen en las cercanías. Como los peones no querían ir más al campo tuvieron que trasladarlos a otro campo y a uno echarlo porque era demasiado el miedo que tenía. Cuando estaban encerrados, los peones ofrecían cada cual más paquetes de velas a los santos. Agregó Soriou que a lo mejor los gigantes estaban al principio acostados o sentados, por eso parecían bajos y después se habrán levantado. Lo mismo los ojos, él no asegura, dice a lo mejor eran reflectores. Hay que tener en cuenta que se burlaron mucho de ellos. Dice que contar no es nada, había que ver esos momentos horribles que pasaron (NdR: sus hermanos y peones). En ningún momento vieron aparato alguno. La mano que le tocó a uno no era como la nuestra, parecía de pelos o algo así, no sabe explicar”.

Gordon Creighton.

Estas versiones contrastan con la de Clarín (“De nuestra agencia”), y Crónica (5), atribuyendo este último la información a la Agencia Noticiosa Saporiti y a comenta­rios de Rodrigo de Riana, de los que se sirve G. Creighton en la obra antes mencionada.

En efecto, la noticia señala que “una noche de la primera semana de febrero”, ex­tremadamente oscura, fueron vistos emerger a gran velocidad y desde el horizonte cin­co puntos luminosos. “Poco después -agrega el relato- de un aparato transparente y muy raro, descendieron cinco presuntos marcianos, de casi dos metros de altura cada uno, y con un solo ojo ubicado al centro de la frente. Además -como si fuera poco- con un artefacto ubicado en la cabeza que irradiaba pequeñas luces de los más variados colores”, dice Crónica Matutina y de un modo muy parecido Clarín, que no desaprovecha el espacio para la ironía: “los vecinos recordaron que Carnaval cae este año en marzo, y que, entonces, los aparecidos no podían haberse escapado de un corso cercano, por lo que resolvieron alejarse a la carrera”.

“Los marcianos -continúa Crónica- , que ya se habían introducido en una pequeña finca del lugar ante la expectación y estupor de los vecinos de la zona, intentaron capturar a uno de los terráqueos. Propósito que no pudo llevarse a cabo ante la firme actitud del conjunto vecinal, por lo que los extraños visitantes optaron por la retirada. Luego de regresar en la nave aeroespacial -coinciden estas últimas fuentes- desaparecieron del lugar en contados segundos, rumbo al infinito”.

LA INVESTIGACION

El episodio de Torrent se inscribe -como la mayoría de los encuentros de esa década- entre los más popularmente conocidos. Esto quizá se deba al modo en que irrumpe el fenómeno en Sudamérica y a la atención que le brindan los ufólogos europeos a la producción local. Aún así, la reacción de los potenciales encuestadores de ese tiempo ha estado ceñida, una vez más, a una pobre indagación -sin llegar al lugar ni a los testigos- y sí, en cambio, a una prolífica difusión del episodio (vs.: “Banchs Case Referentes”, de Richard W. Heiden). Tal esta­do de cosas, nos impulsó a llevar adelante la presente investigación.

Efectivamente, tras una exploración preliminar, el sondeo nos condujo en 1992 a Torrent, habida cuenta de los datos paupérrimos, confusos y contradictorios que disponíamos hasta esa fecha.

Torrent es un pequeño poblado de vida rural que pertenece al Partido de Gral. Al­vear, al este de la Provincia de Corrientes. Se halla a unos 50 Km. al sudoeste de la localidad de Santo Tomé, y puede accederse a través del ferrocarril, de un único tren de pasajeros que llega diariamente a la antigua estación Juan E. Torrent (FCGU.), o bien, recorriendo unos 10 Km. por camino de tierra desde la ruta nacional 14, que corre paralela al río Uruguay.

Ingresando por ese camino polvoriento desde la ruta, a unos 3,5 Km. se llega al campo de los Souriau, un predio de unas 100 Ha que pertenece en la actualidad a unos entrerrianos. Su aspecto permanece casi inalterable: su mayor extensión está cubierta de árboles, aunque dejando ver desde su entrada la vivienda donde se habrían refugiado los testigos, a unos 150 m de aquella. A una distancia equivalente, o ligeramente superior, hacia el sud-sudeste transponiendo cierta espesura boscosa se halla una tape­ra, en torno a la cual se habrían estado moviendo los bichos o marcianos, como se los llamó. Frente a la ruinosa construcción de madera, a unos 100-150 m más al sur se encuentra la orilla de una enorme laguna utilizada para riego y cultivo de arroz.

Este es el escenario, el marco geográ­fico donde se desarrolló la fantasmagórica historia. La misma que ha venido a engrosar el rico repertorio de los fenómenos inusuales en la Argentina y que recorrieron el mundo.

Continuará…

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