Los ovnis de jabón

LOS OVNIS DE JABÓN

La década de los sesenta es una de las más importantes en la historia de los ovnis en México. Es la década de las grandes oleadas; de las mejores publicaciones (cerca del 50% de los títulos publicados en México sobre el tema se editaron en esos días).

Fue a finales de julio de 1963 cuando ocurrió uno de los casos ufológicos más curiosos, insólitos y graciosos que se hayan dado en México. El diario capitalino Novedades, del 1 de agosto, presentaba en la primera plana un reportaje del periodista Juan de Dios Garza García. La nota era un tanto sensacionalista y estaba escrita en un tono de misterio. Fue todo un éxito periodístico. Durante semanas no se habló de otra cosa que no fueran “los platos voladores de Texcoco”. La noticia le dio la vuelta al mundo y movilizó a varios ufólogos y seguidores de Charles Fort. Antonio Ribera, el abuelito de los ufólogos iberoamericanos se ocupó del tema1. Ribera menciona un reporte de Ovaciones, distribuido por la agencia EFE, en el que se indica que miles de hongos de más de un metro de diámetro cayeron en las inmediaciones del aeropuerto de la Ciudad de México.

Ribera mencionó la versión de que se trataba de burbujas de jabón, pero el creyó que era una forma de expresarse de los mexicanos. Su amor por los ovnis le impidió ver la realidad.

Aún décadas después algunos investigadores, como Albert Adell Sabatés, del Centro de Estudios Interplanetarios de Barcelona2 y Mark Chorvinsky, de la revista Fate3 mencionaban el caso como uno de los más bizarros de la ufología.

Investigadores de lo insólito, forteanos de corazón. El gringo Chorvinsky y el español Sabatés también se ocuparon del fenómeno mexicano de los OVNIs de jabón.

Los hechos ocurrieron de la siguiente manera. El 30 de julio amaneció despejado y con excelente visibilidad. Los controladores de vuelo de la Torre de Control del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, de la Ciudad de México, observaron, sobre las inmediaciones del antiguo Vaso del Lago de Texcoco, unos raros fenómenos aéreos. Se trataba de enormes “hongos” blancos y grises que descendían y ascendían en los terrenos del lago.

Auxiliados con prismáticos los estuvieron observando, pero no pudieron precisar de qué se trataba. Los radares del aeropuerto no los captaban, pero eran fácilmente discernibles a simple vista. Imaginemos el enorme alboroto que eso causó.

“Pero eso sí les aseguro –declaró José Luis Enríquez a los periodistas que lo entrevistaron-, en los veinticinco años que tengo de controlador de tráfico aéreo, nunca había visto nada parecido, sobre todo cuando la mañana no estaba nublada y el día era claro y brillante”.

Del mismo modo se expresaron los otros compañeros de José Luis, Alberto Carreño Cano, por ejemplo, declaró al periodista de Excelsior, que los objetos cayeron del cielo “como si fueran paracaidistas”. “El fenómeno duró poco tiempo, el comandante del aeropuerto P.A. Luis Ángel Jara Monroy, fue informado del suceso por varios funcionarios de aeronáutica civil. Estos también dieron parte al servicio de meteorología de la Secretaría de Agricultura y al Instituto de Geografía de la Universidad Nacional”.

EL AEROPUERTO PARALIZADO POR LOS OVNIS

Por más de media hora el aeropuerto interrumpió sus labores. Cientos de hongos, que por la lejanía y el contraste con el Sol, se veían grises y negros aterrizaban en las cercanías del aeropuerto. También fueron cientos los testigos, incluyendo el personal de la torre de control. Se cancelaron todos los vuelos. Se envió una avioneta para investigar. El piloto describió los objetos como “bolas de algodón” o gigantescos “capullos de gusano de seda”, de cerca de un metro de diámetro y que “emitían vapores”. Luego, al acercarse, el piloto dijo a través de la radio: “Parecen como pompas de jabón”.

Estos ovnis parecían caer desde el cielo limpio y sin nubes. Uno de ellos, según el corresponsal del periódico The Times, editado en México, cayó en una de las pistas del aeropuerto, pero se desintegró antes de que nadie llegara al lugar.

Algunos ufólogos hablaron de “Cabello de ángel” o “Hilos de la Virgen”, un curioso fenómeno asociado a la presencia de OVNIs. Se trata de filamentos que desaparecen, al parecer por sublimación, al entrar en contacto con la piel del hombre o con cualquier superficie tibia.

Juan de Dios Garza García investigó el caso. Se dirigió a la Comandancia del Aeropuerto y entrevistó al Comandante Jara Monroy, quien lo puso al tanto de todos los reportes que llegaron al aeropuerto sobre tales fenómenos. Con esos datos armó la nota que apareció en el Novedades.

“En ese tiempo había una gran psicosis por los famosos “platos voladores” –escribió Garza García-, y cualquier informe relacionado con los Objetos Voladores No Identificados (OVNI) se convertía en noticia de primera plana”.

UNA FÁBRICA PRODUCTORA DE OVNIS

Luego del éxito de la nota periodística, el Jefe de Información de Novedades ordenó a Garza ahondar en el caso. ¿Qué era lo que realmente habían visto los controladores aéreos?

Garza García contactó con los meteorólogos de Radio Aeronáutica Mexicana, Efrén Ibáñez y Humberto Tiburcio, que habían sido comisionados para investigar el fenómeno. Sus pesquisas los llevaron hasta el ingeniero Roberto Poupla, de la empresa Sosa Texcoco, quien les informó que las aguas negras del Gran Canal (donde derivan todos los desechos y aguas negras de la Ciudad de México), y de las fábricas, situadas en las cercanías del ex lago, entre otras la propia Sosa Texcoco (un enorme complejo industrial a cielo raso), al caer las compuertas del vaso forman una gran cantidad de espuma. En esa zona industrial casi todas las fábricas manufacturaban jabones y detergentes.

A raíz de que el lago de Texcoco se fue desecando para instalar el complejo industrial, su suelo se hizo salitroso e hicieron su aparición las nefastas tolvaneras, que tanto dañan a los habitantes del oriente de la Ciudad de México. Uno de esos fuertes remolinos levantó esa espuma, la dispersó por el cielo y luego cayó en forma de “bolas u hongos”. Esto fue lo que los empleados de la torre de control creyeron que eran “objetos extraños nunca antes vistos”.

Vecinos cercanos a Sosa Texcoco informaron que se trataba de pompas de jabón pero no se les hizo caso o se minimizaron sus declaraciones. Aún Ribera menciona estas declaraciones tratándolas como una mera curiosidad o una forma extraña de describir naves extraterrestres.

Actualmente gran parte de lo que fuera el lago de Texcoco, en donde estuviera la fábrica Sosa Texcoco, se ha convertido en una reserva ecológica.

Así fue como técnicamente se descubrió el origen del caso. Pero como esto no era comercial no se dio a conocer a la opinión pública. Tuvieron que pasar 26 años para que Garza García se decidiera a hablar. En un artículo de la revista Cómo4 cuenta los pormenores de esta aventura.

Lo anterior nos da pie para reflexionar y preguntarnos ¿cuántos reportes periodísticos habrán seguido el mismo derrotero? ¿Cuántas veces nos habrán presentado el lado sensacionalista de los ovnis? ¿Cuántas otras el reportero nos habrá ocultado la verdad, después de conocerla, por no ser ésta comercial o ajustarse a sus creencias en los ovnis?

Sólo un ejemplo más de lo anterior. El 10 de septiembre de 1993 en el noticiero matutino que, por ese entonces, dirigía Guillermo Ortega, el reportero vial del helicóptero de Televisa, Rolando Medina, transmitió unas imágenes de lo que parecían ser dos ovnis gemelos volando al Norte de la ciudad. Desde la autopista México Querétaro, sobre la zona que se conoce como la Quebrada, las cámaras del reportero, dirigidas hacia la zona de Tlalnepantla, captaban dos puntos brillantes que permanecían estáticos. La nube de smog impedía ver las casas y edificios, e incluso la línea del horizonte era difícil de discernir. Sin embargo ahí se mantenían “flotando” los dos reflejos idénticos. De inmediato supe que se trataba de las estructuras que se encuentran en la parte superior del edificio de MICONSA (Maíz Industrializado Conasupo). Tomé el teléfono y me comunique al programa pidiendo que el reportero se acercara a los reflejos para verificar mi hipótesis. Nunca ocurrió lo anterior. Esto era incomprensible porque de haber sido dos naves extraterrestres hubiese sido la noticia del siglo: las cámaras de un noticiero, en vivo, persiguiendo dos presuntas naves de otros mundos. Para mí sólo hay dos explicaciones: o bien el reportero no era un buen periodista y dejó escapar la nota de su vida; o sabía perfectamente que se trataba de un reflejo en esas estructuras y estaba engañando a su público. Al día siguiente me dirigí a la zona de la Quebrada y, aunque las condiciones no eran las mismas -no había tanto smog y yo me encontraba a nivel del piso y no sobre un helicóptero-, pude comprobar que lo captado el día anterior eran, efectivamente, los reflejos sobre el edificio de MICONSA. En la actualidad cualquiera que vuelva a ver el video y tenga un poco de curiosidad en ir a la zona que indico podrá constatar mi aseveración.

Imagen de los OVNIs captados por las cámaras de Al Despertar el 10 de septiembre de 1993

Pero las cosas con los ovnis no son nada fácil, incluso yo estuve a punto de convertirme en creyente.

Años después sería mi turno de enfrentarme con lo “extraño y desconocido”5. En el verano de 1998 viajaba de la Refinería de Tula hacia la planta de Cementos Mexicanos que se encuentra en Huichapan, Hidalgo. Me acompañaba otro ingeniero e íbamos a ver un problema de corrosión en uno de los precalentadores de la planta. Repentinamente me acompañante me gritó: ¡Mira unos ovnis! Yo creía que era una de las mismas bromas gastadas a las que frecuentemente estoy expuesto por mi interés en el tema, pero, al voltear la vista hacia donde me señalaba mi amigo, vino a mi mente una expresión que acostumbraba decir un compañero de la preparatoria que se jactaba de hablar inglés muy bien, pero que sólo tenía un slang en el que mezclaba palabras de ambos idiomas: ¡¡¡Mocos in the morning today!!!

“Entonces sí existen” pensé para mis adentros. A lo lejos, en el cielo, cientos de objetos, como copos de algodón, flotaban y se arremolinaban en una danza incomprensible. Baje la velocidad y me acerqué más al parabrisas para poder apreciar mejor. Los objetos volaban en diversas direcciones, como llevados por el viento, pero algunos de ellos desaparecían repentinamente en el aire, “como si hubieran entrado a otra dimensión” (diría algún contactado).

Luego recobré mi escepticismo. Aquello, al verlo detenidamente, parecía enormes conglomerados de espuma. ¿Pero qué hacían esas pompas de jabón en el aire? A estas alturas ya había detenido el vehículo y, al voltear a la derecha encontré la explicación. En ese punto se encuentra las compuertas de la presa Endo, misma que sirve como receptáculo de todas las aguas negras que vierte la Ciudad de México. En el reborde de la presa enormes masas de espuma pugnaban por emprender el vuelo, agitadas por el fuerte viento que se sentía en los alrededores. A la derecha del camino los soldados del destacamento que se encuentra frente a la presa comenzaron a inquietarse por nuestra presencia, por lo que tuvimos que encender el auto y emprender nuevamente nuestro viaje a Huichapan. Atrás, en el cielo, quedaron las burbujas y en mi mente dos preguntas:

Hubiera sido interesante que el caso que comentamos en estas líneas hubiera ocurrido en tiempos de Maussán para ver qué opinaba al respecto.

¿Sería esta la explicación a uno de los videos que Jaime Maussán estaba comercializando, y que curiosamente fueron tomados en la misma zona de “avistamiento”? Tal vez no. A mí me parece que se trata de globos que se mueven con el aire. Pero el bueno de Jimmy afirma que son mensajes que nos transmiten los extraterrestres por medio de figuras geométricas. Creo que cualquier extraterrestre con dos dedos de frente (y los grises, como sabemos, tienen varios dedos: por lo menos 4 en las manos) sabría que sería muy peligroso que se tergiversara su mensaje debido a un error en la lectura. Me explico, si los “hermanos del cosmos” usaran nuestro abecedario comprenderían que una M podría aparecer como una W, según el ángulo de visión. Su sistema geométrico, de acuerdo con Maussán, podría dar lugar a que leamos “venimos en son de guerra” en lugar de “venimos en son de paz”, que sería muy peligroso. Pero lo peor de todo para la autoestima de los ufólogos podría ser que leyeran “si ustedes creen que esto es un mensaje interestelar es que son unos soquetes”.

¿Qué ocurriría si se llegaran a ver fuegos fatuos debidos al famoso gas de los pantanos? La materia en descomposición que se encuentra en dicha presa puede generar metano que, al contacto con el aire produce pequeños fuegos que ya han sido confundidos con ovnis en diversas partes del mundo. ¿Podrían las flatulencias de los habitantes de la Ciudad de México producir una oleada de ovnis en Tula? ¡Je¡ ¡je¡ Pido perdón a los sumos sacerdotes de la ufología por haber llegado tan lejos y prometo no volver a burlarme de los sacrosantos ovnis, pero no cabe duda que en este asunto algo huele mal (y no es precisamente el metano).

Otros avistamientos ovni y reportes de cabello de ángel producidos en diversas partes del mundo han tenido un origen en las fábricas de jabón o en los sistemas de aguas negras. En Andorra, por ejemplo, en 1968 se dio otro avistamiento de este tipo que tuvo un origen en la espuma6. Los “hongos blancos y grises” que tanto inquietaron a los habitantes de la Ciudad de México, eran en realidad unas enormes pompas de jabón.

1 Ribera Antonio, Platillos Volantes en Iberoamérica y España, Pomaire, España, 1967.

2 Adell Sabatés Albert, Nuestro archivo de hechos condenados, Stendek, Año XII, No. 46, páginas 34-40, España, diciembre de 1981.

3 Chorvinsky Mark, Bizarre fall paralyzes airport, Fate, Vol. 45, No. 9, page 33, EU, september de 1992.

4 Garza García Juan de Dios, Reportero de aviación, Cómo, No. 182, páginas 46-47, México, 4 de julio de 1989.

5 Ruiz Noguez Luis, OVNIs sobre el aeropuerto de la Ciudad de México, reporte sin publicar.

6 Przelozzyl Jerzy Florczykowski, Zannalów national enquirera, Magazín ufologiczny UFO, Rok VI, NR 1 (21), p. 54-68, Warszawa, 1995.

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