San José (Mis): A un paso a nivel (Final)

SAN JOSÉ (Mis): A UN PASO A NIVEL

Roberto Banchs

ANALISIS DEL CASO

La descripción que hiciera Casimiro Zuk al diario El Territorio, resulta muy similar a la que nos efectuara una veintena de años después, revelando el vívido recuerdo de aquel episodio que se ha constituido en una inolvidable experiencia. Desde luego, habrá detalles que escaparán a la rememoración, incluido las percepciones equivocadas y las distorsiones del primer momento, sometidos a los sentimientos más profundos y a la imposibilidad de reproducir con exactitud aquello que registran los órganos sensoriales.

Apeador del ferrocarril Urquiza, escenario del inolvidable encuentro con el ovni.

Por otra parte, el informe del caso ocurrido en San José (los catálogos suelen situarlo, por error, en Apóstoles) se inscribe, como dijimos, durante el mayor incremen­to de avistamientos de platillos registrados en la oleada de 1965 que cubrió territorio argentino. Y también, durante el vuelo de ocho días por el espacio de los astronautas L. G. Cooper y Ch. Conrad (lanzados el 21 de agosto), que ganó la primera plana de los diarios en esos días (3), quienes a bordo de la Geminis V efectuaron una demostración a modo de una preparación psicológica para la misión lunar.

La verificación in situ, es decir; la practicada sobre el terreno, permitió corre­gir ciertos datos deslizados en la crónica periodística, rectificados a su vez por Zuk, en cuanto a la ubicación y desplazamiento del objeto. En efecto, en la oscura noche del lunes 23, el objeto parecía situado en todo momento a baja altura del suelo, a pocos metros, efectuando un movimiento de aproximación y alejamiento hasta desaparecer de la visión del testigo.

Esta misma inspección, junto al croquis que documentaba el testigo, permitió también comprobar que el ovni se había movido -para nuestra sorpresa- en el sector de las vías del ferrocarril y, aún más, en su dirección y hacia la estación Pindapoy (asiento de la compañía frutal Pindapoy).

Aun cuando C. Zuk afirma que “es un lugar de poco tránsito, únicamente la vía con el coche motor, pero, el tren a esa hora no pasaba”, procedimos a intentar verificar esos datos. En primer lugar, fue fácil comprobar que el coche motor no era el único tipo de tren que circulaba por las vías, habiendo otros de carga y de pasajeros. La comprobación de que “a esa hora no pasaba” tren alguno, iría a ser una tarea harta de dificultades, aunque allanadas por la amabilidad y excelente disposición del personal del Ferrocarril General Urquiza[1].

Fue así que tratando de conocer de modo fehaciente el movimiento de trenes en aquella fecha/hora y lugar (Apeadero 538,4; long. 55° 50′ ­lat. 27° 50’+), las primeras averiguaciones en ese senti­do no aportaron nada positivo, ya que no se contaban con los registros de trenes de ese año[2].

Sin embargo, los Sres. Tenca y Bene­gas, de la División Técnica, Sector Horarios y de Transporte, de Ferrocarriles Argentinos, nos proporcionaron el “Itinerario de Trenes”, del F.C. Urquiza (4), donde obra minuciosamente el movimiento ferroviario preestablecido, con sus estaciones, horarios e identificación de los trenes. A pesar, es por todos conocido las ostensi­bles demoras y alteraciones que suelen producirse en el tránsito ferroviario, en parti­cular, en una zona que -por la intensa actividad agrícola- hay movimientos de carga y maniobras (por ejemplo, en la Estación Pindapoy, a escasos miles de metros).

Planimetría del tendido ferroviario en el lugar del avistamiento. Fuente FC Urquiza.

Al respecto, la lectura del citado Itinerario permite advertir el paso regular del tren de fruta 252 a las 23,40 por Pindapoy -permitiendo el paso al tren mixto 2, de Posadas-, pasando por el Apeadero “Km 538,4” (distancia tomada desde Concordia) alrede­dor de la medianoche, y llegando a Apóstoles a las 0,25, la otra estación más cercana. Ese tren mixto habría pasado a las 22,58 por Pindapoy y a las 23,38 por Apóstoles.

De acuerdo a lo que se nos informó, a causa de la habitual demora del primero, que debía esperar y maniobrar para ceder el paso (se trata de un ramal de una sola vía), al año siguiente -1966- se procedió a modificar los horarios (5), llegando a Apóstoles -según planilla- a las 1,09 horas.

Conforme a lo examinado, el fenómeno visto por Casimiro Zuk, bien podría coincidir con el paso de un tren por las angostas vías del Ferrocarril Urquiza.

Pero -según parece- las coincidencias no se agotan ahí. El “coche motor”, que empezaba a circular a comienzos de esa década, era conocido en el ambiente ferroviario con el mote de “Marciano” (¡oh!, curiosidad), de acuerdo a lo que nos comentó un técnico de esas máquinas que opera en los talleres de Villa Lynch, debido a su peculiar aspecto-análogo al prototipo de un plato volador- y al sonido susurrante, diferente al de otras máquinas. Su incorporación al servicio -nos explicó- data de 1962 y fue toda una novedad para la época. Se trata de un vehículo gasolero, italia­no (Fiat), compuesto por dos o tres vagones, utilizado para tramos cortos (corta y media distancia). En agosto de 1965, la Argentina disponía de 850 coches ferroviarios.

No dudamos que su extraña apariencia, muy distinta a la vetusta imagen de las locomoto­ras que rodaban con anterioridad por esas mismas vías, fuera una fuente de equívoco.

¿Habrá inducido un error en la percepción de Casimiro Zuk la eventual presencia de esta novedad tecnológica? La respuesta podría provenir de un examen comparativo.

En primer lugar, nos detuvimos a escuchar el sonido del motor gasolero del coche ferroviario y, realmente, nos sorprendió la gran semejanza con el emitido por el “ovni” de Zuk, un “rrooée-rrooée, parecido al de un bombeador de agua (…), de tipo circular”. Como es de rigor, la descripción del testigo -con su onomatopeya-, así como la del mo­tor Fiat, han sido registradas mediante grabación.

El coche-motor Fiat, presunto ovni en San José, Provincia de Misiones. Talleres de Villa Linch, BA.

La dirección en que fue visto detenerse el presunto ovni, coincide exactamente con el Apeadero -o apeador- Km 538,4 del Ferrocarril Gral. Urquiza. No así la distancia, ya que el apeadero se encuentra ubicado a unos 100 m, y el testigo sitúa al ovni a 300 o 400 m, pero en la misma dirección oeste. De todas formas, la estimación de Zuk resulta muy relativa, por las dificultades de calcular la distancia en la oscuridad de la noche[3], cuya Luna se hallaba al este en su 25,6ª fase decreciente (fracción iluminada: 20%, azimut 86º, 39’ y altitud -44º).

En el mismo sentido, podemos expresamos respecto a la altura en que se halló el objeto, deduciendo que se detuvo a unos 3 m del suelo, tras sobrevolar a baja altura. Desde la posición del testigo, al pie de una suave pendiente, el horizonte no era claramente visible, siendo obstaculizado por un monte de árboles y por el terraplén elevado del ferrocarril (véase el plano en corte).

Los desplazamientos del fenómeno merecen también un breve análisis. Llama la atención que los mismos parecen haber seguido la sinuosidad de las vías férreas (“describió un semicírculo…”, etc.), como se observa en el plano.

En cuanto al “ovni”, Casirniro Zuk insiste durante nuestra entrevista que sólo observó una luz, “objeto no he visto; nada más que el techo -la visera-, y a la persona que caminó…” (No obstante, la noticia de El Territorio indica haber visto “una especie de vehículo automotor (!) de forma alargada”, de unos 5 metros; conceptos que desestima en nuestra encuesta para afirmar que “no tenía un tamaño chico -pero no mayor de 10 m-, sin poder determinar si era redondo, alargado, etc.”). Y aún más: “Podía apreciar -eso sí- que se trataba de una luz que brillaba cano si tuviera la luz arriba y brillaba todo (…), parecía un foco, nomás”. Un farol.

Es interesante hacer notar aquí que la locomotora del coche motor, posee un reflector arriba (al igual que en el otro extremo del tren, con una puerta salida abajo).

“Algo se notaba., también, como escotillas, algo así” (el diario dirá “ventani­llas enterizas”), sostiene C. Zuk. Los extremos del coche motor poseen unas muy noto­rias aberturas, parabrisas.

Otro aspecto que nos lleva a formular algún comentario, se refiere a la “visera” o “techo” del objeto. Según el testigo, “la luz daba la impresión de tener una visera, pues se proyectaba hacia abajo”. Recuérdese al respecto que el ovni estaba detenido, en relación a Zuk, por detrás del Apeadero Km 538,4; lo que equivale a decir que la visión de aquél le permitía notar -entre sombras- el muelle y, especialmente, el cobertizo, a través del cual -al parecer- atisbaría “el aparato” junto al andén.

Flamante reinauguración del peculiar transporte ferroviario en Nogoyá, 11-2007.

Desde esa perspectiva, observó a “una persona”. Tenía el aspecto de un individuo “de acá, común”. “Apareció dando unos pasos, dio vuelta, otra vuelta, caminó y luego no la vi más”, nos relata Zuk, agregando que tenía un mameluco… como el de un operario. El periódico dirá, incluso, que “caminó unos pasos como queriendo estirar sus piernas”. Será que los visitantes, después de todo, tienen sus necesidades.

Creemos que no será necesario ahondar en la personalidad de Zuk. Al contrario, estimamos que los datos obtenidos resultan suficientes para acceder, como se ha visto, a la posible naturaleza del fenómeno regis­trado en San José, provincia de Misiones.

Los datos reunidos y cotejados, permi­ten establecer una base firme de presun­ción respecto al supuesto ovni, que ha si­do -al parecer- producto de la errónea interpretación de “una máquina no­vedosa” para la época, como lo fue el comentado coche ferroviario, y no de uno de los populares platos voladores que estimu­laron tanto la imaginación y el desconcierto en aquellos años.

Esta hipótesis no significa una actitud refractaria so­bre el fenómeno de los ovnis, sino, la adhesión permanente al análisis crítico de la realidad -despojada de ocurrencias apasionadas- y la preten­sión de animar el interés por la investigación.

Referencias

(1) El Territorio, Posadas, 2 setiembre 1965. Citado en: CODOVNI, Buenos Aires, Informes de 1965, p.17; Antonio Ribera, P. V. En Iberoamérica y España, ps.175/ 176; LDLN, Le Chambon-sur-Lignon, FR., N° 92, J1/Ag. 1967; Coral & Jim Lorenzen, Encounters with UFO Occu­pants, ps.155/156; Oscar Uriondo, Los Aterrizajes de Ovni en la Argentina, CEFAI, Bs. Aires, 1972, p.45; Charles Bowen, ed., The Humanoids, Neville Spearman, London, 1969, lacks case; Héctor Anganuzzi, La Histo­ria de los P. V. en la Argentina, Plus Ultra, Buenos Aires, p.195; Jacques Vallée, Magonia, catálogo, caso 687; et. al. In: Banchs Case References, Richard Heiden.

(2) El Territorio, Posadas, 2 abril 1985, p.19.

(3) C1arín, Buenos Aires, 21 al 25 agosto 1965.

(4) Itinerario de Trenes, F. C. Urquiza, Secretaria de Transporte, Bs. Aires, N° 31, Mayo 1965, ps. 52/75.

(5) Ibíd., N° 33, Mayo/Diciembre 1966, ps.54/55.


[1] En particular, los señores Ricardo Giancola (Jefe del Museo Nacional y Centro de Estudios Históricos Ferroviarios), Pedro Bidegorry (Jefe Mantenimiento), Santos Blanco (Jefe Div. Operativa, Dpto. Transporte), y J. del Greco (Jefe Estación Pindapoy).

[2] El Jefe de Mantenimiento -Div. Mat. Remolcado- Pedro Bidegorry, cursó una nota al Jefe de la División Operativa, Dpto. Transporte, en Concordia (ER), Santos Blanco, quien a su vez remitió la solicitud de averigua­ciones al Jefe de la Estación Pindapoy, J. del Greco, y este a su vez al de Apóstoles, Sr. Müller, respon­diendo en octubre de 1985 que las mismas “no le aportaron nada positivo sobre este asunto”. En una carta del 25 de septiembre de 1985, J. del Greco, señala: “Le comunico que lamentablemente no se cuenta ya con los registros de trenes de ese año, por lo que no se puede determinar fehacientemente el movimiento en esa fecha. En cuan­to a las averiguaciones efectuadas a gente de ésta (Pindapoy/Apóstoles), manifiestan que -en efecto- se co­mentó sobre ese fenómeno que tuvo mucha repercusión en la zona, y que además se vio más al norte de la pro­vincia (zona de Oberá e Iguazú, bastante distantes una de otra)”. Hechos sobre los cuales no teníamos noticia y, por obvia, aún menos haber podido establecer una relación con el episodio ocurrido en la zona de San José. Al margen, la gestión del personal del Ferrocarril merece ser ampliamente reconocida. Asimismo, por el interés en el tema y la preocupación por satisfacer nuestras inquietudes, puesta de manifiesta tanto en la facilitación de información como en el asesoramiento y orientación que recibimos en todo momento.

[3] En relación a una experiencia simulada de observación ovni que dirigimos ese año, J. R. Róvere -que nos acompañó durante las encuestas-, se propuso verificar la pretendida fiabilidad de los parámetros perceptuales proporcionados por los testigos, procediendo a estimar distancias a ojo desnudo y en pleno día en el lugar de los hechos. Efectuada la comprobación, su error de cálculo orilló en el 25%.

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