Cnel. Brandsen (BA): Un proverbial desencuentro (Final)

CNEL. BRANDSEN (BA): UN PROVERBIAL DESENCUENTRO

Roberto Banchs

◘ Entrevistas con Mauro E. García:

Las mismas se desarrollaron en diciembre de 1986 y febrero de 1987, en su domicilio. Su relato es el siguiente:

Mauro García.

“Viajaba con Federico Atencio totalmente despierto, no habíamos bebido ni comido en exceso. Veníamos conversando tranquilamente de nuestras cosas, cuando vimos eso. Era la ruta que viene de Monte, a Brandsen, un camino por entonces de tierra. Estábamos a mitad del camino cuando repentinamente se nos cruzó como una luz muy in­tensa, muy fugaz, con una velocidad fantástica que se introdujo en un campo, llano; por eso pensamos que no era una cosa normal. A cada lado del camino había alambrada, y esa luz, ese objeto, lo que fuere, le pasó por encima y se perdió inmediatamente. Vimos una cosa tan rápida que no alcanzamos a divisar más. Nos quedamos entonces ahí detenidos, un rato, pensando con mi compañero Federico, y sólo después seguimos viaje a Coronel Brandsen. Cuando arribamos, lo hicimos a una estación de servicio que está en la curva del camino, y nos dirigimos a cargar nafta. En esas circunstancias, se me ocurre mirar hacia el cielo, en una costumbre de siempre, y lo que pareció al comienzo que era una estrella, en segundos se convirtió en una luz intensísima, aunque calculo estaría muy alta, haciendo un movimiento de insecto, en zig-zag. Me detengo a observarla y le pregunto a Federico: ‘Che, mirá allá a ese punto en el cielo, ¿qué ves?’. Al principio no la veía, pero le insistí y cuando lo pudo ubicar, porque él también era medio corto de vista[1], describió lo mismo.

“Todavía pensando que estábamos con una visión ilusoria, que a veces se da -porque uno cree que ve y no es nada más que una fantasía, un estado de autosugestión, donde en realidad no existe nada de lo que cree estar viendo-, bué, llamamos al empleado de la estación de servicio, le apuntamos justo allá, y se quedó mirando un ratito. ‘Oh, que extraño -dice- parece un helicóptero, por los movimientos, pero una luz tan intensa no la tiene’. Nos quedamos una media hora y, de repente, en uno de esos movi­mientos en zig-zag, giró y no la vimos. Creo que después nos fuimos y continuaba la luz, el movimiento. Se trataría del mismo que vimos antes.

“Nosotros pensamos que sería un objeto… pensamos siempre que era un objeto extra­terrestre, porque ningún aparato de acá puede hacer lo que hizo: cruzar el campo hacia la derecha, que estaba todo alambrado; nosotros conocíamos ese camino muy bien porque continuamente íbamos a Azul y veníamos por esa ruta. No había ni un pedacito que faltara alambre. Y para que cruzara tan rápidamente por encima, no podía ir a ras de tierra, tenía que tener una cierta elevación.

“Apareció a un costado del camino, ¡pero apareció tan rápido!, que no se de dónde venía, cómo estaba, a qué altura se hallaba. Fue una cosa que pasó, casi tocando tierra; justo enfrente de nosotros y después por encima de la alambrada.

“Nosotros no vimos personas. Por lo menos, yo no vi. No, no, de eso no vimos nada. Vimos exactamente esto. No vimos nada más.

“Bueno, cuando la vimos arriba (desde la estación de servicio) no se distinguía nada, pero en ese breve instante en que nosotros observamos en el camino, no era, sino parecía que había una pequeña sombra adentro.

“La sombra era… como una luz que presenta una pequeña sombra. Acaso como una lamparita, una luz cualquiera, que sale como una sombrita, que no está totalmente limpia la luz. Por ejemplo, el de una linterna de caza, que proyecta la luz, pero en el centro de la misma hay un cono oscuro, bueno, eso es lo que vimos nosotros. No tan preciso, pero ahí no hay vizcachas ni perdices, ¡no van a ir a cazar allí a esas horas de la noche! Además, no hay instrumento humano que haga una luz de esas. Eso es lo que vi. No se podía observar más detalles por la intensidad de luz y por la velocidad.

“Cuando nos cruzó en el camino, estaría a unos 300 m; luego se elevó rápidamente. Eso es extraordinario, porque no necesitó hacer un desplazamiento muy grande para ele­varse, sino que prácticamente lo hizo en forma vertical. La luz tendría un diámetro de más o menos 25-30 m, aunque era alargada, una luz redonda pero alargada. Las manchas estaban adentro, en el medio de la luz, cuya intensidad no permitía ver la forma; no era precisa. Estaba a unos 50 m, no más. No recuerdo cuántas eran, se que vimos, pero no estaban todas juntas; vimos, sobre todo en esta parte central, ahí es donde divisa­mos esas sombras difusas. No tenían una forma determinada. Tampoco el color, negra, gris, oscura; capaz que en vez de ser negra era verde o azul fuerte, pero eso no se podía precisar.

“Nosotros veníamos de Azul y pensamos en quedarnos unos días más, pero no lo hicimos porque al otro día era festivo y queríamos estar con nuestras familias. Pero no me olvido que al poco tiempo de haberlo visto, salió en La Razón que personas que estaban en el barrio de la Boca, en Buenos Aires, lo habían avistado y en la misma hora. Cuan­do llegamos a La Plata era de noche, y fuimos a dormir. Entonces, fue al otro día cuando Atencio recibe el periódico y, como nos veíamos todos los días, me dice: ‘¡Mirá Mauri! -trayéndome el artículo-, esta gente ha visto lo mismo que nosotros’. Porque la gente lo describía como nosotros lo habíamos visto, de la misma manera.

“O sea que ellos lo vieron la misma noche y a la misma hora que nosotros. Durante el viaje, comentamos nuestra observación, pero después fuimos restándole interés. Le dimos importancia cuando Atencio me trajo el periódico donde había salido que otros habían visto eso, sino no lo habríamos comentado. ¡No le dimos importancia! Sólo nos llamó la atención, así…

“Haciendo un cálculo, esto ocurrió alrededor de las 22 horas, a mitad de camino entre San Miguel del Monte y Brandsen, podía ser a dos kilómetros más, o menos. Condu­cía Federico Atencio su Plymouth convertible, cuando vio esa luz que se cruzaba en el camino, ¡y frenó, clavó los frenos! Porque al principio, no digo que nos asustamos, pero nos produjo una sensación de… asombro, un estado de… ¡que no era miedo! Por­que no pensamos que podía ser algo que nos podía herir. Apareció de súbito, delante de nosotros, desplazándose de la mano izquierda a la derecha. Era una noche tranquila, con cielo estrellado, y algo fresca. Porque nos bajamos del automóvil, prendimos los faros, y tratamos de ver si había alguna huella. Nos había llamado poderosamente la a­tención el modo en que cruzó la alambrada. Pero no vimos nada. Al objeto, claro está, lo vimos desde adentro del auto, pero al bajar lo hicimos para pensar un poco qué era lo que habíamos visto, y luego para ver si…, porque suponga que está en el camino y se viene, de repente hace así, pero en forma velocísima, ¡ni siquiera se puede pensar de dónde venía! Y esto fue fugaz, segundos en que hizo todo el recorrido. Esas man­chas las observamos estando a unos 50 m, tal vez menos. Después, se elevó, se perdió; nosotros no la vimos y se elevó sin hacer ningún desplazamiento horizontal para tomar fuerza y elevarse. Luego que pasó la luz, fue cuando nos bajamos con Federico, dicien­do: ‘¿Qué es esto?’. Estábamos asombrados tras ver esa luz blanca, caro el diamante.

“Respecto a otras versiones, hay gente que hace mucha fantasía de las cosas; por eso es muy difícil determinar con precisión. No se podía precisar más. Todo lo demás podría ser una fantasía. La verdad que el asunto del plato volador no lo habíamos anali­zado, no estaba en nuestra mente. Lo que vimos era ese objeto tan extraño que no podí­amos determinar de qué se trataba. Tal vez sólo lo mencionamos al pasar, pero nada más.

“Por entonces tenía 39 años -nací el 20 de diciembre de 1914- y, aunque nos hemos formulado esa pregunta, siempre creí que al no tener una base cierta, ¿para qué pensar que se trataba de un objeto extraño, algo tan especial como un ovni?, ¿con qué funda­mento? En cambio, hay gente que le gusta la fantasía y…

“Federico (Atencio) diría exactamente lo mismo. A lo mejor, podría decir las cosas con un poquito más de detalle, porque… teníamos diferencias; él podía ser un poquito más ¿no?, de acuerdo a su temperamento. Pero la versión en sí, o sea el fondo del asunto, es exactamente eso, lo que vimos nosotros dos. Quizá, ¿sabe qué?, él podría haber­se imaginado un poco más, porque era medio… imaginativo, tenía inclinaciones medio bohemias. Eso sí, tenía mucha cultura, mucha más que yo. Mi socio era ingeniero y yo apenas hice hasta el tercer año del secundario y abandoné. Tenía respecto a mí unas pequeñas diferencias en la forma de expresarse, de darle el detalle; pero en esencia es lo que le he manifestado: ‘Vimos cruzar en el camino una luz muy intensa que se desplazaba a una gran velocidad, de una forma semiredonda, en la cual alcanzamos a divi­sar algunas sombras difusas. Luego la luz se elevó rápidamente y la perdimos de vista. Al llegar a Brandsen, en la estación de servicio volvimos a ver un objeto luminoso que se desplazaba rápida y zigzagueante en el firmamento. Le preguntamos al encargado de la estación si él divisaba algo y nos describió lo mismo que veíamos nosotros’”.

Las entrevistas con Mauro Esteban García se desarrollaron de manera distendida y amable. Ante la posibilidad de que el testigo pudiera ocultar o reducir en forma deliberada la extrañeza de su experiencia[2] (tras haber confrontado la versión de su amigo F. Aten­cio), intentamos disuadirlo de tal hipotética idea. Sin embargo, mostró firmeza en sus declaraciones y no eludió nuevas preguntas. En cambio, pudimos advertir cierto énfasis puesto, por un lado, en la simpleza -sin adornos- del avistamiento y, por otro, en el propósito de respaldar su testimonio de modo coherente con el de los demás testigos (Federico Atencio, el empleado de la estación de servicio de Brandsen, etc.), forzando o negando cual­quier desacuerdo. También observamos algún titubeo y signos de ansiedad cuando señalamos la posibilidad de un plato volador y de la presencia de personas, conforme a la descripción de Atencio, con quien -concluye reconociendo- ha tenido sus “diferencias”.

ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LOS RELATOS

Los testimonios de Mauro García y de Federico Atencio nos ofrecen notables discrepancias. Especialmente, entre las “sombras difusas” de García y las “dos figuras casi humanas”, descriptas por Atencio. En terreno de las hipótesis, cabría suponer que Atencio y García -sentados juntos en el automóvil-, han visto cosas diferentes. Y si no fuera así: ¿Hubo un exceso imaginativo?, como lo sugiere García. O la contrapartida, ¿será el temor de ver manchada la reputación, admitiendo la ocurrencia de un hecho totalmente desusado?, como lo sugiere la señora de Atencio.

No obstante, existen algunas circunstancias en las que concuerdan. Por ejemplo, la lectura al día siguiente del vespertino La Razón, que reavivaría el interés por sus propias experiencias. Según M. García, otras personas “lo describían como nosotros lo habíamos vis­to, de la misma manera (…) la misma noche y a la misma hora”.

Respecto a la ubicación y el aspecto que presenta la Luna aquel sábado 24 de mayo de 1952, según datos proporcionados por Carlos Demaría, el astro se sitúa al NW, bajo el horizonte y con una incipiente fase lunar. En otras palabras, no había Luna visible, coincidiendo con la descripción brindada por el Ing. Atencio. El avistamiento se da, pues, en el marco de una noche oscura.

Respecto a los testigos, es evidente que nos hallamos ante “un proverbial desencuentro”, cuya controversia resultó imposible dirimir en esta investigación. A las primeras encuestas realizadas por el suboficial de aeronáutica Roalde Moyano, ceñidas al extraordinario relato de Federico Atencio, le han seguido las declaraciones de Mauro García como testigo directo, tras la muerte de aquél. Es probable que la verdad surja alguna vez, o se perpetúe el interrogante. Pero es seguro que con semejantes contradicciones, hay una realidad que no podrá alzarse ostentosamente para aclamar su existencia.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) La Prensa, Buenos Aires, 1° julio 1967.

Banchs, Roberto. La investigación de los OVNIS en la Argentina, en rev. Auge, Buenos Aires, n° 2, agosto 1979, ps. 10/14.

(2) La Razón, Buenos Aires, 11 julio 1966.

(3) El Día, La Plata, 15 noviembre 1967, p. 6.


[1] No obstante, al final de la entrevista volvimos sobre el tema y le preguntamos a García si para esa fecha usaba lentes, a lo que respondió: “No, no. Ni Federico (Atencio) tampoco. Ninguno de los dos usaba. Ni tampoco para leer”.[2] Al conocer las declaraciones de García, la Sra. Ada C. de Atencio, manifestó que García “teme que lo tomen por loco. Desde un comienzo no quería hablar del asunto, pensando que no le creerían. No desea manchar su reputación admitiendo lo que sucedió”.

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