San Lorenzo (Sa). En los cerros de Salta (Primera parte)

SAN LORENZO (Sa): EN LOS CERROS DE SALTA

Roberto Banchs

Argentina es uno de los pocos países que tiene una geografía que se extiende desde el trópico hasta el círculo polar, ofreciendo variados paisajes y climas. Esta afirmación lo es, asimismo, para una de las provincias más privilegiadas y atrayentes: Salta. Aun lejos del polo, sus nevadas cimas andinas y las heladas dunas de la puna evocan a menudo otras latitudes. Situada a una altura más reduci­da, la capital -verdadera joya de la arquitectura colonial-, rige los destinos de un territorio de amplios recursos naturales. Y en sus alrededores, a poco más de diez kilómetros, al noroeste, hallamos la pintoresca villa veraniega de San Lorenzo, enclavada en la quebrada y frente al río del mismo nombre.

Su apacible vida iría a sufrir algunos cambios. Su historia está enriquecida por numerosas leyendas de distinto origen, pero fue en abril de 1956 cuando se produjo -quizás- ­el suceso que inaugura el interés de la opinión pública mundial hacia algunos extraños hechos acaecidos en la parte argentina de la Puna de Atacama, elevada planicie andina. Esta aislada y fría región no había escapado a la ola de “platos voladores” que afectaba al mundo desde hacía varios años y florecieron diversos testimonios de observaciones. Fue entonces cuando un “cigarro volador” sobrevoló cuatro veces en el mismo día el Salar de Arizaro, cerca de la localidad de Tolar Grande (1). El suceso causó gran estupor en todo el país, sobre todo porque se habían tomado algunas fotografías, con la inevitable controversia de que tales portentos no eran otra cosa que aviones a reacción del ejército ecuatoriano, que tenían su ruta entre Quito y Chile.

En aquella época, también, una violenta explosión sacudió las laderas del Nevado Macón, cumbre situada cerca del Tolar Grande. Dicha explosión fue atribuida a la caída de un cuerpo celeste, calificado de aerolito por algunos y de cigarro volador por o­tros (2).

Unos tres meses más tarde de aquél primer avistamiento, un técnico minero estaba buscando uranio en el Macón cuando encontró, a más de 5.700 m de altura, unas huellas de 40 cm., presuntamente pertenecientes a “un ser desconocido”. Rápidamente se estable­ció una similitud con las del yeti tibetano, más conocido como el “abominable hombre de las nieves” (3). El hallazgo parece haber tenido sus efectos. Un arriero de la Quebrada de Escoipe se presentó ante la policía y declaró que, en la hondonada de una quebrada, había encontrado a un extraño ser cubierto por una espesa pelambre que inten­tó asustar a sus animales profiriendo agudos gritos (4). En los primeros días de agosto un minero que recorría la zona de Quitilipo, en las cercanías del Morro del Telar, buscó refugio en una caverna debido a una tormenta de nieve y se halló con la misma gigantesca criatura, abriendo fuego contra ella y oyendo sus desgarradores lamentos (5).

Como contrapartida, dos profesores de la Universidad del Tucumán que estudiaron la cuestión, hallaron una analogía entre el “Yeti” de Asia y el “Ucumar” de los Andes, y establecieron que tales visiones son un producto de la mitología montañesa, correspon­diente a altitudes demarcadas por el límite inferior de las nieves, dentro de una co­mún situación geográfica (6).

El estupor provocado por todos estos hechos apenas había comenzado a atenuarse, cuando el 25 de septiembre las agencias periodísticas informaron sobre un nuevo avista­miento que volvió a colocar a Salta en el primer plano de la actualidad. Ese día, los habitantes de la localidad salteña de Pajas Blancas advirtieron al promediar la tarde, el aterrizaje de una extraña aeronave en forma de huevo y de gran porte, que terminó elevándose en espiral ante la aproximación de los testigos (7).

El diario El Tribuno, de Salta, tuvo gran protagonismo por cuanto hizo lo que estuvo a su alcance para informar a la opinión pública acerca de estos episodios y pa­ra reunir la mayor cantidad posible de testimonios. También el Club Andino del Norte se interesó en el problema y sus miembros aprovecharon una expedición para reunir antecedentes sobre estos misterios (8).

La algarabía inicial dio paso a comunicaciones tales como la del Equipo de mediums-radar R. Jornán, que afirmó realizar activamente los preparativos para entablar conversación “con los navegantes extraterrestres de los platos voladores”. He aquí los prolegómenos de las hermandades platillistas y grupos de contactados, cuyos orígenes los encontramos en el movimiento espiritista. A finales de octubre de 1956, R. Jordán vaticinó (9): “Dentro de poco podré darles noticias sorprendentes. Por de pronto, los médium-radar con los cuales estoy en contacto confirman que alrededor del 7 de este mes aparecerán en Estados Unidos, y en otros lugares del mundo, y posiblemente en la Argentina, en la zona de Salta, máquinas voladoras de otros planetas, con misión de paz, que ya se habían anunciado en mensajes captados en la forma en que fue indicada (…). Se aproximan días -agrega R. Jordán- de gran movimiento de astronaves, de diversos mo­delos y procedentes de varios planetas. Serán de diversas formas -no sólo discos, cigarros, dados, esferas, etc. -, despedirán haces de luz de distintos colores, de acuerdo a la intención expresiva, pero con la finalidad de entablar relaciones pacíficas. Cada llegada de estas astronaves es un saludo…”.

EL EPISODIO DE SAN LORENZO

Dora Aráoz Castellanos de Jovanovies.

Al mes siguiente de tan fervoroso anuncio, se produce un resonado avistamiento, motivo de nuestra exposición. El diario El Tribuno, de Salta, y otros (10), recogen las declaraciones de la señora Dora Aráoz Castellanos de Jovanovies, quien habría afirmado que “en la noche del 25 al 26 de noviembre (de 1956), vio en el cielo, en un lu­gar próximo a su residencia veraniega, ubicada a la altura del kilómetro 10 del camino a San Lorenzo, un extraño artefacto aéreo que, luego de permanecer durante algunos minutos descendió en un claro del espeso monte que rodea al lugar y próximo al lecho del río que corre a esa altura. Según la narración de la señora de Jovanovies -continúa la nota-, la máquina tenía forma circular, con dos pequeñas cúpulas, una arriba y la otra abajo y despedía, de lo que parecía ser una mirilla, fulgores lechosos.

“En un momento dado, la extraña aparición descendió hasta unos 200 metros. Entonces, se abrió una portezuela inferior, saliendo al exterior un fuerte haz de luz, similar al de un reflector, que iluminó gran parte de la escena. Instantes después, el artefacto descendió hasta el claro del bosque. No obstante la lluvia que caía en ese momento, pudo observarse cómo pequeñas manchas de color marrón se movían sobre su superficie. Por unos minutos -dice la señora de Jovanovies-, me dominó el pánico; serenada ya, pude notar como el plato volador emprendió veloz vuelo en forma vertical, no tardando en desaparecer. Durante toda la presencia del vehículo celeste se sintió un suave zumbido, simi­lar al de un motor puesto en marcha a extraordinaria velocidad. La narración de la se­ñora Castellanos de Jovanovies no hace más que confirmar anteriores y extrañas apari­ciones como la presente. También, en 1955, en el cerro El Macón, y según aseguraron pobladores de la región, descendió en forma violenta algo que en aquel momento se creyó que sería un aerolito”, concluye el artículo.

¿BASES EN SALTA?

Planta del área y ubicación de la testigo.

Tras la espectacular observación en San Lorenzo, el medium-radar R. Jordán parece reconfortado y, con la trascripción del episodio y algunas lucubraciones, titula su nuevo artículo del 10 de diciembre de 1956: “Los anuncios del Equipo Jordán, hechos para Orbe 8, tienen confirmación: Platos voladores en Salta y la Capital Fede­ral” (11).

En marzo de 1957, el investigador Cristian Vogt iría a presentar en Suiza los hechos curiosos ocurridos en esa provincia (12). Su exposición finaliza sostenien­do que esa región “se ha transformado en la actualidad en uno de los puntos neurálgi­cos del globo en lo relativo a la misteriosa actividad desplegada por las astronaves alrededor de nuestro planeta (…). Por lo tanto debemos prestar atención a esa zona en donde, en cualquier momento, podrían producirse acontecimientos mucho más importantes”.

Respondiendo a estas exigencias, se constituye en Buenos Aires la Asociación Universal Metapsíquica, cuya sigla AUM es palabra sagrada para los espiritis­tas. Esta Asociación de sensitivos se funda el 29 de septiembre de 1957 para “conectarse con los planos y planetas elevados y ser los intermediarios entre Ellos y nuestra Humanidad científica y espiritualista”. Veinticinco son sus miembros y anteriormente eran siete, que constituían el Equipo Telepático R. Jordán que dio origen a la misma.

A mediados de diciembre de 1957, su presidente, Agapito Millán, hizo sorprendentes revelaciones (13). “Pero lo más importante en relación al señor Millán -expone La Razón-, es que la provincia de Salta es la privilegiada y la elegida por los hermanos de otro mundo. La cantidad de fenómenos celestes observados allí se debe, de acuerdo a Millán, a que en Salta existe una estación-depósito de aparatos interplanetarios con sus diversos seres en plan de aclimatación y no para invadir a la Tierra, sino para ayudamos en un serio peligro por el cual hemos de pasar. Según los médium, que hasta dibujan una montaña en forma de campana, esa montaña tiene arriba un gran orificio donde residen los seres venidos en los platos voladores.

“Ellos abren un poco el orificio para dejar entrar nada más que un poco de atmósfera terrestre, para ir aclimatándose. Luego vuelven a cerrar. De modo que es Salta don­de los habitantes de otros mundos tienen su guarida en la Tierra y su aeropuerto con depósitos y hangares para sus maravillosos vehículos, que nosotros llamamos platos vola­dores o cigarros voladores, con nombres bien vulgares por falta de imaginación…”.

En julio del año siguiente, será Agor (pseudónimo de A. O. Pérez Alemán , presi­dente de la Asociación de Hermandad Cósmica (AHC) y activo miembro de la AUM, desarro­llando una vasta tarea de difusión sobre el tema en años venideros) quien dirá en una de la serie de notas tituladas “La Verdad sobre los platos voladores” (14), que “la provincia de Salta es la privilegiada y la elegida por los hermanos de otros mundos, como aeródromos de los platos voladores”, ratificando los dichos de Agapito Millán.

Es en este conjunto de observaciones y revelaciones donde podemos hallar la génesis del mito de los ovnis de Salta, que se extiende -como es sabido- hasta nuestros días, y al que pertenece de manera proverbial, quizá sin proponérselo, el caso de San Lorenzo.

Continuará…

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