El Monstruo del Loch Ness. Los primos de Nessie (11)

EL MONSTRUO DEL LOCH NESS. LOS PRIMOS DE NESSIE (10)

En 1921 el señor Tran Van Con, de Vietnam contó una historia sucedida 38 años atrás (en 1883). Tran dijo que un enorme animal de 18 metros de largo había quedado varado en Hongay, Bahía de Along. El animal sólo tenía 1 metro de ancho. Su cabeza había desaparecido. La criatura estaba compuesta por segmentos idénticos de 1 metro de ancho y 60 centímetros de largo con apéndices como filamentos de 70 centímetros de largo. La cola también terminaba en estos apéndices. Cuando se le golpeaba, sonaba como hoja de metal. El sonido también fue comparado con el de un cangrejo. Era de color marrón oscuro por encima y por debajo de amarillo claro. Los aldeanos le llamaron “Con rit” o milpiés. Este animal también se parecía al dragón oriental tradicional, excepto que éste se parecía mucho a un artrópodo.

En la primavera de 1885 fue hallada otra carcasa en New River Inlet, Florida, EU. Medía 13 metros de largo por 2 de ancho. Su cuello era de 2 meros y estaba unido a un par de aletas. Oudemans asegura que esta era una auténtica serpiente de mar, pero Heuvelmans no está tan seguro. La descripción general se ajusta a la de un tiburón peregrino.

Una frase aparecida en los periódicos de noviembre de 1891 es el origen de otro caso de serpiente de mar. La falta de puntuación impide determinar si el obispo fue quien murió o él encontró muerta una serpiente de mar en Coffin Bay, Australia. Algunos autores suponen que este es un fraude, muy común en los periódicos de la época. La frase es:

INFLUENZA EXTENSIVELY PREVALENT WALES VICTORIA NUMEROUS DEATHS BISHOP ADELAIDE FOUND DEAD SEA SERPENT SIXTY FEET COFFIN BAY

En Kirkwall, Orkneys, Escocia, encontraron los restos de otro tiburón peregrino en 1894.

EL MONSTRUO DE SAN AGUSTIN

El 30 de noviembre de 1896, dos jóvenes, Herbert Coles y Dunham Coretter, mientras viajaban en bicicleta por la isla de Anastasia con rumbo a la cala de Matanzas, descubrieron un gigantesco cadáver en la playa Crescent. El cuerpo estaba parcialmente enterrado en la arena, por lo que probablemente había estado en la playa durante varios días. Ellos pensaron que se trataba de una ballena.

Al día siguiente, DeWitt Webb, el fundador y presidente de la San Agustín Scientific, Literary, and Hictorical Society, visitó la carcasa. La parte visible tenía 5.5 metros de largo y 2.15 de ancho. El cadáver era básicamente una masa fibrosa. Tenía un muy ligero color rosa. Más importante aún, Webb decidió que la carcasa no era una ballena, sino, en cambio, un pulpo gigantesco.

El 7 de diciembre, Edgar Van Horn y Ernest Howatt tomó varias fotografías. Estas no sobreviven, pero si los dibujos basados en ellas. Al día siguiente, Webb escribió cartas a varias personas intentando que alguien más investigara la carcasa.

Varios días después, un hombre que vivía en la zona llamado Wilson, excavó alrededor de la carcasa. Encontró lo que él dijo que eran varios brazos:

“Un brazo estaba situado al oeste del cuerpo, y tenía 7 metros de largo; un muñón de brazo, al oeste del cuerpo, de alrededor de 1.20 metros; tres brazos se extendía al sur del cuerpo y aparentemente estaban unidos al mismo (aunque no escarbé lo suficiente cerca del cuerpo, ya que estaba bien profundo en la arena, y yo estaba muy cansado), el más largo mide más de 9.75 metros, los otros brazos eran de 1 a 1.5 metros más cortos”[1].

Una de las cartas que había enviado Webb, la que le escribió a J. A. Allen, pasó por varias manos, y finalmente llegó a A. E. Verrill, un científico que ayudó a descubrir el calamar gigante. Verrill publicó una nota sobre el tema en el número de enero de 1897 de la revista American Journal of Science. Él decidió que la criatura no era un pulpo, sino un calamar gigante. En un artículo para la revista Nautilus de 1897[2], Webb también llamó calamar a la criatura.

Webb siguió enviando material de la carcasa a Verrill. En el número del 3 de enero de 1897, del New York Herald, se decía que Verrill aceptaba que, después de todo, la carcasa era un pulpo gigante. Sin embargo, Verrill no había escrito el artículo, por lo que esa conclusión se debe al redactor del artículo.

En la edición de febrero del American Journal of Science, Verrill llama a la criatura Octopus giganteus. Sin embargo, Verrill también dijo:

“Es posible que pueda estar relacionado con el Cirroteuthis (otro tipo de pulpo), y, en ese caso las dos jorobas posteriores, que parecían brazos, podrían ser los restos de las aletas laterales, ya que se parecen demasiado a los brazos, a menos que se retiren de su posición. Por otro lado, parecen estar demasiado adelante para ser aletas. Así que se probablemente son brazos torcidos de su verdadera posición”[3].

Entre enero 9 y 15, la carcasa fue arrastrada por el mar. Afortunadamente, regresó, esta vez a la playa Crescent. Si los “brazos” encontrados por el señor Wilson existieron, esta vez se habían separado de la carcasa.

También en enero, Webb trató de voltear la criatura. Incluso con una docena de hombres fuertes, sólo se pudo elevar parcialmente.

En una carta del 17 de enero a W. H. Dall, curador de moluscos en el National Museum, Webb escribió:

“Ayer tomé cuatro caballos, seis hombres, un montón de pesadas placas, y un aparejo, para intentar rodar el Invertebrado fuera de la fosa y lo coloque cerca de 40 pies sobre la playa, donde ahora descansa en el piso de la pesada plancha… donde fue colocado derecho y midió 21 pies en lugar de 18… Una buena parte del manto o cabeza permanece unida cerca de la parte más delgada del cuerpo… Entonces se abrió el cuerpo a todo lo largo de sus 21 pies… Se vació por completo la parte delgada del cuerpo de sus órganos internos. Y los órganos que quedaron no eran grandes y no se veían como si el animal hubiera tenido tanto tiempo de muerto… La capa muscular que parece a la de todos los invertebrados es de dos y de tres hasta seis pulgadas de espesor. Las fibras de la capa externa son longitudinales y transversales en el interior… no hay aleta caudal o cualquier señal de que hubiera habido alguna… No quedan picos, cabeza u ojos… no se encontró ninguna prueba de ninguna estructura ósea”[4].

No hay detalles de ninguno de los órganos internos que supuestamente encontró Webb.

El 12 de febrero, Webb envió varias muestras de la carcasa a Verrill y Dall.

Otro artículo de Verrill sobre el Octopus giganteus se publicó en el número del 14 de febrero de 1897 del New York Herald. Se especula que habría tenido tentáculos de más de 30 metros de largo. También se sugirió que murió en una pelea con un cachalote, y fue comido en parte por esta misma ballena, pero fue arrastrado por una tormenta.

El 23 de febrero, Verrill recibido las muestras. Sus comentarios, escritos el mismo día, aparecieron en el número de marzo de Science:

“Estas masas de integumento son de 3 a 10 pulgadas de grueso, muy duras y elásticas, y muy difíciles de cortar. Están compuestas principalmente de cuerdas duras y fibras de tejido conjuntivo blanco y elástico, muy entrelazadas. Esta estructura se asemeja a la grasa de algunos cetáceos. La criatura posiblemente no podía haber sido un pulpo. Esta probablemente relacionada con las ballenas, pero es un enigma cómo esa enorme estructura, parecida a una bolsa, podría estar unida a cualquier ballena conocida, que no estoy en condiciones de resolver en la actualidad. La suposición de que era el cuerpo de un pulpo se basa, en parte, a su forma parecida a una bolsa y en parte también en las declaraciones que me hicieron de que al principio tenía unos grandes brazos unidos a ella. Esta última declaración es ciertamente falsa”[5].

Verrill reiteró esta opinión en otro artículo de Science, le comentó a F. A. Lucas, lo siguiente:

“La sustancia parece grasa, y huele a grasa y es grasa, nada más ni nada menos”[6].

Verrill más tarde dijo que probablemente era un cachalote. Sin embargo, también admitió que es posible criticar su hipótesis:

“Si pudiéramos imaginar un cachalote con la cabeza muy prolongada hacia adelante, en la forma de un gran bat, hocico saccular, libremente proyectándose más allá de la mandíbula superior, y con una gran cavidad central, que podría, en caso de separarse y por la erosión de las olas, presentar una apariencia similar a la masa que se encontró en tierra. Apenas parece posible, sin embargo, que el abruptamente truncado y estrecho hocico del cachalote común pudiera asumir, incluso después de ser golpeado largamente por las olas, una forma como esta. Ningún ballenero que la ha visto la ha reconocido como parte de una ballena. No parece posible identificar ese saco tan grande, hueco, con forma de pera, de 21 pies de largo, con alguna parte de un cachalote común a menos que su nariz se hubiera ampliado y distorsionado por la enfermedad, o tal vez por la vejez extrema. No se descubrió ningún orificio”[7].

El cadáver fue arrastrado por el mar, y de nueva cuenta regresó a tierra. Luego fue arrastrado 10 kilómetros hasta un ferrocarril y encerrado en una cerca.

Las muestras de Verrill se perdieron cuando éste se mudo al Peabody Museum de Yale. Sólo quedan las muestras de Dall en el Smithsonian.

Charles Fort leyó sobre la carcasa en un artículo de 1909 en el Washington Post, y la incluyó en su libro Lo! De 1941.

En 1957, Forrest G. Wood supo de la carcasa gracias a un recorte de prensa en los archivos del Marineland Research Laboratory.

Joseph F. Gennaro hijo, fue al Smithsonian para obtener algunas piezas de tejido para analizarlas. El tejido es tan difícil que cortar que para obtener dos piezas del tamaño de un dedo, Gennaro gastó 4 hojas de cuchillo. La dureza de esta carcasa no es nada nuevo. En una carta dirigida a Verrill, Webb dijo, “La joroba es tan dura que, cuando es expuesta al aire, un hacha hace muy poca mella”[8]. Gennaro concluye que se trata de un cefalópodo gigante[9]. En 1986 Roy P. Mackal analiza las muestras y concuerda con Gennaro[10].

Pero en 1995 S. K. Pierce, G. N. Smith Jr., T. K. Maugel y E. Clark hacen nuevos análisis con las técnicas más modernas y encuentran que se trata de una ballena[11].

OTROS MONSTRUOS DEL FINAL DEL SIGLO XIX

En la primavera de 1899 cuando los marinos el vapor inglés Emu llegaron a la isla Suwarrow, cerca de Samoa (Polinesia), en su camino a Sydney, Australia, fueron informados que un “pez diablo” había encallado en la playa. Uno de los marinos, A. H. Bell decidió acompañar a los nativos y relató la forma en que recuperaron parte de los restos:

“Hemos conseguido la mayor parte que hemos podido, y ahora tenemos a bordo la primera serpiente de mar nunca antes llevada a Australia o a cualquier otro lugar”.

El Emu llegó a Sydney con una parte de la criatura.

La criatura estaba cubierta con un pelo café. Según el capitán del Emu, la cabeza era parecida a la de los caballos y medía 3 pies de largo. Estimó que pesaba unas setenta toneladas y que medía unos 60 pies de largo. Las costillas eran de 2.5 pies de largo y estaban pegadas a la columna vertebral de 4 pulgadas de diámetro. El English Mechanic (No. 69, abril 7, 1899, Pag. 17) notaba que

“Hay evidencia de la existencia de dos colmillos en la mandíbula inferior, y los nativos dijeron que el monstruo tenía aletas como una foca, cuando fue arrojada a la tierra”.

Un científico en el Museo de Australia determinó que el monstruo era en realidad un tiburón peregrino descompuesto.

Continuará…


[1] Verrill A. E., The supposed great Octopus of Florida; certainly not a Cephalopod, American Journal of Science, 4th series, Vol. 3, 1897, Pags. 355-356.[2] Webb DeWitt, A Large Decapod, Nautilus, Vol. 10, 1897, Pag. 108.

[3] Verrill A. E., Additional information concerning the giant Cephalopod of Florida, American Journal of Science, 4th series, Vol. 3, 1897b, Pags. 162-163.

[4] Mangiacopra, G. S., Monster on the Florida Beach, Parte uno, INFO Journal, Vol. 5, No. 1, 1976, Pags. 2-6

Mangiacopra, G. S., Monster on the Florida Beach, Parte dos, INFO Journal, Vol. 5, No. 2, 1976, Pags. 2-6.

[5] Verrill, A. E., The Florida Monster, Science, New Series, Vol. 5, 1897, Pag. 392.

[6] Lucas, F. A., The Florida Monster, Science, New Series, Vol. 5, 1897, Pags. 476.

[7] Verrill A. E., The supposed great Octopus of Florida; certainly not a Cephalopod, American Journal of Science, 4th series, Vol. 3, 1897, Pags. 355-356.

[8] Ellis R., Monsters of the Sea, Alfred A. Knopf, New York, 1994.

[9] Gennaro, J.F. Jr., The Creature Revealed, Natural History, March, 1971.

[10] Mackal R. P., Biochemical Analyses of Preserved Octopusgiganteus Tissue, Cryptozoology, No. 5, 1986, Pags. 55-62.

[11] Pierce, S. K., Smith G. N., Jr., Maugel T. K., & Clark E., On the Giant Octopus (Octopus giganteus) and the Bermuda Blob: Homage to A.E. Verrill, Biological Bulletin, No. 188, 1995 Pags. 219-230.

Llamando a los ocupantes de la nave interplanetaria

Calling Occupants of Interplanetary Craft” (Llamando a los ocupantes de la nave interplanetaria) es una canción de Klaatu, lanzada originalmente en 1976. Al año siguiente Los Carpenters hicieron una versión de la canción.

En esa fecha Karen Carpenter ya tenía su problema de anorexia. Sus facciones afiladas con una cara casi triangular y las cuencas oculares bien definidas y marcadas le daban, curiosamente, la apariencia de uno de los ahora famosos grises.

John Woloschuk, un miembro de Klaatu, y uno de los compositores de la canción dijo:

“La idea de este track fue sugerida por un evento real que se describe en The Flying Saucer Reader, un libro de Jay David publicado en 1967. En marzo de 1957 una organización conocida como International Flying Saucer Bureau[1] envió un boletín a todos sus miembros urgiéndolos a participar en un experimento llamado “World Contact Day” (Día del Contacto Mundial) en donde en un tiempo y fecha predeterminados podrían intentar enviar colectivamente un mensaje telepático a los visitantes del espacio exterior.

El mensaje comenzaba con las palabras “Calling occupants of Interplanetary Craft”. El Día del Contacto Mundial original fue el 15 de marzo de 1953. La canción fue subtitulada “The Recognised Anthem of World Contact Day” (El himno reconocido para el Día Mundial del Contacto) presuntamente con la esperanza de que fuera adoptada como el himno para un futuro evento de Día del Contacto Mundial en el futuro.

Platillos eran los de antes. Esos eran los días gloriosos de la ufología (atractiva, fascinante, divertida y hasta propositiva). Lejos estaba del actual marasmo intelectual en el que se encuentra estancada desde hace algunas décadas.

Klaatu era un grupo de rock progresivo canadiense que había tomado su nombre del extraterrestre que aparece en la película “El día que paralizaron la Tierra”. Estaba formado por el ya mencionado John Woloschuk y Dee Long.

Su primer álbum fue 3:47 EST, de 1976, en el que aparece “Calling occupants of Interplanetary Craft” y “Sub-Rosa Subway”, entre otras composiciones. El sonido en estas dos es muy similar al de los Beatles. Esto y varios otros hechos que describimos más abajo, hicieron que se corriera el rumor de que se trataba de un nuevo disco del grupo inglés.

En Estados Unidos ese primer disco apareció sin créditos, bajo el nombre de Klaatu. Dicen que se trató de un error, pero es más probable que los genios de la mercadotecnia hayan decidido eso para generar el rumor de que los Beatles habían grabado un nuevo disco en honor del, supuestamente, fallecido Paul McCartney.

El rumor decía que el disco se había grabado en 1966 y que las copias maestras se habían perdido (no se aclaraba cómo). Recientemente McCartney había fallecido en un accidente de autos, los demás estaban tan afectados que no querían volver a grabar una nueva copia maestra. Así pasó el tiempo y después de Revolver no había nada nuevo de los Beatles (hasta la aparición del Sargento Pimienta).

El rumor se inició en el periódico The Providence Journal, con un artículo del crítico de rock Steve Smith quien escribió Could Klaatu be the Beatles? Mystery is a Magical Mystery Tour (¿Klaatu podrían ser los Beatles? Viaje Mágico y Misterioso es un misterio). Según Smith en 1975 se descubrieron las copias maestras y la banda decidió lanzar el disco en honor a McCartney.

Esgrimió varios datos para apoyar esta suposición. Entre los más importantes estaba que la compañía de este nuevo disco era la misma que comercializaba el trabajo de los Beatles en América: Capitol Records Inc. Klaatu es el nombre del extraterrestre de El día que paralizaron la Tierra, el mismo que tiene un robot llamado Gort. En el álbum de Ringo Star Goodnight Viena, Ringo sale del platillo volador de esa película a lado de Gort… Pero lo principal era el sonido del disco netamente Beatle.

Klaatu era un grupo canadiense conformado por Woloschuck (vocales, bajo y teclados); Long (vocales, guitarra y teclados); y Terry Draper (vocales, batería, guitarra, teclados y trombón). Woloschuk tenía intereses ufológicos y de ahí el tema Calling Occupants of Interplanetary Craft.

Abajo podemos ver un video 3D CGI con la versión original (corta) de Klaatu.


[1] Dirigida por Albert K Bender, el mismo que inventó el mito de los hombres de negro, del que nos ocuparemos en el futuro.

¡Grandes bolas de fuego!

¡Grandes bolas de fuego!

27 de Marzo de 2008

The Economist

Recreando las bolas de fuego flotantes vistas a veces durante las tormentas eléctricas

En un día de verano tormentoso a mediados del siglo 18 un físico llamado Georg Richmann tuvo un desafortunado encuentro con una rara fuerza de la naturaleza. Él tenía una varilla en su casa de San Petersburgo para estudiar los rayos, pero obtuvo más de lo que hubiera querido cuando una bola de fuego azul pálido surgió de la varilla y lo golpeó en la cabeza. Pero no sólo lo mató la bola de fuego, sino que también volaron sus zapatos, golpeó a su asistente y sacó de sus bisagras una puerta cercana.

La bola de fuego es lo que ahora se conoce como una centella, un fenómeno tan sorprendente como espectacular. Miles de personas afirman haber visto centellas, bolas de luz aproximadamente esféricas, por lo general producidas en tiempo de una tormenta eléctrica-, pero los detalles de estas observaciones varían enormemente. El tamaño de las bolas de fuego va desde pelotas de tenis a baloncestos. Pueden ser de color rojo, azul, amarillo, blanco o incluso verde. Pueden reptar por el suelo o caer del cielo.

Pueden pasar a través de las ventanas y salir de las chimeneas. Incluso han sido vistas a viajando a lo largo de los pasillos de aviones en pleno vuelo. Filósofos y científicos, desde Lucius Séneca a Niels Bohr, han estudiado el fenómeno, y aunque pocos se han enfrentado con la suerte del pobre Richmann, ninguno ha sido capaz de producir una teoría que pueda tener en cuenta la gama completa de características observadas en las centellas.

El resto del artículo está en

http://www.economist.com/science/displaystory.cfm?story_id=10918140&CFID=386383&CFTOKEN=29303400

Informe semanal de la "oleada" inglesa (25)

El 23 de marzo se reportaron dos casos de ovnis en Inglaterra. El primero ocurrió en Seaham, County Dirham a las 22:00 horas.

Varios testigos (confirmados 4) vieron entre 6 y 8 esferas de color rojo que se movían en direcciones aleatorias, con cambios constantes de velocidad y altura. Luego tomaron una dirección uniforme (hacia el Norte) y comenzaron a moverse en línea. No hacían ningún ruido.

Uno de los testigos dijo que parecían a las flamas de un globo de aire caliente.

Media hora más tarde otros tres testigos vieron otros 6 a 8 objetos que se dirigían hacia Seaham Beach provenientes de Sunderland. Uno de los testigos reportó lo sucedido al Sunderland Echo.

Un caso del año pasado reportado recientemente. El 3 de noviembre, a las 5:15 y luego a las 7:30 se vieron “incontables” esferas naranja volando sobre Burslem, Stoke on Trent. Venían de Manchester y no hacían ruido y viajaban en la misma dirección a una altura similar. Esto ocurrió a las 5:15. Más tarde, la esposa de este testigo salió de casa para lanzar algunos fuegos pirotécnicos para su hijo. Ella vio otros objetos siguiendo la misma dirección. Venían en grupos de siete y el “desfile” duró una media hora.

Godoy Cruz (Mza.): ¿Sueño o realidad? (Final)

GODOY CRUZ (Mza.): ¿SUEÑO O REALIDAD?

Roberto Banchs[1]

ANALISIS DEL CASO

De la investigación practicada, la hipótesis de considerar al episodio descripto como producto de una experiencia real, existente en el plano perceptual (lo cual concierne a la naturaleza física o a la naturaleza psíquica del fenómeno), es nuestra opinión que la misma resulta endeble, en base a las evidencias fácticas y testimoniales:

lro. La ausencia de otras personas que avalen simultáneamente la observación de Aníbal Petracini en el lugar de los hechos.

2do. La falta de huellas o rastros en el sitio del presunto aterrizaje, que sugiere la inmaterialidad del fenómeno, como su fantasmal aspecto.

3ro. Ciertos ítems del testimonio que no condicen con un hecho perceptual, tales como:

a) El testigo no distingue ningún elemento reconocible en las cercanías, pues “es todo oscuridad”. Sin embargo, nin­gún desperfecto se habría producido en el alumbrado público distante a 50 metros.

b) En esas condiciones y a través de la ventana distingue una tonalidad verde, opaca (calculamos de unos 0,04 x 0,12 m, a una distancia de 20 o 25 m, en la estimación del testigo), que tampoco él llega a explicar cómo ha podido distinguir.

c) Retira la cortina para mirar afuera, quedando plegada, pero cuando se levanta por la mañana, ésta se encuentra en su lugar, desplegada y cubriendo totalmente la ventana de la cocina.

d) Tampoco recuerda haber regresado a la cama, ni haber apagado la luz. Duda que aún permanece en el testigo.

4to. Nada sugiere, finalmente, el presunto hallazgo de la colilla del cigarrillo que habría tirado al suelo momentos antes de la observación, pues como el joven suboficial declara, era su costumbre fumar en el dormitorio y arrojar las colillas, hallando al día siguiente, 4 o 5 de ellas en ese lugar.

Habiendo expuesto la disyuntiva que desde un principio plantea el mismo testigo, respecto de que si el fenómeno posee una existencia perceptual o bien se trata de una imagen psíquica y, por otra parte, las inconsistencias de las posibles evidencias físicas, nuestro estudio se inclina indefectiblemente hacia la presunción de hallarnos an­te un hecho de naturaleza psicológica.

UN ENSAYO INTERPRETATIVO

Teniendo en cuenta que, de acuerdo a los estudios clínicos del Lic. J. C. Torcivia (que dicho sea de paso, se desempeña como psicólogo en una institución policial), Aníbal Petracini es un sujeto “de caracteres psíquicos normales”, el marco de posibilida­des explicativas se ajusta a abocamos al análisis contextual y motivacional que pudieran haber desencadenado semejante visión, si es que en el ámbito de la psique se encuentra.

Con este propósito, ha sido preciso considerar todas las situaciones posibles vivenciadas por Aníbal Petracini antes del caso, ese día y tiempo atrás, y en particular aquellas consignadas como conflictivas, generadoras de estados de angustia, ansiedad o nerviosismo.

Poco nos revelará en sí la investigación de los estados normales y estables del testigo. Sólo podemos aprovechar los estados de conflicto y fuertemente emocionales, que son -precisamente- cuando los contenidos del inconsciente tienen perspectivas de irrumpir a la conciencia. En estas circunstancias podemos realizar las observaciones que confirmen o no la participación de ciertos mecanismos psicológicos. En el estado en que se encontraba Petracini, el del reposo nocturno -donde se desarrolla una rica actividad psíquica-, constituye nuestro más favorable objeto de estudio.

Dos clases de motivos existen para la formación onírica, tal cual pudieren haberse producido en nuestro ocasional testigo: a) un impulso o deseo inconsciente adquirido durante el reposo, que tomó la fuerza necesaria para manifestarse en un estado preconciente; b) un impulso insatisfecho proveniente de la vida diurna, un pensamiento preconciente, con todos los conflictos que lo animan. En ambos rige el mismo mecanismo de formación onírica, mediante la condensación y el desplazamiento (metáfora y metonimia), con el cumplimiento del deseo insatisfecho.

El inconsciente permite crear visiones fantásticas que pueden pasar al sistema conciente, creyendo el sujeto haber vivido realmente estas situaciones extraordinarias, no pocas veces relacionadas con los ovnis. “Y ya que el inconsciente es mucho más capaz de lo que podemos creer -sostiene S. Robiou Lamarche-, es de esperar que los sue­ños tengan gran importancia en su relación con los ovnis”.

Es muy probable que la experiencia se encuentre en una de las fases del sueño. En nuestra opinión, esto se ha dado en un estado de vigilia, en el nivel preconciente, donde se producen las llamadas visiones o alucinaciones hipnopompas, producidas por un enturbamiento de la lucidez de conciencia. En los sujetos normales -tal como es nuestro testigo-, estas imágenes intermedias que aparecen entre los estados concientes e inconscientes, ocurren en el momento de entrar al sueño (hipnagógicas) o próximas al despertarse (hipnopompas).

Deberemos reconocer que, con frecuencia, estas visiones son tan vivas, tan claras y se imponen tanto como la percepción. Para Roustan, sólo una suerte de trabajo lógico hace rechazar una imagen entre otras.

Evidentemente, como sostenía Carl Jung, “es cosa obvia que los ovnis no sólo se vean, sino que además se sueñen”. Cobra ahí un estatuto alucinatorio, esto es, el de una percepción sin objeto real.

Bajo el enfoque de la psicología compleja, el caso tratado se constituye en un pa­radigma de la difundida angustia existencial y de la inseguridad actual del hombre inteligente, e indicaría de manera ejemplar la compensación que procede del inconsciente trascendiendo su forma de vida corriente y agobiante.

En aquella jornada, la preocupación de Petracini se acentúa debido a los imprevistos económicos que le ocasiona la reparación de su automóvil (depositario de su angus­tia), a los que no halla solución, reactualizando dicha angustia e insatisfacción, en­fatizado por el problema de salud de su mujer (presenta fuertes dolores de columna) y de relación conyugal (había reñido con ella). En esas condiciones, y sin cenar, se va a dormir, tras haber orado como de costumbre. En tal sentido, la oración es un suspi­ro que expresa cierta impotencia, una actitud que compensa la superstición en el que­rer y el poder humano.

Un hecho significativo contenido en el relato de Petracini, es el hábito que tiene de despertarse a la hora en que su visión fue interrumpida por el reloj despertador, alcanzando recién entonces su total lucidez de conciencia. El hábito -definido como una disposición adquirida y duradera-, actúa como una especie de memoria que tiende a la reproducción involuntaria de ciertos actos, como por ejemplo, despertarse a de terminada hora. Mediante esta disposición podemos señalar que Petracini -con su sueño liviano, es decir, en un umbral cercano a ambos estados de conciencia-, alcanzó próximo a la hora de despertarse un nivel preconciente, donde se funden sus hábitos cotidianos (levantarse, ir a la cocina) con sus deseos latentes recientemente adquiridos, que concierta -pues- en estados afectivos y representaciones (la tenencia del automóvil, que a la vez estaciona ¿curiosamente? a pocos metros de donde ocu­rrió la aparición del ovni y que -no sin motivo- muestra una notoria seme­janza en cuanto a su forma), con los contenidos simbólicos de la figura humanizada.

Llama la atención que el ovni esté representado en el sueño bajo el aspecto de su pequeño automóvil. Esto puede deberse, en parte, porque siendo el testigo un individuo joven, suele simbolizarse con un objeto de su experiencia personal, algo trivial, pero que compensa sus elevadas aspiraciones. No obstante, el ovni es concebido de este modo como un vehículo, de su energía y dinamismo, al parecer portador de un ser superior, representante de las cualidades psíquicas del propio soñante. Tratase aquí sin duda de un ejemplo de modificación, sobre una antigua representación por adquisiciones recientes, de sustitución automóvil-ovni.

El ovni correspondería, entonces, a una proyección del testigo, en la cual el símbolo (cuerpo circular), indica que lo que se proyecta tiene por contenido una totalidad -de la psique- en todos sus aspectos. Se ha dicho incluso que la contemplación de dicha forma en los sueños, aporta la sensación de que la vida ha vuelto a encontrar un significado diferente.

La imagen de características humanoides adquiere también importancia. El sí mismo con frecuencia se personifica en los sueños como una figura humana superior. General­mente aparece en momentos cruciales de la vida del sujeto, crisis en que cambian su actitud básica y su forma de vida, esperando una solución creadora para su conflicto. Todo el ser se condensa entonces en unicidad con el fin de vencer las dificultades (“ahora espero mis problemas con una solución…”, etc.). Esta visión del ocupante aparece en una forma simbólica, y con ella, renovaciones de la vida, un élam vital creador, y una nueva orientación.

En los sueños del hombre, este núcleo está generalmente personificado como figura femenina. En su manifestación individual, por regla, adopta la forma de la madre (“supongo que -la figura- tiene que tener sexo; supongo que puede ser femenino… en este momento se me ocurre que puede ser de unos 50 años de joven apariencia”). Personifica­ción de ciertas tendencias psicológicas tales como sospechas proféticas, captación de lo irracional, sensibilidad por la naturaleza y una mayor relación con el inconsciente (“… y hasta me pareció haber adquirido, como quien dice, un cierto poder mental, por ejemplo: predecir mis problemas y esperarlos ya con una solución…”).

El sueño toma en cuenta su vivienda y aparece cerca de la ventana de su cocina, que es el tradicional lugar de transformación -transformación psíquica en este caso- o el supuesto aterrizaje o descenso del ovni y su ocupante, ocurre en un terreno frente a su casa y al alcance de su visión, lo que parece un hecho importante y urgente, pues esa manifestación superior (impresión compartida por el testigo), ha acudido en su ayuda y guía, en momentos críticos en la vida del joven Petracini. El mensaje críptico es elocuente en su contenido.

El descenso se produce en la negrura de la noche, a causa de su origen en el inconsciente. No hay fondo visible, sólo oscuridad (aunque en el lugar existe realmente un poste de alumbrado), donde resalta en primer plano la figura blanca, delante del objeto gris. La figura blanca representa para el testigo la criatura superior, la imagen más sobresaliente y pura de la visión (“… el blanco me sugiere algo puro y santo, no se por qué, pero es algo puro”, apunta Petracini ante nuestra pregunta).

Lo que él llama “visera” del ocupante (llamémosle visión) de color verde, tiene un significado muy especial: “El color verde -dice-, el de la naturaleza, es para mí al­go que renueva la vida”. Se convierte en un hecho trascendente, esperanzador. A su vez, esta franja que aparece a la altura de los ojos del ocupante, expresa la acción e intención de ver.

La figura quiere influir en su vida e indicarle de algún modo el camino que con­duce al mundo interior, o sea al conocimiento de uno mismo. En el sueño espera que ese conocimiento le permita hacer una vida más positiva. La figura representa, una vez más, un salvador que exhorta y lleva mensajes benéficos. A partir de entonces, se opera en él una clara sustitución de ‘la imagen ayudadora (“la imagen me ayudó al darme seguridad, en cambio Dios no me ayudó a solucionar mis problemas…”). Aparece aquí un llamamiento a la conciencia individual, en un sentido eminentemente práctico. El mal atestiguado en el mundo externo, en el contorno, parecen haberse hecho concientes, de manera tal que hay un primer paso hacia un cambio radical de su actitud frente al medio.

Cambio significa que todo se mueve, y que caigan algunas cosas. Ver qué estaba flojo y qué se hace con esto, lo que supone un paulatino proceso de elaboración. Aquí está el nudo de un problema, por sus impredecibles consecuencias. Un cambio que no tenga estrategia que lo organice, siempre será un cambio de movilización solamente, sin el carácter adaptativo y de crecimiento.

Podríamos extendemos todavía más, pero estimamos que lo expuesto es suficiente para acceder al caso y comprender algunos de los principales aspectos involucrados en el problema de los ovnis y sus ocupantes. Al fin, tomados estos conceptos como simples instrumentos o hipótesis heurísticas, podrían ayudarnos a explorar la vasta y nueva zona de la realidad abierta por el inconsciente e insinuada por el ineludible fenómeno de los ovnis.

REFERENCIAS

(1) C1arín, Buenos Aires, 15 diciembre 1979; Río Negro, General Roca, 17 diciembre 1979, citando al matutino Los Andes, Mendoza; Radiolandia 2000, Buenos Aires, 11 enero 1980, ps.14/17; Los Andes, Mendoza, 29 ene­ro 1980; Bo1etín CEFAI, Buenos Aires, N° 9, marzo 1980, ps.1/12; Contactos Extraterrestres, México, N° 80, 23 enero 1980, p.8; El libro de los misterios del hombre, ediciones de Semanario, Buenos Aires, no­viembre 1980, ps.64/71; Roberto E. Banchs, en El Universo de Jung, ed. comp. A. Las Heras, Editorial Trama, Buenos Aires, 1982, ps. 84/94.


[1] Nota: Co-participó en este artículo la Lic. en Psicopedagogía Mónica M. Simonetti.