Godoy Cruz (Mza.): ¿Sueño o realidad? (Primera parte)

GODOY CRUZ (Mza.): ¿SUEÑO O REALIDAD?

Roberto Banchs[1]

El suboficial cabo primero Aníbal Raúl Petracini, del Ejército Argentino, es testigo el miércoles 19 de septiembre de 1979 de la aparición de un ovni y de una figura de apariencia antropomorfa que permanece junto al objeto, desde su vivienda ubicada en el barrio La Gloria, Dpto. de Godoy Cruz, en la provincia de Mendoza (l).

Aún en la duda si su fantástica experiencia pertenece a una realidad desconocida para él o al mundo de los sueños, no deja de reconocer que su vida ha cambiado desde entonces. En febrero de 1980 entrevistamos al testigo en las dependencias militares, indagamos y rastreamos todo indicio revelador para intentar esclarecer la veracidad del relato, y he aquí lo obtenido:

CIRCUNSTANCIAS ANTERIORES A LA OBSERVACION

El miércoles 19, como es habitual, se levanta de dormir a las 7 de la mañana, se higieniza y se marcha en ayunas a su trabajo. Allí transcurre hasta el mediodía, sin que aconteciera ningún hecho saliente. Por la tarde se dirige a un taller mecánico de Godoy Cruz, con motivo de conocer el estado de un automóvil Citröen 2CV que había ad­quirido meses atrás, hallándose con la sorpresa de que debía remplazar y pagar por una pieza de valor no consignada en el presupuesto original. Sumamente preocupado ante la imposibilidad de disponer por sus propios medios del dinero necesario para retirar el pequeño vehículo, se dirige de inmediato a la casa de sus padres a fin de solicitar un préstamo, pues la consecuente demora le acarreaba crecida ansiedad; pero sus expectativas resultan vanas y más tarde regresa a su hogar.

Como en el día anterior había reñido con su esposa, opta por no cenar y decide no comentarle nada de lo ocurrido. Esa noche, para más, su mujer presenta unos intensos dolores en la columna y toma un calmante para conciliar el sueño. Ese medicamento se lo había proporcionado su suegra, pues durante esos días Aníbal andaba muy ansioso por el asunto del automóvil, y era él quien lo tomaba por entonces. Esa noche fue la excepción. A las 22 o 23 horas, se va a dormir junto a su esposa y su pequeña hija. “No re­cuerdo haber rezado, pero más que seguro que sí, pues lo hago siempre para agradecer por todo lo que tengo y todo lo que soy”, nos dice.

EL INUSUAL AVISTAMIENTO

A cierta hora de la noche o de la madrugada, que no puede precisar, cree haberse despertado completamente despabilado y sin sueño. Acto seguido prendió la luz del velador, se incorporó, y encendió un cigarrillo. Su familia continuaba durmiendo. Arrojó luego la colilla y sin saber porqué, atravesó un pasillo y se dirigió a la cocina, donde permaneció durante unos minutos apoyado en la mesada. Giró sobre su izquierda y corrió la cortina de la ventana que da a los fondos de su vivienda, hacia el oeste, donde hay un baldío.

Asombrado, pero sin inmutarse, distinguió a unos 20-25 metros de distancia, un objeto circular, en forma visual de arco de circunferencia, gris metalizado, sin detalles apreciables, que se mantuvo asentado en tierra. Estima que el ovni tendría 1,50 y 2,00 metros de diámetro y 0,50 de altura.

Esta observación habría durado apenas un segundo, cuando repentinamente apareció frente a él y a la derecha del objeto, una figura de aspecto humano, de unos 0,40-0,50 metros de estatura, con una vestimenta muy blanca, cuyo único detalle era una franja o visera opaca de color verde a la altura de los ojos. Se trataba de una imagen estática. En el campo visual del testigo sólo aparece el fenómeno, sin advertir fondo algu­no, que se mantiene oscuro.

Su atención se centra en esa región, donde Petracini su pone que estaría localizada la visión del presunto ocupante. En esos momentos tiene la sen­sación de habérsele transmitido algo que le servía para su provecho. “El mensaje nunca lo supe -nos dice-, pero pienso que en síntesis una de sus partes es: adquirir confianza en mí; sé que hay más pero no puedo saberlo, lo sentí como algo telepático, sin escuchar ni voz ni tono, ni nada. Simplemente lo entendí”.

Aníbal Petracini no tiene una clara noción del tiempo transcurrido, pero arriesga a decir que habríase extendido unos 15 a 20 minutos. Finalmente, no recuerda en absoluto las circunstancias en que concluye la observación. A las 7 horas del jueves 20, es despertado como de costumbre por el reloj, hallándose acostado y cubierto por las sábanas, junto a su familia. Tampoco recuerda haber regresado a la cama ni apagar la luz. Sin comentar nada de lo sucedido, se levanta con la sensación de tener la cabeza muy caliente, que sólo logra atenuar mojándosela completamente.

CON POSTERIORIDAD

Ese día Aníbal Petracini se encuentra bastante alterado, nervioso, aunque no presentó ningún trastorno fisiológico. Algo le comenta a sus compañeros de oficina. Por la noche se reconcilia con su mujer y alrededor de las 22 horas le narra su experien­cia, disponiéndose de inmediato a inspeccionar el lugar, provistos de una linterna en busca de huellas o vestigios, con resultado negativo. El viernes 21, ve a su tío y lo­gra recién solucionarle el inconveniente con el automóvil. El domingo 23 habla con su padre de lo sucedido con el ovni y le da algunas sugerencias para clarificar los he­chos. A tal efecto, y con las reservas del caso, decide escribirle a un entusiasta investigador local, el profesor en Literatura Victorio Corradi, en estos términos: “…un poco contra mi voluntad dirijo estas líneas, esta inseguridad de comentar lo que pasó se debe a la falta de pruebas por mi parte. Por este particular es que no estoy seguro de lo ocurrido, porque siempre fui de la idea de que me aterrorizaría ante tal hecho, y otra cosa muy rara a lo cual puedo pensar que fue un sueño, no recuerdo haberme ido de regreso a la cama ni haber apagado la luz. Yo quisiera que me dijera si fue sueño o algo real”.

No obstante a haber mantenido su anonimato durante algún tiempo, se vio forzado por ciertas circunstancias a dar a conocer su identidad públicamente.

Paso siguiente, el licenciado en Psicología Juan Carlos Torcivia aborda al testigo a fines de septiembre, expresando que su único propósito ha sido conocer el estado psí­quico del testigo, aplicándole al efecto -durante unas once sesiones- las técnicas corrientes de exploración psicológica (una batería de tests de inteligencia y personalidad), con entrevistas clínicas. De este modo concluye que se trata de un individuo con caracteres psíquicos normales y agrega que no se observan indicios de posibles deterioros mentales y que no puede ser encuadrado dentro del tipo de personalidad fabuladora o delirante.

En esta instancia de la investigación, nos hemos dedicado al estudio del episodio y, muy especial mente, del protagonista de tan singular experiencia.

EL CONTEXTO REFERENCIAL

l. El testigo y sus preocupaciones:

La económica constituye su mayor preocupación y un fuerte motivo de conflictos, apare­ciendo como una constante en todo el desarrollo de la entrevista. Para la fecha del caso (19, septiembre 1979), su mayor atención estaba centrada en la reparación del automóvil y en la solución económica que debía darle (reparación y solución que nos habla, por obvia, de conflictos internos). Los problemas de salud de su esposa y sus medicamentos, su vivienda semi-construída y financiada, aparecen como otras inquietudes.

Su psique se halla bastante vulnerada a consecuencia de un posible conflicto bélico durante 1978/79, afectándolo de tal modo, que recurre durante varios meses a la asistencia de un psiquiatra, que le receta un “inductor de sueño”. Dice haber tenido entonces “el sistema nervioso destrozado”, manifestando problemas de relación laboral con sus compañeros, con actitudes violentas. Afirma que su actitud se ha moderado, aunque sigue teniendo sueño liviano con dificultades para dormir. Presenta un estado emocional inestable.

2. El testigo y sus creencias: Es fundamental este aspecto de la investigación, para lo cual hemos efectuado una discriminación temporal:

a) Antes del hecho desencadenante: Es un ferviente católico. Reza constantemente, 2 a 3 veces por día, para agradecer lo que tiene -su hija, el hogar- y para pedir ayuda a fin de resolver sus problemas. La imagen de Dios es “como algo que ayuda”.

b) Después del hecho desencadenante: Aníbal Petracini expresa sobre este punto: “Mi vida después del encuentro cambió, según pienso, para bien. A los pocos días de lo ocurrido me di cuenta que ya no rezaba más, incluso que no creía más en Dios (NdR: actitud última que se mantuvo durante varios meses); comencé a alentarme yo mismo, y empecé a sentirme mejor y más seguro, y solucionando muchos problemas que rezando no logré superar; controlaba mis nervios y hasta me pareció haber adquiri­do, como quien dice, un cierto poder mental, por ejemplo: predecir mis problemas y es­perarlos ya con una solución o algún consuelo, dejando de darles importancia en algu­nos casos”.

Si definimos a las creencias como la oposición a la certeza racional, o la adhesión a ciertas afirmaciones que no soportan una demostración rigurosa, hallamos propicio mencionar ciertas impresiones (subjetivas) del testigo en relación al fenómeno, para procurar develar las posibles causas del hecho descripto. En ese sentido y sobre el margen de duda que tiene sobre la autenticidad del caso, Petracini afirma no poder precisar la naturaleza del fenómeno, aunque piensa que la figura humanoide “debía ser algo muy, muy superior…” Su actitud “era de ayuda y amistad”, porque luego del incidente se producen en él cambios favorables. Y agrega: “Supongo que tiene que tener sexo; supongo que puede ser femenino…, aunque no le den mucho crédito a esto, pues el sexo femenino me encanta; bueno, la edad es algo difícil, ya que no hay indicios, signos de viejo o joven, pero en este momento se me ocurre que puede ser de unos 50 años con joven apariencia”.

3. El testigo y sus recreaciones: Reconoce tener muy pocas expansiones por el factor económico. No lee prácticamente ningún tipo de publicaciones. Sólo posee algunos tex­tos escolares. Un libro que dice haberle agradado es El lenguaje secreto de los sue­ños, que leyó a los 17 años. Después del encuentro, ha tenido oportunidad de leer un libro sobre ovnis que no parece haberle atraído demasiado. “Nunca fui bueno para la lectura y escritura -nos dice-, lo que me interesa es expresarme con sinceridad y claridad…”.

Le gustan los filmes de ciencia-ficción y los de acción. Sin embargo, no frecuenta las salas cinematográficas. “Me gusta la pesca -concluye-, pero tengo tan pocos recursos y lugares tan lejos de Mendoza, que por lo general me quedo en casa”.

Sus gustos y recreaciones habituales están ligadas a las cosas más íntimas y cercanas: su vivienda y su automóvil.

4. El testigo y sus aspiraciones: Nacido el 26 de mayo de 1955, sostiene que sus aspi­raciones son: “Ser un buen padre y fiel esposo, alcanzar una elevada moral y honradez, conseguir buena posición económica y social sin que me sobre ni que me falte”.

LUGARES

Pasando ahora a indagar el caso en el terreno, la vecindad y el ámbito de trabajo del testigo, indiquemos que el barrio La Gloria, del Departamento de Godoy Cruz, se encuentra próxima a la ciudad de Mendoza, capital de la provincia homónima. Se trata de una zona con densidad media de población, y con reciente asentamiento de vivien­das modestas de una planta.

El lugar del suceso se sitúa en una manzana perimetral al barrio, conformada por cuatro viviendas unifamiliares lindantes entre sí, cuyos contrafrentes dan hacia el oeste, a un baldío donde se habría posado el ovni y su presunto ocupante que es, en realidad, un espacio que suelen aprovechar los niños del barrio para sus prácticas deportivas (una cancha de fútbol). A su vez, este terreno linda con un matorral y hacia el mismo cardinal, con la avenida de Acceso Sur, que une Mendoza con Luján de Cuyo. A los costados y a espaldas del sitio, se encuentran separadas por una calle (donde se halla ubicado, además, a 50 m un poste de alumbrado), gran cantidad de viviendas.

Según la inspección del testigo y su esposa realizada al día siguiente del encuen­tro, y de la nuestra meses después, no se halló ningún tipo de indicios (huellas, ras­tros) que permitieran suponer que allí se posó algún objeto anómalo.

Habiendo procedido a consultar a numerosas familias del barrio, nadie ha podido confirmar la presencia del presunto ovni, ni escuchado, visto o comentado algo re1acionado.

Refiriéndonos al ámbito laboral del testigo, mantiene en general una buena relación con sus compañeros del Comando, quienes responden por su seriedad y responsabili­dad. No obstante, dada la imprevisible trascendencia periodística, Petracini ha sido objeto de bromas y padecido ciertas presiones de las autoridades militares, al no haberse tomado las providencias debidas. Esta última circunstancia le ha acarreado un notorio malestar.

Al respecto, el 10 de marzo de 1980 decide escribirnos y nos expresa, entre otros conceptos, lo siguiente: “Le diré que este tema del 19 de septiembre de 1979 ya tuvo trascendencia como militar, lo cual me perjudicó considerablemente, y a causa de ello, pienso retirarme del Ejército a fin de año”.

Continuará…


[1] Nota: Co-participó en este artículo la Lic. en Psicopedagogía Mónica M. Simonetti.

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