Monte Maíz (Cba): La visión fantasmagórica de E. Douglas (Final)

MONTE MAÍZ (Cba): LA VISIÓN FANTASMAGÓRICA DE E. DOUGLAS

Roberto Banchs

ANALISIS Y CONCLUSIONES

(9) Monte Maíz - Eugenio Douglas, protagonista El episodio protagonizado por el transportista Eugenio Douglas presenta complejas vicisitudes y derivaciones. De ahí que la constatación personal de la existencia en vida del testigo y de su espectacular relato, resultan muy ponderables en esta instancia.

Monte Maíz. Eugenio Douglas, protagonista.

De haber fallecido, seguramente se hubiera robustecido un mito en torno a su prematura muerte ocasionada por los ovnis, en aquella imborrable experiencia. “Mi vida siguió siendo normal -nos dice Douglas-, sin enfermedades; siempre fui un hombre fuerte y lo soy ahora con mis setenta y pico de años”.

Las mortales radiaciones atribuidas por los “especialistas”, se redujeron en la realidad a unos “pinchazos” localizados en el rostro (pómulo), que le hicieron arder los ojos, y a algunas magulladuras, las cuales se le fueron definitivamente unos días más tarde.

El escueto y muy difundido diagnóstico del Dr. F. G. Dávolos avalaba el misterio: “raras lesiones producidas por elementos no determinados”. Diagnosis que, lejos de permi­tir reconocer el carácter de dichas lesiones, estimularon la imaginación por su nota­ble vaguedad e imprecisión.

Sin embargo, en nuestra entrevista con Dávolos surgieron algunos detalles fundamenta les respecto a la lesión. Se trataba de “una discreta infiltración, hinchada (y) tenía características más parecidas a la erisipela, o a un eritema, antes que a una quemadu­ra”. El mismo Douglas rechazará la idea de que le ocasionaran una quemadura. Será propicio, por consiguiente, aclarar la terminología médica: la erisipela, o mejor, el exantema erisipelatoso es una erupción de la piel, como el sarampión, la escarlatina, etc. Mientras que el eritema, se define como “una inflamación superficial de la piel”, al modo en que lo producen en forma pasajera las ortigas del campo (sus hojas, cubier­tas de pelos, segregan un líquido irritante, que penetra en la piel por simple contac­to). Precisamente, los signos y síntomas observados en Douglas.

La extrema prudencia del médico, quien no pudo determinar fehacientemente el origen de esas “raras lesiones”, se debe a que sólo practicó un insuficiente examen ocular, en medio de la indiferencia policial frente a un testigo que involucraba a extraños seres en la aparición de estas infiltraciones en la piel. Hasta aquí, si nos abstrajéramos por un momento de esas inusitadas presencias, sería aceptable suponer que Douglas, al caer en la cuneta -una zanja a la vera del barroso camino- pudo haber rozado inadvertidamente una planta urticácea.

(18) Monte Maíz - Por este camino transitaba el testigo, hasta caer con su vehículo en una profunda cuneta Monte Maíz. Por este camino transitaba el testigo, hasta caer con su vehículo n una profunda cuneta.

En cuanto al fantasmagórico relato de Douglas, tras examinar detenidamente todos los elementos reunidos, nos inclinamos a pensar que el nudo, clave del caso, se desprende del propio testimonio del transportista, en particular, de las instancias iniciales de la observación.

Iba Eugenio Chicharra Douglas circulando con su viejo y maltrecho camión por el camino que une Monte Maíz con Isla Verde, atravesando un banco de niebla y una llovizna continua que le dificultaban la visibilidad, muy reducida (datos confirmados por el Servicio Meteorológico). Repentinamente, advierte más adelante y sobre la solitaria ruta provincial, una luz roja que la identifica como las luces de posición de un vehícu­lo. Ante la inminencia de una colisión -declara el protagonista-, pierde el control del camión, suelta el volante, aprieta los frenos y el vehículo se desliza en el barro, cayendo estrepitosamente en la cuneta. Pierde la noción del tiempo y lugar, sintiéndo­se caer en un precipicio hondo, virtualmente paralizado.

Douglas intenta reconstruir con palabras aquel instante: “Un poquito antes de llegar hasta la luz, hizo como un flash (…). No se que me dio a mí, me arrollé, yo eso me acuerdo. Y he largado el volante y sentía que me iba a un precipicio hondo, así. Que me iba a un precipicio hondo, pero no sé el tiempo que duró eso. No sé si duró un segundo, un minuto, diez segundos, no sé. Como quien me iba a suceder. Parece que me iba a un precipicio hondo, así. Pero me desperté, justo sentí, no sé si…e-e-eso es, si fue justo cuando he largado el volante, y me estrellé contra el coste de la vía (…). Me desperté y vi que el camión estaba ahí”.

Evidentemente, hay un significativo momento (instantes antes de su fantástica visión) en que el testigo se haya en un estado de estupor, con cierto grado de pérdida de la conciencia. Muestra un cuadro de confusión mental, que incluye desorientación témporo­espacial, entumecimiento psíquico, con probable desvanecimiento.

El examen médico practicado por Dávolos, empero, no dio signos de un trauma (herida, lesión) cerebral. Aún así, no debiera desestimarse la posibilidad de una conmoción, como consecuencia de una contusión o también de una sacudida inesperada del cuerpo de Douglas. El estado del camión revela la violencia del impacto.

(19) Monte Maíz - Por allí cruzó Douglas en su frenética huída por el campo La hipótesis propuesta es que el shock del accidente, sin efectos físicos -al menos, visibles- en el cerebro, habría coadyuvado a formar una historia irreal.

Monte Maíz. Por allí cruzó Douglas en su frenética huida por el campo.

El camionero ha de narrar que “despertó”, y sin tener una claridad de conciencia, actúa con cierto automatismo, deambula, ya no ve la luz roja en el camino. El supone que debió tratarse de otro vehículo, pero que su conductor debió auxiliarlo.

En esa situación de shock, de conmoción post-traumática (en su acepción psicológica), y aún en aturdimiento, comienzan a surgir extrañas visiones. Imágenes que por su fantasiosa presentación son propias de una alucinación[1].

El sucesivo carrusel de formas calidoscópicas observadas, las súbitas apariciones y desapariciones de objetos, luces y personajes fantásticos, permiten la irrupción de u­na trama delirante, intuitiva, que proyecta en él y sostiene el porqué de esa alucina­ción. El neto contenido persecutorio, se halla conforme a los rasgos de personalidad del denunciante. Y el tipo de imágenes que utiliza es el que mejor expresa el mate­rial simbolizado: objetos que semejan a una bordelesa o tonel de vino de 200 litros, hasta un coche fúnebre camino al cementerio, y personajes con chaquetillas de policía.

Eugenio Douglas nos impresionó como un sujeto sincero en sus declaraciones, con una firme convicción respecto a su experiencia. Que no ha sido la única. Nos hallamos ante un individuo con cierta disposición a convertirse en protagonista de episodios ufológicos similares, incluido un denominado “missing time”.

Una vez se discutió si una contusión lo suficientemente seria como para crear una fantasía, le hubiera permitido alejarse del lugar del accidente. En efecto, los historiales médicos de guerra dan prueba de ello, y aún otros accidentes de ruta[2].

(10) Monte Maíz - Eugenio Douglas, 23 años después Sin embargo, desde esta perspectiva, un fuerte shock como resultado de la inminente colisión con otro vehículo presuntamente detenido en la ruta y de la ocasionada cuando cae con estrépito en la zanja, habría desencadenado en la personalidad de Douglas un episodio de las características descriptas.

Monte Maíz. Eugenio Douglas, 23 años después.

El testimonio ofrecido por la familia Manocchio, es el único que respalda parcialmente el relato de Douglas, en lo que se refiere a luces vistas esa oscura noche, aunque se ciñe sólo a un “intenso resplandor” de ignota procedencia, y no a objetos o luces definidas en la atmósfera. Esto, además, torna improbable una identificación.

Si bien las condiciones meteorológicas no eran propicias para una adecuada observa­ción, el área donde Douglas afirma haber sido seguido, es un campo llano sin accidentes geográficos (Monte Maíz e Isla Verde se encuentran a 117 y 121 m de altitud s/n mar). No obstante, sólo el transportista parece haber percibido aquellos fenómenos que deta­llaría más tarde.

También hemos comprobado que la conexión que se estableció entre la supuesta apari­ción de ovnis y un desperfecto que se produjo esa noche en los motores de la usina e­léctrica de Monte Maíz, no guarda ninguna relación de causalidad.

En relación a las huellas encontradas, la comisión policial estableció que las mis­mas provenían de las idas y venidas de Douglas, y de su camión, sin que fuera hallado rastro alguno de los insólitos seres. Nadie de quienes han intervenido en las instan­cias iniciales del caso (Douglas, Dávolos, y otros), han mencionado algo al respecto, a excepción de la prensa sensacionalista de la época, que interpretó bizarramente el origen de las citadas huellas.

Los datos reunidos y expuestos, fundamentan nuestra hipótesis y conclusiones. De otro modo, quizá, debiéramos aceptar que un testigo aislado, en las condiciones psicológicas descriptas, ha visto -realmente- sucesivos y variados objetos, luces y fabulosos individuos. Tal vez algo de esto ocurrió, pero ateniéndonos a las circunstancias en que parecen haberse desenvuelto los acontecimientos, nos resulta muy improbable que se haya producido un hecho anómalo objetivable, conforme al extraordinario relato de Eugenio Douglas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) Cuarta Dimensión, Buenos Aires, N° 51, (marzo) 1978; p. 36.

(2) Extraterrestre, CAIFE, Buenos Aires, N° 13, (1986), p. 35.

(3) Rienda Suelta, Isla Verde, Monte Maíz, Laborde, W. Esca1ante, A. I., N° 5, agosto 1986, p. 7.

(4) Flying Saucers, Amherst, Wis., N° 45, January 1966, p. 51.

(5) Ocurrió!, Buenos Aires, 31 octubre 1963 (relato de Guillermo Martínez Anzorena); citado en el boletín de la CODOVNI, Buenos Aires, 1963, p. 5.

(6) Córdoba, Córdoba, 19 octubre 1963 (artículo de ‘Agor’).

(7) La Voz del Interior, Córdoba, 19 octubre 1963.

(8) Córdoba, Córdoba, 22 octubre 1963; La Razón, 22 octubre 1963; y La Voz del Interior, Córdoba, 23 octu­bre 1963.

(9) “Caso Douglas” – Año 1963, informe del Circulo Enciclopédico Mundial, CEM, San Vicente, SF, 1963, p. 4.

(10) Clarín, Buenos Aires, 17 julio 1990.

Nota: Creemos merecedor citar aquí a Carlos Demaría, por el entusiasmo puesto en la investigación del caso y por su contribución en la difusión de nuestro informe preliminar publicado en 1987; a Richard W. Heiden, por haber reunido una impresionante lista de referencias sobre el caso; y a Mónica M. C. Simonetti por su colaboración en las encuestas.

ANEXO

(20) Monte Maíz - Monte Maíz. Bonifacio Fernández, operario de la usina, su testimonio fue clave para desentrañar aspectos del caso.

Con posterioridad a nuestro informe preliminar, y como hecho notable, recibimos copia de unas cartas que obran en los archivos del antiguo Project Blue Book, de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF). La primera de ellas es la que le enviaron Alberto Degrati y Rubén Rópolo, directores del Circulo Enciclopédico Mundial (CEM), de San Vicente, provincia, de Santa Fe, el 15 de enero de 1964, adjunto a un informe del “Caso Douglas”; y la segunda, la respuesta que el Cnel. Eric T. de Jonckheere les hiciera llegar en relación al e­pisodio de Monte Maíz, el 5 de febrero de 1964. Por su interés, convenimos en reproducir este último documento de carácter inédito, cuya traducción informal incluimos seguidamente:

Observación UFO (Santa Fe, Argentina)/Hq. USAF SAFOII-PB (Mrs. Gaiser) 5 FEB 1964

Wash. 25 D.C.

“1. En referencia a la carta adjunta de Messrs. Degrati y Rópolo, de San Vicente, Argentina. La siguiente información se provee para asistirlo en una respuesta con respecto a una observación de un plato hecha por Mr. Douglas, y sus contactos con sus habitantes.

“2. La observación nos fue reportada indirectamente y, por consiguiente, la información presentada es, en el mejor; de los casos; de segunda mano. No creemos que este caso deba ser investigado debido a la demora en la recepción del reporte y el costo que involucra una investigación. De todas maneras, el caso será enviado a los legajos de la Fuerza Aérea caratulado; “Datos Insuficientes” debido a la probable distorsión de los hechos básicos del caso.

“3. No es nuestro deseo ofender o ridiculizar el reporte sincero de Messrs. Degrati y Rópolo sobre la obser­vación de Mr. Doug1as. En su respuesta expreso nuestro agradecimiento por la primicia del reporte.

“4. En nuestra opinión, y no por liberarnos del caso, este reporte sigue el pa­trón de casos previos de contactos declarados supuestamente provenientes del espacio exterior. Este tipo de reportes no han dado evidencias de haber ocurrido realmente. El tono general de la histo­ria de Mr. Douglas indica una posible alucinación, puesto que él está aparentemente convencido de que el suceso fue real y no se presenta ninguna evidencia de un engaño. En todo caso será necesa­rio un examen psiquiátrico, para confir­mar o rechazar esta teoría. También es posible que Mr. Douglas haya recibido un golpe en su cabeza, cuando el eje de la rueda de su coche, se torció, colocándolo a él temporariamente en una condición de aturdimiento.

“POR EL COMANDANTE

ERIC T de JONKHEERE

Coronel, USAF Comisionado por Tecnología y Subsistemas”

La carta del Cnel. de Joockheere que acompañó el envío de la carta e informe del CEM al Hq. USAF SAFOI FB, para que éste contestara a los ufólogos argentinos Degrati y Rópolo, constituye un documento único de preciado valor histórico.

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[1] La alucinación es una percepción sin objeto real, con convicción plena por parte del sujeto. Es una de las características de la psicosis confusional.

[2] A modo de ejemplo, en julio de 1990 se produjo un accidente automovilístico en la ruta nacional 2, a la altura de Dolores. El choque causó dos muertos y dos heridos graves. También la desaparición de uno de los conductores, quien fue hallado tras quince horas de búsqueda semiinconsciente, sin habla y con heridas en la cabeza y en cara, en un monte ubicado a tres kilómetros del lugar. Presentaba un cuadro de “coma superfi­cial grado l”. El oficial de la policía de Dolores señaló: “Creemos que bajo el estado de shock en que se encontraba, cruzó la ruta y caminó durante horas” (10).

7 pensamientos en “Monte Maíz (Cba): La visión fantasmagórica de E. Douglas (Final)”

  1. muy interesante la nota del Circulo Enciclopedico Mundial sobre objetos voladores no identificados, en Monte Maiz como otros casos que he leido del Cerro Uritorco. atte. susana

  2. Un relato muy curioso sobre apariciones de ovnis en la zona de Cordoba donde esta involucrado varias personas del pueblo de Monte Maiz de esa epoca.
    Florencia

  3. CONOZCA LA VERDAD del Sr. Eugenio Douglas ( camionero) quién lo dio por muerto por leucemia, por los rayos emanados de un ovni. Y Carlos Demaría en su investigación sospechaba algo.
    Y el dr. R.Banchs realizó la reinvestigación del caso en 1986 y despues de 23 años se conoce la verdad.
    Vea el Blogg de Carlos Demaría en Yahoo. “www.cataovni.wordpress.com”

  4. Hola soy la Hija de Don Eugenio Douglas, mi padre era un ser maravilloso, serio y sincero de un inmenso corazón, siempre me relataba lo sucedido en M Maiz, siempre he creido en el, era una persona honesta, no tenia necesidad de inventar ninguna historia, hace 6 años que el ya no esta entre nosotros, fallecio a la edad de 91 años totalmente lucido y siempre contando todo lo vivido en su larga estadia por este mundo.-

  5. buenas: he encontrado esta referencia a eugenio precisamente porque estoy leyendo “pasaporte a magonia” de jacques vallee a la vez que tiro de wikipedia.

    en esta ocasión, cosa rara, he encontrado mucha más (y mejor) información que la de cualquier wiki. y compruebo con estupor y agrado que el autor de la página no sólo es un debunker, sino un debunker de los que están puestisimos en el asunto a escrutinar.

    mis felicitaciones por el curro.

    voy a introducir este sitio en la sección de webs recomendadas de mi proyecto http://astropuerto.com , donde seguramente encontrarás algún artículo de tu agrado.

  6. No debemos dudar de la sinceridad de Eugenio Douglas, quien me resultó una persona totalmente honesta en sus dichos. Más allá de tener una explicación trivial, aunque compleja. Mi pesar a su hija María Rosa por la irremediable pérdida.

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