Monte Maíz (Cba): La visión fantasmagórica de E. Douglas (II)

MONTE MAÍZ (Cba): LA VISIÓN FANTASMAGÓRICA DE E. DOUGLAS

Roberto Banchs

LAS HUELLAS

(5) Monte Maíz - las huellas

Monte Maíz. Las huellas.

Como se indicó, la comisión policial de Monte Maíz, constató a temprana hora la presencia del camión de Douglas en un zanjón de la ru­ta provincial 11, a unos 12-15 kilómetros de aquella locali­dad cordobesa, muy próximo a Isla Verde.

Quedaba por comprobarse al­gún rastro en el escenario del insólito suceso. Fue así como la precipitación pluvial con­tribuyó a que fueran halladas sin dificultad las huellas dejadas Por Eugenio Douglas en su desesperada huída -como obró en el sumario-, pero, como diría el mismo Dr. Dávolos, “de los seres y vehículo extraños del relato, ni el menor rastro”.

Esto no fue impedimento para que, en esos días, algunos curiosos vecinos husmearan en las cercanías del lugar donde Douglas dijo haber visto a los ocupantes del ovni, “y hayan creído descubrir unas huellas de aproximadamente cuarenta y cinco a cincuenta centímetros de largo, borradas en su mayor parte por la intensa lluvia caída”, según la versión del periodista Guillermo Martínez Anzorena, publicada en el tabloide sensa­cionalista Ocurrió!, del 31 de octubre.

Muy pronto, fotografías de las elongadas huellas de Douglas, debido al barro que aumentó accidentalmente su longitud, fueron reproducidas en distintos medios como si se trataran de pisadas de las extrañas criaturas (“footprints of the strange beings”) (4).

(6) Monte Maíz - las huellas, desde otra perspectiva

Monte Maíz. Las huellas, desde otra perspectiva.

EL EXAMEN MÉDICO

Las presuntas quemaduras que exhibía Eugenio Douglas en el rostro, sumado al estado de excitación nerviosa, condujeron a la policía a requerir los servi­cios del médico cirujano adscrito a la Sub-comisaría, Dr. Francisco Guillermo Dávolos, quien al constatar aquellas lesiones -de las que quedaron marcas que fueron desapareciendo- consignó que eran “raras lesiones producidas par elementos no determinados”.

Este vago diagnóstico favoreció que aparecieran algunas “explicaciones”. Por ejemplo, que “el camionero presentaba quemaduras en la cara de rayos ultravioletas, o al menos, semejantes a ellos” (5). Y aún más osadas: “…no se trata sino del impacto del reflejo magnético de la linterna de luz paralizante que son portadores todos los tripulantes espaciales…” (6). Sin embargo, la conjetura que reunió más adherentes haya sido, qui­zá, la de emanaciones radiactivas.

Casi desconocidas son las circunstancias del examen médico. Eugenio Douglas nos ofrece su propia versión:

“Me revisó ese médico Dávolos. Me revisó las lastimaduras por ahí, un poco, la cara, pero al otro día. El doctor me revisó, me hizo el cuerpo, así nomás; no, no me hizo nada de análisis de sangre, ningún análisis. Él no me examinó para que digan que yo te­nía un grado de alcohol, ésas son… No quiero decir que soy un santo y que no he toma­do, que nunca me he puesto en ‘curda’ (borrachera); me he puesto una y mil veces cuan­do he ido a un asado, y lo que sea. Pero yo toda mi vida, en las comidas, tomo leche. Que yo andaba alcoholizado, es mentira.

“Pero después, como a los diez días, me citaron y tuve que ir a Río IV. Allí me sacaron fotos, me revisaron dos o tres médicos, creo que me hicieron análisis de sangre. No recuerdo bien, esto fue después”[1].

Al preguntarle sobre las “quemaduras”, Douglas responde enfáticamente: “No, no. Eran como unos pinchacitos, como unas pequeñas ampollitas, como unos pinchacitos de aguja, así eran. Eso se borró todo, a medida que me iba componiendo iba desapareciendo, cada día más. Era como decir…, hecho con una cosa muy, pero muy finita, caliente, que lo pinchara. No se inflamó, no. Como unos puntitos nomás, medio marroncitos. Pero una co­sa sin significancia de qué se yo”.

(7) Monte Maíz - Eugenio Douglas delante de su comercio y vivienda, rememorando la inolvidable experiencia Días antes de entrevistarnos con E. Douglas, tuvimos ocasión de conversar con el Dr. Francisco G. Dávolos en su domicilio. Este es un fragmento de la misma:

Monte Maíz. Eugenio Douglas delante de su comercio y vivienda, rememorando la inolvidable experiencia.

“Este Douglas era un muchacho que trabajaba en transporte de Santiago del Estero. No era un trabajo permanente. Era camionero y transportaba en ese momento carbón de leña. Yo era médico de la policía y entonces una mañana, el 12 de octubre, fecha histórica, a eso de las 7 horas, la policía me llamó por teléfono. Yo estaba levantado por un pa­ciente mío de Monte Maíz, así que Douglas se presentó en mi consultorio acompañado del oficial de policía. Ya estaba tranquilizado y se comportó normalmente.

“La policía pensó que era un cuentero, un borracho, que estaba pasado. Esa fue la interpretación que hizo, pero no. No se trataba de un borracho ni un cuentero.

“Me llamó la atención el tipo de lesión que tenía en el rostro, en el pómulo; en la parte que tenía descubierta. Era extraña, de coloración violácea, morada, una cosa así. Una discreta infiltración en la piel, hinchada. Tenía características más pareci­das a la erisipela, o a un eritema, antes que a una quemadura. En la incertidumbre mé­dica, en primera instancia, se le dio una pomada para quemaduras y heridas de la piel (anestésica y antiséptica), y al cabo de unos días no quedaron más rastros.

“También presentaba una ligera inyección conjuntival. Más que nada tenía la vista congestionada.

“Le hice unos pocos exámenes, visual y táctil, nada más. No se han hecho en parte porque no había elementos, y otro tanto porque la policía se mostró indiferente; no sé si por comodidad o qué, pero lo atribuyó a que estaba borracho. Lo tomó en burla. No se le pudo hacer ni análisis de sangre. No se pudo conseguir nada, porque nos llevó la contra. Claro, uno pide, pide y si no le prestan atención, al final desiste. No se llegó a ninguna conclusión, no pasó nada”.

EL TESTIMONIO DE LA FAMILIA MANOCCHIO

(14) Monte Maíz - Camino del cementerio... (b) Al tiempo en que eran elevadas a la Jefatura Política del Departamento Unión las actuaciones labradas por la Sub-comisaría de Monte Maíz en relación a la patética exposición de Eugenio Douglas, trascendió que la policía habría tomado conocimiento de un nuevo testimonio, el de la familia Manocchio.

Monte maíz. Camino del cementerio…

El sumario policial, de doce fojas, se inició con las declaraciones de Douglas, agregándose a sus efectos el informe pericial del médico que certifica las lesiones en su rostro, recientes y producidas por elementos no determinados y, finalmente, el testimonio de tres integrantes de esa familia que afirman haberse topado con el camionero, y presenciar un curioso resplandor cuando entraban al pueblo a esas horas de la madruga­da por el mismo camino.

Aunque serían muchas las manifestaciones de quienes aseguran que las luces del alumbrado de Monte Maíz variaron su intensidad, las declaraciones de los Manocchio parecen ser las únicas que avalarían parcialmente el relato de Douglas, en lo que se refiere a extrañas luces vistas en la oportunidad.

Al respecto, y por añadidura, algunos medios periodísticos hicieron hincapié en “los efectos de la rara nave espacial”, pues Mateo Manocchio justificó la demora en denun­ciar su experiencia, y la de los suyos, por hallarse indispuesto -desmemoriado o desganado- después del inusual encuentro. Una ‘inexplicable’ sensación que encabezó en esos días las noticias sobre el caso (8).

Esto nos llevó a entrevistar a Mateo Manocchio, comerciante de la zona, a su esposa Lidia, y a la hija, Alicia.

Durante la misma, mientras seguía atento y en silencio el entusiasmado relato de su esposa e hija, el señor M. Manocchio fue interrogado sobre el particular, y respondió: “Yo no me acuerdo nada, fue una cosa que pasó. Como no lo conté más, como me pareció algo que no podía ser, entonces no me acuerdo más”, intentó simplificar negando su recordación. Para agregar: “Después me llamaron de la policía, se enteraron a la noche, no se quién dijo ‘Manocchio lo vio y se asustaron’, pero los chicos se asustaron más que nosotros, ellos lo fueron contando muchas veces”. Al preguntarle sobre algún efec­to posterior, y mencionarle el comentario de los diarios de la época, Mateo Manocchio nos refiere con el asentimiento de sus familiares presentes: “Nos dimos un susto bárbaro, nada más que un susto. Seguro que después nos sentimos mal, pero, porque calcule, uno siente una cosa así, luego sabe qué pasó, el comentario que había… Después dije­ron que el hombre (Douglas) estaba loco, que no hiciéramos caso. Bueno, esas cosas. Y ahí nos calmamos. Ya lo dijeron así. Mi hermano Ricardo y los suyos, que venían en el otro auto y no vieron nada, fueron los primeros que nos dijeron que estábamos locos, a­sí que no dijimos nada y…, después me citaron de la policía”.

(15) Monte Maíz - Camino del cementerio, un tramo de la odisea Pero vayamos a la experiencia de los Manocchio. Lidia y Alicia, con algunas apuntaciones de Mateo, lo testimonian así:

Monte Maíz. Camino del cementerio, un tramo de la odisea.

Después de ir a cenar al campo, regresaban en un vehículo vaqueano verde el matrimonio de Mateo y Lidia Manocchio, junto a sus hijos Alicia, Juan José y la tía Gladis. Lo hacían por el camino principal, de tierra, bajo una intensa llovizna. Por el camino bajo, del cementerio, también lo hacía Ricardo Manocchio -hermano del primero-, en una estanciera, junto a tres de los suyos. De pronto, los primeros perciben una inten­sa luz, un resplandor cuya procedencia no pudieron determinar, pero que parecía prove­nir de arriba, iluminando al vehículo y lugar por donde transitaban. Pensaron que se trataría de Ricardo, quien venía ligeramente demorado e ingresado al pueblo, tras una pronunciada curva después del paso a nivel, por el camino bajo. Sin embargo, no alcan­zaban a verse, pues ambos caminos están bastante obstaculizados por la arboleda y ar­bustos, aún cuando el camino principal es algo más elevado. Esa luz blanca se mantuvo, según los denunciantes, durante unos minutos y no alcanzaron a observar la fuente que la producía. Por eso cuando deciden regresar para encontrarse ambos vehículos, Ricardo afirmó no haberles pasado ni visto nada fuera de lo común. “Así que cuando nosotros en tramos -dice la Sra. Lidia-, que vimos esa luz que nos acompañó en el trayecto que va desde el cementerio hasta la entrada del pueblo, unos 500 u 800 m, dice mi marido: ‘Seguro que le pasa algo a Ricardo’, que venía por el camino bajo, del cementerio. Y nos detuvimos, regresamos hasta ahí, la calle del paso a nivel, y cuando venían ellos nos detuvimos: ‘¡No -dicen-, no, nosotros no!, a nosotros no nos pasa nada’”. “El no vio ninguna luz -interviene Alicia-, la luz intensa que nosotros vimos, él no vio nada. Por eso a mí me extraña que mi tío Ricardo no la haya visto, porque no era mucha la distancia que traíamos entre un vehículo y otro”. Eran las 3,30 horas aproximadamente.

Fue al llegar a la esquina del pueblo, donde ahora hay una rotonda, cuando los integrantes de la familia Manocchio observaron a un hombre -a la postre, Douglas- apuntan do con un revólver y envuelto en una manta, “desesperado, dando vueltas, como un autó­mata”, dice Alicia. Su padre respalda la versión: “Cuando lo vimos esa noche, el tipo estaba desesperado, daba vueltas, estaba perdido. Yo me quería bajar de la chata, pero no me dejaron; fue acá en la entrada, donde está la rotonda grande, del lado dere­cho”. Alicia vuelve a intervenir: “Mi papá lo iluminaba, ‘¡qué le pasa a este hombre!’: decía, porque estaba desesperado, ahí en la ruta. Para colmo, cuando lo enfocábamos peor, se enloquecía más este hombre, pobre. Así que nosotros empezamos a gritar y de­cirle que lo dejara. Nos dio miedo. Quería volver después de dejamos en casa, pero nosotros no lo dejamos, y más cuando escuchamos disparos. Claro, este hombre desesperado gatilló. Inclusive, cuando llegamos a casa no había luz, el pueblo estaba apagado”.

LA USINA ELECTRICA

Rápidamente se estableció un enlace entre los fenómenos eléctri­cos registrados en Monte Maíz (oscilaciones de intensidad lumínica y variaciones de coloración) con la aparición de los presuntos vehículos siderales. ¿Sería éste un caso más del conocido “efecto electromagnético”[2]?

Un informe de la usina eléctrica de Monte Maíz señaló que personal que a la hora en que el camionero Douglas llega al pueblo, se encontraba de servicio, asegura que los motores fueron disminuyendo su potencia, lo que gravitó en que las luces se tornaran de un color amarillento, restableciendo luego su normalidad (9).

Esta explicación no resultó suficiente, motivo por el cual procuramos conocer otros pormenores. Entrevistamos entonces a uno de los más antiguos empleados de la usina, ya jubilado, el señor Bonifacio Fernández, quien se desempeñaba en aquel momento como electricista de la usina. Su testimonio grabado es el siguiente:

(8) Monte Maíz - Douglas y una elocuente exposiciónMonte Maíz. Douflas y una elocuente exposición.

“Entré a trabajar en la usina de Monte Maíz en marzo de 1939. Esa noche le tocaba trabajar a mí y a no sé quién más. Lo que pasaba era que fallaba la banda del motor y se venía abajo el sistema. Fallaba porque el motor era viejo, y entraba a fallar. Sucedió muchas veces. Pero esa vez ocurrió varias veces en el día, en la noche, y no había otro repuesto. Teníamos dos motores rotos y ese quedaba después a la noche. Al bajar la revolución, bajaba el voltaje y se apagaba la luz; quedaba la luz chiquitita y vol­vía a levantar otra vez al tomar fuerza el motor. No venía la corriente de afuera, sino que se producía acá, de modo que había poca luz en el pueblo, en las casas.

“El motor era a gasoil, fuel-oil. Después lo arreglaron y siguió bien. Muchas veces después quedamos sin luz en el pueblo, acá. Cuando el motor se baja, no hay tiempo de reemplazarlo. A ése lo hacía tomar otra vez bombeándolo, y empezaba a levantar, la luz también. Yo era el electricista y en aquella época, además, iba y daba luz a una sec­ción, a una parte del pueblo y cortaba la otra, pero esa noche estaba todo el pueblo.

“No es nada de lo que le pasaba a ese hombre (Douglas), sino que alguien lo tomó por eso, porque él vino corriendo en momentos en que se apagaba la luz. Lo que le venía sucediendo a ese hombre, las cosas que contó. Todo esto habrá sido cierto, mentira, no lo sé…, pero el caso de que la luz se paraba era culpa del motor. No era nada de él. Un defecto del motor. Así fue, seguro. Las otras son fábulas, enredos que quedaron en el comentario del pueblo”.

LAS CONDICIONES METEOROLÓGICAS

En esta etapa de la investigación, han de tenerse en cuenta los caracteres meteorológicos al momento de ocurrir el episodio. El informe que solicitamos al Servicio Meteorológico Nacional, SOR II, firmado por la Jefa del Centro de Información respectivo, Catalina Sassone de Candurra, expresa:

Monte Maíz, prov. de Córdoba – 11/12 octubre 1963: 20:00 a 04:00 horas (Exp. N°: 39.442)

Estaciones de referencia más próximas: Marcos Juárez-Belle Ville

Temperatura (ºC): 13-14

Humedad relativa (%): 99-100

Estado del cielo: cubierto

Viento (dirección y velocidad, en nudos): Sector sur, 10/17

Presión (mm), nivel estación: 748-750

Visibilidad (km): Reducida por niebla: 500 metros; 2 a 4 km por llovizna

Precipitaciones: Bancos de niebla, llovizna continua.

(16) Monte Maíz - Vista del área donde cayó el camión de Douglas Monte Maíz. Vista del área en donde cayó el camión de Douglas.

Han sido en estas condiciones en que se produjo la desusada observación de Eugenio Douglas, las mismas en que ocurrió el accidente. No muy favorables para realizar una genuina observación, especialmente, en relación a la visibilidad y a las circunstan­cias que generan los más variados fenómenos, incluidas las aberraciones.

OTRAS EXPERIENCIAS

Eugenio Douglas ha sido testigo, e incluso protagonista, de episo­dios ufológicos de variada extrañeza, los cuales no deja de mencionar durante nuestra larga entrevista:

“Aparte del caso de octubre de 1963, una vez, iba para Corral de Bustos (Córdoba), y un aparato semejante se me presentó en el camino, pero en esa oportunidad no pasó más que eso. Pero fue hace muchos años, como a los dos años. Vi otras cosas, más o menos pare­cidas, pero nunca quise mencionarlas. Otra vez, acá, en Venado Tuerto, en época más cercana, cuando tenía un negocio frente al Hospital.

“También una vez fui a llevar a un hijo grande al Club Avellaneda, ubicado en la o­tra punta de Venado Tuerto, pasando la Agrónoma. Cuando voy a dar vuelta, una luz me enfoca, como si hubiera sido enfocado desde arriba. Y ya salí… De pronto, me encontré allá, en un terreno perdido que no supe dónde era. Se trataba de un campo. Había cruzado la ruta 8. Y después me metí en un camino que hasta hoy no se cuál es, que en ese tiempo estaban…, me metí en todos lados. Me pregunté: ‘¿cómo vine acá, y cómo hice?…’ ¡Y cómo me cegó esa luz y qué se yo! Cómo seguí, cómo crucé. Estaba como a una legua (la calcula en 5 km) fuera del pueblo, más o menos. Después que vi el dislumbre (NdR: término que condensa ‘vislumbre’ con ‘deslumbramiento’); me detuve, me bajé afuera del auto y ¡yo no vi más esa luz! Y seguí, pegué la vuelta ahí entre los yuyos, y me metí por un camino angosto, que no… Días después volví, quise localizar dónde fue que yo había salido, pero no, no ubiqué el lugar.

“Después tuve otras cosas. Otra vez iba para Monte Maíz y viví también, vi como una nave que iba conmigo, y luego cortó lejos; parecía que…, que se yo. Me paré, y digo ‘a ver si estos querrán hablar conmigo, ¿serán aquellos?’…”

(17) Monte Maíz - En la lejanía, el pueblo de Monte Maíz, hacia donde se dirigió E Douglas DICE E. DOUGLAS: Sobre el caso de Isla Verde-Monte Maíz, del 11/12 de octubre de 1963:

Monte Maíz. En la lejanía, el pueblo de Monte Maíz, hacia donde se dirigió E. Douglas.

“Esto es lo que me pasó y eso es lo que siempre sostuve. Lo que me ocurrió yo no me lo olvidé jamás. Quizá me olvide de comprar una cosa mañana, no lo recuerdo. Pero esto lo tengo grabado en la cabeza, yo no me olvidé. Lo que vi es lo que digo y lo que dije antes, y lo que digo ahora”.


[1] No nos consta que E. Douglas haya sido nuevamente examinado, incluso el Dr. F. Dávolos negó que se hayan tonado otras providencias. Sin embargo, se supo que el testigo retornó a su domicilio de Venado Tuerto el sábado 12, por la tarde, y que el martes 15 retornó para complementar su exposición primera ante la autoridad policial (7).

[2] El “Efecto E. M.” (electromagnético) es, en la jerga, aquel que se le atribuye a los ovnis la propiedad de generar un campo magnético de una magnitud capaz de paralizar motores a explosión, instalaciones eléctricas, etc. El error proviene, con esa denominación, de establecer a priori un orden de causalidad, que es lo que debiera demostrarse, en todo caso, después de la investigación.

5 pensamientos sobre “Monte Maíz (Cba): La visión fantasmagórica de E. Douglas (II)”

  1. Hola, yo soy oriundo de monte maiz y este caso es muy conocido, mi mama lo recuerda por que esa noche tambien habia un velorio y dice que se bajaban y subian las luces del pueblo…

  2. Conozca la verdad del Sr.Eugenio Douglas ( camionero) que lo dieron por muerto de Leucemia, por los rayos emanados de un ovni, en Monte Maiz Cordoba. Y quien fué que lo dio por muerto?
    En el año 1986 en la investigación Carlos Demaría, sospechaba algo. E intervino en la reinvestigación R. Banchs.
    En yahoo vea el Blogg de Carlos Demaría “www.cataovni.wordpress.com”

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