La experiencia de abducción o el camino al origen (Final)

-Ponencia presentada en el I Forum Mundial de Ufología, Brasilia, 7-14 diciembre 1997-

LA EXPERIENCIA DE ABDUCCIÓN O EL CAMINO AL ORIGEN

ROBERTO E. BANCHS

Licenciado en Psicología

Doctor en Psicología Social

La hipótesis del recuerdo originario

Abducciones 1 Nuestro propósito inicial se había orientado, como resultado de la labor clínica, hacia la investigación de los sucesos que acaecían ante el incremento de las ansiedades paranoides y de las vicisitudes regresivas consecuentes.

Corroborando las observaciones, nos llevó a afirmar la existencia de una situación regresiva constante con la aparición de los mecanismos inherentes a la situación fetal (regresión a mecanismos prenatales), toda vez que una intensa situación persecutoria fuerza al yo al abandono de la relación con la exterioridad y le impulsa al refugio inicial de la vida intrauterina (posición autista).

Las técnicas para inducir la regresión fetal con el propósito de provocar el incremento intenso de la relación con la fantasía a expensas de un mayor bloqueo con el mundo exterior, consisten en la exacerbación de las ansiedades paranoides por métodos frustrantes o agresivos, tales como ayunos, abstinencia, aislamiento e intoxicaciones (a través del empleo de ciertas sustancias, como mezcalina, ácido lisérgico, etc.). Estos procedimientos han puesto en evidencia su capacidad para inducir una profunda acción regresiva a los niveles fetales con notable intensidad, involucrando sensaciones corporales y fantasías.

En 1975 extendimos nuestra investigación al campo de los “no identificados”, y elaboramos una hipótesis referida a la naturaleza psicológica de la abducción. El estudio de numerosos informes (por citar algunos, los producidos en Buenos Aires, Ing. White, Mendoza, Arias, Las Carolinas, Huinca Renancó, Río Cuarto) corroborarían los hallazgos, observando en gran número que dichas narraciones nos remiten a escenas perinatales (pre a post natales). Esto es, en torno al momento del nacimiento, o del desprendimiento del niño del cuerpo materno.

Sin recurrir a una simbología universal, y sí al análisis del sujeto atendiendo su historicidad y al relato ufológico que produce, hallamos entre ambos aspectos una estrecha vinculación, y en sus narraciones elementos que se corresponden con la representación del útero materno, donde se aloja el nuevo ser por nacer, infiriendo que se trata de un modo de escenificar la angustia que emerge en aquellos testigos, eje central de estos relatos.

Picture No. 10023230 Recién dos años después, Alvin Lawson comienza a interesarse en un estudio sobre hipnosis de ciertos casos de abducción y, todavía más tarde, advierte el paralelismo entre los raptos ufológicos y el llamado trauma natal*.

Convengamos señalar que, para Otto Rank, el nacimiento no sólo significaba un verdadero trauma para el ser, sino que produce el primer y más importante estado de angustia en la historia del individuo, modelo de toda la angustia posterior, es decir, a la que ha de remitir reproduciendo, en cierto modo, la situación del nacimiento.

De manera general, puede decirse que el nacimiento -como recreación imaginaria- se constituye en un modelo, prototipo de la angustia primigenia, separación del cuerpo materno, como efecto del complejo de castración o ruptura de un lazo imaginario.

Precisamente, ese estado de angustia primigenia remite a una falta, a una separación, y proviene de una situación no resuelta o elaborada (es decir, traumática), antecediendo a relatos del género ufológico. Una novela que aparece como intento de eliminar esa angustia, restitutivamente como fantasía, delirio o alucinación, y que es, a la vez, exteriorización del conflicto subyacente.

La angustia, en cualquiera de sus diferentes modalidades, nos permite descubrir la problemática doble: fusión y separación (del yo y del objeto), unión y desunión. Como defensa patógena, provoca la regresión a etapas tempranas, que tienen al nacimiento como modelo, prototipo de angustia.

No trataremos aquí de tomar posiciones acerca de las controversias que provienen de concepciones psicogenéticas distintas y que sobrepasan nuestro análisis. Tampoco consiste en este artículo determinar si tales regresiones suponen un recuerdo real, o se trata simplemente de una construcción fantasmática, imaginaria. Aunque nos inclinamos razonablemente por esta última, más allá de admitir la existencia de una suerte de memoria fisiológica (antes de haberse conformado el aparato psíquico), cuyos registros o huellas se resignificarían bajo determinadas circunstancias.

De hecho, la remisión a la angustia del nacimiento está fuera de toda polémica. Y es allí donde la experiencia perinatal (esto es: antes, durante y después del nacimiento), se abre en la polaridad fusión (goce, alienación) y separación, o abandono (castración, arrojamiento).

Numerosas historias de abducción contienen esta problemática, encubierta, camuflada en un relato ufológico que parece hacer “revivir” esa experiencia natal, sin poder despojarse de ese sentimiento (en su forma arcaica de aniquilamiento, deglución) y del dualismo abducción-aducción, o por igual, retención-separación.

OttoRank La primera se vincula, según el modelo psicoanalítico, con las protofantasías* o fantasías originarias. Expresamente, con la denominada “vida intrauterina”, también conocida como experiencia oceánica. Lugar de goce y completud en el cuerpo materno. La segunda, en cambio, nos conduce a la angustia primaria o traumática del “real angst” y se relaciona con la “castración” (término que toma el sentido de separación, y que designa cualquier atentado contra la integridad psíquica o corporal). Para el pensamiento mítico, antropológico, esa castración o separación corresponde al pasaje de un estado a otro y adopta las formas de una transfiguración, con su ulterior correlato en los procesos de la conciencia.

Dichas fantasías originarias son estructuras que el psicoanálisis reconoce como organizadoras de la vida fantasmática cualesquiera sean las experiencias personales del sujeto, sorprendiendo por tener un carácter común: todas ellas se refieren a los orígenes y poseen una importante relación con la vida sexual y con los síntomas, reveladores de procesos de fondo. Esas fantasías -que consisten en dar forma sensible o reproducir con imágenes las cosas pasadas- son, ante todo, los sueños diurnos, escenas, episodios, novelas, ficciones que el sujeto forja y se narra a sí mismo.

Al igual que los mitos colectivos (por cuanto remiten a los orígenes), intentan aportar una representación y una “solución” dramatizada a lo que, para el sujeto, aparece como un gran enigma, como origen de una historia, lo que se le presenta como una realidad de tal naturaleza que exige una explicación.

El camino regresivo

El fondo del problema parece hallarse en los orígenes, en la prehistoria del sujeto, en sus estados profundamente regresivos, reactualizados ante una situación emergente y como un intento de simbolizar algo de lo real.

No hay dudas que el relato de una abducción revela una experiencia traumática. Pero como todo recuerdo, el trauma es siempre un recuerdo encubridor.

Su valor mnémico no radica en su propio contenido, sino su relación con otro contenido reprimido. Como si una huella mnémica de la infancia hubiera sido reproducida luego, en una etapa posterior. En las situaciones traumáticas esto se observa cuando los pacientes reprimen en sueños el suceso y vuelven al lugar del incidente, obedeciendo a la denominada compulsión a la repetición, donde el acontecimiento traumático vuelve sobre el sujeto procurando su ligadura de significantes, su representación, pero siempre en forma camuflada, como intento de hacer surgir lo olvidado y reprimido (fantasías o sueños como realización del deseo de la conciencia de culpa), y de dominar la violenta sensación experimentada.

En las neurosis traumáticas (p. ejem., traumas de guerra), el yo -asegurando la función de unidad e integridad- se defiende de un peligro que lo amenaza, pero cuyo conflicto se reactualiza ante una situación de riesgo. Por lo tanto, el trauma es algo exterior, que desencadena algo interior, y anterior (véase las Series Complementarias: factores constitucional – predisponente – desencadenante, o síntoma).

Al respecto, todo peligro -a la integridad yoica- tiene como prototipo al nacimiento. De ahí que la angustia se reproduciría en situaciones análogas al nacimiento, automáticamente, como reproducción inadecuada (la excitación se transforma directamente en angustia, sin ligadura). Aparecería como reacción general al peligro. Para Rank, incluso, las alteraciones fisiológicas que se producen en la criatura durante el parto (asfixia transitoria, taquicardia, opresión, etc.) son idénticas a los que acompañan la angustia, pudiendo inferirse que esta experiencia iría a establecer la norma que se repetirá en la vida ante situaciones de peligro.

Un peligro de tal magnitud que el sujeto quedaría en desamparo. Desamparo material frente a un peligro real, y psíquico. El trauma se configura de este modo en la serie: angustia – peligro – desamparo. Una sensación de desamparo reconocida, recordada y esperada, como aparecen en numerosas experiencias de abducidos.

También hay otras características comunes: imposibilidad de olvidar, angustia que invade el cuerpo, sueños u otras fantasías que repiten el suceso (a veces puestas en el cuerpo, como síntomas somáticos).

Abduccion Estas narraciones de índole traumática no se distinguen, a fin de cuentas, de otros episodios menos fantásticos -y no menos interesantes- vistos en la clínica. Inclusive, con bastante frecuencia, cercano a su hábitat, y muy especialmente en el dormitorio. No es extraño que allí ocurra, pues es en el dormitorio donde se efectúa la actividad del dormir, de los sueños por excelencia, de la críptica relación del hombre con su inconsciente.

Surgida de aquella tarea, el estudio de un conjunto de informes sobre abducciones nos permitió establecer una singular relación con el momento del nacimiento. Sin embargo, no se trataría de un recuerdo real, de la imagen del momento primordial que aparece enmascarado, sino, una representación que viene a constituirse en modelo o prototipo de la angustia primigenia.

Esta vuelta al origen confronta al hombre con sus mitos, descubriendo en el trasfondo regresivo una estructura mítica común, por cuanto se interroga por el nacimiento.

Recuerdo o recreación imaginaria, lo indudable es que el nacimiento es una de las instancias más dramáticas de todo individuo. Plenitud, vacío, la nada. Angustia y goce. Éxtasis místico, conciencia cósmica o trascendental, estado modificado de conciencia. Experiencia oceánica. Antesala, vientre materno. Rito de iniciación, de pasaje, que dejará su marca.

La naturaleza diferente y cambiante del fenómeno torna improbable formular un modelo que ofrezca una descripción única acerca de todas las causas y motivaciones que subyacen tras los informes de abducción, siendo procedente un estudio específico, caso por caso. No obstante, resulta plausible admitir -a la vista de estos estudios- la existencia de un conjunto importante de informes cuyo examen arroja la cierta y significativa adecuación al modelo propuesto.

Lejos de desdeñar los casos de abducciones, propiciamos desde una visión humanística continuar enérgicamente con su estudio. Estamos persuadidos que estos relatos fabulosos, sobreimpresos a la existencia real y concreta, nos ofrecen una oportunidad excepcional para comprender la vasta realidad humana. Tomados como símbolos, nos hablan desde la interioridad del hombre. De su capacidad creadora, de su nacimiento y renacimiento, de su hondo sentido religioso (permitiendo intuir algo superior que roza el misterio cósmico).

Verdad o fantasía, la polémica continúa. Quizá no sea esto lo importante frente al significado que ellos encierran. Significado que adquiere valor cuando conduce al hombre a volver una mirada hacia sí mismo y -como mito vivo que es- a proponer un camino de transformación psicoespiritual. Es que algo se nos comunica acerca de ese universo maravilloso que es la mente humana: de la imperiosa necesidad por trascender, de hallar una respuesta sobre los orígenes. He aquí las preguntas fundamentales de la filosofía de la existencia, por encontrar el hilo de sentido que permita orientar al hombre en su promisoria búsqueda.

La aparición de estos fenómenos cuya referencia común es el cielo y la luz, fiel a una intencionalidad de inocultable sentido cósmico y sagrado, suscita en el hombre una serie de interrogantes. La respuesta a ese interrogante es conocer. Conocer es también nacer, “nacer-con”. Y en todo nuevo conocimiento el hombre nace y renace la humanidad toda.-

Bibliografía

Banchs, Roberto E. Fenómenos aéreos inusuales -Un enfoque biopsicosocial. Leuka, Buenos Aires, 1994.

Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras. F.C.E., México, 1959.

Freud, Sigmund. Obras Completas. T. XVIII, XIX, XXII. Amorrortu, Buenos Aires, 1a. reimpr. 1989.

Jung, Carl G. El hombre y sus símbolos. “Los mitos antiguos y el hombre moderno”, Joseph L. Henderson. Aguilar, Madrid, 2a. ed. 1974.

Laplanche, J. y J.-B. Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Labor, Barcelona, 1981.

Maturo, Graciela. El mito y el cuento tradicional. Tekné, Buenos Aires, 1986.

Rivera, Luis F. Antropología existenciaria – El hombre como centro y sentido. Ed. Guadalupe, Buenos Aires, 1983.

Rank, Otto. The trauma of birth, ps. 187/188, citado por R. Mandolini Guardo en “Historia General del Psicoanálisis”, ps. 303/306; y E. Mira y López, en “Psicología Evolutiva”, ps. 30/33.

© Roberto Banchs, 1997


* Aunque curiosamente no ofrece referencias precisas respecto al concepto y original descubrimiento del trauma citado (y por añadidura, tampoco sobre nuestro trabajo que lo precedió), merece indicar que el desarrollo teórico del denominado “trauma de nacimiento” pertenece al psicoanalista Otto Rank, discípulo de S. Freud, quien en 1923 destacó la importancia del trauma en la génesis de las neurosis. Desacuerdos teóricos respecto a la constitución del aparato psíquico, provocaron la desvinculación de Rank del grupo de Viena, pero sus descubrimientos fueron tan controvertidos como valorados.

* Las llamadas formaciones fantaseadas, o protofantasías (escena originaria, castración, seducción, y vida intrauterina), se encuentran de un modo muy general en los seres humanos sin que puedan referirse siempre a escenas vividas realmente por el individuo. Freud utilizó el nombre de “escenas” y, desde un principio, destacó los “guiones típicos” y en número limitado. Lo que entiende por fantasías originarias resulta difícil de comprender si se considera aisladamente. Este concepto es introducido al final de un largo debate sobre el origen de las neurosis y la vida fantasmática de todo individuo, esforzándose en descubrir acontecimientos arcaicos, reales, traumatizantes, cuyo recuerdo se halla en ocasiones elaborado y enmascarado por fantasías.

Las reservas que suscita la teoría de una transmisión filogenética -según Laplanche y Pontalis-, no deben hacernos caducar la idea de que existen, en la vida de la fantasía, estructuras irreductibles a las contingencias de lo vivido individual.

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