De Voronoff al zangoloteo rejuvenecedor

DE VORONOFF AL ZANGOLOTEO REJUVENECEDOR

Juan José Morales

SergeVoronoff Modas vienen y modas van, y cada cierto tiempo causa furor algún método o compuesto que supuestamente sirve para detener o — mejor todavía — revertir el proceso de envejecimiento. En tiempos lejanos la gran novedad como promesa de vida casi eterna fueron los implantes de glándulas de mono del Dr. Serge Voronoff… quien ya pasó a mejor vida igual que todos sus pacientes. En la época contemporánea, las ventas por televisión nos saturan día y noche con una verdadera catarata de productos y procedimientos antivejez. Así, en los últimos años han tenido sus etapas de gloria — y de cuantiosas ventas a muy buen precio — los suplementos vitamínicos, los complementos nutritivos, la melatonina, la clorofila, los antioxidantes, la hormona de crecimiento y otros muchos etcéteras. Pero los explotadores de la credulidad ajena son infatigables. En cuanto algún remedio pasa de moda y bajan las ventas, lanzan otro al mercado, y comienzan a comprarlo ávidamente aquellos eternos incautos que no obtuvieron ningún resultado con el anterior pero confían en que el nuevo sí habrá de funcionar.

El timo más reciente con que me he topado es cierto aparatejo en que el paciente, en posición horizontal, es zangoloteado a placer. Pero no de cualquier manera, sino con movimientos ondulatorios en forma de 8. Algo así como una danza hawaiana con sensual meneo de caderas, sólo que cómodamente acostado, con los ojitos cerrados, una beatífica sonrisa y sin tener que mover un músculo. Según los vendedores, ese movimiento — y sólo ese, que no le engañen con imitaciones — hace agitarse la sangre y se desprenden de ella las toxinas y demás sustancias nocivas que contiene. De esta manera, en un dos por tres, las sustancias tóxicas y “las enfermedades” se separan del organismo y son eliminadas vía orina y heces fecales. Tan efectivo es el procedimiento, dicen los teleanuncios, que con sólo 15 minutos diarios de suave y adormecedor chicoleo el paciente puede conservarse eternamente joven.

Voronoff Todo esto, por supuesto, es simple charlatanería, como charlatanería son todos los productos farmacéuticos que prometen evitar la vejez. La respetada revista científica New England Journal of Medicine es categórica al respecto. “Actualmente — dice — no hay ningún medicamento que retrase o invierta el envejecimiento.” En otra afamada publicación, Scientific American, 51 prestigiados biogerontólogos publicaron en 2004 una especie de manifiesto en el cual tratan de marcar el alto a los charlatanes. En el documento señalan que si bien “hay razones para pensar que los progresos continuos en salud pública y ciencias biomédicas contribuirán en el futuro a unas vidas más sanas y largas, los productos que se están vendiendo no han demostrado científicamente su eficacia.” Y añaden que “el negocio de lo que se ha venido conociendo como medicina antienvejecimiento se ha convertido en los últimos años en una industria de miles de millones de dólares tanto en EU como en el extranjero”.

Nos guste o no, el envejecimiento es un proceso inevitable e irreversible. Las células, los tejidos, los órganos y los sistemas del organismo se desgastan, deterioran y pierden eficacia con el paso de los años debido a su propio funcionamiento, de igual manera que el motor, la suspensión y la dirección de un automóvil se desgastan con el uso. Y así como se habla de una vida útil para las máquinas, el ser humano tiene también su período de vida. Lo único que se puede hacer — igual que con un automóvil — es cuidar el cuerpo para mantenerlo en las mejores condiciones posibles de funcionamiento y tratar de alcanzar la esperanza máxima de vida, la cual —no hay que olvidarlo— ha aumentado considerablemente en las últimas décadas gracias a los avances en medicina y salud pública.

Como dice el lema usado por la OMS en la celebración anual del Día Mundial de la Salud, no se trata de sumar años a la vida, sino de dar vida a los años. Esto es, de vivir plena y satisfactoriamente. Y el dinero que se gasta inútilmente en los nada baratos métodos y productos antienvejecimiento, puede ser muchísimo mejor aprovechado para darse algunas satisfacciones que hagan más placentera la vida.

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