El polimorfo ovni de San Lorenzo (SF)

EL POLIMORFO OVNI DE SAN LORENZO (SF)

Roberto Banchs

j Una de las más grandes oleadas mundiales es la manifestada en 1968. Un año pródigo en noticias de avistamientos de ovnis con ocupantes, registrándose en la Argentina 12 informes de esta clase, comprendidos en un período aún menor, entre junio y noviembre.

El 6 de julio el diario Crónica, de Rosario, informa a sus lectores que en la víspera se presentó en la redacción el padre de la joven Olga Rosell de Montironi, denunciando que su hija había visto un inusual elemento aéreo desde su vivienda en la localidad santafecina de San Lorenzo, a unos 35 Km. de Rosario. Trasladados al lugar, recogieron su testimonio:

“Eran las 4,30 de la mañana -dice la Sra. Olga- cuando mi esposo salió de casa a su trabajo. Instantes después, advertí un ruido extraño. Abrí la ventana del dormitorio, pues noté un zumbido extraño y mucha claridad. Me encontré que sobre una vivienda retirada a no más de 50 m. cruzaba una especie de nave espacial del tamaño de un automóvil. Era luminoso y en su interior alcancé a divisar algo así como personas con vestimentas…”.

“Al preguntársele si el fenómeno fue visto por otras personas, nos dijo que sí. ‘Claro que sí; las señoras Irma Gómez y Luisa Acosta, también lo vieron’”. Estas explicarían luego haber sido testigos del fenómeno ante la llamada de auxilio de Olga.

“La nave espacial -agrega- se trasladó hacia el norte, justo sobre el cementerio de San Lorenzo. Allí estuvo detenido durante más de 15 minutos, volví a asomarme y comprobé que la nave estaba en el mismo sitio. Pero pude observar que, tras breve descenso, se desprendieron como filamentos rojizos. Finalmente se desprendió un objeto menor y redondo, que emprendió raudo vuelo, mientras ‘la nave’ se desplazaba hacia el sur. Durante un instante el cielo tenía el aspecto de una puesta de Sol. Eran las 5 de la mañana…”.

Conocido el episodio, a través de las fuentes periodísticas, escribimos a Olga Rosell de Montironi (nacida el 8 de diciembre de 1944), requiriendo de ella mayores datos, para lo cual adjuntamos una planilla de información técnica. Diecinueve días después de ocurrido el caso -esto es, el 24 de julio de 1968-, la testigo nos remitió su pormenorizado informe, quedando dispuesta para cualquier nueva consulta (¡la cual se produciría 16 años más tarde!).

k Una síntesis de lo expuesto es la siguiente: “En momentos de la observación el cielo se hallaba despejado, con una visibilidad escasa, debido a que no había Luna y aún era de noche”, declara la testigo. Hacía frío y se registraron heladas, aunque Olga reconoce haber sentido en esos momentos calor, presa de un estado de nervios[1].

“El plato volador -dice- se desplazaba de oeste a este y al llegar a unos 500 m. de donde lo veía, se elevó a unos 1.000 metros, desvió al sur y observé que se detenía y bajaba otro muy pequeño por un ‘hilo’ muy rojo y de igual luminosidad. Así estuvieron flotando en el aire 3 a 4 minutos, hasta perderse muy alto, hacia el oeste”.

La velocidad de los objetos era muy lenta, excepto el mayor cuando se perdió en el horizonte sur, siendo muy parecido a una puesta de Sol. Este tendría muchos metros de longitud. Comparado con la Luna, su tamaño visual era ‘más grande’, y su forma “muy similar a las que se ven en diarios y revistas” (sic).

Ambos eran intensamente rojos y blancos, luminosos, produciendo variaciones mientras se desplazaban. La duración total estimada del avistamiento fue de unos 15 minutos.

Es importante consignar que la forma del primer objeto fue modificándose paulatinamente. Al principio, se lo observaba como una masa informe, de unos 3 m. de diámetro, con luminosidad roja. Al elevarse, fue elongándose y adquiriendo una coloración blanca en la zona central y sus extremos rojos. Finalmente, al recorrer parte del cielo hasta perderse, su forma era plana en su base con unas protuberancias arriba, en tanto que su coloración mudó al blanco, salvo su borde superior que presentaba una suerte de “luminosas ventanillas” rojas.

Cuando se alejaba, Olga Rosell salió a la calle y desde la esquina pudo observarlo mejor, por tratarse de una zona de pocas y bajas edificaciones.

En ningún momento del relato hizo referencia a la percepción de los presuntos ocupantes que mencionaba la versión periodística, así como otros detalles.

A pesar de tal omisión, en noviembre de 1984 nos propusimos tomar contacto personal con la testigo.

Bien dispuesta para la entrevista, su narración fue la siguiente:

m “Desde hacía varios días atrás del caso, venia escuchando en horas de la madrugada, junto con mi esposo Ángel P. Montironi, un zumbido en el interior de nuestra vivienda (sito en la calle W. Morris al 2.300), sin poder determinar su procedencia. Inspeccionábamos dentro y fuera de la casa, y nada. Una mañana -una de las tantas en que él se iba a trabajar-, persistí en la idea que podría venir de afuera, y entonces -a eso de las 4 ó 4,20 horas- levanté la cortina de la ventana del dormitorio que da al oeste y veo del sector sur como una puesta de Sol, anaranjada, que venía subiendo. Venía agrandando y achicando su tamaño, era como una pelota de fútbol. Siempre en color anaranjado, como un Sol, pero no iluminaba.

“Subía por aquella casa -señalando una vivienda vecina-, pero por la vegetación no lo podía observar demasiado. Así que largué todo y fui hacia el patio. Una vez ahí, comprobé que ya estaba achicando y tomaba la forma de un sombrero, aproximadamente del ancho de un automóvil, un metro y pico. Las plantas de los fondos seguían entorpeciéndome la visión. Entonces corriendo, salí a la calle, crucé la de la esquina a un descampado y estaba el ‘sombrero’ ese, detenido en el espacio y de ahí bajaban dos más, luminosos, con luces azules y reflejos anaranjados. Bajaron como si lo hicieran por un hilillo de color azul, un celeste bien visible, luminoso, con otro platillo más pequeño, y otro hilo también, con otro platillo por debajo. Quedaron flotando un instante en el aire, no se cuántos minutos.

“Había quedado muy transpirada, tenía un camisón, aunque esa mañana cayó una helada. Pensé que sería por un calor que irradiaba la tierra, o si era debido a mis nervios, mi ansiedad por ver todo lo que estaba presenciando. Nunca dejé de mirar el cielo. Es así que grité a unos vecinos, pero sin detenerme, seguí mirando.

“Cuando estuvieron unos minutitos, así, flotando, fueron bajando lentamente hacia el sur, perdiéndose en la distancia. No se si los pequeños platillos, de más abajo, subieron por sí mismo o si era efecto de la distancia que yo no los vi más. Continuaba viendo al grande hasta que se fue formando otra vez todo el redondel anaranjado, el de la entrada de Sol, el que yo había visto al salir. Ahora se iba poniendo”.

Finalizada su exposición fue conveniente cercioramos de la exactitud del informe que nos remitiera la testigo en 1968, con respecto a los presuntos ocupantes. Procedimos entonces a formularte unas preguntas:

RB.- ¿Usted llegó a observar ventanillas?

OR.- “Si, eran algo así como ventanillas luminosas. Se veía como una luz, luces que se movía adentro. No era una luz quieta, como la que reflejaba alrededor”.

RB.- ¿Qué llegó a observar a través de las ventanillas?

OR.- “No, nada. Una lucecita así, como que titila…”.

RB.- ¿Llegó a ver siluetas?

OR.- “No. En ningún momento… La información que le habían comunicado a un diario contenía muchos errores”.

RB.- ¿De dónde surgió entonces la versión de que había ‘ocupantes’?

OR. – “Bueno, la versión había salido en el diario Crónica, de Rosario. Pero a la distancia que había estado eso… Era imposible haberlos visto.

RB.- ¿A qué distancia estaba?

OR.- “…Puede haber sido una distancia como a estas nubes que se ven ahí arriba. Una distancia así”.

En el atardecer nuestra encuesta a la testigo Oiga Rosell de Montironi, realizada en el mismo patio de su vivienda[2], iba llegando a su fin. Una vez más, la comprobación personal en el lugar de los hechos resultó un procedimiento valioso para verificar las informaciones proporcionadas, en particular, por los medios de prensa.

ALGUNAS CONSIDERACIONES

San Lorenzo (1) Uno de los aspectos más interesantes por mencionar sea, quizá, la discrepancia entre las versiones del diario Crónica, el informe testimonial que nos remitió la testigo a pocos días de ocurrir el avistamiento y la suministrada durante la entrevista personal mantenida con Olga Rosell en noviembre de 1984.

Aunque inexacta, la información periodística nos permitió acceder a un hecho más de los que venía denunciando la sensibilizada población de San Lorenzo[3].

A causa de algún involuntario giro literario, de interpretación, o de la deliberada inventiva de un periodista, se pone en palabras de la testigo que el fenómeno “era luminoso y en su interior alcancé a divisar algo así como personas con vestimentas…”. Afirmación que ella desmiente de inmediato. Sin embargo, es posible suponer que había derivado de alguna expresión semejante.

Nótese, por ejemplo, su respuesta cuando le preguntamos si llegó a observar ventanillas: “Sí, eran algo así como ventanillas luminosos. Se veía como luz, luces que se movían adentro”. ¿No será que se hayan mal interpretado sus palabras a partir de una declaración como ésta?

Olga Rosell de Montironi resulta honesta en sus manifestaciones y no creemos que hubiere un intento de darse publicidad. Asimismo, la aparente corroboración brindada por otros testigos, vecinos del barrio (aunque en la actualidad no residan allí y no han sido vueltos a localizar), indicaría que se trató de un estímulo perceptual, externo.

No obstante, se advierten algunas contradicciones entre los dos informes que nos ofreciera la principal testigo, en 1968 y en 1984. Obvia decir que el transcurrir del tiempo y sus características emocionales e intelectivas, habrían desempeñado funciones decisivas en su memoria retrógrada, o de evocación de los recuerdos. Así pues, en 1968 nos refiere la observación de 2 objetos de coloración blanca y roja unidos por un hilo muy rojo, vistos durante unos 15 minutos. En 1984 hablará de 3 objetos de coloración anaranjada, unidos por dos hilos azules, o celestes, avistados durante un tiempo imposible de calcular.

“No podemos aceptar ciegamente a los testigos ovni como instrumentos libres de error -dice Allan Hendry. Son, simplemente, gente normal sujeta a distorsiones de la percepción, memoria y autoexpresión” (1).

A pesar, hay algunos datos relativamente estables en ambos informes. En particular señalemos aquellos que se refieren a la velocidad, forma y consistencia del fenómeno descrito.

Hay coincidencia en cuanto se trataba de una masa moviéndose lentamente y que variaba, no sólo su tamaño, sino también su forma (dice la testigo: “venía agrandando y achicando su tamaño, (… su forma) fue modificándose paulatinamente…”.

Esto nos indica ciertamente la inconsistencia de su materia constitutiva que, de no tratarse de un efecto óptico ­bajo condiciones meteorológicas que le eran propicias (temperatura, humedad), correspondería al estado gaseoso, antes que a un objeto sólido, como podría ser una formación nubosa (donde el viento calmo justifica incluso su permanencia en el cielo), algún curioso fenómeno atmosférico o, más bien, algún desprendimiento fabril. Al respecto, San Lorenzo y sus periferias constituyen una zona altamente industrializada: la destilería y planta petrolífera de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), activas industrias de cerámicas, molineras, petroquímicas y otras instalaciones fabriles. A su vez, a 10 Km. se encuentran dos emplazamientos militares (Batallón de Arsenales 121 y Fabricaciones Militares)[4].

Desde luego, quizá no sea posible emitir una conclusión definitiva, pero tampoco omitir estos datos, claramente evidentes y susceptibles de investigar, antes de signarlos de imposibles o descartables como fuente motivadora de la observación.

REFERENCIA

(1) Hendry, Allan. The UFO Handbook, Doubleday & Co., Inc. Garden City, New York, 1979.


[1] Habiendo solicitado al Servicio Meteorológico Nacional la situación sinóptica y/o los registros de las estaciones más cercanas, para las horas 04,00 y 05,00 del día 5 de julio de 1968, se nos informó, respectivamente: Temperatura: -2,4° C/-3,1° C; Humedad relativa: 91%-96%; Estado del cielo: Despejado; Viento: Calmo; Presión: 1022,7 hPa; Visibilidad: Superior a 10 Km. No habiéndose registrado fenómenos significativos (como precipitaciones, tormentas u otros). La obtención de los datos meteorológicos resultan sumamente útiles al momento de evaluar las condiciones en que se desenvolvió el episodio.

[2] La vivienda se encuentra en el sector noroeste de San Lorenzo, en el actual Barrio Capitán Bermúdez. Esta localidad está emplazada a orillas del Río Paraná y contaba en 1968 con una población estimada en 25.000 habitantes. Fue fundada por misioneros franciscanos en 1792.

[3] En efecto, el 26 de junio un operario fabril se vio envuelto de improviso en una fuerte luz de ignoto origen; el 30 de junio un joven vio por las calles, a las 4 de la mañana, dos seres de gran estatura vestidos con una especie de armadura metálica luminosa (la sensación calórica y el zumbido también presentes); y el 2 de julio varios testigos observaron el veloz desplazamiento de un objeto circular de coloración rojo-anaranjada (vs.: La Razón, Córdoba y La Capital, Rosario, Julio 4, 1968; y para el episodio del 30 de Crónica, Rosario Julio 1, 1968 y Clarín, Julio 2, 1968.

[4] Para dar una dimensión de los fenómenos que pudieron estar involucrados, mencionemos a modo de ejemplo el episodio ocurrido precisamente al día siguiente, 6 de julio, en La Plata (Pvcia. de Buenos Aires). Alrededor de las 22,00 horas un clima de tensión se creó en toda la ciudad y en las zonas aledañas, llegando en algunos casos a incontenible temor, cuando unos ‘extraños zumbidos’ fueron escuchados. “Toda la ciudad hasta pensó en un ataque en masa de habitantes de otro planeta piloteando platos voladores”, señala un diario. Finalmente se pudo saber que se trataba de un escape de vapor de considerable presión utilizado en la planta de YPF, cercana al puerto, para probar cañerías de nuevas instalaciones mediante la inyección de vapor a descomunal presión el que, al terminar su recorrido, escapaba a la atmósfera produciendo dichos efecto (v.: La Razón, Buenos Aires, Julio 7, 1968).

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