General Acha (LP): Un accidentado aterrizaje (Final)

GENERAL ACHA (LP): UN ACCIDENTADO ATERRIZAJE

Roberto Banchs

“Los famosos platos voladores se acercan a La Pampa”

La compulsa de los diarios de La Pampa no permitió obtener información relacionada con el extraordinario evento. Diariamente, los periódicos publicaban una sección donde se informaba sobre el hallazgo de las piezas más insignificantes e inverosímiles, tales como una manija de automóvil o el aro de una rueda, pero del plato volador: nada.

(12) Gral Acha 1950 Orillas de la laguna de las Salinas Grandes, La Pampa.

Haciéndose eco de la ola producida en los Estados Unidos, el año 1950 fue en Argentina bastante prolífero en avistamientos, debido en gran medida a la notoria presencia de Venus, visto incluso en pleno día durante los primeros meses. En La Pampa hallamos en ese período tres informes:

Bajo el título que encabeza esta sección se conoció un caso producido en la mañana del 30 de marzo en el paraje Colonia Devoto, cercanías de Quehué, Dpto. Utracán, cuando varias personas vieron suspendido durante unos minutos un disco de gran brillo, que se alejó velozmente rumbo al noroeste (La Moderna, Gral. Acha, nº 189-190, marzo-abril 1950, p. 15). En la misma jornada, por la noche, en Ceballos, Dpto. Chapeleufu, un cuerpo extraño en el cielo provocó curiosidad en gran número de vecinos (Zona Norte, Grl. Pico, 1º abril 1950, p. 2). Y el 14 de abril, en Telén, Dpto. Loventue, los propietarios de una estancia Ángel y Salvador Erastorza aseguraron haber visto un plato volador (Zona Norte, Gral. Pico, 24-25 abril 1950, ps. 3, 1). Informes que, en apariencias, no han tenido incidencia ni conexión alguna con el episodio de Carotenuto.

Pero por esas fechas se recuerda el resonado episodio del estanciero Wilfredo Arévalo en Lago Argentino, quien habría observado el 18 de marzo un plato volador con sus ocupantes (La Razón, Buenos Aires, 13 abril 1950, p. 3). A pesar, nuestra investigación del singular caso reveló que ha consistido en una probable invención periodística.

Donde hubo platillo…

Gral Acha 1950 (13) Amanecer frente a las Salinas Grandes, desde la ruta provincial n° 1, rumbo al sur, hacia Alpachiri.

Después que el testigo tuvo su experiencia, pensó en ir rápidamente a buscar a sus amigos ingenieros. Aún cuando Carotenuto Bossa es una persona instruida y observa que se trataba de un accidente aeronáutico (presuntamente extraterreno, pero aeronave al fin), resulta inaudito no habérsele ocurrido informar de inmediato a las autoridades sanitarias o policiales sobre el siniestro. En Gral. Acha se hallaban tres médicos en el Hospital Santo Tomás, siendo su director el Dr. Ángel Barni, y la comisaría policial a cargo de José A. Chacón. En cambio, abandona el lugar (con o sin dificultades en el arranque de su automóvil, según las fuentes), y deja pasar las horas -pues la noche se avecinaba- esperando la luz del alba.

Al volver al día siguiente, y tras un sondeo por el lugar, Carotenuto y sus anónimos amigos encuentran “un montón de cenizas -color rojo plateado- de aproximadamente 2 m de altura y 5 m de diámetro que se hallaba exactamente en el lugar donde había visto el platillo”. Algunas versiones agregan que al tocar o recoger la sustancia, las manos de uno de los hombres se habrían tornado de indeleble coloración purperina, rojiza, por varios días.

(14) Gral Acha 1950 Túmulo natural que descompasa la llanura pampeana. A la distancia produce un singular efecto.

Sin embargo, no ha llegado a nuestro conocimiento -como indica el mismo Stringfield- que Carotenuto haya presentado alguna evidencia material, o por lo menos una muestra de las cenizas como prueba de su descubrimiento. Algo que llama la atención, ateniéndose a la formación técnica del testigo y sus acompañantes.

Acerca del origen de esas presuntas “cenizas” de color rojo plateado pudiere sugerirse, con cierta imaginación, que se trata de los restos calcinados del plato volador. Curiosamente, observamos que en las inmediaciones se encuentran las Salinas Grandes de Hidalgo, una de las principales fuentes salineras del país, cuya cristalización produce en la superficie (período de afloración) un intenso y singular color rosa, por el desove de ciertas aves de la zona. ¿No serán acaso aquellas “cenizas” rojo plateadas descritas por Carotenuto coloreadas sales de sodio?. Difícil de admitir, la pregunta sigue en pie y posiblemente nunca pueda ser respondida, sin muestras de las intrigantes “cenizas” para examinar. Ni siquiera las fotografías que habría tomado de ellas, nunca divulgadas.

Las fotografías

(15) Gral Acha 1950 Llegando a la localización aproximada de la supuesta caída del platillo, de acuerdo al testimonio de E. Carotenuto Bossa y según las coordenadas en la versión del investigador L. Stringfield: 64°W, 37° 45’ s. Vista hacia el oeste.

Enrico Carotenuto Bossa ha sostenido -según González Ganteaume- que al día siguiente, cuando inspeccionaba el terreno junto a sus dos amigos, uno de ellos miró hacia arriba y divisó tres objetos. Uno tenía forma de ‘cigarro’ y estaba situado a gran altura, y los otros dos eran discoidales y más pequeños. Uno de los discos, de cerca de 10 m de diámetro, estuvo dando vueltas alrededor de los testigos, a unos 600 m de altura. Fue entonces cuando Carotenuto, provisto con una cámara Kodak Retina 2 con telémetro, comenzó apresuradamente a fotografiarle.

En total logró 5 o 6 impresiones, aunque -según refiere- sólo dos de ellas muestran el objeto con algún grado de nitidez. Al parecer, ninguna tomando referencias del paisaje.

Carotenuto dijo que él y sus compañeros debieron haber sido observados, pues los dos platos se dispararon hacia arriba y se unieron, como sumergidos, con el objeto de forma de ‘cigarro’. Después de haber recorrido una corta distancia, se tornó de color sangre, hizo un giro de 90º (u 80º) y (16) Gral Acha 1950 desapareció en el espacio en pocos segundos, ascendiendo verticalmente. Carotenuto estimó la velocidad en aproximadamente 12.000 km./h.

Curiosamente, frente al campo donde se habría estrellado el ovni, está ubicada el edificio de una escuela, única edificación en muchos kilómetros. Vista norte.

El investigador venezolano envió un negativo y dos reproducciones de las fotos a la organización APRO. Examinado el material en 1955, dictaminó que la fotografía era “genuina”. Sin embargo, cuando en junio de 1983 el ufólogo Richard Heiden visitó al director de la misma, L. Jim Lorenzen (fallecido en 1986), le comentó que a él no le había parecido muy buena fotografía, por tener una textura de fondo. Vale decir que se habría puesto tela o tapete detrás del modelo, o bien que la fotografía que vio fue copiada de otra reproducción mate.

La imagen es sorprendentemente idéntica, tanto por la forma como su perspectiva, a los famosos platos fotografiados por el legendario contactado George Adamski, en particular, con la nave venusina fotografiada en la mañana del 13 de diciembre de 1952, en Palomar Gardens, California (al parecer, una maqueta construida con un artefacto eléctrico casero y pelotitas de ping-pong). Como se recordará, Adamski sostenía haber protagonizado (17) Gral Acha 1950 uno de los episodios más comentados en la historia de los platos voladores: el encuentro con un hombre oriundo de Venus.

Vista hacia el sur, desde la escuela. Localización aproximada donde se habría estrellado el ovni en mayo de 1950, según las coordenadas en la versión de L. Stringfield. Por allí pasa la ruta provincial n° 20, de más reciente construcción. Foto 1998.

El contexto ufológico

Habiéndole señalado el parecido con la nave vista por G. Adamski, Carotenuto Bossa decía no acreditar en su historia, porque los seres que él vio estaban muy lejos de ser individuos altos, elegantes y rubios.

Sin embargo, las “coincidencias” van todavía más allá. La visión de la aeronave del espacio de forma de cigarro (nave nodriza) ingresando o expulsando platos voladores es la misma que aparece en una serie de fotografías tomadas por Adamski el 5 de marzo de 1951. Y hasta el desértico paisaje pampeano parece evocar al de California, donde habría tenido lugar el 20 de noviembre de 1952 el celebradísimo encuentro de Adamski. El paladín de esta corriente contactista murió en 1965 sin haber aportado -durante sus 13 años de contactos- una prueba física que avalase sus mentados encuentros y viajes interplanetarios con seres de Venus, Marte y Saturno.

(18) Gral Acha 1950 Antigua ruta que une Hidalgo con Macachín, La Pampa. A la izquierda, las vías del FF CC Sud. Vista oeste.

Aquellas imágenes fotográficas están reunidas en un libro que causó sensación, escrito por Adamski y Desmond Leslie, titulado Flying Saucers Have Landed (Los platos voladores han aterrizado), publicado en setiembre de 1953. Año en que el arquitecto italiano se fue a radicar a Venezuela. Por entonces, los diarios de Caracas -como El Nacional– reprodujeron la impresionante narración y las fotografías de Adamski.

En ese año, además, se estrenan varios filmes clásicos de ciencia-ficción, destacando It came from outer space (Venidos del espacio sideral), de Jack Arnold, donde se recrea el estrellamiento de un platillo y el hallazgo de su tripulante. El motivo argumental no era ajeno a los comentarios de la época.

En 1950 Frank Scully publicó su libro Behind the Flying Saucers (Tras los platos voladores), donde explicaba que había conocido a un magnate tejano del petróleo llamado Silas Newton que le habló de un colega suyo, al que llamaba “doctor Gee” y que, según él, sabía de fuente fidedigna que había tres platos voladores bajo custodia militar estadounidense, en cuyo interior fueron hallados dieciséis ocupantes muertos, que medían como un metro de altura[1].

(19) Gral Acha 1950 Localización aproximada donde se habría estrellado el ovni. Vista sur.

Las historias resultan sospechosamente parecidas a la de Carotenuto Bossa, especialmente en lo que se refiere a las naves caídas y a los pequeños humanoides, aunque recién a mediados de noviembre de 1954 la prensa sudamericana se hizo gran eco del formidable relato.

Inmediatamente después, entre el 28 de noviembre y el 19 de diciembre de 1954, se produce en Venezuela una proliferación de informes sobre platillos y seres de baja estatura. Según Lorenzen, fue en el momento en que los diarios de Caracas dieron amplia cobertura a estas noticias, cuando Carotenuto Bossa decide contactarse con González Ganteaume y El Universal para narrar su experiencia, mantenida hasta entonces en absoluto silencio.

Desde luego que Carotenuto no pudo haber leído los libros de Adamski y de Scully antes de su experiencia, ocurrida en mayo de 1950. En ellos se encuentran descripciones detalladas de los platos voladores, de sus aterrizajes y de los ocupantes. Pero el caso del italiano no fue conocido sino hasta después que se difundieran ampliamente las obras citadas. Tampoco aporta pruebas de que su versión haya sido conocida por otras personas con anterioridad. Incluso, sus dos amigos permanecen en el anonimato.

CONCLUSIÓN

(23) Gral Acha 1950 Plato volador de 1953, tipo Adamski. Una curiosa semejanza…

Con frecuencia, las apariciones de estos fenómenos son inesperadas, imprecisas y no dejan ningún rastro material. Este caso no escapa a la regla. “Salvo raras excepciones -dice R. Clerquín-, los relatos de los testigos no tienen en común más que su falta de claridad y la impresión de irrealidad que de tales relatos se saca”. Las informaciones utilizadas aquí han sido, en su mayor parte, fragmentos de entrevistas y transcripciones de cartas del testigo a ufólogos que no irían a dudar de su experiencia.

Todas estas fuentes son de poca confianza, pues el control y la objetividad no están asegurados. De hecho, los investigadores han defendido enfáticamente el caso sin mediar siquiera una prolija y rigurosa exposición. Menos todavía un análisis crítico, amparado en la buena fe que les inspiraba ese “hombre culto y de buenos modales”, según González Ganteaume. Indudablemente, sin prescindir en lo más mínimo de las pasiones, los prejuicios y los intereses.

Es evidente que el relato presenta muchas lagunas, deliberadas omisiones e imprecisiones, en tiempo y lugar. La abundancia de detalles minúsculos contrasta con la pobreza de datos esenciales. Incluyendo también versiones del mismo hecho contradictorias e inconciliables.

Aún cuando no hemos hallado a la fecha datos sobre la presencia del (1d) Gral Acha 1950 protagonista en el territorio de La Pampa, es probable que alguna vez haya estado en el lugar, pero de allí a asegurar que lo relatado es verídico es mucho por decir.

La falta de evidencias que sirvan para su probanza, tales como fotografías de primera generación, muestras de las cenizas u otros testimonios que avalen sus manifestaciones, jamás reportados, no favorecen la credibilidad del relato. Por el contrario, despiertan algunas sospechas. Ubicándose el lugar del accidente cerca de la ruta y aún considerando que la región está poco habitada, parece increíble pensar que nadie ha pasado por allí durante largas horas. Además, no hay quien haya visto siquiera el sobrevuelo de los platos en pleno día, ni hallado los supuestos restos calcinados.

La semejanza con la astronave adamskiana y con los hechos descritos por F. Scully merece cierta atención. Precisamente, el caso de Carotenuto Bossa viene a combinar la imagen más popular del platillo (creación de Adamski y emulada en otros fraudes) y uno de los relatos ufológicos más rimbombantes de los años cincuenta. Ambos no demorarían en convertirse en material para dos de los libros más vendidos. Sin embargo, Carotenuto pretende situar el incidente de las pampas argentinas en mayo de 1950, esto es, antes que se conocieran las proclamaciones de Adamski y las denuncias de Scully. Pero no aporta la mínima evidencia de que su experiencia haya sido revelada antes de 1954, mientras aquellas eran difundidas mundialmente.

Sería lícito pensar, pues, que Enrico Carotenuto Bossa pudo haberse inspirado en la novelesca literatura platillista de los citados autores, recreando las imágenes y narraciones fantásticas. Puede que la verdad última del caso jamás sea escrita, sino, entre los sucesos que tienen más de maravilloso que de histórico o real.-

© 1998, Roberto Banchs

Referencias sobre el caso, citadas en el artículo:

El Universal, Caracas, Venezuela, 7 mayo 1955.

The APRO Bulletin, Alamogordo, New Mexico, august 1955, ps. 1/3.

M. Flachaire, “Un atterrissage d’astronef en Argentine”, en: Le Courrier Interplanétaire, Lausanne, Suiza, nº 15, Pascua 1956, p. 2.

Lorenzen, Coral E. “The reality of the little men”, en: Flying Saucers, Amherst, Wis., december 1958, ps. 26/34.

Rocha, Hugo. Outros mundos, outras humanidades. Editora Educacao Nacional, Porto, Portugal, 1958, ps. 305/310.

Stringfield, Leonard H. Situation red: The UFO siege. Sphere Books Ltd., London, 1978, ps. 93/96.

Aniceto Lugo, Francisco. Los visitantes del espacio. Ed. Orión, 4ta. edic., México, 1978, ps. 133/140.

Flying Saucer Review, Maidstone, Kent, Inglaterra, 26:6 (1983), p. 24.

Smith, Willy, “L’ affaire Botta”, en: Lumieres dans la Nuit, Sommière, Francia, nº 265-266, juillet-aout 1986, ps. 28/29.

Molon, Bruno, R. Elkin and J. Blondet, “The Argentina encounter”, en: MUFON UFO Journal, Seguin, Tx., nº 344, december 1996, ps. 15/17.

Bibliografía temática consultada:

Scully, Frank. Behind the flying saucer. Henry Holt and Co., New York, 1950.

Leslie, Desmond & George Adamski. Flying saucers have landed. T. Werner Laurie Ltd., London, 5th. impr., November 1953.

Vogt, Cristián. El misterio de los platos voladores. Edit. La Mandrágora, Buenos Aires, 1956.

Evans, Hilary and Dennis Stacy, edit. UFOs: 1947-1997, From Arnold to the Abductees: Fifty years of flying saucers. John Brown Publishing Ltd., London, 1997.

Otras fuentes:

A fin de reconstruir la situación geográfica del territorio (física y vial), hemos consultado numerosos atlas de la Rep. Argentina de aquella época, provenientes de la Dirección Nacional de Vialidad, Instituto Geográfico Militar y Automóvil Club Argentino, entre otros. Asimismo, recurrimos a la Biblioteca Nacional en Buenos Aires para la compulsa de diarios y revistas, al Archivo Histórico de la Dirección de Cultura de La Pampa en Santa Rosa para la variada documentación histórica, a las Municipalidades de General Acha y Macachín para el registro de obras y catastro, y a diversas bibliotecas populares de la provincia.

Debemos mencionar también a quienes brindaron valiosa información desde un amplio conocimiento histórico y geográfico del lugar. Entre ellos, los Sres. Néstor Ayola y Amado Rodríguez (Macachín), Raúl Suárez (General Acha), y Walter Cazenave (Santa Rosa).

Una mención aparte merece el ufólogo Richard W. Heiden, de Wisconsin, quien ha contribuido en la compilación de artículos y otras referencias sobre el caso. –

Nota: Si alguno de nuestros lectores dispone de una copia de la fotografía lograda por Carotenuto Bossa de mejor calidad, así como de información complementaria sobre el caso, el autor agradecerá que le sean enviadas.


[1] No se aportaba ninguna prueba, pero fueron vendidos más de 60.000 ejemplares del libro de Scully, quien tomó por buena la historia que le contaron dos veteranos estafadores. Dos años más tarde, J. P. Cahn condujo una investigación exhaustiva, publicada en la revista True (setiembre 1952), desenmascarando al “doctor Gee” como Leo Gebauer, quien se hacía pasar por un científico del gobierno norteamericano, experto en magnetismo, y a Silas Newton, por un acaudalado petrolero texano. Revelando los historiales penales de Newton y Gebauer, señaló que los propósitos del asunto consistían en un artilugio para descubrir petróleo, siendo uno de sus frutos más tempranos -como ardid para atraer potenciales inversores- un aparato magnético de origen extraterrestre. Para Karl T. Pflock, todavía existen aquellos que toman esta historia seriamente para no mencionar que existen varias transmutaciones de la misma (cit.: MUFON UFO Journal, july 1997, nº 351, p. 16).

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