Los ovnis. Una visión histórica (1)

LOS OVNIS. UNA VISIÓN HISTÓRICA

DR. ROBERTO BANCHS

UFOBroz La aparición de los ovnis, otrora llamados “platos voladores” es uno de los acontecimientos culturales más singulares que se produjeron hacia la segunda mitad del siglo XX, acompañando el desarrollo de la humanidad. En tiempos remotos, otros relatos fabulosos modificaron la estructura del planeta, creando mitos y leyendas, explicables para la mentalidad del hombre primigenio, pero la sorpresiva y cada vez más frecuente, observación de este fenómeno en una época de notables conquistas técnicas y avances en todas las ramas de la ciencia, difícilmente podía homologarse a las más variadas creaciones del pensamiento humano que presintieron la existencia de otros mundos, como lo fue la Atlántida de Platón y el misterioso continente de Lemuria, sumergido en el fondo del Pacífico. Sin embargo, el vasto océano se mudó a las profundidades del espacio cósmico, en tiempos en que el hombre despegaba de la llana tierra con sueños de conquista.

Esta y otras circunstancias en que comienza a desenvolverse el fenómeno de los ovnis, no pasó desapercibida y fue rápidamente interpretada como la consecuencia del progreso de la ciencia -aplicada a fines no humanitarios- y de su propia insensatez que demandaba la llegada de seres absolutos que pusieran un límite al desenfreno. La caída de la conciencia moral y de los valores, eco de las grandes guerras, favorecían la espera de una solución mágica, desde afuera, cuya voz debía ser escuchada, o sucumbir. Desde una óptica opuesta, otros autores -especialmente en los Estados Unidos y Europa-, vieron que el surgimiento de los platos voladores era más bien una consecuencia social, debida a tensiones psíquicas, estados de angustia colectiva e inquietud[1].

El presente ensayo, no exhaustivo, nos propone recorrer los acontecimientos y algunos hechos dignos de memoria, relacionados -en su época contemporánea- con el enigma de los ovnis, a modo de historiografiar un conjunto (siempre insuficiente) de sucesos que conmovieron al mundo y que -sea cual fuere la respuesta- no parecen ajenos entre sí. Una visión global que pueda quizá ayudarnos a comprender mejor el trasfondo del insoslayable problema.

I. PERIODO BÉLICO Y AERONÁUTICO

Los hechos que se dan en un presente pueden considerarse producto de un pasado. Como dice Luis F. Rivera: “Todo comienza así, dado por un pasado que lo limita, condiciona y marca. Y se hace necesario rescatar ese pasado que permanece en calidad de norma” (1).

Pasado que no será visto en forma de un sistema capaz de iluminarlo o preverlo todo, sino como un condicionamiento para comprender mejor el proceso histórico.

Al efecto, hemos de partir de un singularísimo momento de la situación mundial.

Hitler En los primeros meses de 1938 Adolf Hitler invade Austria y la une a su régimen, exigiendo luego la región del sudeste de Checoslovaquia. Un clima bélico-invasionista comienza a gestarse y agitar a las grandes naciones. Fue precisamente en ese año cuando la desprevenida población norteamericana, sensible a los hechos que estaban ocurriendo en Europa y aún frescos los recuerdos de la primera gran guerra del siglo, fue conmovida por lo que creyó un suceso real. Se trataba de la célebre transmisión de Orson Wells, de la novela “War of the World” de H.G. Wells, radioteatralizando una imprevista invasión marciana a la Tierra (que la pantalla llevó en 1953).

El clima de preguerra era evidente. La radio había llegado a casi todos los hogares de ese país, no habituados a recibir la información de manera simultánea a los hechos. Esta circunstancia permitió testear el estado emocional de sus habitantes en precisas circunstancias y aventurar algunas consecuencias de lo que transfigurados “extraterrestres”, no eran otra cosa que los “extranjeros” de otro mundo, el viejo mundo: Europa.

No habrían de transcurrir muchos meses cuando los acontecimientos se precipitan y la invasión a Polonia señala el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

La necesidad de superar al enemigo en la capacidad de vuelo promovió un adelanto forzoso en la técnica de aeronavegación. Durante el desarrollo de la Primera Guerra (1914/1918), la aviación centraliza el interés y los esfuerzos mecánicos, desplazando a las antiguas y tradicionales -máquinas de combate.

Es así como las guerras tienen la propiedad de acentuar o paralizar las grandes realizaciones; y era visto que ese medio veloz y eficiente de locomoción y combate, había tenido un rol preponderante en los anteriores enfrentamientos. El hombre se proyectaba en una actividad que se superaba con tenacidad bajo la presión de la guerra.

La vastedad del mundo iba reduciéndose con el desarrollo de la aviación: trasladarse dé un lugar a otro del planeta era una cuestión de horas, a diferencia de los viajes que hasta principios de siglo se medían por semanas de navegación en barco.

La última guerra contribuyó a que las máquinas aéreas se modificaran, mejorándolas, como así también, los instrumentos, la medición y su precisión, y fundamentalmente el desarrollo de elevadas velocidades. En tal sentido la velocidad se había constituido en un nuevo desafío, mediante la cual no sólo se podía superar al adversario, sino arrimarse al propósito de superar incluso la fuerza gravitacional terrestre.

FooFighter9 Situados en plena guerra, tanto los pilotos aliados, como sus adversarios informaron que, en Europa y en el Extremo Oriente, avistaban unas esferas luminosas, de aspecto inconsistente, que solían acompañar a sus aviones en los vuelos de reconocimiento o de combate. Nadie era ajeno al secreto desarrollo de ‘sofisticadas armas enemigas. Los pilotos anglosajones denominaron a estas pequeñas esferas de apenas 30 u 80 cm “foofighters”, término utilizado por los pilotos (“foo”: corrupción inglesa de feu, fuego en francés, y “fighter”, avión de caza, en inglés). Estos hechos no habían despertado la atención de la población, en gran medida, por la censura de la época respecto a todo lo que pudiera relacionarse con operaciones militares; y la superioridad técnica parece haberse inclinado a admitir que eran de orden atmosférico, pero la frecuencia con que se sucedieron los informes fue generalizando la impresión de que se trataría de “sondas teledirigidas de reconocimiento” o de una arma secreta de características misteriosas. Estas deducciones, mantenidas en estricta reserva, se hicieron en el campo aliado. No obstante, al concluir la contienda y cuando los victoriosos ejércitos aliados penetraron en Berlín y se posesionaron de los archivos secretos de las fuerzas germanas, no se halló ninguna evidencia que corroborara la presunción generalizada. Abierta la posibilidad de su ignoto origen, se especuló con que fueron destruidos los p1anos reveladores ante la inminencia de la derrota, siendo los artefactos vistos prototipos de experimentación. Pero aún así, en algún sitio debía hallarse su base, el aeropuerto o los hangares, desde donde los aparatos eran lanzados. La búsqueda del ejército de ocupación fue en vano, pues jamás apareció rastro que corroborara ese aserto.

La historia de los ovnis tiene, pues, un origen militar y data de 1944, cuando la Real Fuerza Aérea creyó hallarse en presencia de una avanzada arma secreta. Pero al tiempo en que se acallaron las últimas baterías y estos sucesos dejaron de ser un secreto militar, comenzó a trascender en los niveles populares, y de ahí -tibiamente-, a las esferas científicas, menos herméticas pero algo reservadas por la prudencia.

– Fin de la guerra, principio del peligro atómico:

v2 Aquellas presunciones no eran azarosas, teniendo en cuenta el pronunciado desarrollo aeroespacial que podría definir la guerra en particular, durante los últimos años.

Cuando al promediar 1944 Londres empezó a ser azotada desde Normandía por las temibles V-l y V-2 (unos cohetes con una gran carga de dinamita), su impredecible y certera destrucción agudizó la atención de los países aliados hasta poner fin a las bases de lanzamiento.

En la madrugada del 6 de agosto de 1945 la superfortaleza norteamericana B-29 cumplió una misión especial de guerra en Japón, dejando caer una masa oscura, alargada, que aminoraba su velocidad con un pequeño paracaídas. Era la primera bomba atómica. Segundos después la ciudad de Hiroshima, había desaparecido. El 9 de agosto Nagasaki tendría igual destino. Las muertes de Mussolini y Hitler producidas en abril, habían puesto -empero- fin a la guerra. Con ella dio comienzo el uso sistemático de implementaciones psíquicas en materia bélica y la energía del átomo se presentaba como el mayor peligro para la humanidad. Las defensas no podían articularse según los moldes clásicos y su estrategia de disuasión, traía contenida una dimensión psíquica. Así intervinieron en organismos de seguridad científicos de áreas distintas. “En estas cónclaves, el principal ingrediente en tapete -dice M. Herrera Figueroa– es el psicólogo, o más precisamente, el psicosociólogo” (2). La estrategia de disuasión traída por la presencia del arma absoluta, aquella energía capaz de terminar con toda guerra posible, pero también con toda expresión de vida sobre el planeta.

– La invasión es posible:

Einstein 1946 tiene su faz más saliente en la organización de la victoria aliada, el afianzamiento institucional y la integración de las naciones. Sin embargo, tras los sucesos producidos puede formarse la convicción de que en lo sucesivo, cualquier hecho es posible. Las teorías de la relatividad de A. Einstein, ansiosamente acogidas desde la primera guerra, cobraron especial interés, ya no sólo por sus devastadores, efectos atómicos, sino también por la concepción relativista del mundo: “Todo es relativo”, luego, “todo es posible”.

El clima fue propicio para que la noticia de un hecho desusado, inusual, sea recibida crédulamente, facilitando la difusión de toda clase de informaciones sensacionales. Palabras como “invasión”, “ocupación”, “foráneo”, “bombardeo”, están presentes.

La guerra ha concluido, pero una pesadilla por un trauma de guerra, difícil de elaborar, se alojó en la conciencia colectiva. El temor, el desasosiego, la soledad, la posibilidad de lo previsible y cercano, son algunas de las secuelas dejadas.

La humanidad está atenta a todo acontecimiento nuevo, y más si proviene del cielo. Una sociedad que acaba de vivir una guerra mundial en que la aviación desempeñó un papel decisivo, no iría a mirar con indiferencia y falta de interés cómo algunos objetos, cuyo tamaño con frecuencia comparable a nuestros aviones, surcaban la atmósfera a altas velocidades. La prevención y curiosidad como la que existía apenas terminada la guerra, daban el ambiente propicio para que cualquier información pudiera constituirse en una constante alerta.

Algunos periodistas intuyeron el problema y aparecieron publicaciones esporádicas en el viejo mundo y en los Estados Unidos, coincidentemente con los ensayos atómicos, por lo que la presencia de raros objetos en el espacio llegaron al dominio del gran público, que en principio sonrió, más tarde tuvo un gesto de asombro, y de inquietud.

– Comienza la. era de, los “platos voladores”:

Arnold 2 Fue así como el 24 de junio de 1947, comenzó a circular rápidamente por todo el territorio de los Estados Unidos, y de inmediato por el, resto del mundo, la versión del piloto civil Kenneth Arnold, quien avistó desde su avioneta, en el Monte Rainier, Was., nueve objetos reverberantes sin detalles estructurales, volando a una velocidad impresionante, que por su aspecto y comportamiento un periodista los calificó de “platos voladores” (flying saucers). Su historia tuvo una extraordinaria difusión. El episodio. de Arnold permitió darle el nombre a un fenómeno innominado y que, por lo tanto, parecía no existir. En ningún momento se puso en duda la objetividad del relato, que interesó vivamente a las autoridades.

La población empezó activamente a observar el cielo a la espera que se repitiera aquel fenómeno de naturaleza desconocida, pero que ahora podía ser designado y distinguido entre otros fenómenos. Al mes ya se registraba un alto índice de avistamientos en 40 estados norteamericanos. “La caza de los platillos fue el deporte de moda, y las. revistas y periódicos estadounidenses comenzaron a publicar fotografías de personas que aseguran haberlos visto volar” (3), se dijo por aquella época.

Inclusive, el comando de la Fuerza Aérea estableció un permanente servicio de vigilancia aérea, que determinó posteriormente la instalación de la oficina de Wright Patterson. En corto tiempo, se interrogó a más de trescientas personas, en su mayoría, pilotos y tripulantes aéreos, que aseguraron haber observado estos fantásticos cuerpos. celestes. Sin duda, los Estados Unidos es uno de los países que más se ha preocupado por revelar el misterio.

Débese recordar que el clima de postguerra estaba caracterizado por un temor latente -a veces manifiesto- hacia todo aquello que aparecía en el cielo.

Las agencias de informaciones difundieron las novedades a todos los ámbitos del mundo y el sensacionalismo de los periódicos permitió que las noticias se divulgaran rápidamente estimulando las fantasías más paranoicas.

BlackWidow En ese año de 1947, en que se deja constancia periodística del primer “flying saucer”. Se estrena en los Estados Unidos una película de episodios de Spencer Gordon Bennet y Fred C. Brannon, “The Black Widow” (donde aparece también un oculto terror norteamericano al peligro amarillo). En este serial, como en otro anterior (“The Purple Monster Strikes”, 1945), se presentan por vez primera seres extraterrestres, dispuestos a apoderarse de la Tierra, poseídos por unos instintos de conquista que van a caracterizar a partir de entonces a los visitantes siderales (4).

Algún tiempo después, se iría perfilando la guerra fría entre la Unión Soviética y los países democráticos, y el temor de que se trate de un arma secreta, indujo a las autoridades a restarle públicamente importancia a los hallazgos. Pero quizá por esa tendencia de hablar de lo que se teme, muy pronto se supo en todas partes y se tejieron toda clase de conjeturas.

Por si fuera poco, se añade el “rumor”, fenómeno colectivo de comunicación -a veces superior a la radio-, más denso cuando disminuye la cantidad de información precisa. También crece en momentos de tensión social o bélica (el rumor, a fin de cuentas, se propaga con la ignorancia llenando los vacíos y se estimula con la incertidumbre). Puede ser alimentado, además, sin proponérselo por la red electrónica. “Tal vez -se ha dicho- todo se hubiera olvidado algún tiempo después, si no hubieran ocurrido otros hechos similares que los diarios se encargaron de divulgar” (5).

No obstante, una suerte de yuxtaposición se producía con la voluntad de superar el difícil tránsito por la crisis bélica, y el espíritu progresista reencausó las iniciativas de expansión y perfeccionamiento fundado en la tecnología. El hombre debía sobreponerse a la crisis y reconstruirse al conflicto pasado, pese a abrir su brecha ante la sazón del inminente peligro comunista. Aún así, la mayoría de los pilotos que por entonces sobrevolaban los Estados Unidos deseaban encontrarse alguna vez con los extraños fenómenos descriptos por Arnold. Y los avistamientos no se hicieron esperar.

Argentina no se mantuvo al margen del problema y, aunque no podría hablarse de una verdadera “oleada”, el evidente contraste respecto a los años anteriores y posteriores denota la ocurrencia de un fenómeno desacostumbrado. Es posible que la falta de popularidad que hasta entonce adolecían los no identificados 1a haya acusado una cantidad muy reducida de informes, de baja extrañeza. El 90,91% de los avistajes se concentran en el mes de julio en un lapso de 18 días, después de la observación de Arnold.

– Los ufos y la USAF:

En 1948 pilotos de aviación, meteorólogos y “personas dignas de fe” (sic), atestiguaron acerca de la presencia de extraños y veloces objetos. No había más disyuntiva que aceptar con la misma “buena fe” esos relatos o convenir en que todo el mundo estaba propenso a la locura. Los más escépticos, que los hubo en todo tiempo y lugar, comenzaron a dudar y exigieron pruebas. Fue entonces que se observa con más frecuencia un rasgo casi o directamente inadvertido: formas semejantes a “ventanillas”. Detalle que iría a confirmar la presunción que se trataba de “auténticas aeronaves”. En esas instancias la preocupación consiste en determinar la procedencia. Descartada la posibilidad que fueran enemigas, se llegó a sospechar inclusive que podían ser prototipos manufacturados por la propia Marina norteamericana. Al principio se atribuyó el fenómeno a un proceso de histeria colectiva, luego se adujo que se trataba de lluvias meteoríticas, bolas de gases ionizados o perturbaciones atmosféricas y visuales, hasta efectos radiactivos. Sin embargo, estas hipótesis fueron sucesivamente cuestionadas para explicar de una vez y por todo el conjunto de informes.

JamesForrestal El centro de discusión empezó en los Estados Unidos, pues en ese país se registraron las primeras observaciones en masa de los platillos o “platos voladores”. Ante la persistencia de estas manifestaciones anómalas y reavivado el interés público, el secretario de Defensa James Forrestal, encomendó el 30 de diciembre de 1947 al Air Technical Intelligence Center -ATIC-, la creación de un organismo investigador, que recibió el nombre de “Project Sign”, cuyo propósito era determinar si el problema constituía un peligro para la seguridad y su posible interés técnico-espacial.

Las posiciones contrapuestas se perfilaron desde sus comienzos en 1948 hasta sus veredictos finales. El primero de ellos -elevado en julio de 1948 al pentágono-, reconocía la posibilidad de que se trate de vehículos de procedencia extraterrestre. La otra fracción, en cambio, concluyó en enero de 1949 que no había evidencia cierta para confirmar o desestimar su real existencia como tipo nuevo o desconocido de aeronave. Informes tan contradictorios que desconcertaron a la opinión pública.

Esto determinó la formación de un nuevo comité en 1949, concluyendo que los “flying saucers” no existían, a despecho que restaba un 23% de casos para los cuales no cabía identificación, señalando la necesidad de encontrar en un futuro una interpretación convencional a este incómodo porcentaje residual. En definitiva, la investigación señala que no constituyen peligro alguno, aunque se comienzan a desarrollar algunas inventivas inspiradas en esta nueva forma aerodinámica.

Es interesante notar que, cualquiera fuere su origen, da la impresión de responder a una novedad técnica perfeccionada. No hay avión moderno que haya podido a1canzarlo en vuelo; no se admite -desde Arnold- el desplazamiento de algún cuerpo mecánico a tan alta velocidad movido por combustible o por turbinas que no produzca el menor ruido; se hace inconcebible que un ser humano pueda hallarse a bordo y soportar las tremendas evoluciones descriptas. Tales argumentos irían a intentar probar, que si son realmente naves aéreas, no podrían estar tripuladas, a menos que haya en la Tierra quienes hayan resue1to problemas insolubles para la tecnología espacial de la época.

Esa fantasmal tecnología presuntamente manifestada por las luces nocturnas u objetos diurnos, hizo aflorar una inquietante pregunta: “¿Se trata acaso de sondas o transportes aéreos provenientes de otro planeta?”. Aún cuando la gente se ha habituado a pensar que “todo es posible”, cunde el temor ante la posibilidad de hallarse en los prolegómenos de una nueva invasión, esta vez p1anetaria.

Los novelistas iniciaron muy pronto a sus lectores en las asombrosas aventuras y viajes fuera de la Tierra, en platillos voladores. En apenas 150 años el mundo había progresado inesperadamente con un ritmo cada vez más acentuado. Era difícil poder afirmar que ninguna de las predicciones más “disparatadas” dejara de ser una contingencia.

– La Guerra Fría, amenaza constante:

Al desarrollo de la ciencia y la tecnología, y su relación con los ovnis, se debe incluir explícitamente los efectos de la guerra. Pese a que la misma no ha tenido sobre aquellas, una influencia importante, al menos tan decisiva, en los siglos anteriores, sus efectos son ahora de diferente orden. Nuestra época ha combinado diversas circunstancias que merecen un examen más detenido.

Entre 1930 y 1960 la construcción de aviones fue ante todo militar. En el período inmediato posterior a la Segunda Guerra Mundial, más del 90% de la producción se destinó a usos militares; por consiguiente, el progreso técnico en los aviones ha estado dictado por la capacidad de combate. La necesidad de velocidades mayores para ese propósito ha hecho posible el avión a reacción, aunque la Segunda Guerra los acogió quizá demasiado tarde para ser de valor militar. La subsiguiente rapidez del desarrollo del reactor para ese fin es una de las características de la Guerra Fría.

Frente a la guerra tradicional apareció la llamada “fría”, introduciendo en un ambiente de maniobra constante estrategias indirectas con cierto grado de violencia solapada, donde la psicología desempeña un rol fundamental. Sin acción armada, la guerra fría consiguió una cierta estabilidad, pero a la postre bastante inestable, convertida en el enfrentamiento de compromisos, de helados avances y retrocesos (6).

VESCO La existencia de la bomba atómica, la amenaza de su empleo frente a la amenaza de. un nuevo invasor, y otros altos secretos, han expandido el temor más que cualquier otro producto de la ciencia. En los Estados Unidos, la noticia que la Unión Soviética también había desarrollado una bomba atómica intensificó el ambiente de sospecha e incertidumbre (7). En 1949 la USAF ordena a sus pilotos: “Intercept but don’t shoot!”.

El control político e ideológico comunista operado sobre varias naciones que habían estado bajo el dominio de la Alemania nazi, llevó a producir una fractura en el mundo y una consiguiente guerra no declarada, denominada “guerra fría”, caracterizada por la tensión bélica constante entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, el espionaje y la información secreta, junto a un desmesurado aumento armamentista por parte de las dos grandes potencias. Esta situación, que transcurre entre los años 1950 y 1953, seguida de una atenuada distensión, creó un estado de amenaza constante con profundos signos de inquietud, angustia y zozobra ante el inminente estallido de una tercera conflagración mundial, al chocar en el campo político y diplomático esas dos fuerzas en pugna irreconciliables, que trataban de absorberse entre sí y ejercer la hegemonía del mundo.

Ello había comenzado cuando se quebró la falsa so1dadura de la Rusia Soviética con las potencias occidentales, ligadas circunstancialmente para abatir al enemigo común representado por, el experimento de Hitler, y tras levantarse la Cortina de Hierro que separó Oriente de Occidente.

Con sarcástico humor, un autor dice: “En algunos momentos la guerra fría ha sido una guerra de palabra. A pesar de algunos discursos horriblemente largos las Naciones Unidas han demostrado, al menos, que más vale oír las. guerras que pelearlas (8).

Keyhoe 4 Con anterioridad, los platos voladores no estaban definitivamente relacionados con lo extraterrestre. En 1950 fue conocida la opinión favorable del mayor I.M. Donald Keyhoe, quien afirmó públicamente que “los platos voladores son naves interplanetarias y proceden de otros mundos”. Más adelante habría de vaticinar: “Ante la presión pública el Congreso indudablemente autorizaría enormes partidas para investigaciones respecto a viajes interplanetarios, haciendo énfasis en armas espaciales contra un posible ataque de los platos voladores” (9). Es interesante notar como el discurso “pro-platillista de Keyoe se yuxtapone a la idea del aumento armamentista de la época.

Ha sorprendido el misterio que se cierne alrededor del problema en esos años, provocando cuadros de histeria en masa. En esa década los misiles balísticos intercontinentales, desarrollados por los científicos alemanes, habían despertado enorme interés. Después de la guerra, esos hombres –como W. von Braun, en los Estados Unidos- continuaron trabajando. Los misiles saltaban por encima de la línea de contención y, al igual que los aviones a reacción, incursionaban en el espacio aéreo de naciones extranjeras.

Desde entonces, las principales potencias mantuvieron obstinado silencio salvo contadas excepciones. Como consecuencia se han suscitado inquietantes conjeturas.


[1] Algunos trabajos estadísticos, contemplando unas variables económicas (desempleo, crisis financieras) y otras sociales (conflictos raciales), fueron tenidas en cuenta. No obstante, recibieron severas críticas, cuyos fundamentos resultaron muy diversos. En general, el error provenía de los exiguos índices o criterios utilizados, sin atender demasiado el amplio contexto histórico-social con sus múltiples variables. En otras ocasiones, hay fallos en la base de datos y en la metodología Empleada. A todo esto, había que añadir las dificultades -o imposibilidad- de cuantificar algunas variables, que además pudieren estar actuando asociadas a otras no ponderadas (rozamos aquí, por ejemplo, el “fenómeno de acostumbramiento”, donde desaparece la acción puntual. de una variable para tornarse latente). De ahí que las estadísticas, para ser significativas, deben emplearse con extrema prudencia, evitando la ligereza subjetiva y el pragmatismo orientado. De cualquier forma, no parece posible predecir sin posibilidad de error.

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