Los ovnis. Una visión histórica (2)

LOS OVNIS. UNA VISIÓN HISTÓRICA

DR. ROBERTO BANCHS

– La ola de observaciones de 1950:

Durante largo tiempo la oleada de 1950 fue considerada una manifestación puramente local, que tan sólo había afectado al territorio norteamericano, en particular su región occidental y sudoccidental. Sin embargo, estudios posteriores revelaron que la incidencia geográfica había sido amplia y que incluía a varios países del Mediterráneo, tanto en su vertiente europea, como en la africana.

En la Argentina la oleada de 1950 nunca fue examinada como tal, si bien algunos episodios tuvieron gran resonancia. La compulsa de diarios y revistas, y de ciertas obras que contienen mención de casos, nos permitió descubrir un conjunto relativamente importante de episodios (35 informes), que parece avizorar una ola de mayores dimensiones.

Venus2 El examen preliminar de los datos tabulados permite advertir que se distribuyen en su casi totalidad (91,4%) en el trimestre febrero-marzo-abril; pero los avistajes se concentran en un lapso aún más breve, de apenas 17 días, entre el 18 de marzo y 4 de abril, que incluye el 70% de las observaciones registradas. Las constancias horarias indican que la mitad de las denuncias tuvieron lugar en horas de luz solar, pero eliminados los casos inducidos por la presencia de Venus, la cresta diurna se diluye considerablemente. La distribución geográfica destaca que el 60% fueron hechas en zonas urbanas y atestiguadas por numerosos observadores.

Es evidente también el mediocre índice de extrañeza en muchos de los casos reportados: salvo raras excepciones, la descripción del fenómeno carece de notas significativas y admite sin gran reparo algún tipo de identificación convencional (meteoritos o bólidos, parahelia y el planeta Venus). Es oportuno recordar que para aquella época dicho planeta brillaba con una intensidad tal que podía ser percibido a simple vista en horas de luz solar.

Puede inferirse que en la Argentina la cresta de actividad se vio notablemente acrecentada de manera artificial por un clima psicológico-social estimulante, provocado a su vez por un fenómeno de prensa, tal como lo revela la lectura de diarios de la época, que abundaron en noticias sobre observaciones en otros países, y en frecuentes notas y comentarios referidos al tema. Parece indudable, además, que la presencia conspicua de Venus adicionó un importante factor astronómico de confusión (10).

– El Proyecto Libro Azul:

DonaldRuppelt20En 1950 estalla la guerra de Corea. La sangrienta contienda que al principio pareció ser un episodio local se extendió hasta julio de 1953. Ese fue el momento más crucial de la guerra fría, dado que estuvo a punto de provocar un desenlace aún mayor. Sus inicios están acompañados por un marcado incremento de denuncias sobre observaciones procedentes de distintas partes del país, cuando recién los platos voladores hicieron sus primeras incursiones, que entonces no ocupaban las planas de los grandes rotativos. La Fuerza Aérea continuó recibiendo los informes, en medio de un clima de tensión social y euforia platillista, cuando el ATIC (Air Technical Intelligence Center) encomendó al capitán Edward J. Ruppelt la dirección de un nuevo proyecto denominado “Blue Book” (Libro Azul). Esta comisión quedó oficialmente constituida el 1 de agosto de 1951, y su desempeño se extendió por diecisiete años.

Los informes recepcionados fueron agrupados en siete categorías diferentes: balones, aviones, cuerpos astronómicos, satélites artificiales (esta fue incorporada en 1957), espejismos y mixtificaciones, informes con datos insuficientes, y una categoría residual de “objetos voladores no identificados” (UFOs, u OVNls).

Las fuerzas armadas distribuyeron un reglamento por el que establecía que todas las informaciones que pudieran afectar a la defensa nacional, incluyendo los informes sobre ovnis, quedaban sujetas a las leyes de comunicaciones y de contraespionaje (11).

rmenzel El doctor Donald H. Menzel, profesor de Física en la Universidad de Harvard, redujo la cuestión a una ilusión óptica o, a lo sumo, ensayos que hacían desde, Rusia con una nueva arma secreta teledirigida, nacida de la bomba atómica (12).

La tesis de la paz armada hizo crisis en una desenfrenada maratón de espionaje y armamentismo, con los consiguientes efectos psicológicos en las masas. desamparadas, susceptibles de ser aniquiladas en cuanto estallaran las hostilidades en una época de inquietud prebélica, determinada por. los ensayos atómicos y las amenazas de la bomba que podía acelerar el curso de cualquier operación de envergadura. Aún más cuando fue seguida de otra mortífera experiencia: la bomba H, de hidrógeno, que ponía a los hombres de ciencia en una nueva fuente de energía más económica y poderosa.

– Las armas secretas:

La imaginación popular estaba predispuesta a concebir las más absurdas y fantásticas armas secretas. De ahí que a poco de aparecer en el firmamento las primeras manifestaciones del fenómeno, la gente no vaciló en relacionarlo con aquellas temibles experiencias, canalizándose la idea de hallamos ante un arma secreta, de control remoto, cuya procedencia sería algún enclave nazi (después de la guerra, el fantasma no había muerto) o soviético, ubicado detrás de la Cortina de Hierro.

A pesar de algunas adhesiones a favor, no fueron pocos los expertos que rechazaron de plano la hipótesis de una novísima arma ensayada por la Unión Soviética. Durante algún tiempo la polémica se derivó al mundo sideral y hubo quienes aseguraron que los platos voladores eran “fragmentos errantes” derivados de algún cataclismo cósmico.

LagoArgentinoa Mientras tanto, la fantasía popular entró a correr y se tejieron hipótesis fabulosas con visos de verosimilitud, sobre todo cuando hubo quienes dijeron haber presenciado el descenso de esos extraños aparatos y observado los movimientos de sus ocupantes. En la Argentina, por ejemplo, se conoció el consagrado episodio de un estanciero de Lago Argentino, SC, presuntamente ocurrido el 18 de marzo de 1950, cuya reinvestigación parece demostrar su relación con la “peonza voladora” del alemán R. Schriever y la sospecha de que, el reporte del supuesto estanciero, fue producto de la imaginería de un periodista o de algún bien informado lector.

Menos conocido, pero más espectacular, ha sido el episodio producido. por la misma fecha en Santiago del Estero, cuando un hombre que trabajaba en el campo habría visto descender un “plato volador”, en cuyo interior notó que se movían muy atareados en el manejo de sus instrumentos, varios hombres de gran estatura. Le llamó mucho la atención que el disco llevaba estampado un escudo con diversos colores, entre ellos el rojo. La máquina dirigió un fortísimo haz de luz sobre el campo y en breves minutos tomó altura para desaparecer de su vista. “La visión de ese escudo -dice el tabloide Ahora-, que bien pudo ser algo así como un distintivo con los colores de la nación donde se están produciendo esos aparatos, permite ubicar, entre las muchas hipótesis planteadas, la de que se trataría de transportes aéreos para conducir la terrible bomba H. Tan grande es el secreto sobre ésta, en lo que hace a Estados Unidos como detrás de la cortina de hierro soviética, que solamente es posible hacer conjeturas (…)” (13).

Según la revista alemana Luftfahrt International, durante los primeros años de la postguerra, cuando todavía no se disponía de documentos auténticos acerca de las armas secretas del III Reich, “florecieron las fantasías de los investigadores fracasados y de los reporteros exagerados, pues el lector se ‘tragaba’ incluso las más aberrantes historias. Sólo de esta forma resulta explicable que innumerables artículos -como los de la peonza voladora- pudieran ser publicados sin ningún criterio selectivo y aceptados con la misma falta de criterio por el público” (14).

El problema de los ovnis ha interesado al público por muchos motivos. El primero de ellos, por las persistentes apariciones en todo el mundo; el segundo, por su hálito de misterio indescifrable y polémico; el tercero, por la posibilidad de tratarse de vehículos interplanetarios (lo cual ha dejado de ser inconcebible para la época, y viene a coincidir con estas inusuales apariciones). Desde tiempos remotos, cuando las investigaciones astronómicas permitieron sondear los restantes planetas del sistema solar, sus satélites y demás astros, se formularon preguntas sobre la posible vida en esos cuerpos celestes. Todos esos interrogantes habían permanecido hasta el momento sin respuesta, pero el prometedor desarrollo de la aeronáutica y de las ciencias en general; abrieron una vía de hipótesis y variadas lucubraciones.’

El fenómeno fue considerado uno de los más apasionantes del siglo, y quizá lo sea -pese a la oscura amenaza que le dio origen-, por la promisoria esperanza de hallar ‘otra forma de vida’ inteligencia en el cosmos. Sin embargo, en los primeros años, los platos voladores sintetizaban el peligro de una posible invasión aérea, inhumana.

La sensibilizada población siempre parece haber creído que ‘el secreto’ de tamaño enigma le fue ocultado. Alguien debía tener el “saber”. Cuando el enemigo estaba afuera (llámese nazis, o comunistas rusos) podía ser fácilmente reconocido, en esas esferas ideológicas., generalmente políticas o militares. Pero cuando surgió la tesis extraterrestre, ese presunto saber oculto se extendió a los mismos poderes locales. Por esto no debe sorprender que con el desmoronamiento de aquellos sistemas, el enemigo, la confabulación del silencio, y el enmascaramiento, pueda ser “hallado” -conforme a una idea paranoica- dentro de .la misma sociedad.

– La difusión del tema:

Durante 1951 el cine de ciencia-ficción se nutrió de los relatos y aportó sus propias respuestas para la imaginación popular. Fue una época de gloria del género, representando con frecuencia otra realidad humana.

Thing Filmes como. “Man from Planet X” (de Edgard G. Ulmer), “The Thing from another World” (de Christian Nyby), o “The day the Earth stood still” (de Robert Wise), son algunos de sus más salientes exponentes (aunque con anterioridad, hubo otras producciones, como “The Flying Saucer”, de M. Conrad, o “Flying Disc Man from Mars”, de F.C. Brannon).

El alegato pacifista que algunos han querido ver en “The day the…” (conocida en estas latitudes como “El día que paralizaron la Tierra”, o “Ultimátum a la Tierra”), es más bien una advertencia de que los humanos no deben inmiscuirse en la vida de los otros planetas, porque sino serán destruidos. En “The Thing” (“La Cosa, El enigma de otro mundo”), basado en la novela John W. Campbell “Who Goes There?”, el invasor llegado a la Tierra en un platillo tenía un origen vegetal. Y en “Man from Planet X”, puede verse también el desenfreno del científico por arrebatar el conocimiento. Ellos han sido una metáfora de la época.

Hacía larga data que la ciencia se preguntó si el hombre está solo o no en el Universo. En aquellos años, una proverbial respuesta al interrogante podría venir de los viajes interplanetarios proyectados por esta humanidad, e incluso, de los mismos platos voladores. Sin embargo, las experiencias de vuelos interplanetarios se hallaban aún en la imaginación científica, en cambio, un fenómeno perturbador parecía ofrecer una razonable respuesta: si el hombre se ve impulsado a escrudiñar otros planetas en búsqueda de otras formas pensantes, quizá con el afán de dominación, ¿qué impediría a ellas hacer lo mismo?

En 1952 los primeros grupos de estudio privados comienzan a trabajar, se reavivan las controversias entre distintas personalidades científicas y la agencia de inteligencia norteamericana, CIA, comienza a interesarse en el problema durante la gran oleada de observaciones que se produce ese año (l5).

La divulgación va en aumento, las agrupaciones especializadas proliferaron, y subsecuentemente el público interesado en los ovnis creció, y el fenómeno pasó a formar parte de la cultura de masas impregnado de fantasías, sensacionalismo, ficción científica hasta fraudes deliberados. Completamente diferente al común de los testigos de ovnis, esta fracción se caracterizó por tratarse de individuos con aparentes trastornos psicológicos, que han narrado sus experiencias visionarias de comunicación con extraterrestres. Estas historias son frecuentemente inconsistentes, e introducen aspectos místicos y pseudoreligiosos.

– Los contactos venusinos de G. Adamski:

Adamski George Adamski fue el más famoso “contactado” de la década de los años ’50, autotitulado filósofo, estudiante y profesor. Trabajaba en una cafetería cerca del Observatorio de Monte Palomar, California. Mantenía relaciones amistosas con muchos de sus miembros y según parece, poseía algunos conocimientos de astronomía, era aficionado a la fotografía, capitalizando sus intereses por la mística y la. ciencia-ficción. Durante esos años llegó a obtener centenares de placas de presuntos ovnis. Los viajes en platos voladores y las comunicaciones personales con alienígenas a mediados de la década ridiculizó el problema, agregando más confusión y extrañeza. El séquito de creyentes que tuvo en todo el mundo fortaleció, a su vez, el escepticismo y el desinterés. Adamski tuvo el primer “contacto” el 20 de noviembre de 1952 en el desierto de California con un individuo oriundo de Venus con quien mantuvo una supuesta conversación telepática, con signos lingüísticos, donde el venusino demandó poner un freno a las bombas atómicas, al modo que lo hizo el marciano del filme de Robert Wise el año anterior.

El elemento personal ha aparecido, y con él el inicio de la comunicación. Hasta ese momento los testigos solían afirmar haber visto objetos en tierra, y ocasionalmente también a sus ocupantes, pero atribuían esos encuentros al azar, y no manifestaban con anterioridad un interés especial por el tema. No sucedió lo mismo con Adamski, quien en aquella época ya era conocido por su obsesión “platillista”.

Cuando las observaciones de ovnis se precipitaron, Adamski concibió una manera de satisfacer las expectativas que había despertado su impactante relato. El producto de esta idea fue “Flying Saucers have Landed” (“Los platos voladores han aterrizado”), el cual escribió como co-autor con el inglés Desmond Leslie en setiembre de 1953, agotando rápidamente varias ediciones. En ese año logra su séquito y se constituyen nuevos grupos de contactados con orientación similar; sin faltar aquellos que fotografían burdas maquetas del prototípico “platillo adamskiano” (16).

Desde entonces, no ha cesado de expandir su historia mediante la prensa, giras y conferencias, contribuyendo a forjar un clima de invasión extraterrestre, ante un público atónico frente a lo que decía. No hay ninguna prueba sólida sobre la veracidad de sus afirmaciones, y sí de su probable mixtificación.

– Teorías sobre propulsión:

LaPropulsionDesSoucoupesVolantes El recrudecimiento de las apariciones provocó variadas explicaciones. Una de las más simples, era que sus ocupantes deseaban “observar de cerca un momento crucial en la historia de la humanidad” (17). Los recientes progresos en astronáutica, y los proyectos de vuelos interplanetarios reanimó una de las aspiraciones de los técnicos desde que se habló de platos voladores: construir un aparato que reúna todas las características descriptas. Es curioso pensar que un fenómeno cuya existencia misma es puesta en duda, iría a orientar a la aeronáutica en una ruta absolutamente nueva. Para resolver los problemas técnicos se han postulado diversas teorías. Una de las más conocidas es la del teniente de aviación francés Jean Plantier, quien en 1953 intentó imaginar teóricamente un artefacto capaz de ejecutar las evoluciones atribuidas a los ovnis. La explicación de Plantier es que un campo gravitatorio propio actuaría de manera simultánea en todo el medio ambiente. Otros investigadores han seguido por caminos similares, en países como Estados Unidos, Canadá, Alemania, e inclusive Argentina (18).

Las especulaciones y estudios realizados acerca de sus medios de propulsión han impulsado el análisis de inexploradas fuentes de energía, fundamentadas en las investigaciones sobre la gravedad y el magnetismo. Debe reconocerse que sólo el dominio de las leyes de la gravedad habría de permitir efectuar vuelos del tipo de los que se atribuyen a los ovnis. Porque desde que se pensó en traspasar las fronteras de la atmósfera, se tropezó con la dificultad de escapar desde la corteza terrestre para llegar a la gravedad cero, es decir, a la carencia absoluta de atmósfera.

Ningún aparato a motor, ni a retropropulsión podía entonces consumar esa hazaña. Resultaba evidente para la época, que los ovnis mostraban una superación de las dificultades técnicas -en cuanto a velocidad, gravedad y magnetismo-, que a los científicos y técnicos aeroespaciales se le presentaba para trasponer el umbral que los .distaba de una nueva era que proyectaría al hombre en el espacio. los ovnis se constituían, así; en un desafío constante.

– La periodicidad de las apariciones:

Habiendo dado la sensación de deslizarse en el aire de manera tan arbitraria respecto a las leyes de la mecánica conocidas, se ha supuesto que el fenómeno también se presenta con una metódica regularidad. Algunos han pretendido relacionar esos períodos de aparición con la oposición que se produce entre la Tierra y los satélites de Júpiter. Investigadores escandinavos han adelantado la idea de una posible correlación con las oposiciones de Venus; otros han señalado que tales procesos obedecerían a otros fenómenos terrestres, también sometidos a leyes de inalterable periodicidad (19).

JimmyGuieu Una de las correlaciones más significativas, y a la vez más resonantes, ha sido la hallada por los franceses Jimmy Guieu y Aimé Michel, y los españoles Oscar Rey Brea y Eduardo Buelta, quienes constataron simultáneamente en este año de 1953 una curiosa coincidencia estadística: los períodos de máximo índice observacional (oleadas/crestas) correspondían a las oposiciones bianuales de Marte. Pero la especulación era apresurada, toda vez que se necesitaban corroboraciones estadísticas más sólidas para arribar a conclusiones de valor científico (20). Sin embargo, en distintas partes del mundo y especialmente en Europa, se esperó que se produjera una oleada luego del acercamiento de Marte a la Tierra. Conocemos en la actualidad numerosos fenómenos terrestres asociados a ciclos astronómicos. Aún así, tales vinculaciones pueden interpretarse en dos planos: el psicológico-social, donde la proximidad y consecuente brillantez del planeta haría surgir un conjunto de falsos avistamientos; y en el plano de conceptos “extraterrestres” más atractivos para la imaginación, donde los ovnis serían vehículos provenientes de otros planetas (21).

El año anterior se estrena el filme “Red, Planet Mars” (o “El milagro de Marte”), de. Harry Hornet. Y en ese año de 1953, “Invaders from Mars” (de William Cameron Menzies), “It came from Outer Space” (de Jack Arnold), “War of the worlds” (de Byron Haskins), entre otras, son producidos y colocan al espectador frente al problema de contrarrestar una agresión netamente marciana. Para algunos críticos, esa actitud de rechazo contribuyó a crear un ambiente de terror en torno al fenómeno ovni, situando al ser humano en una actitud de repeler todo aquello que racionalmente no le encuentra explicación (22).

– 1954 y la oleada mundial de aterrizajes:

En 1954 los encuentros con los “extraterrestres” de Adamski y las recién citadas correlaciones astronómicas, habían suscitado ecos internacionales, y a partir de entonces, en todos los países se conocieron episodios del mismo género, menos difundidas, pero con características semejantes. Ante la profusión de informes de tan alta extrañeza son varias las voces que se alzaron advirtiendo que la población debía ser preparada gradualmente ante la eventualidad de un contacto masivo. “¡Nadie está preparado para una situación semejante!”, afirmó D. Keyhoe, citando un artículo en donde su autor’ interroga a diversas organizaciones ante la prevención de un aterrizaje crucial (23).

La gigantesca cantidad de informes recibidos durante la segunda mitad de 1954 alcanzó para constituirse en una de las más importantes oleadas mundiales producidas hasta la fecha. Las observaciones cubrieron la mayor parte de Europa Occidental, desde Escandinavia a Portugal, alcanzando incluso África; concentrándose particularmente en el territorio francés (24). Sobre la base de datos disponibles en ese medio la, densidad de avistamientos aumenta- abruptamente en agosto, para declinar hacia fines de. noviembre.

Refiriéndonos al continente americano, la actividad ovni se dio de manera desigual, pues Canadá y Estados Unidos, no mostraron una frecuencia importante con respecto a sus. años anteriores y posteriores, .en tanto los países sudamericanos acumularon numerosos informes. Con el propósito de contribuir a develar, algunos aspectos de, esa disposición temporal y obtener una imagen más precisa de su percusión regional y local, hemos realizado un trabajo recopilativo y análisis preliminar. Este permite advertir que la oleada argentina transcurre durante los meses de primavera alcanzando su máximo nivel en noviembre, mes en el cual se distribuye casi la mitad del total de .observaciones, para declinar enseguida de modo repentino.

Los demás países sudamericanos muestran una situación similar, ya que la mayor actividad se produce en los tres últimos meses del año; la curva de distribución es igualmente asimétrica, pero el pico de la oleada aparece aquí desplazado y se ubica en diciembre, que concentra más del 50% de las observaciones de todo ese año.

Podría llamar la atención la moderada cantidad de aterrizajes -con o sin ocupantes- reportados en la Argentina, en contraste con los registrados en Europa. En valores porcentuales equivalen a casi un 14% del total de casos, cifra idéntica a la de 1950. Pero dicho porcentual respecto a otros años es significativo.

Más de un 80% de las observaciones registradas se refieren a fenómenos luminosos, y una tercera parte de las mismas pueden descartarse sin esfuerzo, identificándolas caro fenómenos naturales (astronómicos y meteorológicos), o artefactos convencionales (globos sondas).

Vallee12 La cantidad de denuncias correspondientes a la República Argentina y demás países sudamericanos constituyen una microoleada de moderadas dimensiones, en comparación con la impresionante oleada europea, que reúne -según J. Vallée– más de 300 informes, registrados en su mayoría en Francia (25), y de los que, en particular, Aimé Michel (que ese año formula su teoría ortoténica, o de alineaciones) describe en detalle en una de sus valiosas obras sobre el tema (26).

De todos modos, aparece un hecho relevante: la oleada de 1954 simultánea a las distintas zonas del mundo; se manifestó en forma sucesiva con un desplazamiento regional.

Así, mientras que en octubre se produce el clímax para la oleada francesa en el vasto territorio argentino ello ocurre en noviembre, en tanto, en el resto de Sudamérica el máximo nivel es alcanzado en diciembre. Hasta en el mismo ámbito europeo se advierte este desarrollo progresivo de la actividad ovni. Por ejemplo, a partir de mediados de octubre y hasta fines de ese mes, el centro de la ola se trasladó de Francia a Yugoslavia e Italia.

Este significativo desplazamiento geográfico, sin embargo, podría llegar a explicarse como un fenómeno psicológico-social de contagio; en otras palabras, por la profusión de noticias sobre los episodios europeos, y a otras variables que pudieron haber influido en los testigos argentinos y sudamericanos.

– Un cambio de escena:

Entre 1955 y 1956, la atención pública se ve conmovida por una serie de acontecimientos de carácter político y’ militar: en Latinoamérica J. Perón es derrocado, A. Somoza es asesinado, y F. Castro inicia la guerra de guerrillas contra el régimen de Batista. En Europa Oriental se firma el Tratado de Varsovia (alianza opuesta a la OTAN), y en 1956 se producen una revolución y disturbios anticomunistas en esa región.

Alegando razones de seguridad se oculta información sobre ovnis, trayendo como efecto el “rumor”, provocado por el silencio oficial, que pretende controlarse mediante su absoluta negación: “Los ovnis no existen”.

ThisIslandEarth A partir de 1956 Hollywood perdió interés en los extraterrestres, que pasaron a ser uno de los temas predilectos del cine B (bajo presupuesto). sin embargo, durante ese año se producen memorables filmes, como “This Island Earth” (o “Más allá de la Tierra”); dirigida por Joseph Newman, “Forbidden Planet” (o “El planeta desconocido”), de Fred M. Milcox, y “Earth vs. The Flying Saucers”, de Fred F. Sears. Otras producciones que se recuerdan en la cinemateca norteamericana, durante este período, son “Invasion of the body snatchers”, de Don Siegel, “It conquered the World”, y la semidocumental “U.F.O.”.

Lo interesante de las películas scifi (contracción del término “ciencia-ficción”) es que producen de modo especialmente dramático la división del espectador en esa condición que Coleridge llamara “una voluntaria suspensión de la incredulidad”, una conciencia desdoblada entre una parte que sabe que se trata de una ficción y esa otra que se sumerge en ella con una realidad vivida. De ahí que la ficción CF procura siempre ‘justificarse’ como potencialmente factible a partir de la realidad. y esta conexión, entre lo deseado (esto debería ser así) y lo temido (sería inquietante o terrible que así fuere), permite que sus contenidos cobren finalmente un estatuto de verdad (27).

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