Viaje a Venus en un plato volador. La increíble historia de Salvador Villanueva (4)

VIAJE A VENUS EN UN PLATO VOLADOR

CAPÍTULO II

“¡LA INCREÍBLE VERDAD!

“Cerca del mediodía volvieron los dueños del au­tomóvil acompañados de un mecánico. Este me echó la culpa del desperfecto, por lo que tuvimos una discusión y allí mismo me rehusé a seguir adelante. Viendo que pasaba un camión de carga rumbo a Mé­xico, lo paré y pedí al chofer que me llevara. Ama­blemente, mi compañero abrió la portezuela y me introduje en el camión sentándome a su lado.

“Yo hablé poco. Le contestaba con monosílabos. Estaba aún fuertemente impresionado. Le conté el in­cidente que había tenido con los texanos, que ni siquiera me pagaron. Y él rió…

“Pasaron las horas. El notó que yo estaba preo­cupado. Dedujo que algo me pasaba y que yo se lo ocultaba. Finalmente, le conté una parte de lo que me había sucedido. El soltó la carcajada y su único comentario fue que seguramente yo había fumado mariguana.

“Disgustado, cambié la conversación. Y seguimos el viaje hasta México, en donde le dí las gracias y me dirigí rumbo a mi casa.

“Mi esposa también me notó alterado. Le dije que había tenido un disgusto, pero ella me dijo que tenía aspecto de enfermo. Me acosté y me puse el termó­metro. Tenía fiebre…

“Por la noche, viendo que yo no podía dormir y que me revolvía nerviosamente en el lecho, me preguntó qué me pasaba. Entonces le conté todo…

“Ella me escuchó con calma. Después, me acon­sejó que no se lo contara a nadie, pues me tomarían por loco.

“Me enojé. ¿De modo que ella me consideraba loco?

“-No -me dijo- Yo te creo. Te conozco y sé que no me dirías una mentira, pero los demás no te creerán…

“¿SERA VERDAD?…

“Salvador Villanueva Medina guardó el secreto du­rante dos años. Sólo lo sabían su esposa y sus dos hijos mayores. Cuando yo publiqué una serie de re­portajes sobre el tema apasionante de los discos vo­ladores, su esposa le aconsejó que me viera y me contara todo.

“Fue entonces cuando me escribió. Fue así como lo conocí. Y desde entonces, juntos hemos buscado pruebas de que dice la verdad. Hicimos una expedición a Ciudad Valles, acompañados de tres investi­gadores norteamericanos, a los que yo invité a ir. Encontramos el sitio en que había aterrizado la nave. Recorrimos la zona, en donde florece una espesa ve­getación tropical. Árboles y plantas estaban verdes en todos los alrededores, pero en el sitio en donde se posó la nave -un área casi circular, de quince metros de diámetro aproximadamente- todo estaba seco. Los arbustos estaban aplastados…

“Tomé muestras de la tierra del área seca y del área fértil, a unos cuantos metros de distancia. Las muestras fueron analizadas en los Laboratorios Phil­lips y no se encontró nada extraordinario. Sólo que la tierra de la zona es rica en fosfatos y en otras substancias. Y la muestra que tomé del área seca no contiene fosfato. Es salitrosa. ¿Por qué?

“Las dos muestras fueron tomadas a una distan­cia no mayor de cuatro metros.

“Ese es el primer indicio de que Villanueva dice la verdad, pero ya seguiremos adelante, para ofrecer otros datos, que no han sido publicados hasta la fe­cha…

CAPÍTULO III

“’¡YO HICE UN VIAJE A OTRO PLANETA!’

“…más tarde fue publi­cado por numerosos periódicos de los Estados Uni­dos, de Sudamérica y de Europa. En Caracas, el dia­rio Noticias, rompió su récord de circulación el día que lo publicó. Y más tarde fue transmitido un programa especial de televisión abordando el tema.

“Villanueva fue interrogado ampliamente por di­versas personas interesadas en la investigación. En mi estudio, yo lo ví contestar a todo con seguridad. Primero lo interrogó George Adamski, en su primer viaje a México. Después vino Desmond Leslie, de Londres, y pasó largas horas en mi departamento, ha­blando con él. Ambos aseguran que Villanueva dice la verdad.

“Yo seguí todas las pistas. Buscaba una prueba que demostrara de modo evidente la veracidad de la historia. Villanueva se prestó a auxiliarme. No sólo me acompañó a Ciudad Valles, sino a otros lugares, en pos de algún indicio importante. Y así nació en­tre nosotros una amistad que ha perdurado al través del tiempo.

“Y así llegó a mis manos otra narración extraor­dinaria, que supera en interés el caso Villanueva: el caso de un joven ranchero de Jalisco, que asegura que lo llevaron a otro planeta a bordo de una astro­nave…

“Un día, el correo me trajo un rollo de papeles escritos a máquina, que contienen la narración más extraordinaria sobre el asunto de los platillos vola­dores. Desgarré la fajilla postal, que traía el mata­sellos de Guadalajara y leí asombrado la carta que ustedes van a conocer…

“Firma Antonio Apodaca y dice así:

“’Señor.

“’Salvador Villanueva Medina. México, D. F.

“’Muy Señor mío:

“’En primer lugar, le suplico me dispense por es­cribirle por conducto del señor M. Gebé, pero por más pesquisas que hicieron unos parientes míos ra­dicados en el Distrito Federal, no lograron investigar su domicilio. Me he enterado de la aventura que co­rrió cerca de Ciudad Valles. Los parientes de quienes le hablo me mandaron los reportajes, que he leído con gran interés.

“’Uno de mis parientes es doctor y hace aproxima­damente un año vino de vacaciones a mi rancho en Jalisco y le platiqué de una formidable aventura que yo había vivido. Naturalmente que por lo extraordi­naria que es, no me creyó absolutamente nada. Eso me mortificó en parte, máxime que como testigos “a medias” le presenté a mis dos peones, y como si eso fuera poco, hasta mi madre le aseguró la veracidad de mi relato.

“’Pero vamos por partes…

“’Yo estudié en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, terminando la instrucción primaria y la secundaria, y hubiera seguido hasta ingeniería, de no ser por la desgracia de haber perdido a mi padre. Tengo un rancho a seis horas de camino de la ciudad de Guadalajara. Como le digo, me vine al rancho, abando­nando mis estudios por esa desgracia, pero estoy con­tento y me ha ido bien, pues soy descendiente de campesinos y mi trabajo me agrada.

“’Tengo ahora 23 años. Cumplo en este mayo, seis meses de casado y nos viene en camino nuestro pri­mer hijo. Me vive mi madre. Por tanto, verá usted que soy más o menos feliz.

“’Pero de lo que yo le quería hablar y lo que le conté a mi primo, y por tanto, motivo de esta carta, es lo siguiente:

“ATERRIZAJE DE UN PLATIVOLO

“’El día 9 de octubre del año de 1953, estando yo en compañía de mis dos peones, arreglando una cer­ca de un pequeño huerto que mi madre cultiva, nos llamó la atención un objeto que descendía a unos cien metros del lugar en que nos encontrábamos. Dicho objeto era azul brillante y afectaba una forma cir­cular.

“’Los tres nos quedamos de una pieza. El objeto descendía lentamente, como desciende una pluma, me­ciéndose ligeramente en el viento.

“’Cuando tocó tierra, ninguno de los tres nos atre­vimos a acercamos, ya que nos paralizó cierto te­mor.

“’De pronto vimos rodeando al aparato, para di­rigirse a donde nos encontrábamos, a dos pequeños y extraños personajes. No medía el más alto arriba de un metro con veinte centímetros…

“’Instintivamente me llevé la mano a la cacha de la pistola, para retirarla poco después avergonzado de mi cobardía. Los dos hombres se acercaban con pasos menudos y con los brazos en alto, hacia noso­tros. Cuando los tuve a tres o cuatro metros les pre­gunté quiénes eran y qué deseaban, puesto que ha­bían descendido en terrenos de mi finca.

Villanueva9MV Dibujo de la época que representa el avistamiento de Antonio Apodaca.

“’Ellos dibujaron la mejor de sus sonrisas y ade­lantándose el más bajito me dijo en c1aro y sonoro español:

“’-¡Somos amigos!

“’Como ya dije, el más alto no medía más de 1.20 y el que se había adelantado era aún más pequeño. Llevaba un uniforme de aviador, de una pieza. La tela de que estaba hecho era una especie de pana de color gris, ajustado a los tobillos y muñecas, cubriendo con el mismo material las manos y los pies. Se cubrían la cabeza con un casco un poco más pro­longado en la parte trasera, pero no tanto como para evitar que su pelo gris y ondulado escapara de dicho casco, cayéndoles sobre los hombros. Me llamó la atención que llevaban un cinturón ancho y brillan­te.

“’Tenían ojos de gato montés, pero su aspecto en general era inofensivo. Cuando el que habló me hubo medido con la vista; me dijo:

“’-¡Qué alto es usted!

“’Hasta entonces caí en la cuenta que seguían con sus bracitos en alto, por lo que me apresuré a decir­les que por qué no los bajaban.

“’-Bueno… -me dijo- no queríamos que fue­ran ustedes a pensar que veníamos en forma de ene­migos y como usted está armado, lo más prudente era llegar como llegamos.

“’Mis peones estaban alelados y hasta mi madre, que había salido a la puerta de la casa, atraída por los ladridos de los perros, estaba estupefacta.

“’-Bueno -les dije- como supongo que vienen de visita, lo correcto es que los invite a pasar a la casa. ¿No es así?

“’Les pregunté esto como bromeando y mi inter­locutor respondió:

“’-Efectivamente. Nosotros venimos de visita y aceptamos su afabilidad.

“’Me encaminé hacia la casa y cuando llegamos al pequeño portal de entrada, le dije a mi madre:

“’-Le presento a usted a unos amigos de Guada­lajara que vienen a visitamos…

“’No sé por qué se me ocurrió mentirle a mi ma­dre. Pienso que en mi subconsciente se formó la idea de que si lo hacía de otra manera, mi madre des­confiaría de los desconocidos.

“’Mi madre, mide un metro y sesenta y cuatro cen­tímetros y yo mido un metro ochenta y dos, así que ya verá usted el contraste que había entre nuestros visitantes y yo, en estatura. Pero me apresuré a decir a usted que solamente en estatura, porque a decir verdad, algo había en esos señores que imponía cier­to respeto.

“’Los pasamos a nuestra pequeña sala, invitándolos a sentarse. Con ­cierta agilidad treparon a los si­llones de tule que forman nuestro ajuar y me pareció correcto invitarles una copa de tequila, digamos, para iniciar la conversación. Moviendo graciosamen­te la cabeza me contestaron que tequila no, porque era una bebida muy fuerte y no querían embriagarse. Se alejó mi madre rumbo a la cocina, para aparecer poco después con una charola con algunas fru­tas y dulces. Sólo aceptaron nueces en dulce, que parecieron ser de su agrado. Por lo visto, mis visitantes eran gente chic, así que ya no les ofrecimos nada más.

“’SERES DE OTRO MUNDO

“’No hallando con qué agradar les invité a conocer la finca y aceptaron de inmediato. Mi madre se encaminó a la cocina a seguir preparando la co­mida y yo los llevé al huerto. Daba gusto ver el interés con que examinaban las hortalizas de mi madre. Se hubiera pensado que los amigos eran estudiantes de horticultura. Luego fuimos a nuestro corral y mostraron igual interés a la vista de nuestros cerdos, gallinas, patos y guajolotes. Tal parecía que en su vida no habían, tenido oportunidad de conocer uno de esos animales. Pero lo más asombroso fue cuando estuvimos frente a las vacas, pues su sorpresa llegó al límite cuando les dije que producían alimentos de gran calidad.

“’Todo un laboratorio, dijeron sonriendo, pero en eso el laboratorio pegó un mugido espantoso. Creo que le sorprendió la traza de nuestros visitantes. Hubiera visto usted con qué ligereza se pusieron a distancia del animal.

“CAPÍTULO IV

“¡A BORDO DE LA NAVE INTERPLANETARIA!

“La plática que siguió -dice nuestro hombre- ­no se la repito porque la acabo de leer en los repor­tajes de M. Gebé y terminaría haciéndole pensar a usted que solamente lo copié. Me hablaron largamen­te sobre su mundo y sus costumbres y al leer lo que usted relata, encuentro una absoluta similitud.

“CAPÍTULO V

“¡EN OTRO PLANETA!

“CAPÍTULO VI

“LA URBE REFULGENTE Y PRODIGIOSA

“CAPÍTULO VII

“EL RETORNO A LA TIERRA

“’Poco después aterrizamos en mi rancho. Llegamos el día 14 de octubre a las 12 y minutos. Puesto que habíamos salido el día nueve de octubre a las cinco de la tarde, el viaje había durado cuatro días y diecinueve horas.

“’Mis amigos cumplieron su promesa. Dos semanas después aterrizaron en el rancho y pasaron allí tres días como huéspedes míos. Si le dijera todo lo que me platicaron, nunca acabaría esta carta.

“’Durante su estancia en el rancho, cubrimos la na­ve con rastrojo y ramas secas para que no fuera visi­ble desde arriba, pues en ocasiones pasan por allí aviones de línea.

“’Procuré atenderlos lo mejor que pude. Les conse­guí una gran variedad de semillas y les regalé tam­bién varias parejas de aves de corral de mi rancho. Espero que haya llegado todo bien.

“’Le ruego que no me busquen.

“’Adiós. Créame que me considero su amigo y compañero.

“’Antonio Apodaca’

Continuará…

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Sasquatch marino

SasQuatch marino

21 de abril 2010

Por Gerry Dorsey

SeaSasquatch

San Francisco, CA – Un Sasquatch marino ha sido localizado en una playa, cerca del distrito de San Francisco, Richmond, cerca del famoso restaurante Sea Cliff

El sorprendente descubrimiento, un exclusivo Weekly World News ha tenido lugar esta mañana en Ocean beach, a sólo 5 millas del centro de San Francisco, los investigadores utilizaron un perro policía llamado Burly para identificar a la criatura, pero el perro corrió aterrado después de oler las extremidades pútridas de la criatura. Los lugareños han llamado el cadáver de San Francisco el Sasquatch marino.

El Sasquatch mide más de 9 pies de largo, tenía un color gris pálido y estaba cubierto de una piel densa y enmarañada. El brazo izquierdo del Sasquatch marino mostraba signos de traumatismo o una mordedura. Las autoridades no están seguras si este fue el resultado de una lucha con una ballena, posiblemente una ballena asesina. Los testigos han informado de que ha habido avistamientos recientes de ballenas que se han aventurado en la bahía de San Francisco como resultado de la crisis del cambio climático.

http://weeklyworldnews.com/headlines/17146/sea-sasquatch/

Stephen Sevitzky. Keep the Dream Alive

Keep the Dream Alive – Stephen Savitzky

In the year of Nineteen Eighty Six,

On an icy winter’s day

The shuttle Challenger left the pad

And started on her way

The shuttle Challenger lifted off

With seven brave women and men

In flames they died just ten miles high,

And never came home again.

Never came home again,

In flames they died just ten miles high

And never came home again.

And seventeen years later

Nearly forty miles high,

Columbia’s wreckage wrote a line

Of fire across the sky

But long before the jetstream blew

Her trail of smoke away

We saw that it marked a highway

We would travel again some day.

–2003–02–01

So never say that they died in vain

Nor stay on the ground afraid,

The stars are one step closer now

Because of the price we’ve paid.

And mourn for the shuttles that fly no more,

And weep for the friends we’ve lost,

But to leave the Earth will still be worth

Whatever it has to cost.

And fire no guns in last salute

But let the rockets roar,

And reach for the wide and starry sky

As Challenger did before.

And raise no earthbound slab of stone,

To mark the place they lie,

But write their names with a shuttle’s flames,

Ten miles in the sky.

And here’s a toast to the shuttle crews

Who died for the dream of space

And all the pioneers who have

The sky for a resting place.

No grave nor tombstone do they need,

For their memory will survive

As long as we fly beyond the sky

And keep the dream alive.

Keep the dream alive,

As long as we fly beyond the sky

And keep the dream alive.

Keep the dream alive,

Let the shuttles fly beyond the sky

And keep the dream alive.

Space Monkey from Leo Burnett on Vimeo.

Viaje a Venus en un plato volador. La increíble historia de Salvador Villanueva (3)

VIAJE A VENUS EN UN PLATO VOLADOR

UN ÉXITO EDITORIAL

En 1976 Villanueva publicó una nueva edición de su libro. De la obra original se hicieron varias reimpresiones en México[1] y se tradujo a varios idiomas (alemán[2], japonés[3], portugués[4]). En Alemania fue todo un éxito. A finales de la década de los cincuenta ya se habían vendido más de 80,000 ejemplares. En 1965 el periodista Guillermo Ochoa[5] menciona que ya se habían vendido más de 200,000 ejemplares. Dice que Villanueva pudo haberse hecho rico, pero rechazó todo beneficio económico. “Difundir lo que vi es un compromiso que contraje con ellos”, explica. “El libro mismo lo pude editar gracias a que obtuve un premio en la Lotería, pese a que no jugaba con frecuencia”[6].

GuillermoOchoa Guillermo Ochoa en su programa “Hoy mismo” de la década de los ochenta.

En la edición de 1976, además del relato de su viaje a Venus, publica algunas de las reseñas que obtuvo su libro, un texto, Los misioneros, de libro El quinto reino de Ramiro Garza[7], y la compilación completa de los artículos de M. Gebé sobre su caso, titulada Sobre la pista de los platillos voladores.

En lo que podría ser la introducción Villanueva nos informa:

“BUENO, AMIGOS… Me llegó la hora en que ten­go que contarles algo respecto a los escurridizos pla­tos voladores que todo el mundo sabe que otros vie­ron; pero si me perdonan vamos a hacer un poco de historia: recordarán ustedes que este servidor, a tiros y tirones, publicó un libro en el que hablaba de los espaciales, o sea de las personas que tripulan esas naves. El libro se llamó “Yo estuve en el Planeta Venus”. Fue editado allá por el año cincuenta y tan­tos y prefiero no recordar la fecha porque el haberlo publicado me dio muchos dolores de cabeza.

“Les decía que haríamos un poco de historia por­que a mi parecer no hemos aventajado nada en cuan­to a saber si esos seres vienen de otros mundos o viven en éste desde el principio de los tiempos en que nuestro planeta quedó en condiciones de ser ha­bitado.

Ramiro Garza Ramiro garza, uno de los fundadores del CIFEEEAC.

“Sentí deseos de volver a escribir cuando al re­visar algunos papeles de aquellos tiempos encontré algunas críticas que personas muy enteradas me hi­cieron el favor de escribir con respecto a ese libro. Estas honrosas menciones me llenaron de orgullo; pe­ro hay también otras razones que me obligan a es­cribir una vez más sobre el tema. Mi libro se sigue leyendo y muchos editores se han llenado los bol­sillos en algunos países de América y Europa; pero le han ido suprimiendo partes que quizás a ellos no les interesaban y me preocupa que llegue el día en que sólo vendan el título y mi nombre respaldándo­lo; pero lo más curioso es que en cuanto ejemplar he leído encuentro una advertencia: “Prohibida la Re­producción Total o Parcial”. ¡Qué desfachatez![8]

“Así que muchos de mis viejos lectores iban a mi taller, se quejaban y me regañaban por el descuido en que he tenido a mi libro. Un buen grupo de ellos se asociaron y reunieron algún dinero con el que van a hacer esta nueva edición y yo con mucho gusto les he dado toda mi ayuda y hasta vamos a incluir dos nuevas partes: ésta que está usted leyendo y una serie de reportajes publicados en el Magazine de No­vedades en 1956, en la que algo tuve yo que ver.

Villanueva4 Edición del libro de Villanueva de 1995.

“Naturalmente, les advertí a mis amigos que lo vendieran sin ganancia de ninguna clase, salvo la de las casas que lo distribuyan porque ahí sí ni mo­do y -naturalmente- el costo de la edición.

“Vamos, pues, a empezar con esas críticas de que hablaba y que tanto me gustaron. Una la escribió en El Universal aquel gran periodista ya fallecido y que fue maestro entre los mejores, don Rafael So­lana (padre) que en paz descanse. La otra fue es­crita por otro as del periodismo, don Raúl E. Puga que además, de pasadita, menciona otra cosa que es­cribí en un momento de desesperación adjudicándosela a un viejo amigo mío, revolucionario, sólo que cambiándole el nombre. No así los apellidos. Tam­bién él murió. Dios lo tenga en su Gloria. Yo, por mi parte, hace rato que vivo horas extras. Así que empezaremos con las críticas de que hablaba”.

“VIAJES A VENUS

“Por Raúl E. Puga.

“Parece ser que los viajes al planeta Venus están a la orden del día. Primero fue el tapatío Antonio Apo­daca[9] quien nos contó con detalles llenos de interés el viaje que según dice realizó a ese planeta y cuyo relato apareció en el Magazine de Novedades en una versión de nuestro entusiasta y distinguido colabo­rador el plativolista M. Gebé… y ahora es don Sal­vador Villanueva Medina quien ha escrito, en forma de libro, la narración circunstanciada de su experien­cia como viajero del espacio.

“Salvador Villanueva pretende haber tenido en México un contacto con los venusinos, quienes lo en­contraron en un paraje solitario de la carretera de Nue­vo Laredo y luego lo invitaron a que subiera a su nave.

“Villanueva nos habla de manera objetiva de la ciudad de los venusinos, de sus edificios, de sus ho­teles, de sus salones de espectáculos, de sus naves aéreas, terrestres y marítimas; de su flora y de su fauna, de sus costumbres y régimen social.

“Describe minuciosamente cómo se construye un platillo volador, cómo son las naves “madre” o bar­cos del espacio, cómo es la alimentación, de dónde procede, cómo se hace. Nos traza la figura de un venusino y hace la descripción de sus facciones, de su cuerpo, de su vestido, de los objetos que lleva. Nos informa de su manera de expresarse, del tono de sus voces y de cómo se desenvuelven en sus relacio­nes amistosas y familiares: Todas son noticias rápi­das, logradas en un instante, porque al parecer los venusinos no tenían mucho tiempo que perder y tra­taban de darle una impresión más o menos completa de la ciudad-mundo.

“Y esta fantasía de Villanueva Medina tiene, por lo menos, una ventaja sobre la fantasía “made in USA”: no está encasillada en las cosas convenciona­les de los narradores de las novelas de ciencia-ficción. Tiene espontaneidad. Nace de una nueva veta, qui­zás un tanto ingenua, pero llena de sugerencias por­que está aligerada de la literatura del cuentista pro­fesional, porque no hay malicia en el escritor, porque no existe ni el artificioso suspenso ni los finales ines­perados.

“Villanueva cuenta lo que vio (con los ojos de la imaginación)…

“Y estamos seguros de que él cree firmemente en lo que dice y que de verdad piensa que estuvo en Venus y con los venusinos”.

“YO ESTUVE EN EL PLANETA VENUS

“Por Rafael Solana Sr.

“(HABLEMOS DE VENUS: A VENUS SE ENTRA POR LA PUERTA DEL SOL Y DESPACITO) S.P.I. (COSMOS) México. 1958.- Extraño libro y extraña personalidad la de su autor, capaz de co­meter las más escalofriantes faltas de ortografía en la dedicatoria autógrafa; pero al mismo tiempo de escribir un relato que conquista la atención del lec­tor y que permite llegar al término de la lectura sin cansancio.

“No hay propiamente un novelista, pues la na­rración, como tal, adolece de gran debilidad y no tiene adecuado remate; pero hay un hombre de vi­gorosa imaginación, que cuando describe la vida en el planeta Venus hace gala de una cohesión de ideas y de una fantasía que hace recordar al inmortal Ju­lio Verne o aquel maravilloso libro, que tanto me gustaría volver a leer y que se llamaba “LA VIDA EN EL SIGLO XX” y que editó El Universal en el siglo pasado y cuyos pronósticos casi al pie de la le­tra he visto cumplidos, a medio siglo de distancia de la redacción de este libro.

Rafael Solana Rafael Solana.

“El asunto de la novela queda revelado en su título. El estilo es correcto y sencillo, sin llegar a ser nunca chabacano o adocenado; hay claridad en la exposición, curiosidad en el detalle, orden en la composición.

“¿Cómo el hombre que ha escrito este relato ama­ble y entretenido puede tener la sumaria cultura que revela grafológica y ortográficamente?[10]

“Recomendamos el libro como divertido; se deja leer, distrae por unas horas y revela a un autor de imaginación ardiente y fantasía muy rica, quizá muy aprovechable para otras disciplinas literarias”.

A continuación se publicaba el relato Los misioneros, del libro El quinto reino de Ramiro Garza. La tercera parte de esta nueva edición del libro de Villanueva era la compilación de artículos de M. Gebé, un total de ocho capítulos que reproducimos casi íntegramente[11]:

“SOBRE LA PISTA DE LOS PLATILLOS VOLADORES

“El Relato es Fantástico, Inverosímil… Pero yo lo Creo

“Por M. Gebé

“1956

Capítulo I

“¡Yo le creo a ese hombre!

“El relato es fantástico. Inverosímil

“El día 30 de diciembre de 1954 recibí la siguiente carta:

“’Sr. M. Gebé. Estimado señor:

“’Me es grato dirigirme a usted para relatarle algo que me sucedió y que hasta antes de leer sus artícu­los me parecía inverosímil. Se lo voy a relatar tal como sucedió y usted lo juzgará:

“’El día 20 de agosto de 1953, como a las 21.00 horas, cubriendo un turno en un coche de alquiler, trabajo al que me dedico desde el año de 1931, to­mé como pasajeros a una pareja de tejanos, hombre y mujer. El, de aproximadamente 50 años, de pelo entrecano, delgado, y como de 1.75 metros de estatura. Ella era también alta. Un poco más baja que él, delgada, y como de 40 años. Hablaba perfecta­mente el español. Ella, una mezcolanza de español e inglés.

“’Los tomé en el Zócalo para llevarlos al hotel Ox­ford, en la calle de Mariscal. En el trayecto, él me pidió que le recomendara un chofer para que les manejara un automóvil que tenían en un taller, dán­dole una checada y enderezando un ligero choque.

“’Como a mí me interesara el trabajo, quedé en verlos al día siguiente, a las 10 de la mañana, en el mencionado hotel.

“’Veinte minutos después de la hora indicada fui­mos a la calle de Ramón Guzmán, a recoger el co­che, que resultó ser un Buick modelo 52. Todo ese día anduve con ellos, llevándolos a Xochimilco, en donde pasearon en lancha; a la Ciudad Universi­taria, en donde se divirtieron tomando fotografías a más y mejor y como a las 15:00 horas, regresamos al hotel, dejando el coche en las afueras del mismo. Me recomendó que me fuera a descansar porque al día siguiente, a las 9.00 horas, saldríamos rumbo a Laredo. Por el trabajo de ese día me pagó 50 pe­sos y me ofreció que me pagaría 300 pesos, porque lo ayudara a manejar hasta la frontera.

“’Como habíamos acordado, estuve yo listo a las 9.00 horas del siguiente día, pero no salimos inme­diatamente. Fueron primero a desayunar a Sanborn’s, el que está a un costado del hotel del Prado. Des­pués quisieron comprar algunos rebozos y me pidieron que los llevara a donde fueran más baratos. Los llevé por la calle de Venustiano Carranza, en donde además de los rebozos, compraron algunas canastas y latas. Total: que salimos hasta las 12.00 del día, aproximadamente.

“’Llenamos el tanque de gasolina sobre Insurgen­tes Norte y la avenida Potrero, enfilando luego ha­cia el norte, a velocidad moderada, porque la señora iba sumamente nerviosa, pues me contó que cuan­do venían rumbo a México él había estado a punto de volcarse por “librar” un burro que se les atra­vesó en el camino.

“’Ya en la tarde, habríamos caminado unos qui­nientos y pico de kilómetros[12] cuando empezamos a sentir un ruido, al parecer proveniente de la caja de velocidades. Paramos para aseguramos de qué era lo que pasaba y efectivamente, me pareció peligro­so para el automóvil que siguiéramos caminando, y como no llevaba más herramientas que la indispen­sable para desmontar llantas, decidieron ir a alguna población en donde hubiera taller mecánico.

“’Para eso, en la carretera pararon un automóvil. Este era un Chevrolet nuevecito, con placas del Es­tado de México. Lo ocupaban una señora y 3 joven­citos y lo manejaba un señor al parecer muy gordo. Fue hacia ellos mi improvisado patrón y regresó poco después por su esposa y a recomendarme que los es­perara allí y que tuviera mucho cuidado con el co­che. Me dijo que me encerrara en él, porque el sitio era muy solitario y la zona le parecía peligrosa.

“’Luego que los ví perderse, saqué el gato del au­tomóvil y lo alcé de las ruedas traseras, echando a andar el motor, conectado para hacer girar la caja de velocidades.

“’Aún no oscurecía. Estaba yo debajo del carro, oyendo el ruido que producía, cuando sentí que al­guien se acercaba’.

“A continuación venía el relato. Un relato inve­rosímil, fantástico, pero sin embargo, me parecía sin­cero. Este relato será dado a conocer, a su tiempo, a los lectores de MAGAZINE NOVEDADES. El do­cumento, original en nuestro poder, es interesantísi­mo. Pero continuemos con nuestra narración.

“La carta terminaba así:

“’Al día siguiente, poco después de mediodía, llegaron los norteamericanos con un mecánico, que resultó ser adivino, pues antes de ver cuál era el da­ño que tenía el coche, les dijo a los dueños que se había descompuesto debido a un descuido mío, por no revisar el aceite en la caja de velocidades.

“’Discutimos, nos acaloramos, y de allí mismo me regresé en un camión de carga.

“’Se me ocurrió contarle mi aventura al chofer del camión y le doy gracias a Dios de que no me co­nociera, porque ya me imagino las burlas de que hu­biera sido objeto, pues se le ocurrió decirme que la yerba que yo había fumado estaba demasiado “guisada”.

“’Desde entonces no se lo había contado más que a mi esposa y a mis dos hijos mayores. Ahora he estado leyendo sus artículos y me atrevo a repetirlo y lo hago por la sencilla razón de que creo que us­ted si está seguro de la existencia de esos seres, y en segundo lugar, porque ni usted me conoce ni yo le conozco.

“’Le suplico me perdone que no mencione mi nom­bre y dirección, para evitar las burlas de que pueda ser objeto. Sólo le diré que soy un modesto chofer de coches de alquiler, con licencia 45504 del Dis­trito Federal’.

“Así terminaba la carta. No tenía firma.

“La narración del chofer número 45504 era alucinante, pero… ¿Y si todo era una broma? ¿Existía realmente ese chofer? ¿Había una posibilidad de que su relato fuera verídico?

“Para eso, era necesario dar con él.

Continuará…


[1] Hay una reedición de 1968 por Editorial Orión.

[2] Villanueva Medina Salvador, Ich war auf einem anderen Planeten, con un prólogo de Karl L. Veit, Ventla Verlag Schierstein, Wiesbaden, Alemania, 1961. 150 s., 4 tav. – ISBN 3-88071-028-7

[3] Villanueva Medina Salvador, わたしは金星に行った!!UFOは金星の都市に着陸した! (たまの新書) (新書) ¡Fui a Venus!, Michiko Abe de Neri (traducción), たま出版, Japón, 1995, 226 s. ISBN-13: 978-4884818180

[4] Villanueva Medina Salvador, Aventura no planeta Vênus, Editora Quarto Caminho, Brasil, 1973, 84 s.

Villanueva Medina Salvador, Eu estive no planeta Vênus, Karl Bunn (traductor), 1985.

[5] Quien fuera conductor del diario matutino “Hoy Mismo” de Televisa y que en 1965 trabajaba en Novedades.

[6] Este es un punto que consideraremos al final de este artículo. Aquí sólo resta anotar que el propio Salvador diría, poco después, “…de paso les diré que me piqué jugando cuanto centavo me sobraba, pero jamás me volví a sacar nada”.

[7] Fundador de CIFEEEAC (Centro de Investigación de Fenómenos Extraterrestres, Espaciales y Extraordinarios Asociación Civil)

[8] Peor hubiera sido el enojo de Villanueva si se hubiera enterado que su hijo, Salvador Villanueva Larios, publicó una nueva edición en 1995 (Villanueva Medina Salvador, Yo estuve en el planeta Venus, Corporativo Mina S.A. de C.V., México, 1995. 112 s.), pero cuyo copyright estaba a nombre de Enrique Mercado Orue, otro contactado mexicano que, no sólo le había robado el copyright, sino su misma historia, pues el relato de Mercado es muy parecido al de Villanueva.

[9] Sobre este Antonio Apodaca nos ocuparemos más adelante en este artículo. Se trata de un personaje “semificticio” inventado por el propio Villanueva. Por otra parte, Raúl E. Puga estaba equivocado al decir que el relato de Apodaca había aparecido antes del de Villanueva.

[10] Por lo visto no fuimos los únicos en darnos cuenta de esa extraña mezcla de imaginación y falta de cultura. Muchos ufólogos comentaban que el relato de Villanueva debía ser cierto, pues el taxista ni siquiera había hecho la primaria y a duras penas sabía leer y escribir. Por lo tanto, concluían, él no era capaz de inventar esta historia. Algo de verdad hay en esto. Pero eso lo veremos al final de este trabajo.

[11] Eliminamos partes que realmente no tenían nada que ver con este caso y en las que M. Gebé se extendió en sus artículos de la revista, partes demasiado aburridas que describen la vida en el planeta Venus, o partes que repetían datos ya conocidos. El lector las podrá identificar en donde pongamos los puntos suspensivos entre los párrafos. Hay otros puntos suspensivos que pertenecen al propio texto, que están al final de los párrafos. No los eliminamos, aún a riego de causar confusión, pues tienen que ver con el desenlace de este trabajo.

[12] Aquí no hablaba de los 484 kilómetros que aparecen en el libro.

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