Viaje a Venus en un plato volador. La increíble historia de Salvador Villanueva (Final)

VIAJE A VENUS EN UN PLATO VOLADOR

“EL TRAMA SE COMPLICA EN LA RECEPCIÓN

“Acto III. Entonces vino la gran recepción en el American Club, organizado por la Comisión de habla inglesa -todos interesados en los platillos. ¡Luces, fotógrafos, caviar, cócteles, líneas de recepción, presentaciones, música! Distinguidos hombres en finos trajes y bellas damas en trajes de colores. Un mezcla de diplomáticos y personal militar. Y los camareros haciendo realmente sus cosas. Una verdadera fiesta mexicana -¡Bueno, es algo para que lo inviten a uno! Tuvimos un gran momento dando vueltas y escuchando los diversos grupos. El señor Adamski tenía dificultades para responder a todas las preguntas que se le hacían. Entonces, de repente detrás de la escena -¡Embuste! Recibimos una llamada de SOS de un miembro de la comisión. Un joven que había entrado en la recepción sin invitación y estaba tratando de extorsionar unos pocos pesos por medio de un documento legal falso. El asesor jurídico de la comisión, un magistrado, afortunadamente, estaba presente y lo regresó por su camino a toda prisa. La fiesta continuó sin ser molestados. Dudamos de si alguno de los distinguidos invitados se habría enterado de lo que estaba sucediendo detrás de la escena. En realidad apareció otro personaje. Quería saber cuánto ‘cobraba’ el señor Adamski por una conferencia. Parecía sorprendido al saber que el señor Adam[1] impartió la conferencia sólo por insistencia de los amigos -y sin cobrar. El cargo fue para el Teatro Insurgentes, que se había excedido en los gastos de venta de entradas. ¡Ahora supimos que se estaba tramando una maldad! Pero la fiesta continuó alegremente, y sólo la comisión supo sobre estos acontecimientos -y sólo el villano conocía el crimen cometido en secreto en la conferencia. Pero pronto lo sabríamos.

¡Apareció un mensajero con una citación legal para el señor Adamski! Había -créanlo o no- cometido el delito de dar una conferencia cobrada a un peso la PedroFerriz entrada[2], en el Teatro de los Insurgentes, sin un permiso. La comisión había obtenido los permisos de entrada, permisos de teatro, y sabe Dios cuántos otros permisos, pero habían descuidado obtener un permiso personal para el orador. El señor Adamski, naturalmente, no sabía nada de todo esto -todo lo que sabía era que un grupo de amigos le había pedido dar la conferencia. Pero eso no influyó en el villano de la trama.

Pedro Ferriz.

“COMPLICACIONES INTERNACIONALES

“Acto IV. Los días siguientes fueron agitados. Todos estábamos volando alrededor para asegurarnos de que el señor Adamski no parara en la cárcel. Una segunda citación le esperaba en su hotel esa noche, y fue a someterse a interrogatorios por la mañana. En la vista le quitaron sus documentos a pesar de las protestas de la comisión. Todavía no se sabía quién estaba involucrado en esto. La única cosa que se podía hacer ahora era conseguir ayuda de la Embajada de Estados Unidos, que rápidamente lo hizo. ¡Complicaciones internacionales! ¡Nunca hay un momento aburrido en México! Pero todos sentimos pena por el señor Adamski. La publicidad adversa dio como resultado la cancelación de algunos programas de televisión y hasta una importante conferencia que iba a dar ante “La Asociación Nacional de Técnicos Mexicanos”.

Roberto Kenny Roberto Kenny.

El problema se arregló, finalmente, debido a la intervención de un alto personaje de la política mexicana a quienes los Reeve identifican como “Señor Héroe”. ¿Se trataba de Jesús Reyes Heróles[3]? Tal vez nunca lo sabremos.

“LA CABALGATA DE MEDIANOCHE

“Los villanos resultaron ser periodistas, irritados, algunos de los cuales hemos entendido asistieron a la fallida conferencia de prensa. Finalmente llegaron algunas disculpas. Lo mejor de todo, el señor Héroe arreglo que el señor Adamski hablara después de todo, en una reunión de ‘La Asociación Nacional de Técnicos Mexicanos’, que se celebró en su propia residencia. Aún tenemos nuestra invitación impresa digna de este asunto. Así terminó este drama fantástico en el Viejo México. ¡Muchas gracias -Señor Héroe! ¡Muchas gracias a todos los actores del drama! En retrospectiva, no me habría perdido nada de eso por nada!”

LA ENTREVISTA ADAMSKI VILLANUEVA

DiegoRiveraEmmaHurtado Finalmente, luego del incidente del Teatro de los Insurgentes, se concertó una entrevista entre los dos terrícolas que, supuestamente, habían visitado el planeta Venus. Adamski sometió a Villanueva a un tipo de prueba “secreta y esotérica”, diseñada por el propio Adamski para determinar la veracidad de los contactados. Adamski le hizo una serie de preguntas y declaró que Villanueva estaba siendo sincero, ya que había respondido correctamente

Diego Rivera y Emma Hurtado.

Son nuevamente los Reeve los que nos informan de esto:

“LA REUNIÓN DE LOS DOS ADAMSKIS

“Antes de que George Adamski se fuera de México, se organizó una interesante reunión entre él y Salvador Villanueva Medina, el taxista de México. Muchos de los admiradores de Salvador, en ese momento lo llamaban ‘el Adamski mexicano’. Así, una histórica reunión fue organizada entre los ‘dos’ Adamskis en la residencia del señor Gebé. Esta es la secuela que prometimos en el capítulo 10. Sólo seis de nosotros estábamos presentes, incluyendo un caballero que actuó como intérprete.

Villanueva15MV El teatro de los Insurgentes, en cuya marquesina se podía leer: “Los platillos voladores por George Adamski”.

“Antes de la reunión se acordó que el señor George Adamski sería libre de preguntarle a Salvador para darse una idea en cuanto a la validez de la experiencia de Salvador[4]. Nos sentamos atrás asombrados de como continuó el interrogatorio. Algunas de las preguntas formuladas por el señor Adamski eran fundamentalmente preguntas técnicas relativas a los platillos que no podríamos haber respondido correctamente nosotros mismos. ¿Qué vio Salvador cuando miró a través de la puerta en la nave? ¿Qué notó cuando la nave despegó? ¿Exactamente qué razones le dio el hombre del espacio para estar allí? Estas y muchas otras preguntas puntuales fueron formuladas. Si las preguntas nos asombraban, también lo hicieron las respuestas. Salvador aprobó su examen en las manos de un hombre, que había visto un platillo por sí mismo, conocía cómo preguntar ciertas cosas que no imaginarías que el simple contacto pueda dar las respuestas. Todos los presentes se mostraron satisfechos con los resultados. Salimos de la reunión sintiéndonos agradecidos de que los acontecimientos habían trabajado de tal manera que pudimos estar presentes.

JesusReyesHeroles Jesús Reyes Heróles.

La versión de Villanueva es más parca, pero deja entrever su ansiedad:

“Poco después vino de California, E. U., el señor Jorge Adamski. Dictó también una conferencia sobre el tema en el teatro Insurgentes, y aseguró que había tenido numerosos contactos con los tripulantes de las naves.

“Le fui presentado en casa del señor M. Ge. Be. y me limité a contestar sus preguntas; pero sin extenderme.

Villanueva14 George Adamski en la casa del matrimonio Reeve, en la Ciudad de México.

“Tenía entonces la firme convicción de que ninguna de las personas que había conocido, gozaran de mayor experiencia que yo, y me parecía que sólo buscaban para su provecho personal mis confesiones.

El socio y co-autor de Adamski, Desmond Leslie, también visitó a Villanueva ese mismo año, y afirmó que Adamski le había confiado la “Clave”, explicándole que “todo hombre que ha tenido un verdadero contacto físico con los hombres de otros mundos se le ha dado un cierta ‘clave’ por la que se sabe que está diciendo la verdad”[5].

Villanueva16MV George Adamski y Salvador Villanueva Medina en la casa de Manuel Gutiérrez Balcázar.

Nuevamente cedemos la palabra a Villanueva

“También pasó por esta capital el escritor inglés Mr. Desmond Leslie y tuve oportunidad de conocerlo y acompañarlo durante día y medio, gracias al interés del acucioso investigador y periodista señor M. Ge. Be. que no se daba punto de reposo para aprovechar cuanta oportunidad se le presentaba para investigar mis experiencias.

DesmonLeslie Desmond Leslie.

“Debo aclarar, como ya dije antes, que tampoco al periodista le había contado la experiencia completa. Como a las demás personas, me limité a relatarle solo una parte, ya que el resto lo juzgaba inverosímil. Temía que me ridiculizaran, pues entonces ya creía justo que nadie creyera lo que no había visto con sus propios ojos.

“Sin embargo, seguía haciendo estragos en mi mente la promesa que les había hecho a los tripulantes de la nave espacial.

“Y éste es el motivo por el que decidí escribir mi relato con amplitud y sin las limitaciones que impone el periodismo[6]. Espero que perdonen mi osadía.

VILLANUEVA, TREINTA Y CUARENTA AÑOS DESPUÉS

En la década de los ochentas yo escribía las secciones de tecnología de las revistas Vogue y Varón México, ambas del grupo editorial Novedades. Una de las tantas veces que me encontraba en las oficinas de la revista hablando con su editor Noé Agudo, salió el tema de los ovnis y derivó al asunto de los contactados. No tardo en aparecer el nombre de Salvador Villanueva Medina y comenté que los primeros artículos sobre este contactado los había escrito justo un periodista de Novedades, M. Gebe. Pregunté si alguien lo conocía. Como era lógico (ya habían pasado casi treinta años), nadie lo recordaba, pero Noe me prometió presentarme a los periodistas de la vieja guardia.

TimothyGood2 Timothy Good.

El “Café La Habana” es (o era) uno de los lugares favoritos de reunión de los periodistas en México. Su ubicación se presta para ello: está a tan sólo una cuadra de los tres principales periódicos de la capital, el Novedades, que ya mencionamos, el Excelsior y el Universal.

Noé me llevó para presentarme con los que habían sido algunos de sus maestros y que podrían haber conocido a M. Gebé. Hablé con varios periodistas, pero ninguno recordaba al tal M. Gebé. Hasta que Roberto Acevedo, quien fuera el fundador de Esto, me dijo que se trataba de Manuel Gutiérrez Balcázar, que había dirigido el periódico de la farándula El Fígaro. Por fin supe quién estaba detrás del pseudónimo M. Gebé. Pero dejemos hasta aquí esta parte de la historia.

Por esas mismas fechas, a pesar de mi repudio por los contactados, decidí ir a visitar el taller mecánico de Villanueva. No recuerdo cómo conseguí el dato o quien me dio la información. El hecho es que estaba ahí, en el taller, hablando con su hijo Salvador Villanueva Larios, quien me informaba que no se encontraba su padre, pero ponía mi disposición sus servicios mecánicos.

Le dije que lo que me llevaba hasta ahí era la historia de su padre sobre el viaje a Venus. Entonces se puso a la defensiva. Me dijo que lo del libro de su papá fue sólo imaginación. Que ellos estaban hartos del asunto. Que a su padre no le gustaba que hablaran del tema. Que, incluso, había cambiado su carácter a raíz de las burlas por lo del libro.

SalvadorVillanuevaLarios1 Salvador Villanueva Larios.

Eso hizo que me interesara más en el asunto. ¡El hijo de Villanueva diciendo que todo había sido producto de la imaginación de su padre!

Larios me dio una tarjeta del taller y se puso nuevamente a mis órdenes. Nos despedimos.

Pasaron los días e intenté una nueva entrevista. Llegué al taller, pero tampoco tuve suerte (o me negaron a Salvador). No hice un nuevo intento.

Diez años más tarde conocí al joven ufólogo Óscar García. Habían pasado casi cuarenta años desde la publicación del libro de Villanueva. Me propuso investigar el caso. Nuevamente me había llegado la apatía por los casos de contactados y rechacé su invitación[7]. Le di la tarjeta del taller y él fue sólo a la entrevista.

No tuvo mejor suerte, Villanueva había muerto poco tiempo atrás. Se enteró que el contactado pensaba que había sido hipnotizado para hacerlo pensar que había viajado a Venus. Le comentó que le habían propuesto hacer una película sobre su libro, pero el proyecto nunca se concretó[8]. Óscar estableció el contacto entre el hijo de Villanueva y Editorial Mina, quien estaba interesada en reeditar su libro[9].

CONCLUSIONES FINALES

Hemos dejado varias pistas sueltas a lo largo de este trabajo. Es tiempo de recogerlas y analizarlas. Tal vez el lector ya habrá resuelto el “misterio”. Pero si no es así, preste atención.

Decíamos que M. Gebé (Manuel Gutiérrez Balcázar), el periodista que dio a conocer el caso de Salvador Villanueva Medina, lo conoció antes de la conferencia de los esposos Reeve. Es sospechoso que haya adoptado una actitud de asombro cuando, en la conferencia de los norteamericanos, Villanueva levantó la mano para afirmar que él se había contactado con seres de otro mundo. ¡El mismo M. Gebé lo había invitado a la conferencia!

De hecho Gutiérrez conoció a Villanueva aún antes de que, supuestamente, Villanueva le enviara la carta que relataba su historia de contacto. Ambos personajes se conocerían en el submundo de los círculos esotéricos y místicos de la Ciudad de México, de los que eran asiduos visitantes.

Villanueva visitaba los círculos espiritistas, tratando de mejorar su situación económica. Gutiérrez hacía lo mismo, no sabemos si por los mismos motivos, pero sí para documentarse y luego escribir sus artículos en periódicos y revistas, nacionales y extranjeros (era corresponsal de Fate y de diarios en Venezuela y la Argentina).

Es cierto que los libros de Adamski se tradujeron al español después de que apareció la historia de Villanueva. También lo es que el contactado mexicano, casi analfabeto, difícilmente podría haber conocido la historia del contactado norteamericano. Pero para Gutiérrez eso no era imposible. Antes bien, no se hubiera esperado algo distinto. Hablaba y escribía perfectamente el inglés, estaba interesado en los temas paranormales y su trabajo era justo el relatar esas historias en sus periódicos. Manuel Gutiérrez conocía el caso Adamski aún antes de que apareciera el relato de Villanueva.

No es de extrañar que la descripción que hace Villanueva de la nave que encontró en un lugar cercano a Ciudad Valles, coincida como una gota de agua a otra, con la descripción y las fotografías de las naves adamskianas:

“Una majestuosa esfera achatada se apoyaba en tres boyas que formaban triángulo. Tenía, en la parte superior, un cable ligeramente inclinado hacia dentro, como de un metro de altura, circundado de agujeros que semejaban ojos de buey como los que usan en los barcos”.

PlatoAdamski Fotografía de Adamski de una de las naves venusinas.

Desde esta perspectiva, tampoco hay problemas ni incongruencias con lo que ya el periodista Rafael Solana apuntaba: “¿Cómo el hombre que ha escrito este relato amable y entretenido puede tener la sumaria cultura que revela grafológica y ortográficamente?

Y no hay incongruencia si pensamos que el que escribió el relato y el libro fue el propio Manuel Gutiérrez Balcázar. Pero, ¡un momento!, me podrá decir el lector. Villanueva mismo dijo que le había solicitado al periodista le ayudara en la redacción de su historia. Eso es cierto y eso podría explicar la incongruencia. De hecho explica el porqué son similares ambos etilos de redacción (en particular el uso excesivo, para mi gusto, de los puntos suspensivos)

Pero lo anterior no explica por qué también son similares los estilos en el relato de Antonio Apodaca. Este último relato, se supone, fue escrito por Salvador Villanueva, sin la ayuda de Manuel Gutiérrez y sin embargo encontramos la misma forma de redactar.

Esto parece indicar que Gutiérrez escribió ambos relatos y utilizó a Villanueva presentándolo como el autor. Eso si, uso partes de la biografía del taxista, como el personaje de Antonio Apodaca, tío de Villanueva en la vida real, o algún viaje que éste había realizado hacia Ciudad Valles y que formó la base del cuento sobre el contacto con extraterrestres.

Gutiérrez tenía varios compromisos con sus columnas en los periódicos y las revistas. Había pasado la oleada mexicana de 1950 y apenas comenzaban a llegar los relatos de la oleada francesa de 1954. Las noticias de ovnis no abundaban. Era necesario inventar algunas historias[10].

Villanueva20 Salvador Villanueva Medina hacia el final de sus días.

La historia del contacto de Villanueva se fue puliendo poco a poco. Al principio no se daban detalles, como en el caso del lugar del encuentro. En el primer artículo de Gutiérrez se dice: “Ya en la tarde, habríamos caminado unos qui­nientos y pico de kilómetros”. Pero luego se afina el detalle y se nos dice que ocurrió justo en el kilómetro 484. Quizás, y esto es pura especulación, Villanueva le relató algún viaje hacia Laredo y le dijo que el auto se le había descompuesto justo después de pasar Ciudad Valles. Al ver un mapa de carreteras de la época, la distancia anotada debió ser 500 kilómetros hasta Ciudad Valles. Y si el percance ocurrió después de Ciudad Valles, entonces la descripción sería “unos quinientos y pico de kilómetros”. Luego del viaje de investigación con los Reeve, al verificar las distancias, se ajusto el dato a 484 kilómetros.

Para publicar el libro se necesitaba dinero. Como dice Villanueva, en ese entonces pocos eran los editores mexicanos interesados en publicar libros de platos voladores. Era necesario pagar la edición. Tal vez Gutiérrez estuvo buscando algún editor, pero sin suerte (de nuevo, esto es pura especulación). Por eso pasaron tres años antes de publicar el libro. Finalmente se dio cuenta que sólo pagando la impresión podría ver el libro.

Pero había un problema. Villanueva era un pobre chofer que a duras penas mantenía a su familia. De ahí surge la historia del boleto premiado de la lotería. Y esto no es especulación.

Manuel Gutiérrez Balcázar siempre trató de mantener la distancia justa entre él y el relato de Villanueva. En el relato, por ejemplo, no identifica al fotógrafo que los acompañó a la excursión a Ciudad Valles, que era su hijo Salvador Gutiérrez. Por eso tampoco quiso aparecer como quien aportó el dinero para publicar el libro. Pero se le escaparon algunos detalles, como cuando escribe (adjudicándoselo a Villanueva):

“Y éste es el motivo por el que decidí escribir mi relato con amplitud y sin las limitaciones que impone el periodismo. Espero que perdonen mi osadía”.

Gutiérrez Balcázar quería ver la obra completa terminada en forma de libro. Las “limitaciones que le imponía el periodismo” era la falta de espacio. Pero en un libro se podía extender todo lo que quisiera.

Y decíamos que eso ya no era especulación porque, cuando hablamos con el periodista Roberto Acevedo, lo primero que nos dijo, riéndose, fue que todo había sido una invención de Manuel Gutiérrez Balcázar, que había utilizado a Salvador Villanueva Medina como el supuesto autor de ese viaje fantástico y que él mismo había pagado la edición del libro, así como una cantidad a Salvador por el favor y para que guardara el secreto.

Eso explica por qué Villanueva no quiso cobrar regalías por el libro. Más bien no podía, porque no era una obra de él. Y su verdadero autor tampoco podía, pues se hubiera desenmascarado. De esa forma un engaño más paso a engrosar la historia de la ufología.

REFERENCIAS

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[1] Así en el original.

[2] La entrada se cobró a 5 pesos y se vendieron más entradas que las butacas del teatro. Parece que los Reeve, por amistad, tratan de proteger a Adamski. El había entrado al país con permiso de turista y no podía ejercer ningún trabajo remunerativo, sin solicitar un permiso. Sin embargo no he podido investigar si Adamski cobró o no por esa conferencia. Queda la duda.

[3] En ese entonces era el director de Ferrocarriles Nacionales de México.

[4] Me imagino lo incómodo que se han de haber sentido los dos contactados. Adamski nunca se imaginó que otro “loco” saldría con una historia similar a la de él. Villanueva estaría nervioso al enfrentarse con el contactado norteamericano y que descubriera sus mentiras. Ambos medirían perfectamente el terreno para no dar pasos en falso. Debió haber sido una situación bastante tensa y Adamski, para no generar conflictos y terminar con el transe, declaró que el encuentro de Villanueva era auténtico. Pero, seguro, ambos se han de haber quedado con la idea de que el caso del otro era un fraude (ya estaban conscientes de que el propio… también lo era). Adamski atacaría a Villanueva ya lejos del país, cuando estaba en Alemania, demostrando lo anterior.

[5] El músico y ufólogo inglés Timothy Good escribió en su libro de 1998 que,” Villanueva le dio (la clave) sin dudarlo”. (Good Timothy, Alien Base – The Evidence For Extraterrestrial Colonization of the Earth, Arrow, Inglaterra, 1998, Págs. 213-217.)

[6] ¿Las limitaciones que impone el periodismo? ¿Por qué un taxista se iba a preocupar por esas limitaciones? Eso tendrían que hacerlo los propios periodistas. Ya nos estamos acercando a la “clave”.

[7] También rechacé otras investigaciones que me propuso Óscar, como lo del agua de Tlacote, entre otras.

[8] Independientemente Héctor Escobar Sotomayor supo de esta propuesta y lo relata en su libro (Escobar Sotomayor Héctor, 500 años de ovnis en México, Vol II, Corporativo Mina S.A. de C.V., México, 1995.)

[9] Villanueva Medina Salvador, Yo estuve en el planeta Venus, Corporativo Mina S.A. de C.V., México, 1995. 112 s.

[10] Esto no es extraño. Lo viví en varias revistas de ovnis, como Contactos Extraterrestres y Contacto Ovni. También se puede leer en los trabajos de editores de revistas ufológicas, como Timothy Green Beckley y James Moseley.

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3 pensamientos en “Viaje a Venus en un plato volador. La increíble historia de Salvador Villanueva (Final)”

  1. Soy nieta de Manuel Gutiérrez Balcazar, en relación al articulo viaje a Venus en un plato volador como dice el autor puras especulaciones

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