Extraterrestres ante las cámaras Vol. 5

EXTRATERRESTRES ANTE LAS CÁMARAS VOL. 5

Extraterrestres Ante Las Camaras 5 Recorrer las páginas de este libro es transitar por los recuerdos de personajes y sucesos que apasionaron por décadas al público argentino, desbordando las fronteras mediante los cables de las agencias noticiosas. Ellos generaron las más diversas reacciones frente a tan desmesurados relatos y sospechosas evidencias gráficas.

La fotografía debiera ser uno de los elementos probatorios más firmes acerca de los extraños fenómenos reportados, respaldando incluso el testimonio, pero la experiencia muestra su falibilidad, sumada a la habitual ausencia de una corroboración visual. Se transita por un límite difuso con la realidad.

Tal como lo expone el prolífico y respetable ufólogo mexicano Luis Ruiz Noguez en esta obra, numerosas fotografías de presuntos seres extraterrestres, surgen de manchas, reflejos, insectos, piedras, arbustos, y de cualquier otro elemento dispuesto o interpuesto en la cámara, y que no ha sido visto o reconocido por el ojo humano. Sólo cuando se tiene la fotografía delante, aparece la inesperada –y a veces, deseada– imagen frente al fascinado observador. Estará por determinar si pretenden embaucar al público, creyéndolo ingenuo, o si son ellos los incautos y ardorosos soñadores.

Las pruebas proyectivas utilizadas en psicología permiten comprender los mecanismos de la psique y las maneras en que se originan estas imágenes. En las pruebas suele exhibírsele al sujeto figuras ambiguas, o difusas. Siendo la percepción un acto psíquico –no exclusivamente sensorial–, en sus respuestas irán a manifestarse las actitudes y el inconsciente. Es probado que el mundo que nos rodea es visto e interpretado de acuerdo a la capacidad, la experiencia y los intereses.

Uno de los tests más difundidos, el Rorscharch, nos ilustra sobre estos conceptos. En su administración, al sujeto se le mostrará una serie de láminas –manchas de tinta– con figuras imprecisas y se le dice que comunique lo que ve o imagina en ellas, o señalar su semejanza y parecido con algo de la realidad o de la fantasía. Tendrá, pues, que dotar de significado a unos estímulos, que no tienen ningún significado.

A ese respecto, cuantiosas fotografías donde se cree observar la presencia de seres antropomorfos (interpretados y descriptos como tales, sea por la forma, la textura, la luminosidad o por los detalles), revelan la dinámica y estructura de la personalidad de quien dice verlos. Un procedimiento análogo opera en la ilusión. Desde luego, esta disposición suele ser más notoria y desproporcionada cuando va acompañada de una lucubración fabulosa (seres de luz, gnomos, extraterrestres, etc.), que intenta explicar el origen de lo registrado por la cámara, apoyado sólo en el aspecto o la apariencia de unas siluetas. El convencimiento previo y la sensatez desempeñan un rol preponderante.

En efecto, las fotografías poseen un singular atractivo que encuentra en ciertos individuos un campo propicio para desplegar las ficciones o fantasías de naves y tripulantes siderales, como una salida providencial de las presiones psíquicas. Asimismo, sujetos inescrupulosos suelen trucar las imágenes y, con destreza, resistir las pericias técnicas. Se trata de fraudes de la más variada elaboración. Esta circunstancia es un estigma que contribuye a desvalorizar a priori tales documentos. Un descrédito que tiñe las imágenes eventualmente genuinas, registradas por personas honestas que pudieren haber fotografiado algo que no alcanzan a explicar.

Es justo valorar los documentos fotográficos teniendo en cuenta quién los obtuvo, ya que la confiabilidad de los informes no difiere en absoluto de los testimonios oculares. He aquí donde la evidencia gráfica se arroga cierta objetividad, más allá de lograr precisar su naturaleza, pues materializa en forma perdurable la impresión subjetiva de los testigos frente a un fenómeno inusual.

No obstante lo expuesto, la contribución de tales documentos al quimérico esclarecimiento del problema ha sido muy escaso –sino, nulo–, a pesar de la expansión y de las excepcionales posibilidades que ofrece la fotografía digital como instrumento de investigación aplicado a la ufología: precisar la morfología, desentrañar la naturaleza, las características… Casi siempre las imágenes capturadas continúan siendo producidas por ocasionales y desprevenidos testigos, o por algún gurú o su séquito de entusiastas puestos a la caza de ovnis.

Precisamente, Luis Ruiz Noguez nos brinda, con soltura, humor e ironía, un relato ameno y de patético realismo sobre estos aspectos de la ufología argentina, cuyos principales animadores no parecen ser los extraterrestres, ni aún sus presuntos retratos, sino los figurantes bien terrestres. No es necesario aventurarse en el cosmos para sorprenderse, e incluso maravillarse. La realidad desafía y supera cualquier intento. El autor demuestra, una vez más, que para alcanzar a comprender a la extraterrestres, debe empezar por desentrañarla ese fenómeno que es el ser humano, tendiendo una mirada hacia sí mismo y a su rededor.

El título de la obra: Extraterrestres ante las cámaras, propone algo más que examinar cuantas fotografías de extraños seres de dudosa procedencia que visitaron el territorio argentino. Consiste en fijar el ojo sobre la lente, no perder de vista la escena de los extraterrestres y, entre bambalinas, observar detenidamente todo cuanto ocurre aquí, en la Tierra, y a quienes pergeñan tanta ficción.

A fin de cuentas, no consiste en desacreditar a los ovnis. Se trata –por sobre todas las cosas–, en acreditar la verdad. Una verdad que subyace sobre la realidad que no es siempre lo que aparenta.

Roberto Enrique Banchs

Buenos Aires,

Mayo 2010

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