El misterio de las centellas (312)

El misterio de las centellas (312)

Mi amigo y yo estábamos disfrutando de un día de relax haciendo picnicing por el río de Delaware (en los años 90, tal vez a finales de los 80). Una fuerte tormenta se acercaba al oeste de nuestra ubicación. Nuestro vehículo estaba estacionado a media milla de distancia, por lo que decidimos sentarnos y cubrirnos de la tormenta con nuestras canoas de aire (que habíamos traído para flotar en el río) Nos dimos cuenta que caminar no era la mejor de las ideas, cuando vimos que la tormenta producía truenos increíblemente fuertes y varios relámpagos gigantes caían en la distancia.

Cuando nos sentamos en nuestras lanchas experimentamos un dramático cambio de temperatura y lluvia torrencial.

Luego apareció una bola de luz blanca y brillante de 12 pulgadas, a unos 20 pies de la tierra. Llegó del lado izquierdo y se fue hacia la derecha delante de nosotros (a unos 12 pies de distancia). Parecía venir de la dirección de los relámpagos. Mientras se movía lentamente descendió alrededor de unos 6 pies de la tierra y se dispersó con un fuerte crujido (que pareció más a un pop de un globo inflado).

Continuamos sentados en la tormenta (congelados allí, preguntándonos, “¿Viste eso?”) Esa experiencia nunca la voy a olvidar. Todavía cuento la historia cuando se acerca alguna tormenta de verano, aunque mi familia piensa que soy un poco extraño. Me gusta leer otros relatos de este notable trabajo de la naturaleza.

B Grabin

E. Stroudsburg, P.A. USA

Roy Brown. Balcón del fin del mundo

Balcón del fin del mundo – Roy Brown

Desde el balcón del fin del mundo

veo lo bello y lo terrible,

como cuando el halcón

se lanza a la caza,

como cuando la nube

se torna en borrasca.

A lo lejos un espejismo

toma forma de isla

de farallón,

y el cielo y el mar,

como la muralla de Berlín,

y el cielo y el mar

parecen no tener un fin.

Desde el balcón del fin del mundo

veo una barca diminuta

que, como una pesadilla, avanza;

la yola es un corazón gigante,

la yola es un alma migrante

que sobre un mar sin olas avanza,

deslizándose como un bailarín.

Abajo en el caserío muriendo de calor,

a la distancia un platillo volador.

Son más de cien los timbaleros

que interrumpen el silencio

con un pregón de locos

y una bienvenida sin violines

pero bienvenida al fin,

al balcón del fin del mundo.

Avanza, corazón, la brisa a galope,

como antílope en fuga, se esconde,

latiendo con un querer quedarse y avanzando,

es como ir llegando

al balcón del fin del mundo.