¡Aguas! ¡Ahí viene Nibiru!

ESCRUTINIO

¡Aguas! ¡Ahí viene Nibiru![1]

Juan José Morales

Pues ahora resulta que el viernes 21 de diciembre de 2012 no comenzará una nueva era como supuestamente se dice en la versión «light» y tranquilizadora de las inexistentes profecías mayas, sino que siempre sí se acabará el mundo, como inicialmente se dijo. Todos los gobiernos lo saben. O al menos los más importantes. Pero se lo tienen muy calladito para que no cunda el pánico. Y a quienes podrían advertirnos de la fatalidad que nos amenaza «”o sea los astrónomos»” ya se les advirtió «”a todos, todititos los astrónomos de todos los observatorios de todo el mundo y sus alrededores»” que no digan ni pío, so pena de meterlos a la cárcel. Y todos, muy obedientes, han cerrado el pico.

clip_image002En esta imaginaria representación de lo que nos espera el 21 de diciembre próximo, puede verse en primer plano a la Tierra y al fondo, acercándosele velozmente para hacerla añicos, Nibiru, cuya existencia no predijeron nuestros ancestros prehispánicos pero, casualmente, se estrellará contra nuestro planeta el meritito día que se cierra un ciclo del calendario maya.

Si los astrónomos saben pero ocultan el próximo fin del mundo, es porque vienen siguiéndole el rastro a un gigantesco planeta, llamado Nibiru, cuatro veces mayor que la Tierra, el cual se viene derechito para acá, en rumbo de colisión con la Tierra. Y aunque llegáramos a librarnos del choque por un pelo, de cualquier manera pasaría lo bastante cerca para que su poderosa atracción gravitacional provoque terremotos de magnitud inimaginable capaces de arrasar ciudades enteras, así como descomunales tsunamis y mareas colosales que barrerían las áreas costeras hasta decenas o cientos de kilómetros tierra adentro.

La historia de estas apocalípticas predicciones se remonta a los años 40 y 50 del siglo pasado. Los astrónomos creyeron ver ciertas discrepancias en sus cálculos sobre las órbitas de Urano y Neptuno, planetas situados en los confines del sistema solar, y de esas anomalías no faltó quien dedujera la existencia de un planeta situado más allá de Plutón (que, por cierto, ya fue degradado a la categoría de planetoide debido a su pequeño tamaño). Pero finalmente resultó que esas diferencias entre las órbitas previstas y las reales, se debían simplemente a que se había sobrestimado la masa de Neptuno.

Sin embargo, una tal Nancy Lieder, norteamericana, no sólo siguió sosteniendo que hay un planeta transplutoniano, sino que dijo haberlo confirmado de primera mano: porque «”decía muy seriamente»” unos seres extraterrestres procedentes del sistema estelar Zeta Reticuli, le implantaron en el cerebro un dispositivo para recibir sus mensajes, y ellos le pidieron avisar a la humanidad que Nibiru pasaría rozando la Tierra el 27 de mayo de 2003 y haría detenerse su rotación exactamente por 5.9 días, con los consiguientes desastres (para empezar, toda construcción se vendría abajo por la súbita desaceleración). Según tengo entendido, no sucedió nada en esa fecha (si alguien vio pasar a Nibiru, por favor, que me avise).

Pero todavía hay quienes siguen con lo del mortífero planeta y afirman muy seriamente que su proximidad ya ha comenzado a dejarse sentir en forma de terremotos y cambios en el clima. Sólo que, si ya estuviera tan cerca como para provocar tales efectos, los astrónomos no podrían seguir ocultando su existencia: sería visible a simple vista.

Todo este asunto no tiene pies ni cabeza. Es tontería pura y simple. Pero hay quienes se lo creen y están totalmente convencidos de que a la humanidad le quedan menos de diez meses de vida, pero los gobiernos se han puesto de acuerdo para evitar que lo sepamos y la muerte nos sorprenda tranquilos y felices.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 8 de marzo de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales.

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