Pepino de mar

IMPACTO AMBIENTAL

Feo, pero sabroso y muy cotizado[1]

Juan José Morales

Al ver una holoturia o pepino de mar, como popularmente se conoce a estos animales —de los cuales hay unas 1 200 especies en todo el mundo—, difícilmente podría imaginarse que sea tan apreciado y alcance tan elevados precios. Aunque emparentadas con las estrellas de mar, las holoturias no tienen nada de su simétrica belleza. Parecen un salchichón con la piel dura y rugosa. Pero en la cocina oriental se consideran una delicia gastronómica, y debido al desarrollo económico de los países asiáticos, hay ahora una gran demanda, lo cual ha ocasionado la sobrexplotación del recurso. Ya desde hace más de dos años la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la FAO, advirtió que en todo el mundo las reservas de pepinos de mar están sometidas a una intensa presión pesquera y las especies de mayor valor comercial se han agotado en gran parte. En la mayoría de los países analizados y en las regiones de África y el Océano Índico, están sobrexplotadas, y en la región de Asia-Pacífico las especies más buscadas están casi agotadas.

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Un ejemplar de pepino de mar de la especie Astichopus multifidus, una de las tres que se capturan en la península. Estos primitivos animales se alimentan haciendo pasar los sedimentos del fondo por su sencillo sistema digestivo, para extraer la materia orgánica que contienen. Foto de Rachel Collin, Institución Smithsoniana.

Por ello se han venido abriendo pesquerías de pepino de mar en lugares cada vez más distantes de Asia. En la década de los 80, por ejemplo, se comenzó a explotarlo en el Pacífico mexicano, y ahora se ha iniciado su pesquería en Yucatán y Campeche, en cuyas aguas al parecer hay abundantes existencias y la captura puede realizarse durante la temporada de veda de la langosta y con los mismos equipos y embarcaciones usados para la pesca de este crustáceo.

Sin embargo, quizá habría que actuar con suma prudencia, pues la experiencia de otros lugares indica que aún en condiciones bastante favorables se puede caer fácilmente en problemas. Un reciente estudio sobre las pesquerías de holoturias en diversas regiones del mundo realizado por biólogos canadienses indica que en el último medio siglo, casi todas las nuevas pesquerías declinaron tan rápidamente como se expandieron. Es decir, hubo un breve período de bonanza y constante incremento de las capturas, pero pronto éstas comenzaron a mermar por la sobrexplotación y la pesca ilegal. Ello ha obligado —como ocurrió con la langosta en el Caribe mexicano— a buscar el producto en zonas cada vez más profundas y distantes de la costa, con el consiguiente peligro para los pescadores, y a extraer ejemplares de talla cada vez menor.

No en todos los casos, sin embargo, ha ocurrido lo mismo, y es que entre el centenar de especies que se explotan comercialmente, hay grandes diferencias biológicas que deben ser bien conocidas para regular adecuadamente la pesquería. Un caso muy ilustrativo, que refieren los biólogos Ernesto Chávez Ortiz y Dinorah Herrero, del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del Instituto Politécnico Nacional en La Paz, Baja California Sur, es el del pepino de mar en aguas de la Baja California. Se capturaban —señalan— dos especies: Isostichopus fuscus y Parastichopus parvimensis, ambas con idénticos métodos e igual intensidad. Pero mientras el primero pronto mostró señales de sobrexplotación, el segundo no. La explicación, dicen Chávez y Herrero, es que Isostichopus es un animal grande, que alcanza hasta un kilo, vive 20 años y comienza a reproducirse a los cinco. El otro, en cambio, es pequeño —medio kilo—, no vive más de seis y comienza a reproducirse a los dos. Esto implica que mientras las poblaciones del primero no pueden recuperarse de una intensa explotación, las del segundo tienen mayores probabilidades de lograrlo.

Pues bien, en aguas de la península, se están explotando tres especies: Isostichopus badionotus, Holothuria floridana y Astichopus multifidus. Cada una tiene sus características, y de aquí la necesidad de ampliar los estudios científicos acerca de ellas para poder administrar debidamente el recurso y evitar caer en la sobrexplotación.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 2 de enero de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales.

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