La invasión de los intraterrestres

IMPACTO AMBIENTAL

La invasión de los intraterrestres[1]

Juan José Morales

En varias ocasiones hemos escrito en esta columna sobre los daños ambientales ocasionados por especies exóticas que deliberada o accidentalmente fueron introducidas a México y terminaron convirtiéndose en devastadoras plagas, lo mismo los peces diablo que las cotorritas argentinas, el lirio acuático o las casuarinas.

Y no se trata de episodios ocasionales o casos aislados. A la fecha, se han registrado en México nada menos que 358 especies animales y vegetales consideradas invasoras, en el sentido de que causan serias afectaciones a los ecosistemas o desplazan a especies nativas de importancia ecológica o comercial. Es más: 44 de ellas están consideradas entre las cien especies animales o vegetales más nocivas del mundo.

clip_image002Por su extraña apariencia podría parecer algún ser de otro mundo, pero se trata del pez león, Pterois volitans, una peligrosa especie invasora que ya se ha establecido en aguas del Golfo de México y el Caribe.

Por lo demás, esos tres y medio centenares no son todas las especies de carácter exótico identificadas en el país. El listado comprende en total 1 172, de no pocas de las cuales hemos sido víctimas en la península. El amarillamiento letal del cocotero, que acabó con las plantaciones de esa palmera a todo lo largo de las costas peninsulares, por ejemplo, se debe a un virus propagado por cierta chicharrita, denominada Mindus crudus, que llegó desde Florida en un cargamento de pasto para la zona hotelera de Cancún. La casuarina o pino de mar, introducida de Australia, es un árbol indeseable que causa graves daños a la fauna y la vegetación de dunas costeras. Y sólo una rápida y eficiente acción de las autoridades de sanidad vegetal logró detener a tiempo la invasión de la cochinilla del nopal, que de alguna manera llegó desde Sudamérica pero pudo ser erradicada cuando se le detectó en Isla Mujeres y Contoy. De haberse extendido al resto del país, habría ocasionado una verdadera catástrofe ecológica.

Hasta hace poco tiempo, sin embargo, las especies invasoras las combatían aisladamente distintas instituciones y autoridades, sin una estrategia y una organización centralizadas ni una planificación a mediano y largo plazo. Por fortuna, eso ya se ha superado. Desde 2007, la vigilancia sobre tan indeseables visitantes está a cargo del llamado Subsistema de Información de Especies Invasoras, que es parte del Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad. Su responsabilidad es compilar datos e información sobre las características de las especies o sus poblaciones, evaluar su potencial de dispersión y su distribución original y de las áreas que han invadido, los procesos de invasión y las rutas de introducción, así como conocer las acciones realizadas en otros países para su control o erradicación, a fin de poder planear mejor la manera de combatirlas.

Sobre esto último en particular, también se han tomado medidas específicas. En 2008 se creó un comité asesor, formado por especialistas en las diferentes ramas de la biología y la ecología, que diseñó una Estrategia Nacional sobre Especies Invasoras, orientada por un lado a prevenir, detectar y reducir el riesgo de su introducción, establecimiento y dispersión, y por el otro a elaborar programas específicos de control y erradicación cuando ya hayan llegado al país.

Ciertamente, hacía falta algo así. Si las especies invasoras han sido por siglos un problema, en esta época de globalización económica, facilidades de comunicación y transporte masivo de productos y personas, los riesgos se multiplican enormemente.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 20 de abril de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales

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