Los jejenes, mucho más que una molestia

IMPACTO AMBIENTAL

Los jejenes, mucho más que una molestia[1]

Juan José Morales

Una de las enfermedades que desde hace mucho tiempo han sido un azote en las zonas selváticas de Quintana Roo es la leishmaniasis o úlcera del chiclero. La ocasiona cierto parásito, un protozoario, transmitido por la picadura de las pequeñas moscas del género Phlebotomus popularmente conocidas en México como jejenes y a las cuales en algunas publicaciones se denomina mosquitas de la arena por traducción de su nombre común en inglés, sand flies.

clip_image002Un flebótomo o jején henchido de sangre. Aunque mucha gente considera mosquitos a estos insectos, en realidad son moscas. Se alimentan con materia vegetal pero las hembras requieren chupar sangre de vertebrados para producir huevos fértiles.

Este mal puede presentarse en dos formas: visceral, caracterizada por una inflamación del hígado y el bazo que por su severidad llega a causar la muerte, y cutánea, en la cual se desarrollan ulceraciones en la piel. El nombre común de úlcera del chiclero obedece a que durante el siglo pasado, cuando Quintana Roo y el sur de Campeche se hallaban casi despoblados y prácticamente no había más actividades productivas que el corte de maderas preciosas y la extracción de chicle, afectaba sobre todo a quienes se dedicaban a esta última, los chicleros, que pasaban meses en plena selva expuestos a la picadura de jejenes.

Pero la leishmaniasis no es sólo un recuerdo. Se mantiene todavía como una enfermedad endémica en la península, particularmente en Quintana Roo, donde cada año la Secretaría de Salud estatal registra un gran número de casos, especialmente entre campesinos que realizan sus actividades en la selva.

Sin embargo, y por sorprendente de parezca, pese a ser un problema de salud pública añejo y actual, casi no se han realizado estudios sobre el agente transmisor. Es decir, los flebótomos o flebotominos, las mosquitas que con su picadura inoculan el protozoario causante de la leishmaniasis. De la falta de información sobre el particular es buena muestra el hecho de que no se sabe con exactitud cuántas especies de ellos hay en la región y cómo están distribuidas.

De aquí la importancia de la investigación acerca de los flebótomos de Quintana Roo realizada por Emigdio May Uc, Héctor Hernández Arana y Eduardo Rebollar Téllez, los dos primeros de la Unidad Chetumal de El Colegio de la Frontera Sur y el tercero de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

El estudio, publicado en la revista Acta Zoológica Mexicana, tuvo como objetivo determinar qué especies hay en el estado, su distribución y la mayor o menor abundancia de cada una en las diferentes zonas de la entidad.

Entre otras cosas, el estudio permitió registrar cuatro especies más en Quintana Roo, que sumadas a las 19 hasta entonces identificadas, eleva el total a 23. En Campeche «”dicen los autores»” se han registrado 16 y en Yucatán 11. Desde luego, la mayoría son comunes a los tres estados, de modo que para la península de Yucatán el total es 32. En todo México se han registrado hasta la fecha unas 40 especies de las 700 que hay en todo el mundo. Resulta así que la península alberga más del 75% de las existentes en México, y tan sólo en Quintana Roo se encuentra más de la mitad de las especies peninsulares.

Y un detalle importante es que entre las especies dominantes tanto en el norte como en el centro y sur de Quintana Roo, cuentan aquellas que son transmisoras de la leishmaniasis, como la Lutzomyia shannoni y la Lutzomyia cruciata.

Se encontró también una mayor abundancia de jejenes y mayor riqueza de especies en la zona norte del estado que en el sur, lo cual contradijo la idea de que debería ser al revés, dado que en el sur las condiciones naturales «”selva más densa y mayor precipitación pluvial»” resultan más favorables para la existencia de estos insectos. Pero, al parecer, esta fue una situación anómala, ya que el estudio se realizó poco después de que el huracán Dean azotara el sur de Quintana Roo, y es sabido que esos fenómenos diezman las poblaciones de insectos y usualmente pasa un año antes de que se restablezcan. Para conocer la situación real habrá que realizar otros estudios. Pero mientras tanto, la información derivada de este estudio puede ser muy útil para planear el combate a la leishmaniasis, la úlcera del chiclero.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 25 de mayo de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales.

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