México como basurero industrial

IMPACTO AMBIENTAL

México como basurero industrial[1]

Juan José Morales

Pues ya resultó que Gabriel Quadri, el candidato de Elba Esther Gordillo, también arrastra cola pisable. Pequeña, ciertamente, pero sólo porque fue muy breve el tiempo que tuvo para desarrollarla: su paso por la dirección del Instituto Nacional de Ecología de 1994 a 1997, durante el gobierno de Ernesto Zedillo.

Y el rabo, aunque corto, no deja de ser gordo. Se refiere a la autorización que Quadri dio en ese entonces para construir un basurero de desechos tóxicos cerca de la población de Parras, Coahuila. Así lo recordó Jesús González Schmal, ex candidato a la gubernatura de ese estado y actual candidato a senador por el PRD. La autorización, subrayó, la otorgó Quadri antes siquiera de que se aprobara la manifestación de impacto ambiental del basurero, el cual finalmente fue clausurado después de una larga lucha legal en la cual participó el ahora candidato perredista y los pobladores afectados demostraron las violaciones a la ley que había cometido Quadri para permitir la operación del pomposamente llamado Centro Integral de Manejo y Aprovechamiento de Residuos Industriales (Cimari).

clip_image002Una de las nutridas manifestaciones con que los habitantes de Zimapán, Hidalgo, han estado protestando durante años por la instalación de un peligroso basurero de residuos industriales tóxicos, exigiendo su clausura.

Tras la denuncia de González Schmal, el candidato gordillista le respondió presentándose —con su acostumbrado estribillo— como víctima de “los políticos de siempre” y acusando a su acusador nada menos que de “traidor ambiental” porque, dijo, “por su culpa y por sus intereses, impidió que se construyera una instalación de infraestructura para el manejo de residuos industriales… (que ahora) se van a los ríos, a las cañadas”.

Lo que no dice Quadri, es que el tiradero de Parras iba a recibir desperdicios industriales de alta toxicidad procedentes de Estados Unidos, los cuales —según explicó González Schmal— se trasladarían en grandes volúmenes desde Texas por ferrocarril y en el viaje de regreso las góndolas se aprovecharían para transportar automóviles fabricados en Coahuila. Los industriales norteamericanos se ahorrarían así los altos costos que implica deshacerse de esa peligrosa basura conforme a las estrictas normas vigentes en su país, y en cambio, por una bicoca, podrían deshacerse de ella en nuestro país a costa de la salud y la vida de los mexicanos. Y cabe preguntarse quién resultaría ser el traidor ambiental: ¿quien se opuso a tal cosa o quien la permitió?

Tan escandaloso resultó el asunto que, al perder la Semarnat el juicio y verse obligada a cancelar la autorización para el basurero, Quadri fue echado de la dirección del INE y vio así frustradas sus aspiraciones de ser el secretario de ecología de Vicente Fox, puesto por el cual —dicho sea de paso— compitió con otro singular personaje de la política mexicana: el primer dueño del llamado Partido Verde Ecologista, Jorge González Torres, alias El Viejo Verde, padre de El Niño del mismo color y heredero de ese negocio político.

Pero lo más importante de todo esto es que, si bien los lugareños lograron impedir que en Parras se estableciera ese peligroso basurero, tiraderos del mismo tipo han venido proliferando desde entonces en muchos lugares del país, incluso en el propio Coahuila. A menudo se les disfraza como instalaciones de manejo y aprovechamiento de residuos, peor no son más que sitios de confinamiento, en los cuales se depositan miles y miles de toneladas de peligrosos contaminantes y ahí se dejan abandonados. Un ejemplo es el confinamiento de residuos tóxicos construido en Zimapán, Hidalgo, por la firma española Abengoa con una mínima inversión de 12 millones de dólares y el pago de diez mil pesos mensuales de renta por las 133 hectáreas de tierras ejidales que ocupa. Consiste en enormes cavidades de 800 metros de diámetro por 160 de profundidad, a los cuales se pueden arrojar más de 600 mil toneladas de desechos peligrosos que conservarán su toxicidad por siglos y pueden contaminar gravemente el agua de los mantos subterráneos.

El tiradero de Zimapán, por cierto, fue autorizado en la misma época en que Quadri estuvo al frente del INE, aunque ignoro si él personalmente tuvo algo que ver con los permisos.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 14 de mayo de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales.

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