Ni malos ni buenos, simplemente escualos

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Ni malos ni buenos, simplemente escualos[1]

Juan José Morales

¿Hay tiburones en Cancún? Los hay, y también en Playa del Carmen, y otros sitios de la costa de Quintana Roo. ¿Son un peligro para los bañistas? La mejor respuesta la dan las estadísticas. Según el Registro Internacional de Ataques de Tiburones, que mantiene la Universidad de Florida, de los 75 ataques no provocados de tiburones a bañistas, buceadores y surfistas documentados en todo el mundo en 2011, en Estados Unidos ocurrieron 29, de los cuales 11 en las playas de la Florida. En México hubo tres «”ninguno mortal»”, de ellos dos en Cancún.

Pero «”y esto es lo más importante»” ese par de ataques en aguas cancunenses fueron resultado de lo que parece una situación peculiar que debe, no obstante, ser tomada en cuenta para adoptar medidas precautorias. Ambos ocurrieron en la misma zona, de Punta Cancún, donde como parte de las obras de restauración de playas se construyó una escollera de 400 metros de longitud entre la orilla y unos islotes cercanos, para impedir que las corrientes que fluyen hacia el norte a lo largo del litoral se lleven la arena de las playas y las erosionen.

clip_image002Ciertamente, a nadie le gustaría toparse cara a cara con el animalejo de la foto. Pero difícilmente podría ocurrir. Si bien el famoso y feroz gran tiburón blanco Carcharodon carcharias «”un monstruo de 7.5 metros y una tonelada, estrella de incontables documentales de televisión»” existe en el Caribe mexicano, nunca se le ve cerca de la orilla, pues habita aguas muy profundas.

La estructura aparentemente «”y esto habrá que estudiarlo con mucho detalle»” modificó la circulación del agua de tal manera que hizo aproximarse más a la orilla a los tiburones que desde siempre han rondado por esa zona. Además, los depósitos de arena formaron un extenso playón que atrae a gran número de bañistas. O, para decirlo en pocas palabras: ahora hay más gente en el mar y tiburones más cerca de ella.

Algo parecido «”pero incomparablemente más grave»” ocurrió en las cercanías de la ciudad brasileña de Recife, donde tras la construcción de ciertas obras portuarias en la desembocadura de un río se desató una ola de ataques de tiburón. Según se cree, ello se debió a que al ser bloqueado su acceso usual a las áreas de reproducción en la zona, las hembras de tiburón toro Carcharhinus leucas empezaron a buscar otros sitios propicios, y así empezaron a congregarse en las aguas someras de una playa muy frecuentada por bañistas.

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Esta imagen de un tiburón toro, Carcharhinus leucas, permite apreciar una de sus características: la parte dorsal del cuerpo es oscura, para «”vista desde arriba»” confundirse con la negrura de las profundidades. La parte ventral, al contrario, es blanca para, al ser vista desde abajo, mezclarse con la claridad de la superficie. Otras especies tienen una coloración semejante.

En el caso de Punta Cancún, la presencia de tiburones solamente se ha observado en cierta época del año. Durante esos meses se congregan ejemplares machos de dos especies: el toro y el canhuay o galano Carcharhinus limbatus, también llamado de puntas negras por el color de sus aletas. Y fue precisamente en esos meses «”el 30 de enero y el 24 de marzo»” cuando ocurrieron los dos ataques a bañistas. En 2012, no hubo ninguno, aunque se observaron escualos por la zona.

Esto no debe hacer caer en el pánico. Si ya se sabe dónde y cuándo se observan tiburones, no hay más que establecer un adecuado sistema de vigilancia y alertar a los bañistas cuando sea necesario, como se hace en Australia, donde muchas playas son famosas por la presencia de numerosos tiburones de gran tamaño.

Un muestrario de escualos

Por lo demás, no se debe satanizar a los tiburones. Como veremos más adelante, son sólo parte «”muy importante además»” de los ecosistemas, y ofrecen un potencial hasta ahora apenas aprovechado, como atracción turística y en la pesca deportiva. Sobre todo porque en el Caribe mexicano «”y en las aguas de la península en general»” tenemos un amplio muestrario de tipos y tamaños de escualos, desde el diminuto cazón Etmopterus virens, que apenas alcanza los 20 centímetros, hasta el colosal pero inofensivo tiburón ballena o dominó Rhinchodon typus, que llega a 18 metros, del cual ya hemos hablado en Educación y Cultura y es la base de una importante actividad que beneficia a los pescadores de Isla Mujeres y Holbox que realizan excursiones para observarlo en sus zonas donde cada año forma nutridas congregaciones.

Tampoco, y contra lo que mucha gente piensa, los tiburones son sanguinarios cazadores que despedazan a sus presas a dentelladas. Si bien todos son depredadores en el sentido de que se alimentan con presas vivas, algunos comen pequeños animales, como el ya mencionado dominó, que se alimenta con plancton, o el tiburón gata Ginglymostoma cirratum, que aunque puede causar pavor a quien se tope con esta mole de hasta cuatro metros o más, no representa peligro alguno para el hombre, ya que sólo come pequeños crustáceos.

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Los inofensivos tiburones que exhiben en corrales los lancheros de Isla Mujeres para que los visitantes jueguen con ellos, son de la especie Ginglymostoma cirratum. Pueden alcanzar tres metros de largo, y si se les mantiene en cautiverio desde pequeños se familiarizan con el hombre y aceptan su cercanía. El nombre común de gata viene de los barbillones, a manera de bigotes de gato, que posee en la boca y les sirven como sensores para detectar a sus presas, pues son de hábitos nocturnos.

A contrario sensu, no se debe sacar la errónea conclusión de que los tiburones son inofensivos. Entre las especies de aguas peninsulares, hay varios que se distinguen por su ferocidad. El que se considera más agresivo y peligroso, es el tsutsun o jaquetón Carcharodon carcharias, llamado también gran tiburón blanco por la traducción de su nombre en inglés. Es un verdadero coloso que puede llegar a 7.5 metros y una tonelada. Otro tiburón de tamaño similar e igualmente feroz es el alecrín Galeocerdo cuvieri. Tiene también mala fama por su agresividad el dientuso o tintorera Prionace glauca, que llega a seis metros de largo y se reconoce fácilmente por sus aletas pélvicas de bello color índigo azulado. Otros tiburones bastante agresivos, aunque no tan grandes ─sólo unos 3.5 metros─ son el mako Ixurus oxyrinchus, el kanxoc o limón Negaprion brevirostris y el canhuay o galano Carcharhinus limbatus.

Son igualmente temibles las cornudas o martillos, inconfundibles por el extraño aspecto de su cabeza ensanchada lateralmente. Entre las especies que por aquí tenemos pueden mencionarse la Sphyrna zygaena, la S. tiburo y la S. lewini, esta última llamada chata, todas ellas importantes desde el punto de vista pesquero.

Si quiere suicidarse»¦

En cuanto a las probabilidades de que un simple bañista pueda ser atacado por un tiburón, son tan pequeñas que no vale la pena preocuparse. Los buceadores, por sorprendente que parezca, corren mucho menor peligro todavía, lo cual se explica porque a través del visor observan lo que hay a su alrededor y si detectan un tiburón, pueden alejarse o protegerse de él. Quienes corren el mayor peligro son los surfistas o acuaplanistas, ya que al estar tendidos sobre su tabla, con los brazos dentro del agua para impulsarse, el tiburón puede tomarlos por una foca y lanzarse sobre ellos sin ser visto. De hecho, según el registro internacional, el 60% de los ataques han sido contra surfistas, pese a que son muchísimo menos numerosos que los bañistas y buceadores.

clip_image002[9]Los tiburones que se congregan durante los primeros meses del año en Punta Cancún son de la especie Carcharhinus limbatus, ampliamente distribuida en todos los mares tropicales y subtropicales del mundo. Su presencia en aguas próximas a la orilla es normal. Pueden llegar a 2.7 metros de largo. Foto cortesía de Albert Kok.

Y si alguien pretende suicidarse poniéndose al alcance de un tiburón, tendrá que viajar muy lejos. De las 11 muertes registradas el año pasado, tres ocurrieron en Australia, dos en la isla de La Reunión, una pequeña posesión colonial francesa del océano Indico, igual número en las islas Seychelles, también en el Indico, y otras tantas en Sudáfrica. Con un ataque mortal en cada caso, aparecen en la lista Kenia en África y Nueva Caledonia, una colonia francesa del Pacífico ecuatorial. El sitio más próximo donde alguien murió mordido por un tiburón, fue Costa Rica.

De modo, pues, que a nadie debe quitar el sueño la perspectiva de tan horrible muerte. Pero, en cambio, como decíamos, los tiburones han comenzado a ser muy atractivos para los aficionados a la pesca recreativa y cada vez es más popular el buceo para observarlos de cerca, en lo que constituye una experiencia realmente fuera de serie.

Quizá la primera actividad de este tipo fueron las inmersiones en el sitio llamado Los Cuevones, cerca de Isla Mujeres, donde se apostaban ejemplares de la especie Carcharhinus perezi, conocido comúnmente como tiburón de arrecife, que permanecían quietos en el fondo, casi inmóviles, en una especie de sopor. Este anómalo comportamiento «”en general los tiburones no pueden mantenerse en reposo sino que deben nadar incesantemente para hacer pasar el agua de manera forzada por sus branquias y así recibir de ella el oxígeno que requieren»” fue descubierto hace más de 30 años por el pescador isleño Carlos García Castilla, mejor conocido por su sobrenombre Válvula. El informó del hecho al buzo y camarógrafo Ramón Bravo, quien realizó y divulgó las primeras filmaciones de aquellos animales, que fueron bautizados como «los tiburones dormidos de Isla Mujeres». Pero como algunos periodistas e investigadores norteamericanos dieron difusión internacional al asunto, hay quienes creen que los descubridores fueron extranjeros y no mexicanos.

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Un trío de tiburones durmientes Carcharhinus perezi, en aguas de Isla Mujeres. Se les conoce como tiburones de arrecife y tienen la peculiaridad de que pueden permanecer casi totalmente inmóviles en el fondo, sumidos en una especie de sopor. Cuando están en actividad, sin embargo, son especialmente agresivos.

En un principio se pensó que los tiburones aprovechaban las corrientes submarinas. Es decir, se instalaban en lugares, como las cuevas donde habitualmente duermen, en que la topografía del fondo hace que el agua circule a gran velocidad, y podían así recibir en las branquias un flujo continuo, como si estuvieran nadando. Ahora se sabe que, al igual que unas pocas otras especies de tiburones, sí pueden bombear agua a través de las branquias y no dependen exclusivamente del flujo forzado. Por lo tanto no están obligados a nadar todo el tiempo sino que pueden respirar aún sin avanzar ni un milímetro.

Los tiburones durmientes, sin embargo, ya han desaparecido de Los Cuevones, sin que se sepa la causa. Algunos creen que fueron capturados, en tanto que otros opinan que abandonaron el lugar debido a un cambio en las condiciones ambientales.

Víctimas y no victimarios

Pero el tiburón de arrecife no es tan inofensivo como podrían pensar quienes lo veían de cerca, se fotografiaban junto a él e incluso lo tocaban mientras estaba en ese letargo. El Dr. George Burgess, director del Registro Internacional de Ataques de Tiburones, asegura que es el más agresivo en toda el área del Caribe y en general en el Atlántico occidental. Ataca sin provocación y sin el propósito de obtener alimento. Su agresividad, sin embargo, había pasado inadvertida porque, como no tiene rasgos distintivos que permitan identificarlo fácilmente, muchos de sus ataques se atribuían a otras especies con las cuales se le confunde, como el galano Carcharhinus limbatus.

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Con sus 3.5 metros o más, el kanxoc o limón Negaprion brevirostris) es uno de los mayores y más feroces tiburones de aguas caribeñas. Obsérvense las rémoras adheridas a su cuerpo. Estos peces no son parásitos sino que se alimentan con los restos de las presas que devora el tiburón, y se ahorran el trabajo de nadar para seguirlo, viajando de polizones gracias a una especie de ventosas que poseen en la parte delantera del lomo.

Hay que aclarar, sin embargo, que su comportamiento agresivo se ha observado cuando nada libremente, no mientras se encuentra en estado de somnolencia. No puede decirse entonces que quienes se acercan a un tiburón dormido estén coqueteando con la muerte ni cosa que se parezca. Con las precauciones necesarias, cualquier buzo aficionado, en compañía de un guía experimentado, puede contemplar ese singular espectáculo de un tiburón somnoliento.

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Uno de los más bellos tiburones caribeños es sin duda el dientuso o tintorera Prionace glauca, de largo y esbelto cuerpo, veloces y ágiles movimientos, grandes ojos y hermoso color azul metálico, que se vuelve índigo azulado en el lomo. La pesca excesiva ha puesto en peligro a esta especie.

También los grandes tiburones toro de la especie Carcharhinus leucas se han convertido en una atracción turística en Playa del Carmen, donde en los meses de noviembre a marzo se forman congregaciones de hembras de esa especie y se ofrecen excursiones de buceo para observar estos colosos de hasta 3.4 metros de largo que «”dicho sea de paso»” son de los pocos tiburones que pueden penetrar a ríos y lagunas de agua dulce.

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Las grandes extensiones laterales aplanadas que caracterizan la extraña cabeza de las diferentes especies de cornuda o tiburón martillo, al extremo de las cuales se encuentran los ojos, cumplen simultáneamente varias funciones: son planos de sustentación hidrodinámica, ayudan a tener una especie de olfato «estereoscópico», y multiplican la sensibilidad de los mecanismos electrobiológicos que les permiten localizar a sus presas. En la imagen, un ejemplar de Sphyrna lewini o cornuda chata.

La razón de que sólo haya hembras en esos grupos no está muy clara, pero «”a juicio de los biólogos»” es posible que cuando están próximas a alumbrar los tiburoncillos que llevan en el vientre, se aparten de los machos como una estrategia de protección para evitar que al nacer sean devorados por éstos, que no hacen distingos entre otros animales y los de su propia especie.

Pero, más que pensar en cómo proteger al ser humano de los tiburones, hay que pensar en cómo protegerlos a ellos del hombre. Porque la matanza de escualos en todos los mares del mundo alcanza cifras enormes. En 2010, murieron en todo el mundo 12 personas en las fauces de un tiburón. Pero en ese lapso los pescadores mataron a no menos de 30 millones de tiburones, y quizá hasta 70 millones. La cifra exacta se desconoce ya que en gran parte la pesquería comercial de estos peces es artesanal y no se lleva un registro estadístico. O bien, los capitanes de buques que los capturan sólo para cortarles las aletas «”que alcanzan elevados precios»” y tirarlos después al mar para que mueran, no informan sobre la cantidad que pescaron.

Tan grave es la situación, que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha enlistado casi 130 especies de tiburones amenazadas o en peligro de extinción por la sobrepesca. Casi todas ellas existen en aguas mexicanas.

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Izquierda, el menor de nuestros tiburones, el cazón Etmopterus virens. Por su pequeño tamaño «”apenas 20 centímetros»” sería una presa fácil pero ha desarrollado una curiosa adaptación para no ser atacado desde abajo: en la parte ventral posee unos órganos luminiscentes (en el óvalo) que enmascaran su silueta oscura contra el brillo de la superficie. Derecha: por cortarle estos pequeños trozos del cuerpo, que alcanzan altos precios en Asia para elaborar la sopa de aleta de tiburón, se matan cada año enormes cantidades de escualos especies.

Mucha gente, sin embargo, no da importancia a este problema. En parte porque la injustificada mala fama de los tiburones hace que no haya mucha simpatía por ellos, y en parte porque se piensa que por ser eficientes depredadores afectan las existencias de peces de importancia comercial y acabar con ellos sería benéfico. Pero en realidad, como depredadores los tiburones son benéficos, ya que eliminan a grandes depredadores de peces y mariscos. Su desaparición, o una sensible reducción de sus poblaciones tendrían serias consecuencias en la ecología de los océanos y afectaría a la pesca comercial.

Los tiburones «”dice la UICN»” son muy susceptibles a la sobrepesca porque la mayoría de las especies crecen con lentitud, alcanzan tardíamente la madurez sexual y tienen pocas crías. Incluso en los más prolíficos la tasa de reproducción es muy baja en comparación con la mayoría de las especies de peces.

De modo, pues, que si bien hay tiburones en las aguas caribeñas, y que muchos de ellos son agresivos y voraces, no hay que calificarlos de buenos o malos. Son simplemente escualos, y como tales se comportan. Y más que verlos como un peligro o un inconveniente hay que mirarlos como un valioso recurso que puede y debe ser aprovechado.

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[1] Publicado en la revista Educación y Cultura de Cancún. Núm. 11. 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales.

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