Cuidado con el fanatismo religioso

ESCRUTINIO

Cuidado con el fanatismo religioso[1]

Juan José Morales

Puede parecer increíble, pero hay quienes piden que sean demolidas «”o al menos cubiertas para ocultarlas a la vista de la gente»” las pirámides de Egipto, una de las grandes maravillas de la antigüedad y uno de los principales atractivos turísticos del mundo.

Quienes tal cosa demandan, son los Hermanos Musulmanes, un partido político fundamentalista islámico mayoritario en los recientes comicios egipcios, que lo justifica con el argumento de que se trata de obras de infieles, de símbolos paganos ajenos a la verdadera religión (que para ellos es, naturalmente, la mahometana) y que eliminarlas significaría terminar la tarea que Mahoma no pudo concluir cuando en 641 invadió Egipto e implantó un nuevo credo.

clip_image002Una reciente muestra de fanatismo religioso fue la destrucción por parte de los fundamentalistas talibanes de Afganistán de las estatuas colosales de Buda en la ciudad de Bamiyán, que databan de los siglos III y IV y a las cuales calificaron de ídolos paganos. En la foto puede verse una de ellas, antes y después de ser pulverizada a cañonazos y con explosivos.

Como demoler las pirámides se antoja demasiado difícil «”aunque no imposible»”, otro partido islamista, Al Nur (La Luz) propone cubrirlas con cera, aunque la verdad aquello me parece bastante descabellado e impráctico e ignoro en qué se basa tan peregrina idea.

Desde luego, no faltarán quienes usen semejantes pretensiones para tildar de ignorantes y fanáticos a los musulmanes en general. Y el asunto me hizo recordar que hace algunos años, en una visita a Egipto, me tocó ver, en un sitio arqueológico de Luxor si mal no recuerdo, otra notable muestra de ignorancia, oscurantismo y fanatismo: la destrucción parcial de numerosas figuras en bajorrelieve talladas en el muro de un gran edificio, a las cuales se les destrozó el rostro, so pretexto de combatir la idolatría, porque se les consideraba deidades paganas ajenas a «la verdadera religión». Sólo que en este caso la auténtica religión, en cuyo nombre se cometió aquel atentado, era la cristiana.

En esta parte del mundo, e igualmente en nombre del cristianismo, se destruyeron los templos, las obras de arte y los documentos escritos de mayas, aztecas, toltecas y demás pueblos prehispánicos, porque para los frailes eran «obra del demonio».

El extremismo religioso, como se ve, no es privativo de ninguna religión. En mayor o menor grado, se manifiesta en todas ellas, y en mayor o menor grado, todas ellas se consideran la única y auténtica y por tanto la que debe ser impuesta a toda la humanidad, le guste o no, a través de la espada y la hoguera si es necesario.

En la actualidad, y por razones sociales, políticas y hasta económicas que valdría la pena examinar en detalle, esto parece especialmente grave en el caso de los fundamentalistas musulmanes, que pretenden convertir la sharia o ley islámica en norma de acatamiento obligatorio para toda la población, tanto en calidad de código legal como de código de conducta. En Egipto, donde la industria turística es la mayor fuente de divisas del país y tres de los 85 millones de habitantes del país trabajan en ella, los partidos musulmanes triunfadores en las últimas elecciones ya barajan la posibilidad de convertir al turismo en una actividad «libre de pecados», para lo cual se prohibiría enteramente el consumo de alcohol y se establecerían en los centros vacacionales playas separadas para hombres y mujeres, en las cuales estas últimas «”además»” no podrían usar bikinis. «Los turistas «”argumentan los impulsores de esas reformas»” no necesitan alcohol cuando vienen a Egipto. Tienen bastante en sus casas».

Reza el viejo dicho que cuando veas las barbas de tu vecino cortar, debes poner las tuyas en remojo. Y no estaría mal, a la vista de lo que pretende el fundamentalismo musulmán, cuidarnos de las pretensiones de quienes, a través de reformas legales como las llamadas «leyes de defensa de la vida» o la demanda de que se enseñe religión en las escuelas, tratan de imponernos como ley y norma de conducta los principios de una religión.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 19 de julio de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales.

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