Una cinta que vale la pena ver

ESCRUTINIO

Una cinta que vale la pena ver[1]

Juan José Morales

Creo que en la situación política actual, en que sobre los mexicanos pende esa espada de Damocles que significa la posibilidad de que Peña Nieto y el PRI lleguen a la presidencia de la República, bien vale la pena que todos veamos —por primera vez o nuevamente si ya lo han hecho— “La Ley de Herodes”, una excelente película de Luis Estrada.

clip_image002Filmada en 1999 y en la actualidad exhibida esporádicamente en cineclubes pero disponible en video, la comedia retrata magistralmente con fino humor, ironía y agudo sentido crítico, la forma de gobernar de un presidente municipal priísta —interpretado por ese talentoso actor que es Damián Alcázar—, a quien el gobernador del estado impone como alcalde interino a los habitantes de San Pedro de los Saguaros, un pueblo tan pobre y atrasado, que a primera vista podría pensarse que intentar sacar algo de dinero a sus habitantes sería tan ilusorio como pretender sacar agua a las piedras. Incluso, al llegar al sitio que gobernará, la esposa del flamante munícipe se pregunta a dónde han sido enviados y qué destino les espera ahí. En Juan Vargas, el personaje central de “La Ley de Herodes”, el director Luis Estrada pinta magistralmente al típico político priísta, sus manejos, sus corruptelas y la manera como se aferra al poder a costa de lo que sea.

Sin embargo, aquel burócrata de quinta no tarda en convertirse en un verdadero cacique, en un tiranuelo que interpreta las leyes a su manera, se las ingenia para expoliar de mil maneras al pueblo entero, y pronto se ve dueño de una considerable fortuna.

En esta excelente película, Luis Estrada convierte al polvoriento San Pedro de los Saguaros y su puñado de habitantes, en un microcosmos que muestra al México de hace apenas poco más de una década, ese México de arbitrariedades, corrupción, contubernio con el clero, atropellos, extorsión, injusticia, miseria, ignorancia atraso, imposición, asesinatos, inocentes convertidos en culpables, ilegalidad, violencia y demás lindezas por el estilo que bien recordamos quienes las vivimos.

Y es a través de todo ello, con la Constitución en una mano —pero interpretándola a su muy personal manera— y una pistola en la otra, como Juan Vargas, el presidente municipal de la historia, no sólo acumula riqueza, sino también se forja una fulgurante carrera política que de aquel ignorado rincón lo lleva nada más ni nada menos que a un escaño en el Congreso de la Unión, desde el cual se ufana de tener las manos manchadas de sangre, de sangre que —dice, palabras más, palabras menos— se vio obligado a derramar para defender el estado de derecho y los sacrosantos principios de la revolución mexicana.

No es de extrañar que en su momento la censura cinematográfica entonces vigente intentara prohibir la exhibición de “La Ley de Herodes”. Incluso, a último momento se canceló —dizque “por fallas técnicas”— su exhibición en el Festival de Cine Francés de Acapulco. Pero ya comenzaban a soplar nuevos aires en la política mexicana y finalmente la presión de la opinión pública se impuso, aunque su distribución fue saboteada por Imcine, la empresa cinematográfica gubernamental. Fue un éxito de taquilla, cosechó numerosos premios tanto en México como en el extranjero, desató gran polémica y —aparte sus grandes virtudes artísticas— contribuyó a abrirle los ojos a algunas personas respecto a la naturaleza del sistema político mexicano.

Por eso decimos que vale la pena que quienes no la han visto lo hagan, y quienes ya la conocen vuelvan a verla. Además de disfrutar de una magnífica obra de arte, recibirán una pequeña pero muy ilustrativa lección de historia.

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La película se puede ver en el siguiente enlace:

http://qpeliculon.com/la-ley-de-herodes/


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 24 de julio de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales

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