La depresión y los alimentos chatarra

ESCRUTINIO

La depresión y los alimentos chatarra[1]

Juan José Morales

A la comida chatarra, basura, rápida o como quiera llamársele, se le atribuyen —y está probado que los causan— incontables efectos negativos para la salud: sobrepeso, obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares, trastornos hepáticos y otros muchos.

Pues bien, por si todo eso no fuera suficiente, hay que añadir uno que poca gente imaginaría: depresión.

En un estudio realizado por investigadores de las universidades españolas de Las Palmas de Gran Canaria y de Granada y que comprendió a casi nueve mil personas, se encontró que quienes consumen de manera habitual hot dogs, hamburguesas, donas, pizzas, pastelillos, salchichas, frituras y demás alimentos de ese tipo, tienen un 51% más probabilidades de sufrir depresión, que quienes tienen una dieta sana y balanceada.

La investigación, dirigida por la Dra. Almudena Sánchez Villegas, fue publicada en la revista científica Journal of Public Health Nutrition y forma parte de un estudio más amplio iniciado en 1999 cuyo objetivo es dar seguimiento al estilo de vida de una muestra considerable de la población española —a la fecha comprende ya más de 20 mil personas—, y determinar qué factores influyen en sus condiciones de salud. En el caso particular de la comida chatarra, a los participantes se les dio seguimiento durante seis años y los resultados fueron los señalados. Es decir, que quienes consumen alimentos basura, están más expuestos a sufrir depresión.

clip_image002Estos y otros alimentos chatarra no sólo pueden causar obesidad, diabetes, males cardíacos y otros trastornos físicos, sino también orillar a la depresión a quienes los consumen, según comprobaron investigadores españoles.

El riesgo, según se vio, está en relación directa con el nivel de consumo. O sea, que quienes comen mayor cantidad de esos productos, tienen mayores posibilidades de caer en la depresión, pero incluso cantidades moderadas son suficientes para ocasionar ese efecto.

La depresión es un grave problema de salud. Se estima que en todo el mundo afecta a 121 millones de personas. Sin embargo, muy poco se ha investigado acerca de la correlación entre dicho trastorno y la dieta. De aquí la importancia de este trabajo de los científicos españoles.

En cuanto a las razones por las cuales una alimentación de ese tipo orilla a la gente a la depresión, los autores del estudio no ofrecen ninguna conclusión definitiva. Sin embargo, tanto ellos como otros expertos estiman que la culpa puede recaer en las llamadas grasas trans o hidrogenadas. En la fabricación de alimentos chatarra se usa este tipo de grasas por una serie de razones ventajosas para los fabricantes; entre ellas que hacen los alimentos más apetitosos al paladar.

Pero tales grasas son pésimas para el organismo. Entre otras cosas, elevan el nivel de colesterol en la sangre y por ende el peligro de un ataque al corazón. En el caso específico de la depresión, la Dra. Sánchez considera que como esas grasas aumentan la producción en el organismo de ciertas sustancias llamadas citoquinas, que tienen un efecto inflamatorio, pueden afectar el funcionamiento del endotelio, o sea el tejido que recubre los vasos sanguíneos, y limitar la producción de neurotrofinas, que son indispensables para la transmisión de los impulsos nerviosos. Esa situación puede conducir a la depresión.

Sea cual sea la explicación, sin embargo, lo que parece un hecho probado y concluyente es que quienes consumen comida chatarra, aunque sea en reducidas cantidades, se ven más expuestos a padecer ese azote del mundo moderno que es la depresión, y por tanto verse afectados en su vida familiar, social y laboral.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 16 de agosto de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Moprales

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