Otro regalo literario de Roldán Peniche

ESCRUTINIO

Otro regalo literario de Roldán Peniche[1]

Juan José Morales

Roldán Peniche Barrera, prolífico y multifacético escritor, parece una caja de sorpresas. Nunca se sabe qué nos ofrecerá cada vez que de la imprenta sale una de sus obras. Porque su producción literaria es tan variada y comprende tantos y tan diversos temas, que lo mismo nos lleva de paseo por los viejos cafés de Mérida que nos ilustra sobre los fantasmas mayas, nos ofrece sesudos y bien documentados ensayos históricos, nos da su personal y excelente versión del Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, nos muestra su madera de poeta y cuentista, o «”como en el caso que hoy nos ocupa»” sus grandes dotes de traductor, un oficio que exige pleno y profundo dominio de ambos idiomas.

clip_image002«El Egipto americano. Testimonio de un viaje a Yucatán», es el más reciente libro que, con el sello del Instituto de Cultura de Yucatán, acaba de dar a luz Roldán. Se trata de la traducción de fragmentos seleccionados por el propio Roldán, de la extensa obra que dos caballeros británicos, Channing Arnold y Frederick J. Tabor Frost «”periodista y arqueólogo el primero, y epigrafista especializado en jeroglíficos mayas el segundo»”, escribieron a principios del siglo pasado después de un viaje por tierras del Mayab y la cual «”dice Roldán»” les valió ser «execrados y enteramente borrados de la memoria de los yucatecos».

Portada del nuevo libro de Roldán Peniche, que no debe dejar de leer quien desee conocer la vida en el Mérida y el Yucatán de los albores del siglo XX, aunque sea a través de una visión un tanto distorsionada, racista e insidiosa.

Y es que los caballeros en cuestión se refieren con excepcional dureza a los yucatecos, a quienes endilgan los más ácidos epítetos y calificativos.

Pero, independientemente de que los autores caigan en generalizaciones y excesos en sus apreciaciones sobre el carácter, las costumbres, la comida y la forma de vida de los yucatecos «”en particular los de las clases altas»”, no dejan de ser muy certeros al juzgar y condenar la manera infamante en que los hacendados, con el apoyo cómplice de la Iglesia, mantenían en la servidumbre a los indios mediante el sistema de peonaje por deudas. El hacendado, escriben, «por la ley que actualmente prevalece en Yucatán, es el verdadero dueño del cuerpo de los indios, como lo es de los cerdos que hozan en los patios de la hacienda».

Y añaden: «A los millonarios yucatecos les incomoda que se hable de esclavitud, lo cual es explicable puesto que su expediente en este aspecto viene a ser tan negro como el color de Legree en «˜La cabaña del tío Tom»™. En cuanto escuchan la palabra «˜esclavitud»™, comienzan a exponer una serie de rastreras justificaciones. Mencionan las comodidades y la atención que les brindan a los indios y las paternales relaciones existentes entre el hacendado y sus esclavos». Pero, subrayan, «cuidan tanto de los indios como cualquier otro hombre prudente cuidaría de su ganado y nada más».

Ciertamente, vale la pena leer este libro «”que, dicho sea de paso, por primera vez se publica en español»” y nos ofrece, en la magnífica traducción de Roldán y en su cuidadosa selección de los textos, un fascinante panorama de lo que eran el Mérida y el Yucatán de 1906 y 1907, en aquella época de auge de la industria henequenera, de la opulencia de las haciendas, de las fastuosas mansiones de los hacendados, de las grandes obras públicas del porfiriato y de la miseria de los peones, en cuyo trabajo agotador se basaba toda esa prosperidad.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 7 de agosto de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales

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