El español que se habla en la península

ESCRUTINIO

El español que se habla en la península[1]

 

Juan José Morales

Una manera sencilla de saber si alguien es yucateco —dice el antropólogo Miguel Güémez Pineda— es asustarlo. Si esa persona reacciona exclamando “¡Way!”, lo es. Pero, contra lo que generalmente se piensa, aclara Güémez Pineda, esa exclamación tan característica del habla yucateca, no es de origen maya, sino que deriva de guay, un arcaico vocablo español usado en lugar de ¡ay! y ya en desuso en España pero todavía vigente en tierras del Mayab. Tampoco, aunque lo parezca, es de origen maya otra yucatequísima expresión: ¡Fo!, la cual se emplea para denominar asco o desagrado.

clip_image002El español que se habla en Yucatán, cuajado de mayismos y con su característico acento, puede escucharse con alto grado de pureza en las obras del teatro regional, al cual no puede uno referirse sin mencionar obligadamente a la famosa pareja cómica integrada por Cholo y Tina Tuyub.

De estas y otras muchas cuestiones relativas al español que se habla en Yucatán —y también en los vecinos estados de Campeche y Quintana Roo— pude enterarme al leer la introducción al Diccionario del Español Yucateco, de la autoría del mencionado investigador, que fue presentado el pasado jueves 8 de noviembre en Cancún dentro del programa académico del Festival Internacional de Cultura del Caribe.

Es una obra que recomiendo calurosamente a todo aquel que se interese en saber por qué el habla del yucateco tiene ese acento tan peculiar, cómo las lenguas maya y española influyeron mutuamente la una sobre la otra, o cómo el español de esta región terminó cuajado de palabras mayas, mayismos, vocablos híbridos maya-español o español-maya y singulares formas verbales determinadas por la gramática del idioma maya, todos los cuales son de uso cotidiano.

Pero no sólo raíces indígenas tienen las palabras que comúnmente se usan en la península. Las hay también remanentes del español antiguo que hablaban los conquistadores y se han conservado hasta nuestros días. Por ejemplo abatanar, que deriva de batán, por referencia a unas antiguas máquinas usadas en la industria textil en España para compactar los tejidos golpeándolos, y que en el habla yucateca significa —dice Güémez— “”maltratar, propinar a una persona, animal o cosa, numerosos y seguidos golpes, insultos y amenazas.”

Registra también el autor nahuatlismos y voces de origen antillano, e incluso árabe, como kibi, nombre de un alimento muy popular que incluso ofrecen en las calles vendedores ambulantes.

Producto de una acuciosa y minuciosa investigación, el diccionario enlista a lo largo de 322 páginas miles de voces que forman el habla cotidiana de este jirón de México. De todas y cada una se explica su significado y cuando es necesario, su origen, con ejemplos de la forma y circunstancias en que se usan.

Y además de esos tres centenares y cuarto de páginas en las que el lector encontrará prácticamente cualquier palabra yucateca que busque, el diccionario contiene un par de nutridos apéndices sobre toponímicos mayas uno y acerca de los patronímicos mayas el otro. Así, el lector podrá saber que el apellido Chulim deriva del nombre de un árbol, y que Chan no es propiamente de origen maya —en el que esta palabra tiene la acepción de pequeño— sino chontal, y significa serpiente. O bien, que Bacalar significa lugar cercado o rodeado de carrizo —por las voces mayas bak’, rodeado, y halal, carrizo— y Chetumal (Chakte’ mal o Chaktemal, “lugar donde crecen los árboles rojos”) proviene de chakte’, árbol del género Caesalpinia de madera roja, y al, que es un sufijo de relación. Finalmente, para quienes deseen aplicar un nombre maya a su hijo, el diccionario concluye con un tercer apéndice sobre los nombres personales en maya y su significado.

Ciertamente, repetimos, es una obra que mucho vale la pena tener en nuestras bibliotecas, aunque la actual edición, de Plaza y Valdés editores, no sea precisamente barata (¿qué libro o qué producto lo es en la actualidad?). Pero la buena noticia es que está en preparación una nueva edición más económica.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 13 de noviembre de 2012

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