El calentamiento global en las aguas heladas

IMPACTO AMBIENTAL

El calentamiento global en las aguas heladas[1]

Juan José Morales

Lo más probable es que usted no lo sepa, pero hay un nuevo océano. Y también es muy improbable que sepa lo que ahí está ocurriendo. De modo, pues, que le diremos ambas cosas.

El nuevo océano, que se suma a los cuatro hasta entonces existentes —Atlántico, Pacífico, Índico y Ártico—, se llama Océano Austral o del Sur y fue creado en 2000 por acuerdo de la Organización Hidrográfica Internacional. Mide 20.3 millones de kilómetros cuadrados, está constituido con las porciones meridionales del Atlántico, el Pacífico y el Índico, y se extiende desde las costas del Antártico hasta los 60 grados de latitud, rodeando por completo este continente.

Pero lo que por ahora nos interesa del quinto océano, el del Sur, es que —por extraño y contradictorio que parezca tratándose de una masa de agua helada— ahí ha comenzado a manifestarse uno de los efectos del calentamiento global y el cambio climático. Y está afectando a un tipo de organismos poco conocidos pero muy importantes: los pterópodos.

El calentamiento global, como se sabe, es consecuencia de la gran cantidad de dióxido de carbono —CO2 para abreviar— que las actividades humanas han venido inyectando en la atmósfera durante el último siglo y medio. Ese gas provoca lo que se conoce como efecto invernadero. Es decir, retiene el calor solar. De aquí el aumento de temperatura.

clip_image002Un ejemplar de pterópodo. Obsérvense su concha espiral y las extensiones en forma de alas de su “pie”. Gracias a ello, estos moluscos pueden no sólo arrastrarse por el fondo como los caracoles en general, sino también flotar y desplazarse a media agua. Por la forma de esa estructura y sus desplazamientos, se les conoce también como mariposas de mar.

Pero el CO2 tiene también otro efecto: al ser capturado por el agua de lluvia o de mar, la vuelve ligeramente más ácida. Y uno de los efectos del agua ácida, es que disuelve el carbonato de calcio, un material del que están hechas ciertas rocas, como el mármol y las que constituyen el territorio de la península de Yucatán. Por eso bloque rocoso peninsular es una especie de queso Gruyere lleno de grutas, cuevas, cenotes y otras cavidades formadas al disolverse lentamente las rocas calizas por infiltración del agua de lluvia ácida.

Y al volverse más ácida el agua de los mares, es de esperarse que se vean afectadas las conchas, los caracoles y las formaciones de coral, cuyos esqueletos externos están también constituidos por carbonato de calcio.

Pues bien, de acuerdo con una información recientemente aparecida en la revista Nature Geoscience, en el Océano Austral se ha observado que las conchas de ciertos pequeños moluscos llamados pterópodos muestran claros signos de corrosión a todas luces debido a la acidificación del agua.

Los pterópodos, también llamados mariposas de mar, existen en todos los océanos, aunque usualmente lejos de la costa. Reciben su nombre del hecho de que su “pie” (podos en griego), tiene una estructura que semeja alas —en griego pteros— que les permite flotar y desplazarse en el agua y no sólo arrastrándose como los caracoles en general. Hay buen número de especies, todas ellas muy pequeñas, con cuerpo transparente que mide desde unos milímetros hasta unos pocos centímetros. Se caracterizan también porque su concha es muy delgada y frágil. Pero aunque tienen una distribución cosmopolita, el fenómeno de la disolución de sus conchas sólo se ha observado hasta ahora en el Océano del Sur.

El problema para estos pequeños moluscos es que su concha no sólo es muy frágil y delgada, sino que está formada por aragonita, un mineral de carbonato de calcio muy sensible a la acción corrosiva de los ácidos.

La importancia de este fenómeno estriba en que los pterópodos son parte importante de la alimentación de muchos peces pequeños que a su vez son devorados por otros mayores. Por lo tanto, si las cosas siguen así, con la acidez de las aguas oceánicas incrementándose al ritmo de 0.1% cada año, dentro de unas cuantas décadas sus poblaciones pueden haber disminuido marcadamente, no sólo en el Océano Austral sino en otras regiones del mundo, y eso tendría profundas repercusiones en las cadenas y tramas alimenticias de las cuales dependen las especies pesqueras.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 30 de noviembre de 2012.

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