El fenómeno del ocultamiento maya

ESCRUTINIO

El fenómeno del ocultamiento maya[1]

Juan José Morales

Según el Conteo de Población y Vivienda 2005 realizado por el INEGI, en ese entonces había en Quintana Roo casi 171 mil hablantes de maya mayores de 5 años. Cinco años después, el censo de 2010 del propio INEGI registró poco menos de 163 500. Uno se pregunta, naturalmente, cómo en ese lapso pudieron esfumarse 7 500 indígenas.

clip_image002La práctica del bordado que embellece el atuendo tradicional de las mujeres mayas, es una de las prácticas que se pretende conservar y estimular, tanto por su importancia como elemento fundamental de su cultura como por su potencial económico, ya que puede ser una fuente de ingresos.

En realidad —dice el antropólogo Margarito Molina, gran conocedor de la etnia maya, sobre la cual ha realizado amplias investigaciones en Quintana Roo—, el número de mayas no ha disminuido. Simplemente se está dando un fenómeno de ocultamiento de su identidad por parte de ellos mismos. “No son poblacionalmente menos —explica— sino que se ha presentado un fuerte y acelerado proceso migratorio a las ciudades turísticas y eso ha traído el fenómeno de ocultamiento, de esconder la identidad étnica para poder acceder en mejores condiciones a las relaciones laborales y de mercado que impone la sociedad regional y el mundo globalizado”.

Los mayas de Quintana Roo, pues, siguen siendo mayas. Pero fingen no serlo, para no verse sometidos a la discriminación y el menosprecio de que tradicionalmente son objeto los indígenas; los “mayitas”, como muchos acostumbran llamarlos despectivamente.

Para tratar de contener y revertir este acelerado proceso de deterioro o cambio cultural, que se traduce —dice Molina— en “el abandono de la lengua, el cambio en el vestido tradicional, en la arquitectura vernácula, en la religiosidad popular y sus rituales milperos, así como en los lazos comunitarios que permitían una identidad grupal”, la Subsecretaría de Culturas Populares e Indígenas, que él encabeza y que depende de la Secretaría de Cultura de Quintana Roo, puso en marcha con apoyo financiero de Conaculta el proyecto Cultura de las Comunidades Mayas.

La iniciativa busca estimular y consolidar las manifestaciones de la cultura tradicional, específicamente los componentes propios y aquellos de los que se ha apropiado, mediante acciones que la mantengan, consoliden y refuercen, al estimular a los propios mayas a valorarla y sentirse orgullosos de ella y de esa manera estar en mejores condiciones de equidad en las relaciones interculturales.

El proyecto —que fue elaborado por el propio Molina— está a cargo en su aspecto operativo de la antropóloga Karina Rivero, notable por su profesionalismo y el entusiasmo que pone en su labor, la cual comprende una amplia gama de actividades en 93 comunidades o núcleos urbanos del estado, incluso Cancún, donde hay un alto porcentaje de población indígena. Igualmente, se trabaja en las comunidades de refugiados guatemaltecos que permanecieron en México después de la guerra civil en su país.

Son 34 los promotores culturales —indígenas todos ellos, con una clara comprensión de su identidad y cultura— que realizan tales actividades, como enseñanza de la liturgia maya (cantos y rezos tradicionales), enseñanza de bordados tradicionales, aprendizaje de la escritura maya, valoración de la gastronomía propia, rescate y apoyo de sistemas rituales y festivos, valoración y enseñanza de la herbolaria tradicional, rescate y práctica de juegos tradicionales y fomento del trabajo artesanal entre otras.

El programa se echó a andar en un momento muy oportuno, pues 2012 está considerado año de la cultura maya. Pero no es un programa oportunista, circunstancial y pasajero. Tampoco es de carácter paternalista ni una de esas acciones de gobierno que utilizan a los indígenas como elementos folklóricos o decorativos. Está concebido como una acción integral a largo plazo y de largo aliento, centrada en los derechos culturales indígenas, tanto individuales como colectivos, en la cual los propios mayas, mediante la autogestión y la toma de decisiones, decidan los procesos, proyectos y actividades que les permitan proteger y fomentar su cultura tradicional.

Es, a no dudarlo, un proyecto innovador, que debe volverse permanente y recibir todo el apoyo necesario, pues no sólo atiende aspectos parciales de la problemática de las comunidades indígenas —agricultura, salud, educación y otros— sino que, cosa que nunca antes se había hecho, lo hace de manera integral, considerando todo aquello que se relaciona con su visión del mundo: economía, religión, artes, problemática social, vida familiar, etc. La semilla ya está sembrada.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 27 de noviembre de 2012.

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