El Juicio del Ympocible y Cebencio

IMPACTO AMBIENTAL

El Juicio del Ympocible y Cebencio[1]

Juan José Morales

En cierta calle de la ciudad de Mérida hay una placa de los primeros tiempos de la Colonia que reza: «Calle del Ympocible y Cebencio». La expresión, escrita con tan mala ortografía, significa Calle del Imposible y se Venció, y alude a que en ese lugar había una pirámide prehispánica que por su tamaño parecía imposible demoler para abrir la calle, pero se logró.

Pues bien, la frase puede parafrasearse y calificar como Juicio del Ympocible y Cebencio, al litigio ganado por indígenas y campesinos pobres ecuatorianos contra la novena compañía petrolera del mundo, la poderosa transnacional Chevron «”antes Texaco»”, en el cual se condenó a la empresa a pagar la mayor indemnización de la historia por daños ambientales: 19 mil millones de dólares.

clip_image001Uno de los arroyos arruinados por los derrames de petróleo en la Amazonia ecuatoriana. Tan evidentes son los daños ambientales provocados por la Chevron en esa región, que ni siquiera se atrevió a negarlos. Sus abogados sólo trataron de minimizarlos.

Desde luego, Chevron se niega a soltar un centavo, pero los abogados intentan obligarla mediante acciones judiciales en los países donde posee bienes. Así, ya han logrado que en Argentina fueran embargados por orden de un juez todos los activos que la compañía tiene en ese país.

La historia se inició hace casi medio siglo, en 1964, cuando Texaco inició los trabajos para explotar el petróleo de la región amazónica de Ecuador. Para evitar gastos, y con la tolerancia y complicidad de sucesivos gobiernos, nunca tomó la menor precaución para proteger el medio ambiente. Sencillamente arrojaba sus desechos en cualquier lugar, así fueran ríos, lagos y arroyos. Se estima que cuando se retiró de la zona en 1992, dejó tras de sí, tirados por todas partes, más de 60 millones de litros de petróleo y 68 mil millones de litros de aguas tóxicas. Uno de los resultados de ello, es que actualmente en esa zona se registran los más altos índices de casos de cáncer en todo Ecuador.

Ante esa situación, hace más de quince años se formó una coalición integrada por 30 mil colonos e indígenas, que emprendieron la batalla legal contra Chevron para lograr una compensación por daños y perjuicios. La empresa, desde luego, se defendió como gato boca arriba con un poderoso equipo de abogados. Al ser demandada en Estados Unidos, pidió que el juicio se llevara a cabo en Ecuador, suponiendo que dada la corrupción entonces imperante en el sistema judicial del país podría sobornar fácilmente a jueces y otras autoridades. Pero el tiro le salió por la culata, pues la gente estableció una cerrada vigilancia para evitar que los jueces y demás funcionarios a cargo del caso tuvieran contactos ilegales con representantes de la empresa. Ésta trató entonces de que el juicio volviera a Estados Unidos, pero le fue imposible.

Se estima que la petrolera gastó mil millones de dólares en gastos de abogados y sobornos a periodistas. Sin embargo, perdió el pleito. En diciembre del año pasado, fue sentenciada a pagar esos 19 mil millones de dólares, fallo que fue ratificado en enero de este año.

Como la compañía ya no posee nada en Ecuador, se está tratando de cobrarle mediante embargos de sus propiedades en otros países, sobre todo en Brasil, Canadá y Argentina. En esta última, como decíamos, ya se logró tal cosa.

Por supuesto, aún habrá que recorrer un largo trecho para cobrar la indemnización, que en su mayor parte se destinará «”según acordaron los demandantes»” a obras de restauración ambiental y de beneficio colectivo en la zona afectada, como hospitales, escuelas, suministro de agua potable y otras.

«Hasta hace pocos años «”dice Pablo Fajardo, quien encabeza al equipo de abogados ecuatorianos que ganó el juicio»” la gente en Ecuador y en el mundo pensaba que era imposible que un grupo de indígenas, de campesinos, de gente pobre, de un país ‘tercermundista’ pudiera enfrentar a una empresa poderosa como Chevron. Estamos demostrando que es posible y que se puede hacer, que es posible ir mucho más allá, que se pueden cambiar las cosas, que no son intocables, que ellos no son invencibles».

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 21 de diciembre de 2012.

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