El mito de nuestro tiempo

OVNI y sociedad

EL MITO DE NUESTRO TIEMPO[1]

Por Mario Méndez Acosta

El avista miento de objetos voladores no identificados (OVNIS) no es algo nuevo en la historia, lo único que ha variado ha sido la descripción detallada de los mismos por parte de los testigos y la interpretación más aceptada sobre la naturaleza del fenómeno observado.

Casi toda mitología antigua incluye algún caso de visitación celestial a bordo de un vehículo volador, por lo general adornado con impresionantes efectos visuales y de sonido. Carros de fuego, barcos solares o animales volátiles abundan en las antiguas leyendas.

Durante la Edad Media el principal objeto volador no identificado lo constituían los brujas y brujos que, a bordo de escobas o de asnos aéreos, concurrían sin falla a la luz de la Luna a sus horrorosos aquelarres.

Durante el siglo XVIII no eran raros los avistamientos de majestuosos bajeles voladores o de extrañas esferas flotantes. Jerónimo Feijoó, monje benedictino español extrañamente racionalista para su época, dedicó gran parte de sus escritos a refutar todo tipo de supercherías, llegando a describir correctamente el comportamiento de las llamadas centellas, rayos esféricos flotantes que tanto pavor ocasionaban entre el vulgo.

A finales del siglo pasado abundaron los reportes de extraños objetos voladores muy similares en su descripción a los aerostatos y primitivos dirigibles.

Sin embargo, no fue sino a partir del año 1947 cuando se multiplicaron por todo el mundo los avistamientos de objetos aéreos de características en verdad extraordinarias, muchos de ellos luminosos y capaces, en general, de desarrollar inauditas velocidades y de llevar a cabo maniobras imposibles para cualquier vehículo aéreo construido por manos humanas.

Al no existir ya en nuestro tiempo zonas inexploradas en el planeta, o una creencia generalizada en los fenómenos sobrenaturales, la explicación que se impuso al fenómeno OVNI se centró más bien en el supuesto origen extraterrestre del mismo.

HIPOTESIS EXTRATERRESTRE

De acuerdo con esta interpretación, nuestro planeta es visitado año con año por miles de naves interestelares que se dedican a observar nuestras ciudades, a mutilar ganado o a ponerse en contacto solamente con algunos cuantos elegidos en algún camino o comarca alejados.

No obstante el enorme número de supuestas visitas que se ha acumulado a lo largo de estos 37 años, los tripulantes de los OVNI, inexplicablemente, no han considerado necesario hacerse conocer abiertamente a la generalidad de los habitantes de la Tierra.

La cantidad de evidencias y testimonios sobre la existencia de los OVNI es ya realmente impresionante por su volumen -aunque no tanto como la evidencia acumulada a lo largo de siglos sobre la existencia de duendes, brujas, trasgos y demonios-; sin embargo, la misma no ha logrado convencer ni siquiera a un solo’ científico del espacio de importancia en todo el mundo sobre la verosimilitud de la explicación extraterrestre o de otras por el estilo.

¿A qué puede deberse lo anterior? La razón de esto quizá se deba a dos motivos principales: En primer lugar, casi sin excepción, en los casos en los que ha podido hacerse una investigación severa de cada avistamiento, éste ha tenido lo que los expertos llaman una explicación prosaica, es decir, atribuible totalmente a causas de origen terrestre. Una proporción que llega al 91% de todos los reportes de OVNI tiene una explicación prosaica, según confiesan los mismos grupos de creyentes en el fenómeno. En segundo lugar, el otro factor que resta credibilidad a la interpretación extraterrestre ha sido el enorme número de fraudes que se han comprobado en los reportes más publicitados.

Desde la pieza de maquinaria de lavandería que presentó Adamski como el primer OVNI en ser filmado hasta el reciente desenmascaramiento realizado por la revista científica Discover (del grupo Time-Life) de un grupo de pilotos de avioneta que al volar por las noches en formación en sus aparatos iluminados con faros de colores simulaban la aparición de un enorme OVNI de gran movilidad, el fraude ha sido el compañero inseparable de la historia de los principales y más espectaculares avistamientos.

En México se presentó en una ocasión en una sala cinematográfica una película del llamado OVNI de las Pléyades, presentándolo como un fenómeno genuino, meses después de que agrupaciones pro-OVNI como el APRO (Aerial Phenomena Research Organízation) , a cargo del investigador L. James Lorenzen, aceptaron que todo .se trataba de un engaño perpetrado por el suizo Eduard Meier, a quien se le descubrieron muchos modelos de metal y plástico del dichoso OVNI con los cuales había realizado su trucada filmación. A esto hay que agregar el hecho de que las Pléyades constituyen un grupo de estrellas de muy reciente formación, incapaces aún de tener planetas habitables.

LOS MEDIOS

¿Por qué entonces sigue siendo tan extendida la creencia en la realidad del origen extraterrestre de los OVNI? La respuesta a esta pregunta la podemos hallar en el comportamiento de los medios masivos de información.

Un OVNI siempre es una buena y gran noticia… El descubrimiento de un fraude, la simulación o la simple explicación racional de un falso OVNI, por el contrario, nunca podrá ser una noticia atractiva.

La gente desea creer en la magia por sobre todas las cosas y jamás es bienvenido un balde de agua fría sobre aquello más querido. Por ejemplo, aunque existe gran cantidad de libros críticos sobre el fenómeno OVNI, éstos pertenecen a editoriales menores y casi seguramente nunca serán traducidos al español. Investigadores como Philip Klass, autor de Los Ovnis explicados y Los Ovnis, el Público Engañado; astrónomos como James Oberg, autor de Los Ovnis, un enfoque amigable aunque escéptico: el escritor científico Robert Sheaffer, autor de El Veredicto de los Ovnis; Menzel y Taves, autores de El Enigma de los Ovnis y muchos otros más, han presentado en sus obras explicaciones aún a los casos más seguros de observaciones de naves supuestamente extraterrestres; de contactos del primero, segundo y tercer tipo y hasta de secuestros cósmicos de algunos mitómanos. No obstante, esta información escéptica nunca llega al gran público.

La creencia en los OVNI se convierte en algunos países casi en una religión y muchos vivales manifiestan tener contactos cotidianos con los amigables extraterrestres.

Mientras los verdaderos científicos pasan trabajos enormes tratando sin éxito de detectar señales radiales inteligentes del cosmos, un ejército de fanáticos y charlatanes hace un gigantesco negocio con la credulidad de un público sujeto a uno de los mayores lavados cerebrales que se recuerdan en la historia.


[1] Publicado originalmente en Revista de Revistas, No. 3906, México, 7 de diciembre de 1984. Pág. 28.

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