El TDA, trastorno escolar de moda

ESCRUTINIO

El TDA, trastorno escolar de moda[1]

Juan José Morales

Casi podría decirse que el llamado Trastorno por Déficit de Atención o TDA se ha puesto de moda en las escuelas. Tranquilamente, muchos maestros —sobre todo en escuelas privadas— etiquetan con él a los alumnos inquietos y particularmente activos, y recomiendan a los padres que los lleven al sicólogo o —con total irresponsabilidad— les sugieren darles tranquilizantes para solucionar “el problema”.

clip_image002En muchos países, el TDA se ha convertido en un productivo filón que explotan los autores de libros para maestros y padres de familia, sobre cómo identificar y manejar a niños que lo padecen, y sicólogos que ofrecen diagnosticarlo y tratarlo.

Pero cada vez hay más opiniones en el sentido de que no existe una especie de epidemia de TDA que haya convertido a muchos niños en seres hiperactivos, incapaces de mantenerse quietos en el aula y de aprender como cualquier chico normal. Más bien lo que parece es que la educación tradicional —memorizante, que obliga al alumno a pasar muchas horas sentado y en actitud pasiva— ya no corresponde a las condiciones de la vida moderna, en las que los niños reciben una gran cantidad y diversidad de estímulos que los inducen a una constante actividad.

En efecto, el niño actual pasa sus horas de estudio en un aula copiando, escuchando al maestro, memorizando nombres, fechas o fórmulas, aprendiendo reglas gramaticales y, en general, prácticamente en las mismas condiciones que sus bisabuelos y tatarabuelos o los alumnos de principios del siglo XIX. Pero eso contrasta violentamente con su vida fuera del aula, que se caracteriza por tensión constante, ritmo acelerado, un hogar de padres ausentes, una televisión repleta de imágenes de acción, y juegos electrónicos que exigen reacciones rápidas y precisas.

En tales circunstancias, cabe preguntarse si puede esperarse que los niños de hoy se comporten en el aula como sus padres o sus abuelos, que tuvieron una vida familiar y social muy diferente y crecieron en un ambiente tecnológico igualmente distinto.

La Dra. Isabel Orjales, especialista española en TDA, opina al respecto que “antes de pensar en que el problema está en los niños… debemos pensar si tiene sentido que estén tantas horas sentados, que hagan largas copias sin sentido. Si es necesario que memoricen todos los tiempos verbales antes de aprender a expresarse adecuadamente. Si tienen sentido los deberes obligatorios que aumentan la jornada laboral de los niños más allá de las 8 horas, que sean iguales para todos (así tengas buenas notas, domines la materia o seas un alumno de altas capacidades) y proporcionalmente más extensos si hay un puente o unas vacaciones… Si para tener una buena ortografía el método más adecuado es el de memorizar largas listas de reglas ortográficas.”

Como señala la Dra. Orjales, el verdadero Trastorno por Déficit de Atención “se define como un problema del neurodesarollo que se detecta porque el niño no responde como lo harían los niños de su misma edad y educación. En ese sentido, si la población general de niños fuera hoy más inquieta, impulsiva y dispersa”, para diagnosticar que uno de ellos padece TDA, “tendría que superar con creces esa tendencia general”.

El problema, sin embargo, es que no existen estudios suficientes para saber cuál es lo que podría llamarse “comportamiento normal” en los niños actuales. No sabemos hasta qué grado ha influido en la conducta y la actitud de los infantes y adolescentes de hoy esa tremenda sobrestimulación a que se ven sometidos desde todas partes, lo mismo anuncios televisivos, noticiarios de televisión, películas cinematográficas, programas “de acción”, incluidos los dibujos animados, publicidad callejera, juegos electrónicos, exceso de actividades extraescolares, música, fiestas, etc. Incluso habrá que tomar en cuenta la alimentación que reciben, pues no debe pasarse por alto que muchos productos contienen sustancias que pueden influir sobre el sistema nervioso.

Es necesario, pues, realizar investigaciones científicas para realmente saber qué es un niño “normal” en estos días, antes de andar colgando etiquetas de TDA o de hiperactividad a aquellos que no se comportan como desean sus maestros o sus padres.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 19 de diciembre de 2012.

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