En el tope de la gordura

ESCRUTINIO

En el tope de la gordura[1]

Juan José Morales

El pasado 29 de noviembre, en esta columna, hablábamos de las triunfalistas declaraciones del gobierno de Calderón en el sentido de que se ha logrado frenar —aunque no revertir— la grave epidemia de obesidad en México. Es decir, que se ha logrado disminuir el ritmo de crecimiento en el número de personas con obesidad y sobrepeso, cosa que atribuía el entonces secretario de Salud, Salomón Chertorivski, a los esfuerzos gubernamentales. “La obesidad está controlada”, afirmó don Salomón. Las cosas, sin embargo, no son tan halagüeñas.

clip_image002Ya en 2008, esta era la situación en México en cuanto a obesidad y sobrepeso. De entonces a la fecha, empeoró más aún, aunque el gobierno de Calderón presentó como un gran logro que no se agravara demasiado.

Efectivamente, el incremento en el porcentaje de gente obesa o excedida de peso ha dejado de ser vertiginoso como en las dos décadas anteriores. Pero ese fenómeno se da también en otros países, según señala Alejandro Calvillo, director de la organización no gubernamental El Poder del Consumidor. Lo que podría denominarse estabilización de las cifras de sobrepeso y obesidad, dice, ocurre igualmente en Estados Unidos, España, Australia, China, Inglaterra, Francia, Nueva Zelanda, Suecia, Suiza, Países Bajos, Rusia, Groenlandia, Escocia y Reino Unido. Y la explicación —que se aplica también al caso de México— es muy simple: durante años el aumento fue tan grande y tan veloz, que ya se ha llegado a un punto en que con tanta gente excedida de peso o francamente obesa —incluso con lo que los médicos denominan obesidad mórbida, o tremenda gordura para decirlo en términos coloquiales— el ritmo de incremento tenía que comenzar a disminuir por sí solo.

“Se han alcanzado —dice Calvillo— cifras tan altas de sobrepeso y obesidad que es imposible que la velocidad de crecimiento siga siendo la misma que hace algunos años”. Sencillamente —agrega— “hemos llegado al tope epidemiológico”.

Y presenta cifras sobre México que ilustran muy bien el punto: en 1988 la prevalencia de sobrepeso y obesidad en mujeres de 20 a 49 años fue de 34.5%, mientras que en el 2006 era ya de 69.3%. Es decir, más del doble. Eso significa que siete de cada diez mujeres ya estaba en tal situación.

Lo mismo ocurre con los hombres. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, mostró que, en términos generales, la obesidad y el sobrepeso afectan al 71% de los adultos del país. Sólo Estados Unidos nos supera en ese aspecto. Y en cuanto a obesidad infantil, ocupamos un nada honroso cuarto lugar mundial, después de —adivinó usted— Estados Unidos, Grecia e Italia.

Los mexicanos que todavía mantienen un peso adecuado son principalmente aquellos que se preocupan por tener una alimentación sana y balanceada, aquellos que no se dejan manipular por la publicidad de los fabricantes de gaseosas y alimentos chatarra. Entre ellos es difícil que siga aumentando el problema. Pero no por políticas gubernamentales de educación y prevención, que son casi inexistentes.

El hecho real y concreto es que México se ha convertido en un país de gordos… y de diabéticos. La encuesta oficial señalada reveló que en el sexenio de Calderón, entre 2006 y 2012, el número de mexicanos a quienes se les ha diagnosticado diabetes —enfermedad propiciada por la obesidad y el sobrepeso— pasó de 4.3 a 6.4 millones. En términos porcentuales, eso significa un incremento del 33%. Y hay que considerar a los enfermos no diagnosticados.

Esa es, pues, la situación. Una situación tan grave que —dice Calvillo— la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Relatoría Especial por el Derecho a la Alimentación de la ONU, pidieron al gobierno mexicano declarar emergencia nacional por la epidemia de obesidad que vivimos y tomar medidas efectivas para regular la publicidad de alimentos y bebidas chatarra.

Sobra decir que no se ha hecho ni se hará. Tanto Fox como Calderón y ahora Peña Nieto, deben demasiado a los fabricantes de esos productos para tocar sus intereses, así sea con el pétalo de una rosa.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 12 de diciembre de 2012.

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